Si un brujo o un curandero te estafa, es porque eres tonto

Un brujo consulta una bola de cristal.

El titular de esta anotación es el resumen de lo que piensan los integrantes del Tribunal Supremo de la actividad de brujos, curanderos, videntes y demás personajes que viven de engañar al personal, de sacar los cuartos a la gente, muchas veces aprovechándose de la desesperación ante una enfermedad incurable. Con pocas víctimas de lo paranormal me siento tan solidario como con quienes recurren a brujos angustiados por una enfermedad. Tienen mi solidaridad porque la esperanza es algo muy humano, que puede cegar a cualquiera. Y el curandero, todo mi desprecio: merece que caiga sobre él todo el peso de la Ley. Por sinvergüenza.
Por eso, me ha indignado la sentencia del Supremo que absuelve una curandera que estafó 18.000 euros a dos hermanos, prometiéndoles que iba a sanar a su padre de un cáncer hepático incurable. Nuria Montero Gallardo, que así se llama la acusada, sacó a sus víctimas el dinero y sacrificó un pájaro como parte de un ritual de sanación que, como es lógico, resultó inútil. El enfermo murió a los seis meses, y sus hijos se sintieron engañados y denunciaron a la sanadora. Un tribunal la condenó a dos años y medio de cárcel y una multa, y ahora la Sala de lo Penal del Supremo la ha absuelto en una sentencia del 2 de febrero y deja a los demandantes la más costosa vía civil como única salida.
«El ciudadano medio de nuestra sociedad tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales. Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a médiums, magos, poseedores de poderes ocultos, echadores de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadors de un engaño socialmente admisible que origine o sea la base para una respuesta penal», dice la sentencia en uno de los fundamentos de derecho en el que se añade que, en estos casos, «se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta inidóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa». «La esperanza es humanamente entendida, pero la confianza en la magia no puede recabar la protección del derecho penal», concluyen los jueces.
Carta de tarot.Entiendo los argumentos de los magistrados -que, según cuenta en su blog el abogado Fernando L. Frías, son los mismos desde hace tiempo-, pero no puedo compartirlos. Dicen que cualquier españolito de a pie tiene que saber que hay enfermedades como el cáncer ante las que no caben hechizos, sino la medicina, y que la esperanza es comprensible, pero la confianza en la magia no. Estoy de acuerdo con esos dos presupuestos; pero me parecen alejados de la realidad. La sentencia, firmada por Joaquín Jiménez García, José Manuel Maza Martín y José Antonio Martín Pallín, pasa por alto que en España hay mucha gente que cree en la magia, que la mayoría de los medios de comunicación alimenta ésa y otras creencias irracionales, y que el espíritu crítico no está lo suficientemente extendido ni siquiera entre el sector de población con estudios superiores. Argumentar que no es creíble que un administrativo y un auxiliar de clínica -profesiones de los demandantes- actúen bajo el error o el engaño en casos como el que nos ocupa es dar la espalda a la calle.
Si fuera de otro modo, vivir de engañar a la gente no sería el negocio que es para videntes, brujos, chamanes, ufólogos, astrólogos, periodistas esotéricos, médicos alternativos, sanadores y una interminable lista de caraduras. «Hasta donde me alcanza el entendimiento, y llevo años estudiando este hecho con profundidad y empleando a gente para que me ayude en la investigación, jamás nadie en este mundo ha perdido dinero al subestimar la inteligencia de las grandes masas. Tampoco nadie ha perdido por eso su cargo público», escribió el periodista estadounidense Henry Louis Mencken en 1926. En países como Estados Unidos y España, si uno sabe contar trolas sobre fantasmas, maldiciones y ovnis con aplomo, puede forrarse y convertirse en gurú de una comunidad creyentes. Ésa es la realidad social, no la defendida por el Supremo en esta sentencia. Claro que, si la Justicia tuviera que perseguir a todos los estafadores que se presentan en la tele, la radio y la prensa como poseedores de poderes paranormales o que venden como misterios lo que no lo son, no iba a dar abasto.

La estafa de los brujos, en Punto Radio Bilbao

El abogado Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, Almudena Cacho y yo hablamos el miércoles, en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la estafa de los brujos. ¿El motivo? La reciente sentencia del Tribunal Supremo que absuelve a una curandera que timó 18.000 euros a dos hermanos que acudieron a ella para ver si acababa con el cáncer que estaba matando a su padre. Aunque voy a escribir sobre el caso -no quería hacerlo hasta no leer la sentencia-, pueden escuchar como adelanto la primera entrega del espacio que Punto Radio Bilbao dedica semanalmente al escepticismo.

Nostradamus, impresionado por Vizcaya

Los anuncios de promoción turística suelen ser un derroche de lugares comunes: vistas áereas, cuerpos tostándose al sol, delicias gastronómicas… La originalidad brilla por su ausencia. Por eso me ha gustado el de Vizcaya de este año, ambientado en una tormentosa noche de 1550 en un ambiente muy propio de esta bitácora. Su protagonista es nada menos que Nostradamus, el vidente francés que no vio nada, al que se atribuyen tantas tonterías y al que un periódico madrileño achacó, en su primera página del 13 de septiembre de 2001, la predicción del ataque terrorista contra las Torres Gemelas, cuando en realidad la cuarteta que presentaba era falsa. Idem Producciones ha aprovechado la universalidad del personaje para darle una vuelta a la campaña de promoción turística de la Diputación de Vizcaya, institución que nos ha enviado el anuncio para que lo vean en el universo digital. ¡Ah!, si lo que quieren es saber toda la verdad sobre el famoso vidente, desempolven su inglés y leánse The mask of Nostradamus, del ilusionista James Randi. Mientras tanto, disfruten con Vizcaya. La revelación.

Los adivinos tampoco vieron el 7-J

No vieron el 11-S, no vieron el 11-M y no vieron el 7-J. Los adivinos no dan una. Cuando realmente importa, cuando se trata de salvar vidas humanas y no de decir ‘mameluconadas’ sobre el famoso de turno, los brujos demuestran lo que son: unos sinvergüenzas que venden a la gente gato por liebre, obviedades por augurios.

Ningún vidente, astrólogo, tarotista, lector de los posos del café o de la bola de cristal previó los atentados de Londres de hace unos días. No lo habían hecho antes con los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York y a los trenes de cercanías de Madrid; ni con el tsunami del Índico, que en diciembre mató a más de 170.000 personas. Los engañabobos patrios ni siquiera fueron capaces de vislumbrar la derrota electoral del Partido Popular tres días después de los atentados de Madrid, algo que entraba dentro de lo posible. Ésa es la realidad. Lo demás son cuentos.
Da igual lo que ahora digan o dejen de decir los oráculos de pacotilla. Algunos afirmarán que ya habían anunciado que iba a haber una masacre terrorista en la capital del Reino Unido el día en que sucedió. No les crean: no tienen ninguna prueba que apoye esa afirmación extraordinaria, como siempre que a toro pasado dicen haber adivinado algo inesperado. Nunca las tienen porque todos ellos viven de la mentira, del engaño y de la necesidad de mucha gente de creer que el destino está escrito en alguna parte -en las estrellas, en las rayas de la mano…-, para así eludir la reponsabilidad que cada uno tenemos en nuestro porvenir.
El de los brujos es un negocio que mueve millones de euros y linda con la ilegalidad. Sin embargo, los políticos -da igual la tendencia- no le plantan cara y los medios de comunicación -sean públicos o privados- hacen alegremente de altavoz publicitario de estos timadores de túnica, baraja y carta astral. Nuestros gobernantes llegan al extremo de violar la legalidad, al permitir con su inacción la vulneración de una norma europea: la directiva sobre la televisión sin fronteras (Directiva 89/552/CEE) considera «ilícitas la publicidad y la televenta que inciten a la violencia o a comportamientos antisociales, que apelen al miedo o a la superstición». La superstición es lo que alimentan muchos canales de televisión con sus tarotistas de tres al cuarto. ¿Saben de alguna vez que el Gobierno -el anterior del PP o el actual del PSOE- haya hecho algo en este terreno? ¿Saben de algún Ejecutivo autonómico que haya tomado cartas en el asunto? Yo no.

Uno de cada cinco españoles cree en los espíritus y ha consultado con videntes, curanderos o brujos

<El 20,2% de los españoles cree en los espíritus y un 18,5% ha consultado alguna vez con un vidente, curandero o brujo, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) basado en 2.487 entrevistas personales hechas a mayores de 18 años entre el 19 y el 25 de enero de 2003. El trabajo revela, además, que el 16,7% de la población cree en los curanderos y reduce la fe a horóscopos, videntes y brujas, con un 9,3%, un 9% y un 6,3%, respectivamente. «La creencia en estos fenómenos guarda una sorprendente relación con la edad, pues al descender ésta la creencia aumenta» explican los autores de La situación de la religión en España a principios del siglo XXI. En casos como el de la brujería, podría estar por medio «una estima social negativa», que sería menor entre los más jóvenes, ya que éstos creen más en la brujería que los mayores (un 10,6% de la población de 18 a 24 años tiene fe en las brujas, frente a un 3% de las personas de 55 a 64 años y sólo un 2,3% de los mayores de 65 años).
Los expertos no han encontrado una relación entre creencia y tamaño del municipio, ingresos e ideas políticas, aunque sí han constatado que las mujeres «son más creyentes en estos fenómenos; pero con escasa diferencia, sobre todo cuando se trata de curanderos y brujas». Hay datos que, a primera vista, parecen chocantes. Aunque los universitarios son en general menos supersticiosos que la media, a más estudios no corresponde un mayor escepticismo. Los españoles que han llegado a cursar Secundaria, Formación Profesional y grados medios universitarios son casi siempre más crédulos que aquéllos sin estudios. Además, los licenciados universitarios creen más en las brujas (4,1%) que la gente que no ha pasado por la escuela (2,8%), y ambos colectivos tienen unos índices de creencia muy parecidos respecto a los videntes y los horóscopos. «Se da una ligera tendencia a disminuir (la creencia) al elevarse los estudios», indican los autores, aunque los más creyentes son siempre los que han estudiado Formación Profesional, un cuarto de los cuales cree en los espiritus y una quinta parte en los curanderos.
Pérez-Agote; Alfonso; y Santiago García, José A. [2005]: La situación de la religión en España a principios del siglo XXI. Edita el Centro de Investigaciones Sociológicas (Col. «Opiniones y Actitudes», Nº 49). Madrid. 138 páginas.