Zahorismo

Investigado por fraude el fabricante británico de las varillas de zahorí para detectar bombas

El fraudulento detector de bombas ADE 651.Jim McCormick, quien ha vendido al Gobierno iraquí detectores de bombas basados en el zahorismo por 85 millones de dólares, está siendo investigado por ese fraude por la Policía de Avon y Somerset. Gerente de la firma ATSC, McCormick, de 53 años, se encuentra en libertad bajo fianza después de haber sido arrestado e interrogado. Según informa The Times, cientos de personas han muerto en los últimos meses en Bagdad después de que coches-bomba pasaran sin problemas por los controles de seguridad en los que policías y militares utilizan estos dispositivos para detectar explosivos.

El precio de cada dispositivo de ATSC oscila entre 11.000 y 40.000 euros. La compañía asegura que pueden detectar “todas las drogas conocidas y sustancias que contengan explosivos” basándose en “la atracción electrostática de largo alcance de iones altamente cargados”. Según el fabricante, el dispositivo, llamado ADE 651, consiste en una empuñadura y una varilla, carece de batería u otra fuente de energía y de componentes electrónicos, se carga al caminar el operador y, si hay explosivos cerca, la varilla apunta a ellos. A partir de esos principios, cabe concluir que se trata de simples varillas de zahorí disfrazadas de equipo de alta tecnología. El problema es que lo que está en juego aquí no es que le saquen los cuartos al ingenuo de turno, sino vidas humanas.

El ADE 651 no ha demostrado que funcione en ninguna prueba de laboratorio. Al contrario. El fabricante se ha negado a que lo examine el ilusionista y experto en fraudes científicos James Randi, quien se comprometió en octubre de 2008 a pagar un millón de dólares a ATSC si demostraba que su producto hace lo que dice. Y The Times lo ha probado y es incapaz de detectar material pirotécnico dentro de una bolsa de papel a unos metros de distancia. Sin embargo, el responsable iraquí para el control de explosivos, general Jehad al-Jabiri, prefiere recurrir a este aparato mágico antes que a los perros adiestrados porque las inspecciones se hacen con más rapidez. No le importa, al parecer, que eso implique que las bombas atraviesen los controles de seguridad sin problemas. ¿Se estará llevando alguien en el Ministerio del Interior iraquí una jugosa comisión de ATSC? Sólo cabe esperar ahora que la Justicia británica actúe con contundencia contra quien hace negocio a costa de muertes ajenas.

¡Estamos rodeados de zahorís!

“¡Estamos rodeados!”, me dice Juan Manuel Rodríguez, técnico de laboratorio de la Universidad del País Vasco, sobre el auge del pensamiento mágico en los medios. La verdad es que últimamente da miedo hojear la prensa, y no digo ya escuchar la radio -sobre todo las noches del fin de semana- y ver la tele. Rodríguez me escribe preocupado, con razón, por dos historias publicadas en El Correo: una, el domingo en la edición alavesa, en la cual dos “expertos alertan del “perjuicio” del microondas y el teléfono móvil para la salud” en un acto organizado por la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Álava (Aspanafoha) y otra, al día siguiente, en la que se presenta el feng shui como una técnica con bases racionales. Como del timo del feng shui ya hablé hace un par de días, me voy a centrar sólo en la primera información.

Los expertos que alertaron hace unos días a los padres de niños oncológicos alaveses del riesgo del móvil son el pediatra Josep Ferrís i Tortajada, del hospital La Fe de Valencia, y Patxi González, de la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA). El primero es uno de los más destacados miembros de la comunidad antiantenas y antimóviles, un individuo que viaja por toda España alertando del riesgo para la salud de esos dispositivos sin presentar ni una prueba, claro. “Es muy difícil encontrar una evidencia científica [que vincule el cáncer con las antenas y los móviles], ya que intervienen muchos factores. Todavía no ha transcurrido el suficiente tiempo para que se haya establecido la posible relación entre la telefonía y los cánceres”, admitía Ferrís en El País hace casi ocho años. La situación no ha cambiado, pero él sigue predicando la nocividad de esos equipos. Posiblemente lo haga con buena intención, pero, como todo el mundo sabe, el Infierno esta lleno de buenas intenciones.

También puede que las tenga el geobiólogo Patxi González, arquitecto de interiores y experto en una rama del conocimiento equiparable a las de la Bruja Lola, Carlos Jesús y otros monstruos de la comunicación. Repitan conmigo: los geobiólogos son sólo zahorís, no son expertos en nada serio; y GEA es un colectivo tan científico como una organización de abducidos. Impresionan a los ingenuos hablando de energías positivas y negativas indetectables, y los ingenuos no reparan en que esas energías sólo las perciben los zahorís por lo mismo que los curas son los que tienen la exclusividad del perdón divino, por matener el monopolio. Pues bien, González -que también da cursos de feng shui, meditación y danza sufi, no se vayan a creer que es un cualquiera- no sólo tiene claro lo malos que son los móviles y las antenas de telefonía, sino que además sostiene que “numerosos estudios” demuestran que el microondas hace que los alimentos pierdan propiedades esenciales. “El ajo pierde sus propiedades anticancerígenas”, dice, sin mostrar un solo estudio de los muchísimos que, según él, prueban lo que dice. No puede hacerlo porque no existen, claro. Ya ven, el domingo un zahorí hablaba en El Correo de lo peligrosos que son los móviles y los microondas, y el lunes otro nos vendía el cuento de la energía telúrica. ¡Estamos rodeados! Y, lo que es más grave, parece que a casi nadie le importa. ¿Cuando va a reaccionar la Universidad -así, con mayúscula- ante la divulgación como verdades de falsedades como las citadas?, ¿cuándo van a darse cuenta desde la Academia del peligro del pensamiento mágico y que hay que plantarle cara?

El timo del feng shui

Escribo estas líneas de espaldas a la puerta de la redacción digital de El Correo y estoy tan tranquilo, aunque leo en la edición de papel un reportaje en el que, según dos expertos belgas en feng shui, “si damos la espalda a una puerta, inconscientemente estaremos inquietos, porque no podemos ver quién entra y eso, al final, acaba repercutiendo en nuestra salud”. Los sabios se llaman Micheline Siemsen y Ami Naides, y son indudablemente unos tipos listos: viven de aconsejar a la gente cómo tiene que organizar sus casas según los principios de una superchería milenaria. Porque eso es el feng shui, un cuento chino -en los dos sentidos de la expresión- equiparable a la acupuntura, el horóscopo, las fajas magnéticas de la teletienda y otras rentables engañifas. Pero vayamos por partes.

¿Qué es eso del feng shui? Se trata de una especie de acupuntura arquitectónica basada en que todas las cosas y personas tienen una energía vital y que en las casas hay que organizar las estancias y los muebles según unas energías positivas y negativas chiripitifláuticas que sólo detectan los expertos en feng shui. Por eso, sobrecoge enterarse de que una arquitecta como Beatriz San Torkuato cree que, a la hora de levantar un edificio, hay que saber si tenemos debajo una corriente de agua o una falla porque “generan energía negativa” que puede afectar, según ella, a nuestra salud. Y ustedes se preguntarán, ingenuos: ¿cómo se mide esa energía?, ¿qué aparato determina si es positiva o negativa?, ¿cómo se establece la relación entre esa energía indetectable y la salud de los habitantes de una casa? y, lo más importante, ¿cómo pueden dejar que construya casas alguien que cree en energías mágicas que pueden afectarlas?

Si el feng shui funciona, es porque hay personas que se dejan engañar por una jerga sinsentido y afirmaciones tontas del estilo de que, según la arquitecta citada, “es bueno que en la habitación de una pareja haya adornos por duplicado, como dos cajitas, dos jarrones…”. ¿Por qué? Ya sé que la pregunta es incómoda, pero es que hay que hacerla. “Notaba que la energía se empezaba a enrarecer y llegaba a casa agotada de trabajar”, dice que sentía Nuria González, dueña de un local de estética en Galdakao, antes de decorarlo según los dictados del feng shui. Y yo me pregunto: ¿desde cuándo la energía se enrarece? ¡Vaya, otra pregunta incómoda! Claro que todo se lo solucionó Aitor López, su geobiólogo de cabecera, quien, a pesar de lo que pueda parecer, ni es geólogo ni biólogo ni tiene ninguna formación científica, sino que es radiestesista, zahorí.

Dice López que la camilla del centro de estética estaba “colocada en un cruce de líneas Hartmann, lo que hace de esta zona muy debilitante”. Lo de las líneas Hartmann queda muy bonito, suena a científico y todo; pero lo es tanto como una carta astral de Aramís Fuster. Porque nadie que no sea zahorí cree en esas líneas de emisiones energéticas, descubiertas a mediados del siglo pasado por el radiestesista alemán Ernst Hartmann, que conformarían una especie de red mundial por la que -San Torkuato, explica- “la Tierra saca la electricidad” y de cuya existencia no hay ninguna prueba científica. Si ahora la masajista de Galdakao dice sentirse mejor y cansarse menos, es por lo mismo por lo que a los niños se les pasa el malestar después de darse un golpe si les hacen mimos. Pura sugestión. Y si el feng shui es un buen negocio, es porque hay gente ingenua, que cree cualquier cosa -hasta en las fajas magnéticas-, se deja llevar y se fía más de los charlatanes que de los científicos. Pregúntenle a cualquier geólogo por las zahorísticas líneas Hartmann y ya verán lo que les dice. Yo, mientras tanto, sigo escribiendo de espaldas a la puerta.

El Gobierno iraquí gasta decenas de millones de dólares en varillas de zahorí para detectar bombas

El fraudulento detector de bombas ADE 651.El Ministerio del Interior iraquí ha gastado decenas de millones de dólares en varillas de zahorí, disfrazadas de alta tecnología, para detectar bombas. La máquina en cuestión, llamada ADE 651, consiste en una empuñadura y una varilla, carece de batería u otra fuente de energía, se carga al caminar el operador y, si hay explosivos cerca, la varilla apuntará a ellos, según se explica en un reportaje publicado The New York Times. Su fabricante, la firma británica ATSC, sostiene que puede detectar “todas las drogas conocidas y sustancias que contengan explosivos” basándose en “la atracción electrostática de largo alcance de iones altamente cargados”.

El reportero Rod Nordland indica en The New York Times que el dispositivo se usa en cientos de controles policiales en Irak, país que en 2008 compró 800 unidades por 32 millones de dólares, a las que hay que sumar una cantidad sin especificar por otros 53 millones. El precio de cada “equipo avanzado portátil de detección de explosivos y narcóticos” oscila entre los 16.500 y los 60.000 dólares (entre 11.000 y 40.000 euros), y lo utilizan ya fuerzas militares y policiales de China, Kurdistán, Líbano y Tailandia, además de Irak, según el fabricante. ATSC asegura que el ADE 651 puede detectar las sustancias indicadas a 650 metros de distancia en tierra y hasta a 5.000 metros si se emplea desde una aeronave.

El detector prodigioso -de cuya existencia me ha alertado Pau Bosch i Crespo- funciona “según los mismos principios que la ouija”, ironiza en el diario neoyorquino el teniente coronel retirado Hal Bidlack, de la Fuerza Aérea de EE UU. Dale Murray, jefe del departamento de los Laboratorios Sandia que prueba dispositivos militares, afirma que éste y otros aparatos similares cuyo funcionamiento carece de bases científicas tienen la misma efectividad a la hora de detectar bombas que cualquiera por azar. Sin embargo, el responsable iraquí para el control de explosivos, general Jehad al-Jabiri, dice que le importan un bledo las pruebas cientíticas, que él sabe más que nadie de explosivos y que prefiere recurrir al ADE 651 que a perros adiestrados. Ya sabemos ahora por qué explotan tantas bombas en Irak a pesar de los numerosos controles policiales, porque las autoridades locales han apostado por la magia, por una variante explosiva del zahorismo, frente a la técnica.

El ilusionista James Randi, experto en la denuncia de la anticiencia, se comprometió en octubre de 2008 a pagar un millón de dólares a ATSC si demostraba que su producto hace lo que dice y demostró, de paso, sus dotes de videncia: “Los fabricantes, distribuidores, proveedores, anunciantes y distribuidores del dispositivo ADE 651 son delincuentes, mentirosos y ladrones que ignorarán este desafío porque saben que el dispositivo, la teoría, los principios descritos de funcionamiento y las descripciones técnicas que ofrecen son tonterías, mentiras, un fraude”. ATSC ha hecho, obviamente, oídos sordos al reto de Randi contra una anticiencia que mata.

Clínicas centroeuropeas practican el feng shui, la radiestesia, la ‘foto Kirlian’ y la acupuntura

Si usted está de viaje en Viena, Salzburgo o Múnich, se pone enfermo y le ingresan en una clínica, puede caer en manos de médicos que practican su disciplina basándose en el feng shui, la radiestesia, el efecto Kirlian y la acupuntura. Me enteré el 31 de mayo gracias a un despacho de la agencia Efe, datado en Viena, que cantaba las excelencias de esta ‘nueva medicina’ de cuya efectividad da fe, según la autora de la información, un artículo publicado en la revista Research in Complementary and Classical Natural Medicine. La lectura del texto periódistico da risa por la densidad de tonterías pseudocientíficas por frase. Veamos de qué va la historia.

El título es impactante: Dice: “Prueban impacto venas de agua y hallan método para neutralizarlas”. Lo primero que sorprende es lo de venas de agua, terminología que luego se repite en el texto y que es con la que se refieren los practicantes del feng shui a las corrientes subterráneas de agua, a las que achacan una radiación con efectos nocivos para la salud humana. Según la agencia de noticias, “un grupo de médicos y técnicos austriacos ha podido dar pruebas científicas del impacto perjudicial para la salud de las llamadas venas de agua o radiaciones terrestres en los seres humanos y animales, y ha desarrollado un método para neutralizarlo”. Ergo, estamos ante un grupo de practicantes del feng shui, una técnica de tanta validez científica como poner velas al santo de turno. Pero sigamos adelante.

La periodista nos cuenta que cincuenta clínicas de Viena, Salzburgo y Múnich “aplican ya el método de la geo-onda, que consiste en una estructura hecha de una aleación de aluminio -cuyo secreto los productores no revelan- montada en el techo de habitaciones donde se han observado zonas de trastorno geo-patógenas”. La geopatogenidad -perdón por el palabro– es una de las bases del feng shui, “un arte milenario de origen chino, que estudia la influencia del paisaje, de las orientaciones, de la distribución, forma y color de las construcciones sobre la vitalidad de sus ocupantes”, según sus partidarios. Y la geo-onda suena a algo parecido a los imantadores de agua y las pulseras magnéticas, por mucho que la autora nos diga que el estudio “prueba el impacto negativo de las zonas geo-patógenas en la salud humana, así como el efecto positivo del invento, en particular para el caso de problemas del corazón, nerviosos y del sistema inmune”. ¡Casi nada!

“Para los ensayos -sigue la nota- recurrieron a un método biofísico que aprovecha el llamado efecto de Kirlian y consiste en la obtención de imágenes de campos electromagnéticos a base de descargas centradas en determinadas zonas del cuerpo, por ejemplo en la yema del dedo, y su vinculación con un diagnóstico del estado energético del cuerpo que se sirve de los conocimiento de la medicina tradicional china”. El método biofísico citado no tiene nada que ver con la rama de la biología llamada biofísica, sino con el zahorismo. Biofísica es la denominación que, para cubrirse de seriedad y jugando al equívoco, dan algunos desde hace unos años a la radiestesia, rabdomancia o zahorismo, técnica que dicen que sirve para detectar “a distancia y a través de un instrumento las radiaciones emitiad por cualquier cuerpo o forma de energía”. En realidad, se trata de una práctica pseudocientífica a la que llamando biofísica se otorga una respetabilidad de la que carece un buscador de agua con una varilla de madera. Respecto a la fotografía Kirlian, lo que se plasma en ella es el denominado efecto corona, un fenómeno ligado a la conductividad eléctrica del objeto retratado y que no tiene nada de paranormal. Por eso no sólo disponen de aura Kirlian -una especie de halo brillante alrededor- los seres vivos, sino que también la tienen los objetos inanimados, y el color y las características del halo dependen de factores como la humedad, temperatura, etcétera.

Para dar mayor importancia al festival de pseudomedicina, la redactora dice que “este procedimiento se ha combinado con tecnologías de la navegación espacial en un dispositivo inventado por el físico ruso Konstantin Korotkov que se llama GDV o Gas Discharge Visualization (aparato de gas para la visualización de descargas), una cámara con software que permitió realizar 135.000 mediciones para compararlas y analizarlas según criterios estadísticos”. Muy impresionante lo de la “navegación espacial”. Claro que el tal Korotkov es en realidad un estudioso del aura Kirlian alabado en publicaciones como Discovery Salud, la revista que dirige José Antonio Campoy, el que fue director de la revista Más Allá y publicó un libro con sus entrevistas a un extraterrestre, Geenom. a la tecnología pedestre: “Los efectos se midieron en dos puntos de un laboratorio del hospital de San Juan de Salzburgo donde seis radiestesistas renombrados habían reconocido unánimemente zonas de trastorno geo-patógenas, así como una zona identificada como más bien neutral”. Es decir: soltaron a un grupo de zahoríes por el hospital y les pidieorn que buscaran los puntos de malas energías.

Las cobayas fueron 52 personas a las que sacaron fotos Kirlian en esas zonas del laboratorio. Después, los investigadores, Gerhard W. Hacker, director del Instituto de Investigación de Cuestiones Básicas y Fenómenos Límite de la Medicina, y el anestesiólogo y experto en cuidados intensivos Gernot Pauser, llegaron a “la conclusión de que las venas de agua influyen ante todo en el sistema inmune y de la glándula pineal, responsable de la producción de melanotonina, así como en el sistema circulatorio”. Además, “los promotores del proyecto destacan algunos ejemplos de personas que comprobaron mejoras significativas, como el caso de un paralítico que sufría dolor crónico, así como trastornos del sueño, y ahora ha llegado a practicar deporte. También se ha constatado el efecto positivo en niños con problemas de concentración, enuresis e hiperactivos. Al mismo tiempo, los expertos informan de un campesino de Salzburgo que colocó la geo-onda en el techo de su establo después de que sus vacas sufrieran durante muchos años de problemas por inflamaciones de ubres y, desde entonces, se encuentran sanas”. Vamos, que, si usted cree que todo esto es un cuento y una muestra más de la desvergüenza y la falta de escrúpulos de ciertos individuos, está confundido. La agencia Efe no duda de al autenticidad de la buena nueva y ya la ha divulgado a los cuatro vientos. Alabada sea.