Reliquias

Diez preguntas y respuestas sobre la sábana santa, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el 3 de abril en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de diez preguntas y respuestas sobre la sábana santa, en la vigesimaséptima entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

La resurrección de Jesús fue una ilusión óptica causada por la sábana santa, según un historiador del arte inglés

'The sign: the shroud of Turin and the secret of the Resurrection', de Thomas de Wesselow.Llega Semana Santa y, como casi todos los años, surge de la nada una noticia sorprendente relacionada con la sabana santa. La de 2012 viene de Reino Unido, donde el miércoles sale a la venta The sign: the shroud of Turin and the secret of the Resurrection (La señal: el sudario de Turín y el secreto de la Resurrección), libro en el cual el historiador del arte Thomas de Wesselow propone que la figura impresa en esa tela de lino habría creado en los apóstoles la ilusión óptica de la Resurrección.

“Vieron la imagen en la tela como un doble viviente de Jesús. En aquella época, las imágenes tenían una gran fuerza psicológica, se veían como parte de un plano diferente de existencia, como si tuvieran vida propia”, explicaba hace unos días el escritor a The Daily Telegraph. Y añadía: “Si se piensa en la experiencia de los apóstoles al entrar en la tumba tres días después de la crucifixión, en la penumbra, y ver una imagen que emerge de la mortaja…”. Deduzco de lo que he leído que el autor piensa que los seguidores de Jesús creyeron que su espíritu se había trasladado del cadáver a la tela que lo envolvía.

El autor de la crónica, Peter Stanford, no tiene claro a qué juega el académico metido a sindonólogo: “O es un oportunista que sólo persigue hacer dinero rápido con una teoría llamativa para lectores incautos como los de El enigma sagrado (Holy blood, holy grail) o Recuerdos del futuro de Erich von Däniken o es completamente sincero”. Sinceramente, me cuesta mucho creer que un historiador del arte se trague el origen neotestamentario de una pieza que iconográficamente encaja con la visión artística de Jesucristo en la Edad media. De Wesselow va a hacer dinero con su libro, seguro, porque lo que plantea es polémico: que la sábana santa contiene la imagen de Jesús y que, al mismo tiempo, la Resurrección no fue algo real, como creen millones de cristianos, sino una mera ilusión óptica.

El principal problema con el que topa esta nueva fantasía es que es imposible que el sudario de Turín envolviera el cuerpo de Jesús ni ningún otro en el siglo I, porque fue confeccionado en la Edad Media, ya que el lino data de “entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”, según determinó el análisis del carbono 14 en 1988. Nadie ha refutado esos resultados, publicados en Nature, en ninguna revista científica. Así que el punto de arranque de la teoría de De Wesselow -que la tela estuvo en contacto con el cuerpo de Jesús de Nazaret- no se sostiene, como pasa con los argumentos a los que se suele recurrir para defender la sobrenaturalidad del sudario de Turín.

El exacadémico inglés ganará más dinero vendiendo sus estrafalarias ideas que dando clase y, con el tiempo, es posible que le inviten a congresos de sindonólogos como el que acogerá la Universidad de Valencia a finales de abril. Pero la sábana santa seguirá siendo una obra de arte medieval y la Resurrección, una creencia.

La NASA nunca ha estudiado la sábana santa: viejas mentiras en defensa de la falsa reliquia

Si el otro día el médico José de Palacios Carvajal resucitaba en Intereconomía TV a Willard Libby para desacreditar los resultados de la prueba del carbono en el caso de la sábana santa; hoy es el ingeniero José Agustín Arregui quien lo hace en un artículo de opinión publicado en El Correo y El Diario Vasco. La fecha, Domingo de Resurrección, es, sin duda, la más apropiada para este nuevo milagro sindonológico.

“Las palabras de Willard Frank Libby, descubridor del método del carbono 14, son contundentes [respecto a la validez de su aplicación a esta reliquia]: «En la sábana existen fuentes radiactivas que han recargado el carbono y que hacen que este método no se le pueda aplicar»”, sostiene Arregui en su artículo. Estaría bien saber dónde y cuándo dijo eso el químico y premio Nobel. En el contexto en el que el autor le cita, da la impresión de que el científico hizo esas declaraciones tras conocer los resultados del estudio de 1988 -que dató “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390”-, algo imposible porque, para entonces, el científico estadounidense llevaba ocho años muerto.

No sé de dónde ha sacado Arregui esa cita, pero me da la impresión que del mismo lugar que de Palacios Carvajal la frase en la que el químico y premio Nobel decía que el análisis de 1988 estaba “mal hecho” y tenía “tres defectos gravísimos que lo inutilizan total y absolutamente”: del baúl de las invenciones de los sindonólogos, que es como se denominan a sí mismo los estudiosos de la pieza. Lo que sí sé es que su artículo es un perfecto ejemplo de la pseudociencia que ha rodeado el análisis de la sábana santa desde el estudio realizado en 1978 por miembros del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP), una organización vinculada a la Hermandad del Santo Sudario. Aquel estudio fue tan imparcial que cuando el microanalista forense Walter McCrone, el encargado de examinar las manchas de sangre, anunció que estaban hechas con pintura, fue invitado a abandonar el STURP, grupo que nunca ha publicado los resultados de su trabajo en ninguna revista científica.

McCrone, por cierto, auguró en 1980 que, si algún día se hacía, la prueba del carbono 14 fecharía la tela “el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos”. Vittorio Pesce, antropólogo de la Universidad de Bari, mantenía meses antes de la datación por radiocarbono que la sábana había sido confeccionada entre 1250 y 1350. Y es que los documentos históricos, la iconografía, los materiales y las técnicas empleadas bastaban y sobraban para situar la aparición de la sábana en Francia a mediados del siglo XIV.

Las monedas de los ojos

La sábana santa, durante la ostensión de 2010. Foto: Efe.Algún lector de El Correo y El Diario Vasco podría llegar a pensar que la NASA estudio la reliquia en 1978. No es así. La agencia espacial estadounidense nunca ha mostrado el mínimo interés por el sudario de Turín. Dos miembros del STURP, John Jackson y Eric Jumper, habían trabajado para la NASA y eso sirvió, a finales de los años 70, a los sindonólogos y los periodistas del misterio para anunciar al mundo que la NASA había demostrado la Resurrección. Una trola más de las muchas que componen el corpus de la sindonología. Que, más de treinta años después, Arrregui siga diciendo que “en 1978 científicos de la NASA detectaron trazas de objetos sobre los ojos del hombre de la sábana” demuestra que sus fuentes de información no son fiables precisamente.

¡Ah!, respecto a las monedas romanas descubiertas en los ojos del hombre del sudario por el reverendo Francis Filas -¿por qué el articulista oculta a los lectores la condición de sacerdote del sindonólogo?-, David Sox, ex secretario de la Sociedad Británica del Sudario de Turín, recordaba en los años 80 que, “cuando se presentó [Filas] con las fotografías en las que se basaba para realizar estas afirmaciones, un científico, cuyo nombre no se citó, dijo: «Sí, y si miras desde un poco más cerca, en la esquina superior derecha, puedes ver al Pato Donald… y ahí, a la izquierda, a Mickey Mouse»”.

Arregui sostiene que, además de la prueba del radiocarbono, se han hecho otros estudios científicos y se hace eco de una serie de trabajos sindonológicos que apoyan -¡cómo no!- la idea de que la tela envolvió el cuerpo de Jesús de Nazaret; pero hay un detalle crucial que pasa por alto. Mientras los resultados del análisis del carbono 14 se publicaron en la revista Nature sin que nadie los haya refutado en ninguna otra publicación científica, los que él esgrime en favor de la autenticidad de la reliquia se han hecho públicos en congresos de sindonología y publicaciones del ramo; nunca en una revista científica digna de tal calificativo.

Intereconomía TV resucita a Willard Libby con unas declaraciones contra la datación del carbono 14 de la sábana santa que nunca hizo

¿Puede alguien que murió en 1980 hacer unas declaraciones sobre algo que pasó después de su fallecimiento? Si usted cree que no, es que está poco ducho en los milagros de la sindonología, la pseudociencia que estudia la sábana santa. En 1988, tres laboratorios dataron por carbono 14 “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”. La ciencia concluyó así que la presunta reliquia había sido confeccionada en la Edad Media y, por consiguiente, no pudo envolver el cuerpo de Jesús. Y el resultado del análisis se publicó en Nature, sin que nadie lo haya refutado hasta el momento en ninguna revista científica. Sin embargo, no hay Semana Santa en la que los sindonólogos no recurran a trapacerías para intentar dar la vuelta a la tortilla, algunas tan burdas como resucitar a un científico para hacerle decir algo que nunca dijo.

Lo hizo ayer José de Palacios Carvajal, autor del libro La sábana santa. Estudio de un cirujano, en Lágrimas en la Lluvia, programa de Intereconomía TV dirigido y presentado por Juan Manuel de Prada. En una tertulia en la que todos los participantes defendían la autenticidad de la falsa reliquia, De Palacios Carvajal citó a Willard Libby, Nobel de Química en 1960 por el descubrimiento del método del carbono 14, y aseguró que fue el primer crítico del análisis por radiocarbono de la sábana de 1988. “Libby, que no era católico, dijo: «Si es que esto lo han hecho mal. Tiene tres defectos gravísimos que inutilizan total y absolutamente lo que han hecho estos señores». Así como a la Prensa le encantó que la sábana santa no fuera verdadera, casi no tuvieron eco en la Prensa las palabras de Libby y la demostración a posteriori de que es así”, se lamentó el médico. Y nadie en el plató Lágrimas en la Lluvia replicó lo obvio: que, a no ser que se trate de una publicación esotérica, un medio de comunicación no se hace eco de declaraciones hechas por nadie después de muerto.

Un invento de los sindonólogos

Porque esas declaraciones -de las que he tenido conocimiento gracias a Luis Miguel Ortega, miembro del Círculo Escéptico, y al periodista Julio Arrieta- son inventadas. Son una más de las patrañas con las que los sindonólogos intentan desacreditar sistemáticamente los, para ellos, incómodos resultados del análisis del carbono 14. Libby no pudo hacerlas porque murió ocho años antes de los análisis. A no ser, claro, que las realizara vía ouija en algún congreso de sindonología, que todo puede ser, dado lo riguroso de la disciplina. Estamos ante una cantinela que algunos defensores de la falsa reliquia repiten desde hace más de veinte años: ya en 1989, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología (CES), aseguró que Libby había ratificado que la prueba del radiocarbono no se había hecho bien. Lo mismo que ayer repitió, con el mismo fundamento, José de Palacios Carvajal en Intereconomía TV.

Una variante de la misma estrategia anticientífica es lo que dijo el jueves el astrofísico y jesuita Manuel María Carreira, según quien la datación por el carbono 14 “se hizo de manera que debía dar vergüenza a cualquier científico, se hizo con mala metodología, con la peor de las muestras y sin hacer las cosas siguiendo el protocolo”. El sacerdote dice que hay que olvidarse de esa prueba: “Eso, fuera de la mesa”. Es lo mismo que sostiene el periodista del misterio José Manuel García Bautista, quien cree que “fue la mortaja de Cristo” y que “ni con nuestra tecnología se podría falsificar alfo así”. Amén. Pero lo cierto es que los resultados del datación del radiocarbono siguen siendo igual de válidos que en 1988 porque nadie ha publicado en ninguna revista científica nada que demuestre que los análisis se hicieron mal. En ciencia, no vale con decir que algo se hizo mal; hay que demostrarlo. Los resultados de las pruebas hechas en 1988 no han sido refutados por nadie desde entonces. Ésa es la verdad.

Si aún así usted tiene dudas, puede consultar una guía rápida al falso misterio de la sábana santa.