Inundaciones en el santuario de Lourdes: ¡no hay milagros que valgan!

Una caseta pasa flotando por delante de la entrada de la gruta de Lourdes, con la figura de la Virgen María a la derecha y un detalle del Cristo de la cueva al que casi alcanza el agua. Foto: Laurent Dard (AFP).

Parece como si la estatua de la Virgen María -a la derecha, entre las rocas- quisiera esconderse. La foto, de Laurent Dard (AFP), es de la entrada de la gruta del santuario francés de Lourdes, cerrado por tercer día consecutivo por la crecida del río Gave de Pau. En el recuadro, de otra imagen de la misma serie, se ve cómo el agua llega casi hasta la base de un Cristo que hay dentro de la cueva. Si yo fuera un ser con poderes sobrenaturales y me hubieran erigido ahí una estatua, también me escondería. De vergüenza. ¿Qué es eso de que una divinidad no pueda evitar unas simples inundaciones cuando 6 millones de personas visitan cada año su santuario buscando, muchos de ellos, curas milagrosas a males incurables? Ya ven, cuando se necesitan, ¡no hay milagros que valgan! Y la gruta donde, según la leyenda, la Virgen María se apareció en 1858 a la pastorcilla Bernadette de Soubirous, bajo el agua.

La Virgen da plantón a 10.000 católicos irlandeses

Imagen de la multitud en el santuario de Nuestra Señora de Knock, tomada con el cielo reflejándose en un cristal. Foto: AP.

Unos 10.000 católicos irlandeses esperaron infructuosamente a la Virgen el sábado en el santuario de Nuestra Señora de Knock, según Irish Central. El vidente y sanador espiritual dublinés Joe Coleman había predicho que iba a aparecerse a las 15 horas ante las personas de buen corazón. No debía de haber ninguna entre la fervorosa multitud que llenó la basílica del Lourdes irlandés, que recibe 1,5 millones de peregrinos al año. A principios de octubre, el vidente ya había reunido con el mismo cuento a 5.000 fieles, algunos de las cuales dijeron después haber visto bailar el Sol, un clásico de las apariciones marianas.
«Estos acontecimientos son más para lamentar que para alentar», comentó hace una semana el arzobispo de Tuam, Michael Neary, quien añadió que «no es sano» buscar «fenómenos extraordinarios» en unas concentraciones que «corren el riesgo de inducir a error al pueblo de Dios y debilitar su fe». Está bien que la Iglesia reconozca que las peregrinaciones milagreras son una tomadura de pelo. Podía hacerlo también con las de Lourdes y otros santuarios marianos que movilizan cada año a decenas de miles de personas tan desesperadas como rebosantes de fe, gente que viaja en busca de curaciones milagrosas como, si de existir y meterse en los asuntos humanos, la Virgen no hubiera mostrado ya su infinita crueldad haciendo enfermar a los peregrinos o sus seres queridos.
Por si el plantón de la Virgen de Knock no fuera bastante, el periodista irlandés Eoghan Harris ha dicho que la aparición original de 1879 fue un fraude. Ha contado que su abuelo, un granjero de la región, creía, como otros lugareños, que todo fue una creación de dos policías equipados con una linterna mágica, un aparato que permite proyectar imágenes sobre paredes y era muy popular entonces. De hecho, las quince personas que presenciaron el fenómeno el 21 de agosto de 1879 vieron las imágenes de la Virgen, san José y san Juan Evangelista en la fachada sur de la iglesia parroquial, que recordaban bañada por una extraña luz.

En Fátima, la gente enferma y se muere

Dos peregrinas caminan hacia el santuario de Fátima. Foto: Efe.

Más de un millar de personas han sido atendidas por los servicios médicos en el santuario portugués de Fátima este fin de semana, y de ellas un centenar han tenido que ser evacuadas a centros sanitarios, durante los actos conmemorativos del 90º aniversario de las supuestas apariciones de la Virgen María a tres pastorcillos. Uno de los peregrinos, un ciudadano español de 80 años, murió el sábado antes de ingresar en el hospital Santo André.
Fátima, como otros santuarios marianos, es famoso por sus curaciones milagrosas, demostradas sólo a ojos de la Iglesia. Que yo sepa, nadie ha dejado tiradas allí prótesis de brazos y piernas, por ejemplo, y ha vuelto a casa con el nuevo miembro crecido por la gracia divina. Ese tipo de curación convencería hasta al más incrédulo y evitaría los habituales informes médicos de más que dudoso rigor, pero no se ha dado hasta ahora ni en éste ni en otros lugares de culto.
Lo de este fin de semana, sin embargo, va más allá. No sólo es que no haya curaciones milagrosas, es que en Fátima la gente enferma y se muere. Y todavía habrá quien se gaste el dinero en peregrinar al lugar con la esperanza de curarse de cualquier cosa, para fortuna de las agencias de viajes y de los comerciantes locales.