El Papa y el Santo Grial

Ratzinger observa el cáliz que se venera en Valencia como el Santo Grial. Foto:Efe.

Benedicto XVI vio ayer, en la catedral de Valencia, la copa que, según la tradición local, utilizó Jesús en la Última Cena. El Santo Cáliz valenciano, que está en la capital del Turia desde 1414, fue examinado en 1960 por el arqueólogo Antonio Beltrán (1916-2006). El experto concluyó que está formado por tres piezas diferentes: la copa superior, de piedra ágata cornalina, está datada entre el siglo II antes de Cristo (aC) y el I de nuestra era, y fue labrada en Egipto, Siria o Palestina; el pie es un vaso egipcio o califal del siglo X u XI, que tiene con una inscripción en árabe; y las asas, la unión, las piedras preciosas y las perlas se habrían añadido en el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), de donde salió la pieza en 1399 hacia Zaragoza.
Beltrán aseguró hace 46 años que la ciencia no podía pronunciarse en contra de la autenticidad de la reliquia; no dijo que tampoco podría hacerlo a favor. Que la copa superior se hiciera entre el siglo II aC y el I de nuestra era no prueba que esa pieza del Santo Cáliz sea el Santo Grial, al igual que el hallazgo de una barca de hace dos milenios en el mar de Galilea no demuestra que Jesús navegara en ella. La mayoría de los historiadores considera en la actualidad el Santo Grial una leyenda de origen celta, vinculada a los míticos recipientes que proporcionaban alimentos en abundancia y asimilada por el cristianismo en la Edad Media.
El Grial valenciano.El recipiente sagrado apareció por primera vez en el siglo XII en el poema de Perceval, de Chretién de Troyes, donde no queda claro qué es el Grial. Posiblemente poco después, el cuerno de la abundancia se transmutó en el cáliz de la Última Cena y el recipiente en el que José de Arimatea habría recogido la sangre de Jesús de la herida abierta por el lanzazo del soldado romano. Así habría empezado la actual leyenda, la que vincula la copa a Jesús de Nazaret y dio lugar a la multiplicación de griales en una Edad Media en la que la fabricación de reliquias fue una muy rentable industria.
Más allá de la cortesía, Ratzinger no prestó ayer especial atención a la falsa reliquia, que le fue presentada con todo el boato posible en la catedral de Valencia, delante de la Conferencia Episcopal en pleno. Quienes sí se entusiasmaron con el Santo Cáliz fueron los comentaristas y periodistas televisivos -tanto durante la retransmisión en directo como en los informativos-, dejando claro una vez más que el espíritu crítico permanece enjaulado cuando anda de por medio el Espíritu Santo. Hay, ciertamente, una historia de la copa desde la muerte de Jesús hasta su llegada a Valencia; pero, al igual que en el caso de otras reliquias famosas -como la sábana santa-, estamos ante un relato de ficción creado con el fin de proporcionar un pedigrí a la pieza.
Está por ver si el Papa usa hoy el Santo Cáliz en la eucaristía que cierra el V Encuentro Mundial de las Familias. «Benedicto XVI podría utilizar el Santo Grial en la misa del domingo», anunciaba ayer El Mundo, diario para el que tampoco parece haber dudas sobre la autenticidad de la pieza. Juan Pablo II ya tomó en sus manos la falsa reliquia para la consagración en Valencia 1982; pero es que también se postró ante la sábana santa años después del análisis del carbono 14, que dictaminó que fue fabricada en el siglo XIV.

Una demanda por plagio puede poner en peligro el estreno en el Reino Unido de ‘El código Da Vinci’

Audrey Tatu y Tom Hanks, en una escena de 'El código Da Vinci'.Que El código Da Vinci es un éxito editorial que no tiene casi nada de original y que Dan Brown tomó prestadas de otros autores las principales revelaciones de su novela, es algo de sobra conocido. Porque el escritor estadounidense no ha sido el primero en especular sobre la posibilidad de que Jesús sobreviviera a la crucifixión, se casara con María Magdalena, y el matrimonio se estableciera en lo que hoy es Francia para iniciar una dinastía que ha llegado hasta nuestros días y cuya existencia explica la de los templarios, una orden secreta denominada el Priorato de Sión y el misterio de Rennes-le-Château. Estos ingredientes fueron ya el eje de El enigma sagrado (Holy blood, holy grail), obra pseudohistórica publicada en 1982 por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln.
Quien primero me habló de esa fuente de la que Brown se habría hartado de beber fue el historiador y periodista Julio Arrieta, que, a finales de 2004, consideraba la novela superventas una mezcla de La revelación de los templarios (1997), de Lynn Picknett y Clive Prince, y El enigma sagrado. Posteriormente, el también historiador José Luis Calvo dedicó un amplio trabajo a demostrar cuáles habían sido, a su vez, las fuentes bibliográficas utilizadas por los autores de El enigma sagrado, y escribió una pormenorizada crítica de El código Da Vinci, en la que deja claro que Brown sacó bastantes de su disparatadas ideas de La revelación de los templarios.
Pues bien, tanto beber de fuentes ajenas sin citarlas y arrogándose la autoría de los hallazgos debió de hartar a dos de los autores de El enigma sagrado, Baigent y Leigh, quienes denunciaron a Brown en el Reino Unido por plagio y ahora podrían impedir a los británicos disfrutar del taquillazo cinematográfico del año, informaba ayer The Times. Porque, cuando Brown -cuya fortuna se calcula en 290 millones de euros- comparezca ante la Justicia en Londres la próxima semana, estará en juego no sólo una millonaria indemnización a los autores de El enigma sagrado, sino también el estreno en el Reino Unido de la película El código Da Vinci, protagonizada por Tom Hanks y presupuestada en 104 millones de euros.
La cinta va a estrenarse el 19 de mayo en todo el mundo, pero los jueces británicos podrían posponer su proyección en el país e incluso prohibirla si consideran que Brown ha violado las leyes de derechos de autor. Además, si dan la razón a los demandantes, éstos podrían recibir una indemnización de 14,5 millones de euros, según el rotativo londinense. Y es que el plagio es una cosa muy seria. Por ahí fuera, claro. Porque en España es algo muy rentable. Aquí a los plagiarios les dan programas estelares de televisión y no les pasa nada, aunque sus editores reconozcan que han copiado a otros.