¿Cuántas veces hay que recordar que la integridad humana no depende de las creencias religiosas?

«La integridad humana no depende de las creencias religiosas. Hay creyentes buenos y no-creyentes buenos, y hay creyentes y no-creyentes malvados. No se puede predecir el carácter moral de alguien sólo por sus creencias metafísicas», dice el manifiesto de la campaña Vivir sin religión. Esta iniciativa internacional del Centro para la Investigación (CfI), lanzada en España en colaboración del Círculo Escéptico (CE), es más necesaria que nunca en unos tiempos en los cuales, desde sectores y medios ultrarreligiosos, se bombardea con la idea de que fuera de la Iglesia católica no hay ética, ni moral, ni valores, ni decencia, ni nada. Lo cierto es que la mayoría de los católicos no son ultras, sino personas tolerantes que ven con ojos normales la homosexualidad, el uso del preservativo y la muerte digna, cosas que el Vaticano considera aberraciones.
Los no creyentes tenemos vidas tan plenas como los creyentes. Los humanistas seculares ponemos al Hombre por encima de todo. Como dicen el CfI y el CE, «reconocemos nuestras obligaciones para con quienes están conectados con nosotros únicamente por nuestra humanidad compartida. Nos comprometemos a ayudar a los demás, simplemente porque son seres humanos que lo necesitan». Partimos de la base de que «nuestro círculo de solidaridad debe abarcar a todos en la comunidad mundial» y creemos que «todo el mundo tiene la misma dignidad y derechos, no importa su raza, etnia, género, orientación sexual… o religión». Ésos son nuestros valores. Si los comparte, puede unirse a las organizaciones promotoras de la campaña Vivir sin religión, entidades cuyos objetivos son fomentar y defender la razón, la ciencia y la libertad de investigación y cuestionamiento en todas las áreas del quehacer humano, incluida la religión.
Millones de seres humanos -en España somos más que los católicos practicantes- vivimos sin religión y pensamos que ésta, sea cual sea, debe limitar su presencia a la esfera privada. Todos el mundo tiene derecho a creer en lo que quiera, pero nadie a imponernos al resto su credo, como pasa hoy en España con las muy religiosas tomas de posesión ministeriales y las decisiones que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no se ha atrevido a tomar, como la despenalización de la eutanasia y la aprobación de la Ley de Libertad Religiosa, para no molestar a la Iglesia católica. Y como intenta hacer la Conferencial Episcopal cada vez que sale de manifestación. Recuerde esto, y las millonarias subvenciones públicas que recibe esa confesión en España, cada vez que vea a un ultracatólico clamando por el maltrato al que se somete a su fe en nuestro país. Y vuelvo a decir ultracatólico porque conozco, respeto y siento afecto por católicos que considero bellísimas personas y con los que discrepo en que no creo en ninguna entidad divina, y poco más.