Contra el cierre del radiotelescopio de Arecibo y por nuestra seguridad como especie

El radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico.

Una roca de unos 10 kilómetros de diámetro destronó a los dinosaurios hace 65 millones de años. Otra bastante más pequeña -de decenas de metros- arrasó 2.200 kilómetros cuadrados de la taiga siberiana hace sólo 99 años. No sabemos cuándo ni dónde ocurrirá el próximo choque; sí, que ocurrirá. Somos conscientes de que la destrucción puede llegar del cielo y también de que puede estar en nuestras manos el evitarlo si detectamos la amenaza con tiempo y actuamos en consecuencia. Por eso, astrónomos de todo el mundo miran al cielo desde hace años para censar los llamados Objetos Cercanos a la Tierra (NEO) , los asteroides y cometas que cruzan la órbita de nuestro planeta, podrían chocar contra él, matar a millones de personas y, si son de gran tamaño, hasta provocar nuestra extinción.
La mejor herramienta para controlar las trayectorias de esas piedras -hay catalogadas cerca de 5.000- es el radiotelescopio de Arecibo, construido en la selva de Puerto Rico. Pero la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos, que lo financia, quiere cerrarlo para destinar el dinero que así se ahorraría -entre 12 y 15 millones de dólares- a otros proyectos que todavía no existen. «El seguimiento por radar es el único modo de conocer con exactitud la probabilidad de impacto y el radiotelescopio de Arecibo es el instrumento más potente para hacerlo, veinte veces más sensible que ningún otro en el mundo», destaca la Sociedad Planetaria en una carta dirigida ayer al Subcomité de la Aeronáutica y del Espacio del Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de EE UU. La entidad pide a los legisladores que prorroguen la vida de la instalación científica para que no sigamos el camino de los dinosaurios, bestias que carecían de programa espacial.
Hay personas que conocen el radiotelescopio de Arecibo gracias a la película Contact, de Robert Zemeckis. Muchos tuvimos por primera vez noticia de su existencia en 1974, cuando se mandó desde él un mensaje de saludo hacia M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz, con la esperanza de que algún día lo capte una civilización extraterrestre. Pero el funcionamiento de Arecibo puede ser vital para nuestra especie. ¿O es que no merece la pena tener una póliza de seguros de 15 millones de dólares anuales para toda la Humanidad?