Quiropráctica

A la modelo Katie May la ha matado la quiropráctica

Katie May. Foto: Instagram de Katie May.Tres días después de la muerte de la modelo de Playboy Katie May a los 34 años a consecuencia de un derrame cerebral, los medios han pasado por alto la que, según todos los indicios, parece ser la causa del accidente cerebrovascular: el tratamiento quiropráctico al que la joven se sometió para acabar con un dolor de cuello. “Por lo que sabemos en la familia, y estamos bastante, pero no totalmente, seguros, Katie no buscó atención médica antes de la noche del lunes. Si lo hubiera hecho, parece razonable concluir que los días siguientes se hubieran desarrollado de otra manera”, ha declarado su hermano Stephen a People. “Ella no necesitaba que la ajustaran el cuello; eso la mató. Y lo que da miedo es que la enfermera me dijo que pasa todo el tiempo”, ha declarado una amiga de la fallecida, Christina Passanissi, a The New York Daily News. Passanissi también cree que la muerte de la modelo fue consecuencia de que acudió a un quiropráctico en vez de a un médico.

El 28 o 29 de enero, durante una sesión fotográfica en Los Ángeles, May -muy popular en Instagram y Snapchat- sufrió una caída que le produjo un fuerte dolor de cuello. Según el portal de cotilleos TMZ, fue ese mismo día a un centro médico a que la atendieran y, poco después, la dieron el alta. Ella dijo en Twitter el 29 de enero por la noche: “Se me pinzó un nervio en el cuello durante una sesión fotográfica y me lo arreglaron esta mañana. ¡Es realmente doloroso! ¿Algún remedio casero? Besos y abrazos”. El dolor siguió y, en respuesta al interés por su salud de un seguidor, el lunes dijo en Twitter: “¡Gracias, amor! Todavía duele; volveré al quiropráctico mañana. Besos y abrazos”. Ese día, la modelo acudió al Centro Médico Cedars-Sinaí porque apenas podía moverse y, ya en el hospital, sufrió uno  o varios -según algunas fuentes- derrames. Los médicos certificaron el martes su muerte cerebral y el jueves la desconectaron del respirador que la mantenía viva.

Tuits de Katie May.Aunque TMZ apuntó al principio que May había recibido en un primer momento atención médica, no fue así. Además de las declaraciones de los familiares y amigos al respecto, los tuits de la modelo dejan claro que fue al quiropráctico a que le ajustara el cuello y que iba a volver a una segunda sesión que no sabemos a estas alturas, con certeza, si tuvo lugar. Lo que prácticamente también es casi seguro es que el derrame no se lo causó la caída durante la sesión fotográfica, como decía el viernes TMZ, sino que fue consecuencia de las manipulaciones vertebrales de su quiropráctico. Y es que relación entre esta pseudoterapia y los derrames cerebrales es, por desgracia, bastante frecuente, como dice la amiga de la fallecida que le comentó una enfermera.

En 2012, había en la literatura médica “más de 500 [casos] documentados de pacientes que han sufrido un derrame cerebral tras la manipulación del cuello [por un quiropráctico] y muchos han muerto posteriormente”, destacaba entonces el medico Edzard Ernst, especialista crítico en las denominadas terapias alternativas. En 1997, por ejemplo, el actor Kevin Sorbo, entonces muy popular por interpretar a Hércules en una serie de televisión, sufrió un aneurisma y tres trombos por las manipulaciones vertebrales de su quiropráctico. Su calvario por creer en la medicina alternativa, del que a día de hoy no se ha recuperado totalmente, le llevó en 2011 a la portada de la revista Neurology Now.

La quiropráctica es una de las mal llamadas medicinas alternativas. La inventó el apicultor y tendero canadiense Daniel D. Palmer. Apasionado del espiritismo y la anatomía, en la década de 1890 se dedicó a la sanación magnética y, años después, concluyó que las enfermedades las causan los bloqueos en la columna, que llamó subluxaciones, al flujo de la energía vital, que llamó inteligencia innata. Todavía hoy, sus seguidores dicen cosas como que “la quiropráctica ayuda a la inteligencia innata a expresarse, dejándola fluir por todo el organismo”. La energía vital de Palmer es tan indetectable, e inexistente, como todas las que dicen controlar acupuntores, reikiólogos, reflexoterapeutas y demás charlatanes.

Flaco favor hacen los medios que pasan por alto cuál fue la causa real de la muerte de la joven Katie May: que la medicina alternativa mata, como le pasó a Steve Jobs, que confío en dietas milagrosas cuando la cirugía podía haber sido útil contra su cáncer de páncreas; a Penelope Dingle, que prefirió la homeopatía a la cirugía y la quimioterapia; y en España, recientemente, a Maribel Candelas, enferma de cáncer víctima de la estafa de la neuroemoción. El caso de la modelo de Playboy es más que la muerte de un personaje popular de Internet, es la demostración del peligro que tienen las terapias pseudocientíficas, del peligro de creer.

‘El archivo del misterio’: las medicinas alternativas

Las medicinas alternativas se llaman así porque no funcionan. Como dice el comediante australiano Tim Minchin, si funcionaran, serían medicina. Quien presupone, como sus partidarios, que existe una conspiración mundial para ocultar el potencial curativo del agua con azúcar (homeopatía), pincharte con agujas (acupuntura), los pases mágicos de manos (reiki) y una larga lista de pseudoterapias que crece día a día nos llama a todos los demás tontos. Si realmente sirviera alguna de ellas para algo además de para llenar el bolsillo de sus practicantes, estaríamos tirando a la basura en el mundo billones de euros en tratamientos y sistemas de exploración que podrían sustituir por alternativas mucho más baratas.

Los defensores de las denominadas terapias alternativas suelen culpar de sus males a las farmacéuticas, que ocultarían los beneficios de esas prácticas para evitar el hundimiento de su negocio. Lo dicen como si quienes fabrican y comercializan a precio de medicamento preparados homeopáticos que carecen de principio activo fueran asociaciones benéficas y no multinacionales que ganan miles de millones vendiendo agua con azúcar, y que no dudan en emprender campañas de desprestigio contra sus críticos. Su problema real es que ninguna pseudomedicina ha demostrado ser más efectiva que una pata de conejo o el agua bendita. Los dos grandes centros de investigación sobre estas prácticas de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos no han desarrollado ninguna terapia efectiva contra ninguna enfermedad en 23 años a pesar de haber gastado miles de millones de dólares, como he recordado en la séptima entrega de El archivo del misterio de Órbita Laika (La 2).

Kevin Sorbo cuenta en 'Neurology Now' cómo la quiropráctica le causó tres trombos.Desde las instituciones que tenían que velar por la buena práctica médica, no se hace nada. Los colegios de médicos se saltan sistemáticamente sus códigos deontológicos y permiten que algunos asociados sometan a pacientes a tratamientos inútiles para todo tipo de dolencias y en muchos pongan sus vidas en peligro. Y la Administración actúa como si las pseudomedicinas fueran algo inocuo y sólo se escandaliza momentáneamente cuando ocurre un caso trágico, como el del niño de Olot muerto de difteria por no haber sido vacunado, para luego volver la espalda a la realidad.

Es verdad que, por desgracia, la medicina científica no lo cura todo, pero a ella -junto con la potabilización de aguas, los sistemas de saneamiento y el control de los alimentos- le debemos que la esperanza de vida se haya duplicado en Occidente en los últimos cien años. Por su parte, siglos de terapias tradicionales orientales no consiguieron que la esperanza de vida aumentara en sus países originarios, donde, sin embargo, ésta se ha disparado tras la llegada de la medicina científica, que no lo cura todo, pero es que la alternativa no sólo no cura nada, sino que, además, en muchas ocasiones mata o provoca graves daños a quien confía en ella.

La fe en las pseudoterapias puede pagarse muy cara. A la yudoca olímpica canadiense Kim Ribble-Orr la acupuntura le arruinó la vida, las manipulaciones de su quiropráctico causaron un aneurisma y tres trombos al actor Kevin Sorbo, una niña canadiense de 10 años murió de cáncer por su derecho tribal a terapias alternativas en vez de recibir un tratamiento convencional, las pseudomedicinas matan bebés en todo el mundo cada semana, hay en España enfermos de cáncer que padecen un sufrimiento añadido por la acción de los charlatanes de la salud… Los milagros no existen, y confiar en la medician alternativa es creer en milagros.

Cómo silenció Carlos de Inglaterra a Edzard Ernst, el principal experto europeo en medicinas alternativas

“Fui interrogado, investigado, tratado como basura durante 13 meses y al final exonerado”. Así recuerda Edzard Ernst el calvario que vivió tras criticar en la prensa en 2005 un informe favorable a la inclusión de terapias alternativas en la Sanidad pública británica encargado por Carlos de Inglaterra. El científico, doctor en medicina, consideraba el estudio “vergonzosamente erróneo y peligroso”, se enfrentó al príncipe de Gales, un apasionado de todo lo alternativo y natural, y acabó sin trabajo. Ahora cuenta la historia en A scientist in Wonderland (Un científico en el País de las Maravillas), libro que acaba de salir a la venta.

Edzard Ernst, en San Sebastián en 2011. Foto: Elhuyar.Nacido en Alemania en 1948, hijo y nieto de médicos, Ernst completó su formación reglada con estudios de acupuntura, homeopatía y otras terapias alternativas, y dio sus primeros pasos profesionales en un hospital homeopático. “Una vez que acabé el doctorado, empecé a pensar como un científico y, entonces, mi fascinación por la homeopatía aumentó. Sabía que aquello no podía funcionar. Los principios básicos de la homeopatía dicen que lo similar cura lo similar y que, cuanto más diluida está una sustancia, más potente es. No tienen sentido”, me explicaba hace cuatro años. Comenzó a investigar y concluyó que la homeopatía sólo funciona por la fe del paciente en el terapeuta y lo que le receta, lo que se conoce como efecto placebo.

Su prestigio hizo que en 1993 le invitaran a poner en marcha la cátedra de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter. Se convirtió en el primer catedrático de esa disciplina en el mundo, y el heredero británico le pidió una copia de su discurso inaugural. “Esto es grande, pensé. Me emocionaba que alguien tan influyente como el príncipe Carlos estuviera interesado en mi trabajo. ¿Qué podía ser mejor que tener apoyo en las alturas?”, escribe en el capítulo que dedica al episodio, titulado “Off with his head!” (¡Que le corten la cabeza!).

Las obsesiones del príncipe

No tardó en descubrir lo confundido que estaba. Comprobó que, desde los años 80, el príncipe de Gales “había promocionado la medicina alternativa infatigablemente, mostrándose a menudo reacio o incapaz de distinguir entre el auténtico cuidado de la salud y la flagrante charlatanería, entre la medicina y el aceite de serpiente, o entre la verdad y algunas obsesiones de su propia cosecha”. Carlos de Inglaterra “parecía ser un firme defensor de la sinrazón y un formidable oponente a cualquier intento de trasladar la ciencia o el pensamiento crítico a la medicina alternativa”. El príncipe de Gales, destaca el científico, se ha llegado a mostrar orgulloso de ser “un enemigo de la Ilustración”.

En Exeter, Ernst, el principal experto europeo en terapias alternativas, sometió esas prácticas a los mismos filtros experimentales que las convencionales. Constató que la mayoría carece de efectividad, y que la homeopatía y la quiropráctica, además, son peligrosas porque animan a abandonar tratamientos que funcionan y causan graves lesiones, respectivamente. El establecimiento de su cátedra coincidió en el tiempo con el de la Fundación del Príncipe para la Salud Integral, creada por el heredero y que cerró en 2010 entre acusaciones de fraude y lavado de dinero. Al principio, hubo relación entre ambas instituciones, pero pronto se distanciaron por las críticas de Ernst a las terapias alternativas.

'A scientist in Wonderland', de Edzard Ernst.En 2005, la fundación de Carlos de Inglaterra publicó una guía que recomendaba acupuntura contra las adicciones, osteopatía contra el asma y cosas por el estilo. “Era un canto a la charlatanería pagado con dinero de los contribuyentes”, sentencia el científico, quien se opuso entonces públicamente por primera vez a los dictados del hijo de Isabel II. Las afirmaciones infundadas de esa guía “tienen el potencial de causar la muerte a muchos pacientes”, asegura en el libro. Ese mismo año, retiró su nombre de un informe, elaborado por el economista Christopher Smallwood para la fundación del heredero, que pedía la inclusión de la medicina alternativa en la sanidad pública. “Era un documento peligroso y vergonzosamente deficiente”.

En agosto, le pidió su opinión un periodista de The Times a quien alguien había filtrado el informe, y Ernst lo describió como basura. Semanas más tarde, el secretario personal del heredero escribió a la universidad, acusándole de haber filtrado el documento. “Lo que siguió fue el periodo más desagradable de mi vida profesional”. La investigación interna, con incontables interrogatorios y el escrutinio de todo su correo electrónico y físico, le minó. “Tuve que contratar un caro asesoramiento legal, mi calidad de vida saltó por la ventana y hasta mi salud se deterioro”. Al final, tras 13 meses, Ernst fue declarado inocente, pero en los años que siguieron su departamento sufrió un brutal recorte de fondos que derivó en su desmantelamiento en 2011. Y él perdió el trabajo. El médico lo tiene claro: todo fue una maniobra del príncipe de Gales para quitarle del medio.

La autoridad de la cuna

Entre la exoneración y se despedida forzada de la Universidad de Exeter, el científico no se calló la boca cuando en marzo de 2010 se supo que Duchy Originals, una empresa de Carlos de Inglaterra, vendía productos como la tintura desintoxicante de alcachofa y diente de león, que dice que elimina toxinas del cuerpo, al módico precio de 10 libras por 50 mililitros (200 libras el litro). “Carlos está explotando a la gente en tiempos difíciles”, dijo entonces Ernst, y añadió que la firma del príncipe debería denominarse Dodgy Originals (Originales no fiables) porque, “bajo el estandarte de la atención médica holística e integral, promueve un arreglo rápido y un curanderismo descarado”.

Cuando en octubre de 2005 se publicó el informe Smallwood, Richard Horton, director de la revista científica The Lancet, advirtió en una carta a The Guardian de que contenía “disparates peligrosos”. Decía:

El resumen [del informe] incluye lo siguiente: “La mejor prueba de la homeopatía, en términos de  beneficios para la salud y reducción de costos, está asociada con su uso como una alternativa a la medicina convencional en relación con una serie de enfermedades de todos los días, especialmente el asma”.

Cerca de 1.400 personas mueren de asma cada año en Reino Unido. Es una enfermedad que amenaza la vida y que puede controlarse mediante el uso de medicamentos. La idea de que la homeopatía puede sustituir al tratamiento convencional, como el informe del príncipe sugiere, es absolutamente errónea. No existe una sola prueba fehaciente para apoyar esta afirmación increíblemente incorrecta. Se perderán vidas si se sigue esta práctica, al parecer respaldada por el presidente de Consejo Médico General.

En el capítulo de A scientist in Wonderland dedicado a su choque con Carlos de Inglaterra, Ernst lamenta que el heredero nunca haya querido debatir sus estrafalarias ideas con expertos: “En la mejor tradición de los viejos dogmáticos, el príncipe Carlos esquiva estudiadamente cualquier cosa que pueda exponer o amenazar sus erróneos puntos de vista”. Como él, hay otros científicos que han dejado claro que el hijo de Isabel II juega con la ventaja de cuna a la hora de promocionar sus peligrosas ideas. Así, recuerda el excatedrático de Exeter, cuando en 2004 el príncipe elogió en una conferencia una dieta que, según él, curaba el cáncer, el cirujano oncológico Michael Baum, experto en el tratamiento del cáncer de mama, replicó en el British Medical Journal con una carta abierta a Carlos de Inglaterra en la que, entre otras cosas, decía: “El poder de mi autoridad viene del conocimiento atesorado durante 40 años de estudio y 25 de investigación sobre el cáncer… Su poder y autoridad se deben a un accidente de nacimiento”. Al parecer, eso es suficiente, incluso en una democracia como la británica, para silenciar a científicos que le contradicen e incomodan.

Ernst, Edzard [2015]: A scientist in Wonderland. A memoir of searching for truth and finding trouble. Imprint Academic. Exeter. 173 páginas.

Jimmy Wales, cofundador de la ‘Wikipedia’, llama “charlatanes lunáticos” a los médicos alternativos

Jimmy Wales. Foto: Manuel Archain.Jimmy Wales, cofundador de la Wikipedia, no está por la labor de que la enciclopedia libre alimente la creencia en terapias cuya efectividad no ha sido demostrada científicamente. Ante una petición en la plataforma Change.org de grupos que consideran que “gran parte de la información [de la Wikipedia] relacionada con los enfoques holísticos de curación es parcial, engañosa, anticuada o simplemente mala” debido a la censura de los “autodenominados escépticos“, Wales ha replicado que lo que valen son las pruebas y las publicaciones en revistas científicas, y ha calificado de “charlatanes lunáticos” a los practicantes de las mal llamadas medicinas alternativas.

La petición de la Asociación para la Psicología Energética Comprensiva, que ha sido firmada por unas 8.000 personas, dice:

Jimmy Wales, fundador de la Wikipedia: cree y aplique nuevas políticas que permitan una verdadera discusión científica sobre los enfoques holísticos de curación

La Wikipedia es ampliamente utilizada y de confianza. Por desgracia, gran parte de la información relacionada con los enfoques holísticos de curación es parcial, engañosa, anticuada o simplemente mala. Durante cinco años, los repetidos esfuerzos para corregir esa desinformación han sido bloqueados, y la organización Wikipedia no ha tomado cartas en el asunto. Como resultado de esto, las personas interesadas en los beneficios de la medicina energética, la psicología energética y enfoques específicos como las técnicas de liberación emocional, la terapia del campo del pensamiento y la técnica de acupresión Tapas van a sus páginas, confían en lo que leen y no hacen nada por recibir ayuda a partir de estos enfoques que la investigación, de hecho, ha demostrado que son muy beneficiosos para muchos. Esto tiene consecuencias graves, pues la gente sigue sufriendo problemas físicos y emocionales que bien podrían aliviarse con estos enfoques.

Larry Sanger, cofundador de Wikipedia, dejó la organización debido a dudas sobre su integridad. Declaró: “En algunos campos y en algunos temas, hay grupos que ocupan artículos e insisten en hacer que reflejen sus propios puntos de vista. No hay un mecanismo creíble para aprobar versiones de artículos”.

Éste es exactamente el caso de las páginas de Wikipedia de la psicología energética, la medicina energética, la acupuntura y otras formas de medicina complementaria y alternativa (CAM ), que actualmente están escoradas hacia un punto de vista negativo y anticientífico de estos enfoques a pesar de los numerosos estudios rigurosos que en los últimos años han demostrando su eficacia. Estas páginas las controlan unos autoproclamados escépticos que actúan como censores de facto de la Wikipedia. Visten sus objeciones con el lenguaje de la visión más estrecha posible de la ciencia para reprimir la discusión abierta sobre la innovación en la asistencia sanitaria. Como vigilantes del statu quo, se niegan a debatir con los investigadores y médicos de vanguardia y con cualquier persona con un punto de vista diferente. Revisores imparciales deberían ser los responsables de controlar estas importantes áreas.

La respuesta de Wales, colgada el domingo pasado, dice:

No, tenéis que estar bromeando. Cada persona que ha firmado esta petición tiene que volver a revisar sus premisas y pensar más sobre lo que significa ser honesto, los hechos y la verdad.

La política de la Wikipedia sobre este tipo de cosas es clara y correcta. Si usted consigue publicar su trabajo en revistas científicas respetables -es decir, si puede presentar pruebas a través de experimentos científicos repetibnles-, entonces la Wikipedia lo cubrirá adecuadamente.

Lo que no haremos es pretender que la obra de charlatanes lunáticos es equiparable al “verdadero discurso científico”. No lo es.

No hay escépticos malvados que boicoteen debates sobre asuntos científicos de vanguardia en la Wikipedia en inglés -la Wikipedia en español es altavoz de todo tipo de supercherías-; lo que faltan son pruebas que apoyen lo que sostienen los defensores de las denominadas medicinas alternativas. En contra de los que sostienen los impulsores de esta petición, prácticas como la homeopatía, la acupuntura y la quiropráctica -por citar sólo tres- ponen en riesgo la vida de mucha gente, bebés incluidos.

La quiropráctica: de panacea alternativa a práctica inútil con efectos secundarios devastadores

La quiropráctica es la solución a muchísimos males, si uno cree lo que contaba ayer, en “La Contra” de La Vanguardia, Daryn J. Wiese, licenciado en medicina por la Universidad de Whitworth y doctor por la Universidad Palmer de Quiropráctica. Asegura que esa técnica palía, entre otras dolencias, la ciática, la migraña, los mareos, el dolor de espalda, la fibromialgia, la presión ocular y la arterial, y ayuda la rehabilitación de toxicómanos y deportistas, y a rebajar el índice de colesterol. Como dice el autor de la entrevista, Víctor-M. Amela, parece “¡la panacea!”. “El poder de la quiropraxis más el poder mental… resultan imbatibles”, sentencia Wiese, quien destaca que no tiene los efectos secundarios de los fármacos.

Entrevista a Daryn Wiese, en 'La Vanguardia'.El problema es que la malvada medicina oficial no reconoce la quiropráctica, por muchas excelencias que de ella cante Wiese. Según él, lo mismo cura la sordera, como dice que hizo el creador de esta pseudoterapia a finales del siglo XIX, que consigue que un niño pase de cosechar suspensos a sacar sobresalientes. “Hay estudios que vinculan mejoras en las funciones cardiaca, pulmonar, digestiva y muscular mediante la aplicación regular de la quiropraxis. Incluso en bebés”. Lástima que el entrevistador no le preguntara inmeditamente dónde se han publicado esos estudios. Eso hubiera bastado para poner las cosas en su sitio. ¿Dónde están las pruebas? Es una pregunta tan sencilla como demoledora cuando nos enfrentamos a afirmaciones extraordinarias. ¿Pero qué es la quiropráctica?

La quiropráctica la inventó el apicultor y tendero canadiense Daniel D. Palmer. Apasionado del espiritismo y la anatomía, en la década de 1890 se dedicó a la sanación magnética. Decía curar imponiendo las manos. Según la leyenda, en 1895 el conserje del edificio de Davenport (Iowa) donde trabajaba le contó que, diecisiete años antes, se le había salido de sitio una vértebra e, inmediatamente, se había quedado sordo. Palmer dedujo que la causa de la sordera del hombre era que la espina dorsal no estaba alineada y, ni corto ni perezoso, le puso la vértebra en su sitio, tras lo cual el conserje recuperó la audición. Con el tiempo, el sanador espiritual concluyó que las enfermedades las causan los bloqueos en la columna, que llamó subluxaciones, al flujo de la energía vital, que llamó inteligencia innata. Todavía hoy, sus seguidores dicen cosas como que “la quiropráctica ayuda a la inteligencia innata a expresarse, dejándola fluir por todo el organismo”. La energía vital de Palmer es tan indetectable, e inexistente, como todas las que dicen controlar acupuntores, reikiólogos, reflexoterapeutas y demás milagreros.

Derrames cerebrales y muertes

Hay tantas pruebas de la milagrosa curación del conserje de Davenport como del Diluvio Universal, y la quiropráctica es tan efectiva como el agua bendita, pero mucho más peligrosa. En contra de lo que sostiene Wiese, no sólo no cura nada, sino que, además, los efectos secundarios de las bruscas manipulaciones vertebrales pueden ser terribles. “La manipulación quiropráctica del cuello conlleva el riesgo de desgarro de la arteria vertebral que conduce al cerebro, causando un ictus o un ataque isquémico transitorio. Aunque el riesgo es bajo, a veces ocurre, y los médicos y los pacientes deben ser conscientes de la terapia de manipulación espinal como un factor de riesgo, raro pero posible, para el accidente cerebrovascular”, explica Howard Kirshner, del Centro Vanderbilt Kennedy (Estados Unidos).

Kevin Sorbo cuenta en 'Neurology Now' cómo la quiropráctica le causó tres trombos.Hay “más de 500 casos documentados [en la literatura científica] de pacientes que han sufrido un derrame cerebral tras la manipulación del cuello [por un quiropráctico] y muchos han muerto posteriormente”, destacaba en abril del año pasado Edzard Ernst, médico experto en terapias alternativas. En 1997, por ejemplo, el actor Kevin Sorbo, entonces muy popular por interpretar a Hércules en una serie de televisión, sufrió un aneurisma y tres trombos por las manipulaciones vertebrales de su quiropráctico de cabecera. Su calvario por creer en la medicina alternativa le llevó hace dos años a la portada de la revista Neurology Now.

“Tenemos informes en revistas científicas de parálisis diafragmática producto de la manipulación cervical quiropráctica, libros completos sobre la quiropráctica vista desde la perspectiva de las víctimas, organizaciones de víctimas de la quiropráctica en Reino Unido (que relatan casos de horror como el de un derrame del tallo cerebral a consecuencia de un ajuste quiropráctico o el de una disección bilateral de las arterias vertebrales a cargo de otro curandero quiropráctico), e incluso afirmaciones como la del Consorcio Ictus, un grupo de 100 investigadores médicos canadienses que, en un estudio de 65 víctimas de derrames, descubrió que casi un tercio tenía su origen en manipulaciones quiroprácticas”, advierte el periodista científico Mauricio-José Schwarz, miembro del Círculo Escéptico.

Por supuesto, Wiese, director del Centro Quiropráctico VIDA de Barcelona, no habla de nada de esto en la entrevista de La Vanguardia, donde se anuncia que esta pseudomedicina “tendrá también su carrera propia en la Universidad de Barcelona”, extremo que hasta este momento no he podido ni confirmar ni desmentir. Por cierto, un doctorado por la Universidad Palmer de Quiropráctica, fundada por el inventor de esta pseudoterapia, tiene tanto valor académico como uno en ciencias del espacio por una hipotética Universidad de los Hombrecillos Verdes.