CosmoCaixa Barcelona acoge un encuentro de sanadores espirituales y charlatanes cuánticos de la Nueva Era

Cartel de la jornada pseudocientífica 'La evolucion de la conciencia', en CosmoCaixa Barcelona.Todo es posible en España. Incluso que un museo de la ciencia promocione la anticiencia. Es lo que hará este sábado CosmoCaixa Barcelona: acogerá un encuentro cuyas estrellas son cuatro destacados autores del movimiento de la Nueva Era: Ervin Laszlo, Annie Marquier, Patrick Drouot y Marie Lise Labonté. Laszlo sostiene que existe un «campo cósmico de interconexión, que conserva y transmite la información», y sería como La Fuerza -el lo llama campo Akásico- que lo impregna todo en el universo de Star Wars; Marquier afirma que «el corazón tiene cerebro» y, que, como tal «puede influir en nuestra percepción de la realidad»; Drouot cree que «cada uno de nosotros es un proceso dinámico de una conciencia inmortal que se revela en su ser de carne y hueso», y que «el amor es una vibración fundamental, la más poderosa del universo»; y Labonté es una canalizadora, dice estar en contacto con ángeles sanadores.
El encuentro La evolución de la conciencia lo ha montado Merry Human Life Society, una asociación radicada en Barcelona en cuyos locales se practican la meditación acuariana y la curación espiritual, y se dan cursos de astrología, milagros (!) y sanación de las emociones. Su objetivo final es «vincular en un Alma Grupal a todos aquéllos que se sientan participes en el nacimiento de una Nueva Humanidad». La inscripción a la jornada de CosmoCaixa Barcelona costaba 90 euros, y las entradas están agotadas. Según Pilar Basté, responsable de la organización, «estamos avisados de que a lo largo del 2012 se producirán grandes cambios que se iniciaron hace ya algunos años. Nuestro Sol se va alinear con el ecuador de la Vía Láctea, la galaxia a la que pertenece el Planeta Tierra. Esto es un extraordinario flujo de luz y de amor para despertar en nosotros la conciencia desde el corazón».
Se cogen paparruchas a tutiplén, se mezclan con una pizca de física cuántica, genética, energías y armonías, y se cocinan libros como El cambio cuántico y Tú puedes sanar el mundo, de Laszlo; La libertad del ser y El maestro del corazón, de Marquier; Sanidad espiritual e inmortalidad y La revolución del pensamiento integral, de Drout; Sanación espiritual angélica y Voz de los ángeles sanadores, de Labonté. Son títulos típicos de cualquier librería esotérica que se precie y de revistas de misterios del tres al cuarto, ¿pero de ponentes en museos de ciencia? A mí me parece que no.
Por eso, he llamado hace un par de horas a CosmoCaixa Barcelona para confirmar que el acto se celebraba en ese centro, ya que no podía creérmelo. Me han dicho que sí y que no había ya entradas. Y, cuando he pedido información sobre el precio de alquiler de la sala, el aforo y demás, me han dicho que la pida por correo electrónico. Lo más sorprendente ha sido, no obstante, que ni se han inmutado cuando les he indicado que el encuentro es anticientífico de principio a fin. No le han dado la mínima importancia. Me han respondido que ellos alquilan las instalaciones a mucha gente. ¡Bravo por la apertura de mente de la Fundación La Caixa! Pero más vale que sus responsables se acuerden de lo que decía Richard Feynman: «Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro».
El cerebro del corazón
El éxito de público del encuentro La evolución de la conciencia no es, seguramente, ajeno a la generosa cobertura dada ayer por La Vanguardia, con una entrevista a Marquier en la contraportada en la que dice tonterías como que «está demostrado que cuando el ser humano utiliza el cerebro del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente, es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas». Como yo no sé nada de casi nada, he preguntado a dos expertos de verdad si las afirmaciones de Marquier, que a primera vista me parecían disparates, lo son o se trata de ciencia supercalifragilística inalcanzable para un periodista de provincias.
«Lo que dice Marquier no tiene ni pies ni cabeza. Es una completa sandez. Como suele ocurrir en estos casos, mezcla algunos elementos que podrían ser válidos con otros, la mayoría, que son verdaderos disparates. Lo más importante, no obstante, es que no se puede decir, de ninguna manera, que el corazón tenga un cerebro. Hay animales que tienen más de un cerebro; nosotros no. Tenemos uno, grande, chapucero y costoso, pero uno», me ha apuntado Juan Ignacio Pérez, fisiólogo y titular de la cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco.
«Que Annie Marquier haya estudiado alguna carrera de ciencias y sea muy buena persona no la capacita para sacar conclusiones sobre el funcionamiento de un órgano del cuerpo humano sin más pruebas que la bondad infinita. La ciencia nunca ha avanzado mediante reacciones impulsivas, sino con el estudio sosegado y objetivo. A Aristóteles probablemente le gustaría la afirmación de que «el amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente», ya que él opinaba que la mente surgía de ese órgano. Afortunadamente la ciencia de hoy en día no se sustenta en el principio de autoridad, ni en opiniones que no tienen ningún respaldo científico. Como decía Hipócrates, «hay, de hecho, dos cosas, ciencia y opinión; la primera engendra conocimiento, la segunda ignorancia». La señora Marquier está en ello, distribuyendo ignorancia, con todo su corazón», indica el biologo Xurxo Mariño, miembro del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidad de La Coruña y divulgador científico.

Los ángeles no podrían volar si existieran, según un biólogo británico

La 'Natividad mística' (1501), de Sandro Botticelli, con los ángeles celebrando el nacimiento de Jesús.«Volar es imposible para los ángeles, como lo es para los cupidos, los dragones y las hadas», dice el biólogo Roger S. Wotton, de la Universidad de Londres (UCL). El científico ha estudiado la fisiología de esos cuatro seres mitológicos en obras pictóricas y escultóricas para responder a una simple pregunta: si existieran, ¿podrían volar? «Basta un examen superficial de las pruebas visibles en las representaciones artísticas para demostrar que los ángeles y los cupidos no podrían despegar y volar por sus propios medios. Y, si recurrieran al planeo, tendrían que exponerse a vientos muy veloces para el despegue, tan fuertes que los arrancarían del suelo sin más y no tendrían necesidad de alas», escribe en un artículo titulado «Angels, putti, dragons and fairies: believing the impossible» (Ángeles, cupidos, dragones y hadas: creyendo en lo imposible), publicado en la revista Opticon, de la UCL.
Lo primero que destaca el científico es el diferente origen de las alas de ángeles, cupidos, dragones y hadas. En los dos primeros casos, se trata de alas con plumas, similares a las de las aves; pero con un origen diferente dado que no son adaptaciones de las extremidades anteriores: ángeles y cupidos tienen brazos. Sus cuerpos tampoco sufren una reducción de peso respecto a los simples humanos: los ángeles tienen cuerpos normales y los cupidos, un evidente sobrepeso, son bebés regordetes. Las alas de los dragones parecen haber evolucionado de unos miembros anteriores cuyo esqueleto estaría, al igual que en los murciélagos y los pterosaurios, recubierto por una membrana; y las de las hadas tienen aspecto de ser de insecto. El problema es que para volar no basta con tener alas, sino que ha de existir también un entramado muscular que haga posible aletear, recoger, extender y mantener rígidos esos apéndices cuando sea necesario.
Wotton no aprecia en las representaciones artísticas de los cuatros seres imaginarios rastro alguno del entramado muscular imprescindible para que alcen el vuelo. Los delegados celestiales y los emisaros del amor ni siquiera podrían planear, y los dragones planearían con vientos fuertes si tuvieran unas alas lo suficientemente resistentes, que quizá pudieran usar también como paracaídas al estilo de las ardillas voladoras cuando se tiran de los árboles. Pero ¿desde dónde se iban a lanzar los dragones al planear? Las hadas tampoco tendrían mucho futuro en el aire, según el científico. «La deformación del tórax necesaria en las hadas para que volaran con alas de mariposa sería muy incómoda. Por supuesto, las hadas no pueden volar». Las alas tienen, no obstante, una utilidad para todos estos seres imaginarios: los convierten en emisarios de los Cielos (ángeles)» y del amor (cupidos), hacen que puedan viajar rápido entre su mundo y el nuestro (hadas) y les permiten expandir el mal más por todo el mundo «y escapar de santos con lanzas» (dragones).