El bosón de Higgs es Dios y en el LHC va a nacer una nueva religión

El bosón de Higgs es, según Iker Jiménez, «el punto de inicio de todo lo que conocemos. Muchos dicen que es Dios. Y me estoy imaginando la fotografía, si es que se consigue ver esa partícula, en las portadas de libros y periódicos diciendo: «Éste es Dios»». Ésta y otras chorradas trufaron el domingo el primer segmento de Cuarto milenio, dedicado al Gran Colisionador de Hadrones (LHC), donde los físicos quieren recrear las condiciones del Universo poco después del Big Bang y detectar el bosón de Higgs, que se conoce como la partícula Dios y cuya existencia ha sido predicha teóricamente por el modelo estándar de la física de partículas. El bosón de Higgs no se ha visto todavía y de no existir obligaría a reformular ese área de conocimiento.
La divina presentación de Jiménez dio inicio a un sinfín de estupideces, por parte de su reportero Luis Álvarez y del novelista Javier Sierra, que José Manuel Nieves, asesor científico del programa, no corrigió en ningún momento. Y eso que los disparates fueron de los de hacer época. Así, Álvarez dijo, desde el LHC, que «la cuestión es si el Vaticano va a opinar» sobre los experimentos que se van a hacer allí «y, sobre todo, si la Humanidad está preparada para contemplar el rostro de Dios por primera vez». El pobre no entiende que llamar al bosón de Higgs la partícula Dios es sólo una forma de hablar, se lo toma literalmente y empieza a desbarrar.
Ya en el estudio, Álvarez seguía en la montaña rusa del delirio: «Es un privilegio estar ahí, en Ginebra, en esta llamada catedral de la ciencia del siglo XXI ante el nacimiento de una nueva religión». Amén. Sierra apostillaba: «Estaríamos hablando casi de la célula madre del Universo. A partir de ese bosón de Higgs, de esa partícula, aparecería la materia del Universo. Es decir, todo saldría de ahí. No solamente la materia que vemos, sino también la materia que no vemos. Hay un gran misterio al que también se enfrentan todas estas investigaciones, que es la materia oscura y la energía oscura…». Y Jiménez, que sacó a colación al LHC como la máquina del Juicio Final, sentenciaba: «Todo lo fundamental es casi desconocido».
Se lo confieso: no lo vi en directo, sino que me alertó del espectáculo el periodista Julio Arrieta. «No sé qué causaba más estupefacción, que Cuarto milenio tenga acceso al LHC -se ve que allí dejan entrar a cualquiera- o comprobar que un grupo personas puede hablar en televisión sobre algo de lo que no tiene ni la más remota idea con un desparpajo alucinante. Daban por hecho que bosón de Higgs es igual a la partícula Dios es igual a Dios, sin que nadie ni remotamente sugiriera que el nombre es metafórico y no muy acertado», me dijo. Tras ver esa parte del programa, entiendo y comparto la estupefacción de Arrieta. ¿Y ustedes? Vean y juzguen.