En las Tierras Altas escocesas temen que se corra la voz de que el monstruo del lago Ness ha muerto

En las Tierras Altas escocesas temen que se corra la voz de que el monstruo del lago Ness ha muerto. Se calcula que los turistas que cada año viajan a la región con la esperanza de verlo gastan en la aventura 6,6 millones de euros. Un dinero que podría acabar en otro destino a consecuencia de la caída de avistamientos de Nessie registrada en los últimos años. Y los lugareños lo saben. “Si la gente comienza a creerlo (que la criatura ha muerto), podría afectar el número de turistas. Se crea o no en Nessie, el monstruo del lago Ness es uno de los más importantes atractivos turísticos que tenemos”, declaraba anteayer Gary Campbell, presidente del Club de Fans del Monstruo del Lago Ness.

Campbell lleva repitiendo la cantinela más de dos años. “Nessie y sus crías están bien”, sentenciaba en otoño de 2007 cuando la tendencia a la baja de las apariciones de la criatura empezaba a inquietar en la región. Cómo sabe que el monstruo tiene familia es algo que nunca ha explicado. Aquel año había sido visto sólo dos veces y el anterior, tres. El Club de Fans del Monstruo del Lago Ness no ha actualizado la lista de observaciones desde 2005, cuando hubo cuatro. El último buen año para los buscadores de Nessie fue 2000, con una docena de avistamientos de los más de 4.000 que dicen que ha habido desde principios de los años 30 del siglo pasado, tras abrirse al tráfico una carretera alrededor del lago.

La famosa, y fraudulenta, foto de Nessie de 1934.En los últimos ochenta años, las pruebas a favor de la existencia del monstruo se han limitado a fotos y filmaciones borrosas, cuando no evidentes fraudes. Así, la más famosa de las imágenes, tomada en 1934 y en la que se ve un largo cuello emerger del agua, resultó ser un montaje de una figura sobre una madera y la tomada en 1972 por Robert Rines, que sirvió para bautizar a Nessie como Nessiteras rhombopteryx (El monstruo de Ness con aleta en forma de diamante), correspondía posiblemente, antes de los pertinentes retoques fotográficos, a un grupo de burbujas de aire y una aleta de algún pez o algún tipo de vegetación.

Como en el lago nunca se han encontrado restos de ningún monstruo muerto ni hay la suficiente biomasa para mantener a una población sostenible de bichos de entre 10 y 20 toneladas -tamaño calculado para la criatura-, sólo cabe pensar que estamos ante un animal de longevidad matusalénica. Porque a Nessie se le presenta habitualmente como un superviviente de tiempos de los dinosaurios, lo que tampoco podría ser porque el lago Ness pasó un largo tiempo congelado hasta hace unos 12.000 años. Entonces, ¿qué queda? El mito sustentado por gente que, como Campbell, quiere creer y por otra que ve en él una forma de ganarse la vida.

Al igual que los ufólogos necesitan de avistamientos de ovnis, los creyentes y vividores de Nessie necesitan que asome la cabeza o el lomo por encima del agua de vez en cuando. En este caso, además, la desaparición del monstruo puede afectar seriamente a la economía local, así que es comprensible que Campbell y otros se vuelquen en intentar mantener la leyenda viva. El último avistamiento digno de crédito para los nessiologos ocurrió en junio, después de un año de retiro total del monstruo. Campbell apunta que hay gente que ve a Nessie, pero no lo reconoce públicamente por miedo a ser ridiculizada. Una bonita explicación ad hoc que pasa por alto que en nuestra sociedad abunda la gente capaz de hacer el ridículo por unos segundos de gloria televisiva y que bastaría una simple foto de la criatura para hacernos callar a quienes sostenemos que lo del monstruo del lago Ness es un cuento.