Tierra hueca

Ilustración: Iker Ayestarán.La Sociedad de la Tierra Plana se disolvió en 2001, poco después de la muerte de Charles K. Johnson, su presidente desde 1972. Defendían que el mundo tiene la forma de un disco de 40.000 kilómetros de diámetro y que el Sol y la Luna son sendos discos de sólo 52 kilómetros. Nueve años después del fallecimiento de Johnson, todavía hay en Internet quienes mantienen la idea, rechazada ya por Aristóteles, de que vivimos en un mundo disco, aunque no llegan al extremo de montar expediciones para probarlo.

Si hay una teoría más extravagante que la de la Tierra plana, es la de la Tierra hueca. La formuló en 1692 el astrónomo y matemático inglés Edmond Halley. Diez años antes, había calculado la órbita del cometa que lleva su nombre y pasa cerca de nuestro planeta cada 75 ó 76 años. Halley creía que nuestro mundo es una esfera hueca con una cáscara de 800 kilómetros de grosor que, como si fuera una muñeca rusa, tendría en su interior otras dos esferas huecas del tamaño de Marte y Venus y un núcleo sólido -de las dimensiones de Mercurio- con sus respectivas atmósferas y con luz diurna perpetua.

Ya en el siglo XVIII, el matemático suizo Leonhard Euler descartó la sucesión de esferas huecas de Halley y concluyó que existía un único caparazón en cuyo exterior vivimos nosotros y en cuyo interior habría en el centro un sol de 1.000 kilómetros de diámetro que proporcionaría luz y calor a una supuesta civilización intraterrestre. John Symmes, oficial retirado del Ejército estadounidense, anunció en 1818 que hay dos grandes aberturas al interior de la Tierra en el polo Norte y el polo Sur, e intentó montar una expedición al primero. Y el matemático escocés John Leslie abogó en 1829 por la existencia de dos soles dentro de nuestro planeta, a los cuales bautizó como Plutón y Proserpina.

Expedición al intramundo

Los tierrahuequistas han sido desde el siglo XIX objeto de burlas, pero eso no parece importar a los organizadores de la Expedición del Polo Norte a la Tierra Interior (NPIEE), que quieren dar con uno de los agujeros de acceso al intramundo. Dicen que «los indicios de que la Tierra puede ser hueca son tantos que planear una misión al Ártico es necesario para poner a prueba la hipótesis». Entre los expedicionarios, destaca Michael Salla, fundador del Instituto de Exopolítica, cuyo objetivo es concienciar al público de la presencia extraterrestre entre nosotros y vayan a saber a quiénes espera encontrar bajo el polo. La falta de patrocinadores ha hecho posponer la expedición varias veces.

La corriente más extrema del tierrahuequismo sostiene que no vivimos en la cara exterior de la esfera, sino en la interior. La propuso en el siglo XIX Cyrus Teed, un excéntrico médico estadounidense que acabó fundando una secta uno de cuyos principios era la concavidad terrestre. El Sol, los planetas, las estrellas, las galaxias… todo el Universo estaba, según él, atrapado en el interior de la Tierra. Un paso más allá del geocentrismo precopernicano.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista. Ha sido el conductor de Escépticos (ETB), la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico, y llevado la sección El archivo del misterio en Órbita Laika (La 2). Ha colaborado con la Cadena SER, Radio Nacional de España, Radio 3, M80 Radio, Radio Vitoria y Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da ante todo tipo de público charlas sobre ciencia y pseudociencia, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde cubre la información de ciencia desde hace años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros El peligro de creer (2015), La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.