Caras de Bélmez

Los grandes medios se enteran con un año de retraso de que la UE financiará un museo de las caras de Bélmez

Siempre ojo avizor, siempre vigilantes, los grandes medios de comunicación españoles acaban de enterarse de que la Diputación de Jaén y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda van a destinar cerca de 800.000 euros a la construcción de un museo de las caras de Bélmez, el más famoso de los fraudes de la parapsicología española. La instituciones local y provincial no correrán con todos los gastos, sino que contarán para este despropósito con 587.000 euros de fondos europeos. Y, claro, eso ha hecho a los grandes medios volver la mirada hacia el pueblo jienense como si hubiera algo nuevo bajo el Sol; pero es que no lo hay.

Las caras de Bélmez, en los años 80. Foto: Gabriel Naranjo.Que se va tirar en la promoción del engaño de las caras de Bélmez más de medio millón de euros procedente de fondos europeos se sabe desde hace trece meses. Fue el 4 de junio de 2010 cuando el dario Ideal, el mismo en el que nació el falso enigma el 16 de septiembre de 1971, levantó la liebre. Lo hacía la periodista Lorena Cádiz, quien explicaba que se iba a tratar de un edificio de 350 metros cuadrados repartidos en dos plantas. “En una de ellas se creará un centro de conferencias y actos, en la otra se harán dos salas. La primera albergará fotografías de las caras y en la otra se podrán oír psicofonías”.

Al día siguiente, yo me preguntaba aquí: ¿Qué pensarán en Bruselas de que nuestro país, con la que está cayendo, despilfarre medio millón de euros de fondos europeos en un museo que fomenta el pensamiento mágico, la incultura y la superstición?. Dos días después, Mauricio-José Schwarz recordaba que en Bélmez no hay “nada que interpretar, salvo que las caras están mal pintadas (el artista era evidentemente un inepto), que no son ciertamente un “misterio” conocido en el mundo entero, como gustan de proclamar algunos mientras se llevan un euro al bolsillo, y que esto es una vergüenza y una picardía, pero venga la pasta”. “Llegarán autobuses llenos de objetores de la inteligencia al pueblo para visitar el centro”, lamentaba Javier Cavanilles el 13 de junio de 2010. Y, que yo sepa, los grandes medios no dijeron nada.

El pasado 15 de junio, Ideal informaba de que la Diputación de Bélmez había sacado a licitación la construcción del museo de las caras por 651.235 euros y que el plazo para participar se cerraba el 26 de junio. Y Juan Antonio Aguilera, bioquímico y compañero del Círculo Escéptico, publicaba cuatro días después una carta en el diario granadino, en la que decía:

“Señor director de Ideal: Según informa su periódico, la Diputación de Jaén y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda han conseguido, gracias a una sustancial aportación del Fondo Europeo de Desarrollo Rural, reunir los 651.00 euros necesarios para la construcción del Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez. Este centro-museo, en el que se expondrán fotos de las caras y se escucharán psicofonías, se espera que atraiga mucho turismo hacia el pueblo, y constituirá un hito para Andalucía y para España: será todo un Centro del Fraude y del Abuso de la Credulidad, construido a mayor provecho de los célebres carasde Bélmez. Llevan razón Iker Jiménez y otros personajes que viven del timo parapsicológico: “El enigma de Bélmez continúa”, pero el enigma consiste en cómo puede perdurar hoy una ridícula engañifa que creíamos que sólo podía prosperar en la España tardofranquista más cutre e incauta.

El museo de Bélmez será el Museo de la Memez. Que el centro se vaya a construir donde había una escuela tiene enjundia simbólica: se sustituye la honesta promoción del conocimiento por la funesta difusión del embrutecimiento. Claro que, si en aquella escuela se educaron algunos de los promotores del museo, el fracaso escolar fue notable: les sugiero que pongan marcos vacíos, a ver si en ellos se aparecen caras de aquellos niños a modo de denuncia.”

Y, ahora, trece meses después de que en provincias supiéramos lo que gestaba en Bélmez, y uno después de que la Diputación jienense sacara a licitación las obras de este museo del fraude, los grandes medios de Madrid se enteran de la noticia y nos descubren al resto la pólvora mojada: que la UE va a financiar un centro sobre las caras de Bélmez y que hay un alcalde socialista, Pedro Justicia se llama, dispuesto a gastarse medio millón largo de euros en la promoción de la incultura y el pensamiento mágico. De vergüenza la actitud de los políticos y partidos implicados en este disparate y preocupante la de unos grandes medios -cadenas de televisión generalistas, incluidas- que han llegado a la historia con más de un año de retraso. Ay, si se tratara de fútbol…

Cuando Franco se apareció entre las caras de Bélmez

La cara de Bélmez de Franco, junto a un sello con el retrato del dictador.

Hombres y mujeres de nula fe, hubo participantes en el Foro Internet Meeting Point (FIMP) 2010 que fueron incapaces de ver el sábado el rostro de Francisco Franco en una cara fotografiada en 1986 en el suelo de la casa de María Gómez Cámara, en Bélmez de la Moraleda, por Gabriel Naranjo, miembro del Círculo Escéptico. Yo lo achaqué a que los rasgos no se distinguían con tanta claridad en las pantallas de televisión como en la del ordenador, así que he decidido traerles aquí al dictador en cemento y sello -no se me asusten- para que saquen sus propias conclusiones.

La prensa se hizo eco de la aparición del Franco de Bélmez en agosto de 1990. “Yo qué sé si se parece al Caudillo o no. Es como esa otra: dicen que se parece a la Preysler, pero yo no sé nada”, declaraba la mujer a Fernando Jáuregui, quien aseguraba que, “efectivamente, allí [en el suelo de la casa] había un rostro que tenía un aire al fallecido dictador”. El mismo reportaje se publicó en las revistas Diez Minutos, Lecturas y Semana. Todo era posible en el caso de las caras de Bélmez, uno de los misterios más cutres de la parapsicología, originado por una mancha de grasa en el suelo de cemento de una cocina y que, ahora, quiere relanzar un alcalde socialista, Pedro Justicia, que va a destinar 587.000 euros de fondos europeos a la construcción de un museo que perpetuará el fraude.

Un alcalde del PSOE destina 587.000 euros de fondos de la UE a perpetuar el fraude de las caras de Bélmez

En mitad de la crisis económica más grave que hemos conocido la mayoría, Pedro Justicia, alcalde socialista de Bélmez de la Moraleda, va a destinar 587.000 euros de fondos europeos a la creación de un museo sobre las caras de Bélmez, el más famoso fraude parapsicológico de la España tardofranquista. El edificio empezará a construirse en otoño y costará 858.000 euros, 587.000 procedentes de la Unión Europea, 208.000 de la Diputación de Jaén y 42.000 del Ayuntamiento de Bélmez, según informa Ideal. ¿Qué pensarán en Bruselas de que nuestro país, con la que está cayendo, despilfarre medio millón de euros de fondos europeos en un museo que fomenta el pensamiento mágico, la incultura y la superstición?

El reportaje de ‘Ideal’ con el que empezó todo.El misterio de Bélmez nació el 23 de agosto de 1971 cuando María Gómez Cámara, una vecina del pueblo, creyó ver una cara en una mancha de grasa en el suelo de la cocina de su casa. Esa primera cara fue destruida, pero pronto apareció una segunda que hizo al fenómeno merecedor de una página entera de Ideal. Llegaron los parapsicólogos y los periodistas, y la mujer y su familia hicieron negocio cobrando la entrada a la casa y vendiendo fotos a los curiosos. Los periódicos que cubrieron la historia aumentaron la tirada espectacularmente; pero al final acabó desvelándose el fraude: las caras eran pintadas.

Veinticinco años después, cuando sólo se acordaban de ellas cuatro gatos, Iker Jiménez y Lorenzo Fernández las resucitaron en la revista Enigmas, donde anunciaron en 1997 que iban a presentar “la prueba definitiva de que los rostros de Bélmez de la Moraleda no son un fraude”. Sobra decir que nunca la presentaron porque tal prueba no existe, pero, desde entonces, se han sucedido los libros, a cada cual más disparatado, para seguir sacando dinero a un misterio cutre que empezó con una mancha de grasa en la que una mujer creyó ver una cara y continuó con otras manchas retocadas o directamente pintadas por diferentes personas a lo largo de los años.

Pues bien, en vez de dar carpetazo a este episodio vergonzoso de la historia de Bélmez de la Moraleda, el alcalde del pueblo, Pedro Justicia, del PSOE, quiere ahora perpetuar el engaño a costa de las arcas públicas. ¡Qué vergüenza! ¡Es que nadie puede parar ni aquí ni en Bruselas a esta tomadura de pelo!

Caras de cemento

El reportaje de ‘Ideal’ con el que empezó todo.El gran fenómeno de la parapsicología española se repite desde hace casi cuarenta años en una humilde vivienda del pueblo jienense de Bélmez de la Moraleda. Se manifestó por primera vez el 23 de agosto de 1971, cuando María Gómez Cámara descubrió una cara en el suelo de cemento de su cocina. La mujer se asustó y alertó del hecho a sus paisanos. Durante los días siguientes, los vecinos de Bélmez y de los pueblos próximos peregrinaron hasta la casa para ver la imagen. Al final, la familia se hartó de tanto curioso y uno de los hijos destrozó la cara a golpes de pico. Pero la tranquilidad duró poco. El 9 de septiembre, apareció otro rostro, bautizado como La Pava y que aún se conserva empotrado en la pared y protegido por un cristal en la casa de las caras.

El enigma llegó a la prensa siete días después del descubrimiento de La Pava, cuando el diario granadino Ideal reveló la existencia en Bélmez de “un rostro que aparece y desaparece en un fogón”. La familia de María Gómez Cámara y Juan Pereira ya había empezado a cobrar la voluntad por la entrada a su cocina y vendía fotos de la cara a 10 pesetas la unidad. El fenómeno alcanzó su clímax cuatro meses más tarde: el 31 de enero de 1972, el diario Pueblo sacaba las caras a su primera página. “Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo)”, explicaba recientemente Ramos Perera, presidente de la Sociedad Española de Parapsicología a comienzos de los años 70.

Voces del Más Allá

Portada de 'Enigmas' y primera página del reportaje firmado por Lorenzo Fernández e Iker Jiménez.Romero encomendó el seguimiento de la historia a un joven reportero, Antonio Casado. “Yo era entonces lo que llamamos un becario”, recuerda el periodista. Con 24 años, aterrizó en Bélmez al mismo tiempo que quien con el tiempo se convertiría en la estrella del caso: Germán de Argumosa. Este parapsicólogo creía que las caras tenían su origen en el Más Allá e inmediatamente intentó grabar voces de ultratumba en la casa. Lo consiguió. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau, defendía que el fenómeno se debía a una concentración de energía que canalizaba la dueña de la casa, idea que perduró hasta la muerte de la mujer en febrero de 2004. “Cualquier afirmación, por estrafalaria que fuera, merecía ser publicada”, indican Javier Cavanilles y Francisco Máñez en su libro Los caras de Bélmez (2007).

El enigma elevó la tirada de Pueblo en 50.000 ejemplares y eso atrajo a otros medios. Después de tres semanas en las que la localidad se mutó en una especie de Roswell a la española, el diario de Romero y El Alcázar dejaron caer que todo era un engaño. Las altas esferas del régimen franquista se habían empezado a poner nerviosas por el entusiasta tratamiento del caso en Pueblo. “Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: ‘Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo'”, recuerda Casado. El diario reveló entonces que las caras habían sido pintadas con nitrato de plata. A pesar de que no se presentaron pruebas concluyentes, el caso cayó en el olvido. Fue degradado de fenómeno extraordinario a anécdota folclórica de la España tardofranquista y ahí se habría quedado de no ser por Iker Jiménez.

“Transcurrido un cuarto de siglo, demostramos con documentos oficiales y en rigurosa exclusiva la autenticidad de esas caras sobrenaturales, un misterio que aún espera una explicación en el rincón más apartado de Andalucía”, escribía Jiménez con su colega Lorenzo Fernández en 1997 en la revista Enigmas. Sorprendentemente, siete años después de haber mostrado al mundo “la prueba definitiva de que los rostros de Bélmez de la Moraleda no son un fraude”, Iker Jiménez pedía a finales de 2004 en su web a sus colegas “pruebas físicas, científicas” del origen misterioso de las imágenes. ¿Qué había pasado con su “prueba definitiva” de la autenticidad de las caras? Lo mismo que con las de visitas extraterrestres, fantasmas, conspiraciones y otros misterios que cada semana presentan todas las revistas y programas esotéricos.

Caras a medida

En los últimos años, se han publicado varios libros sobre el fenómeno de Bélmez. El más vendido es Tumbas sin nombre (2003), en el cual el director de Cuarto Milenio y Luis Mariano Fernández defienden que algunos de los rostros corresponden a parientes de María Gómez Cámara muertos en 1936, en el ataque republicano al santuario de la Virgen de la Cabeza (Jaén). Para demostrarlo, manipulan las caras con un programa de tratamiento de imágenes hasta que encajan con lo deseado: así, para que La Pava se parezca al guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer, cogen el bigote con las puntas hacia arriba del militar y le vuelven las puntas hacia abajo.

“Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible”, dijo María Gómez Cámara cuando los dos periodistas esotéricos le presentaron la comparativa. La chapuza es equiparable a la de las grabaciones de voces del Más Allá de Germán de Argumosa, que se hicieron en habitaciones llenas de gente hablando. ¿En qué queda entonces el gran fenómeno parapsicológico de Bélmez? “Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre… Es todo muy loco. Son 37 años de tonterías”, dice Cavanilles. “Es una típica trola de colegio”, afirma Máñez.

En el origen hubo una mancha de grasa en el suelo en la que una mujer creyó ver una cara como podemos verla en una mesa de mármol o en las nubes. Después, surgieron otras a partir de manchas retocadas o directamente pintadas por diferentes personas a lo largo de la historia. Lo que seguramente nunca sospecharon quienes hicieron las primeras es que su broma iba a desembocar en el mayor misterio paranormal de España, un enigma que se reactivó tras la muerte de María Gómez Cámara en 2004. Oleadas de turistas llegaron entonces a Bélmez atraídos por programas esotéricos de radio y televisión. La alcaldesa, la socialista María Rodríguez, anunció que iba a convertir la casa de las caras en un centro de interpretación para atraer al turismo paranormal; pero el precio del inmueble se disparó. Oportunamente, empezaron a aparecer rostros en otra casa mucho más barata.


El libro

Los caras de Bélmez (2007): El periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez desmontan el mayor enigma de la parapsicología española.

Publicado originalmente en el diario El Correo.