Una ciudad india recurre al poder de las pirámides para frenar los accidentes de tráfico

Caos circulatorio una calle de Nueva Delhi. Foto: Reuters.

Las autoridades de tráfico de Nagpur, a unos 870 kilómetros al oeste de Bombay, confían en que el poder de las pirámides les ayude a reducir los accidentes de circulación en la ciudad, de 2,4 millones de habitantes. La idea surgió después de un encuentro del Comisionado Adjunto de Policía Sahebrao Patil con Sushil Fatehpuria, experto en vastu, una especie de feng shuia la india.Fatehpuria, que dirige una consultoría de vastu, explicó al oficial de Policía cómo hace un par de años colocó pequeñas pirámides en puntos negros de algunas carreteras de la región durante seis meses “con excelentes resultados”, y se ofreció a hacer lo mismo gratis en la ciudad. “Va a instalarlas en diez puntos. No estarán sobre el asfalto, sino en las esquinas de las manzanas o cerca de señales de tráfico para no entorpecer la circulación”, ha indicado Patil. Cada pirámide medirá 30 centímetros, tendrá la base de cobre y otras cinco pirámides dentro. Fatehpuria ha explicado a AFP que “los accidentes de tráfico son causados por energías negativas. Luego necesitamos minimizar esa energía negativa o convertirla en positiva”. Y ahí es donde entran las pirámides cargadas de energía con sus “pensamientos positivos”, lo que, dice, debería traducirse en una reducción de la siniestralidad en seis meses.

Fatehpuria sólo persigue publicidad para su negocio y, por eso, ofrece sus servicios gratis a la ciudad de Nagpur. Según el comisionado de tráfico de la región, Yashasvu Yadav, hace dos años los siniestros se redujeron tras poner este experto en vastu doce pirámides en sendos puntos negros de la red de carretras. Eso, obviamente, no implica una relación causa-efecto, por mucho que Fatehpuria lo venda así. Patil ha apuntado que sus hombres van a seguir esforzándose en reducir los accidentes de circulación en la ciudad de Nagpur durante el experimento y cabe suponer que los agentes rurales hicieron lo propio en su momento. Lo que hace Fatehpuria es apropiarse astutamente de una disminución de accidentes cuyas causas son otras.

Un viejo timo

Porque la energía de las pirámides no existe. Como muchos españoles, la primera vez que oí hablar de ella fue en los años 70 del siglo pasado, a raíz de la publicación de El poder mágico de las pirámides (1974), de Max Toth y Greg Nielsen. El libro incluía una pequeña pirámide roja de cartón que mi ejemplar -que conseguí años después- todavía conserva y que el lector podía poner debajo de la cama para descansar mejor y en la que podía meter cuchillas de afeitar para que duraran más tiempo afiladas. La pervivencia del negocio de las hojas de afeitar y del de los frigoríficos -decían que dentro de la pirámide se conservaba la carne perfectamente- es la mejor prueba de que todo fue un engaño editorial. Por haber, hay ahora en nuestro país espabilados que venden casas y hasta casetas para perros con forma de pirámide prometiendo a los incautos que así aprovecharán sus “efectos terapéuticos”.

Están confundidos quienes crean que poner pirámides en puntos negros de las carreteras es inocuo. Al hacerlo, se está fomentando directamente el pensamiento supersticioso y respaldando la idea de que la siniestralidad se debe a las “energías negativas”. Esa tontería anima a quienes conducen como locos a seguir haciéndolo -a fin de cuentas, la causa de los accidentes es otra- y a las autoridades a relajarse, confiando en el poder de las pirámides. En el caso de Nagpur, únicamente sale ganando el desaprensivo de turno, quien se hace publicidad gratuita gracias a la irresponsabilidad de muchos ciudadanos, la incapacidad de las fuerzas policiales y de los responsables políticos.

Porque la alta mortalidad en las carreteras de India, en las que mueren 114.000 personas al año, está causada en realidad por una combinación del aumento de conductores, una mala planificación vial y una aplicación laxa de la ley, según los expertos. Hablar de “energías negativas” pemite a ciudadanos, fuerzas del orden y políticos eludir sus responsabilidades, algo que siempre pasa con el pensamiento mágico.