
Sucedió en la reunión anual de 1922 de la Sociedad para el Estudio de las Imágenes Sobrenaturales. Los asistentes querían una foto de recuerdo del encuentro y, aprovechando que estaba con ellos el médium William Hope, le pidieron que sacara una especial. Tenían «la esperanza» de que, gracias a su don, en la imagen se plasmaría «algún efecto psíquico», recuerda Arthur Conan Doyle, en The case for spirit photography (El caso de la fotografía espírita, 1923). Así fue. Al revelar la placa, en el centro del grupo apareció un rostro «en medio de una nube de ectoplasma». «Uno de nuestros miembros identificó a este extra como una buena imagen de su padre muerto», asegura en el libro Doyle, entonces vicepresidente de la entidad.
Comienzo del reportaje publicado en el diario El Correo el 16 de agosto de 2020.
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