‘Nature’ lamenta que las afirmaciones racistas de James Watson no hayan sido objeto de debate público

James Watson, fotografiado en Londres el pasado 20 de junio. Foto: AP.

‘La locura de Watson’ se titula el editorial que Nature dedica hoy al último desvarío del codescubridor de la estructura del ADN y premio Nobel de Medicina de 1962: James Watson dijo el 14 de octubre a The Sunday Times que los negros son menos inteligentes que los blancos, a raíz de lo cual ha sido suspendido de su puesto de consejero del laboratorio Cold Spring Harbor -del que acaba de dimitir cuando escribo estas líneas- y se ha anulado la gira de conferencias que tenía prevista en Reino Unido para la promoción de su último libro, Avoid boring people: lessons from a life in science (No aburrir a la gente: lecciones de una vida dedicada a la ciencia).
«Watson tiene, sin duda, un amplio historial de afirmaciones desagradables. Ha emitido en muchas ocasiones opiniones difíciles de aceptar teñidas de racismo y sexismo, que van desde su deseo de un mundo lleno de bellas mujeres genéticamente diseñadas hasta su creencia de que la libido está vinculada al color de la piel», escribe el editorialista. Tras admitir que la indulgencia que se ha tenido con el científico se explica por su hallazgo de hace 54 años y su papel en el Proyecto Genoma Humano, añade que «su último arrebato marca una frontera a partir de la cual sus visiones han de ser consideradas más allá de lo aceptable».
Los responsables de Nature advierten de que, por mucho que se haya excusado, las declaraciones del Nobel «han ofrecido socorro y consuelo a racistas de todo el mundo» y, a pesar de que entienden que se hayan suspendido sus conferencias en Reino Unido, lo consideran algo «lamentable». «La ciencia -recuerdan- se basa en el debate abierto y crítico. Los científicos con ideas polémicas tienen que ser capaces de aguantar la presión, defendiéndose o retractándose de sus afirmaciones según las pruebas. Watson, no importa lo desagradables que sean sus opiniones, siempre ha actuado en esta línea». Esas conferencias y los coloquios posteriores, en los que el científico iba a ser expuesto a las críticas de sus colegas, hubieran sido, según la prestigiosa revista, algo muy sano para una sociedad occidental en la que hay quienes quieren limitar la libertad de investigación, generalmente desde presupuestos religiosos.
No me había parado a pensar en ello; pero es verdad que hubiera sido mucho más efectivo socialmente ver cómo Watson se las arreglaba en debates abiertos con interlocutores que no le iban a dejar pasar una. ¿Por qué creen ustedes que -salvando las distancias, aunque también hablemos de disparates- casi todos los vendedores de misterios españoles rechazan sistemáticamente desde hace veinte años cualquier debate con escépticos? Por cobardía, porque saben que en esos intercambios dialécticos sus falsedades van a quedar en evidencia.