Pseudoarqueología

La primera inscripción bíblica y la muerte de Nessie, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 13 de enero en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la primera inscripción bíblica y la muerte de Nessie, en la duodécima entrega del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

La falsa inscripción bíblica del siglo X antes de Cristo o el fundamentalismo religioso camuflado de ciencia

El fragmento de cerámica que se dice que contiene el texto bíblico más antiguo. Foto: Universidad de Haifa.¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡La arqueología ha probado que la Biblia se escribió siglos antes de lo que hasta ahora postulaban algunos incrédulos! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡La ciencia ha confirmado que el bíblico Reino de Israel, el de Salomón y David, existía en el siglo X antes de Cristo (aC)! Y, cómo no podía ser menos, la noticia la han dado prestigiosos medios de comunicación. No en vano, la información procede de la Universidad de Haifa, y la nota de prensa -titulada “Descifrada la más antigua inscripción bíblica hebrea”– ha sido rebotada nada menos que por Eurekalert!, el servicio de noticias de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). Entiendo la entrega acrítica de The Jerusalem Post y Haaretz, pero no la de otros medios sin intereses políticos en el asunto como la revista National Geographic y el sitio ScienceDaily. Vayamos con los hechos, de los que por estar de vacaciones me enteré ayer a media tarde con días de retraso.

El arqueólogo Yosef Garfinkel, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, desenterró en 2008 en Khirbet Qeiyafa, cerca del valle de Elah, un trozo de cerámica de 15 centímetros de altura por 16 de anchura con una incripción en tinta que dató hacia el siglo X aC, la época en la que según la tradición judía existió el bíblico Reino de Israel. El asentamiento de Khirbet Qeifaya está siendo excavado por la Universidad Hebrea de Jerusalén, cuyos expertos lo consideran un enclave fortificado de tiempos de David y lo identifican con la ciudad de Saaráin citada tres veces en la Biblia: Josué 15, 36; 1 Samuel 17, 52; y Crónicas 4, 31. Los responsables de los trabajos destacan que en la zona tuvo lugar “una de las batallas más famosas de la Historia, la batalla entre David y Goliat”.

Un año después del hallazgo del fragmento de cerámica, el historiador Gershon Galil, jefe del Departamento de Estudios Bíblicos de la Universidad de Haifa, asegura haber descifrado la inscripción y que se trata del primer texto bíblico conocido: “Esto indica que el Reino de Israel ya existía en el siglo X aC, y que al menos algunos de los textos bíblicos fueron escrito cientos de años antes de lo que creían los investigadores hasta ahora”. No es ninguna tontería. A excepción de ese trozo de cerámica, todas las pruebas arqueológicas conocidas apuntan a que el Reino de Israel bíblico es una ficción, a que en el siglo X aC Jerusalén era una aldea, a que Salomón y David -de existir- fueron caudillos tribales y a que el Antiguo Testamento se redactó en tiempos de Josías (639-609 aC) con fines propagandísticos, para dotar de un pasado glorioso al pueblo judío. ¿Echa un trozo de cerámica por los suelos décadas de arqueología seria? Veámoslo.

La traducción de la inscripción de Galil dice aproximadamente (entre corchetes, texto supuesto):

1 … no hagas [eso], pero adora al [Señor].
2 Juzga al es[clavo] y a la viu [da] / Juzga al huer[fano]
3 [y] al extranjero. [Re]za por el niño / reza por el po[bre y]
4 la viuda. Rehabilita [al pobre] a manos del rey.
5 Protege al po[bre y] al esclavo / [apo]ya al extranjero.

Según Galil, “este texto es una declaración social respecto a los esclavos, las viudas y los huérfanos”, en la que se utilizan palabras y referencias exclusivas de la cultura hebrea. “Incluye elementos sociales similares a los encontrados en las profecías bíblicas y muy diferente de profecías escritas por otras culturas para la glorificación de los dioses y el cuidado de sus necesidades físicas”, sostiene el experto, quien sostiene que la inscripción tiene un contenido equiparable al de Isaías 1, 17; Salmos 72, 3; Éxodo 23, 3 y otros fragmentos bíblicos. Eso le lleva a concluir que “resulta muy razonable sostener que en el siglo X aC, durante el reinado del rey David, hubo autores en Israel capaces de escribir textos literarios e historias complejas como las de los libros de los Jueces y Samuel”.

A primera vista, no me parecía que del texto pudiera deducirse ni que el glorioso Reino de Israel existiera hace 3.000 años ni que estuviéramos ante una “inscripción bíblica hebrea”; pero yo sólo soy un periodista. Por eso, decidí ponerme en manos de expertos de mi confianza y escribí sendos mensajes de correo electrónico a Israel Finkelstein y Ze’ev Herzog, miembros del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv a quienes manifesté mis dudas abiertamente. Les dije que no veía nada en la traducción que probara la existencia del Reino de Israel y que tampoco entendía lo que lleva a Galil a concluir que estamos ante un texto bíblico, ya que el supuesto parecido con fragmentos del Antiguo Testamento no prueba nada porque los escribas de tiempos de Josías bien pudieron tradiciones anteriores en la línea de esta inscripción cuando redactaron la Biblia. Todo eso suponiendo que la información que había trascendido fuera cierta, claro. Y les pedí su opinión sobre el hallazgo y lo que se estaba diciendo en los medios.

Finkelstein, coautor del libro La Biblia desenterrada, fue contundente en su respuesta: “Mi interpretación del yacimiento de Khirbet Qeiyafa es muy diferente de lo que se lee en los periódicos últimamente. No creo que los hallazgos reflejen en modo alguno el Reino de Judá; no creo que ese asentamiento de la Edad de Hierro estuviera fortificado; la identidad de sus pobladores tampoco está clara; probablemente estaban sometidos a los poderosos filisteos de la cercana Gat; su nombre de tiempos bíblicos probablemente seguirá siendo un enigma (es decir, no podemos identificar la aldea con la Saaráim bíblica); el ostracon -fragmento de cerámica con texto- protocananeo es parte de un grupo de inscripciones similares que se encuentra sólo en la Sefelá -tierras bajas- y en la llanura costera del sur (nunca se ha encontrado una en Judá) y, por tanto, pertenece a ese entorno cultural. El lenguaje del ostracon está más allá de mi especialidad”.

La traducción del texto

Las letras contorneadas son aquéllas sobre las que no hay seguridad acerca de su interpretación o siu existen. Imagen: Universidad de Haifa.Herzog me explicó, por su parte, que “las fortificaciones en Khirbet Qeiyafa son muy probablemente del período helenístico, y la inscripción, así como parte de la cerámica, corresponde a un pequeño asentamiento de la Edad del Hierro I. No estamos ante una prueba de la existencia del Reino de David, en absoluto”. Y, para que me hiciera a la idea del valor de la inscripción, me remitió al blog de Neil A. Silberman, coautor de La Biblia desenterrada, quien considera que estamos asistiendo, otra vez, al “espectáculo del fundamentalismo religioso disfrazándose de arqueología científica” y que la traducción del texto propuesta es “una fantasía que entusiasmará a los fieles y que demuestra poco más que la habilidad de Galil a la hora de hacer crucigramas”. Silberman advierte de que hay otra primera”que da una mejor idea de la magnitud de la incertidumbre de la reconstrucción”:

1 No hagas [¿algo malo?] y sirve a [¿nombre de persona?]
2 gobernante de [¿nombre geográfico?]… gobernante…
3 [¿nombres geográficos?]…
4 [irreconocible] y siembra el juicio sobre YsD rey de Gath…
5 seren de G[¿aza?]… [irreconocible]…

“Basta ver el dibujo [de la inscripción] que presenta Galil para darse cuenta de la extensión que alcanzan las letras dudosas o inexistentes, representadas como perfiladas. ¿Ciencia? ¿O test de Rorschach epigráfico?”, se pregunta retóricamente Silberman.

¿Qué nos queda después de todo? Una inscripción de hace 3.000 años, descubierta en una aldea de la época que luego se fortificó durante el período helenístico, y que no se sabe qué dice. ¿Y la conexión con la Biblia, con David, Salomón, Goliat…? Pues la misma que la de los círculos del cereal con visitantes de otros mundos. Pero el fundamentalismo religioso y político judío necesita que el Antiguo Testamento sea históricamente cierto para justificar sus pretensiones y, como cualquier otro nacionalismo, no tiene reparos a la hora de manipular la Historia.

Reliquias de pega, en Punto Radio Bilbao

Javier San Martín y yo hablamos el 16 y 23 de diciembre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre reliquias de pegolete, en la novena y décima entregas del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

“El niño Jesús pudo jugar en esta casa” o cómo vender pseudoarqueología navideña

Un religioso de la basílica de la Anunciación visita en Nazaret los restos de la casa de época de Jesús. Foto:Reuters.

El descubrimiento en Nazaret de los restos de una casa de tiempos de Jesús ha vuelto a poner de manifiesto cómo algunos practicantes poco escrupulosos de la arqueología bíblica tergiversan hallazgos para que sirvan a intereses religiosos. En este caso, si son lo que dicen, las piedras y los objetos desenterrados ofrecerán a los estudiosos un nuevo punto de vista sobre la vida diaria de los judíos de la época en un Nazaret que no era entonces más que una aldea. Algo importante, aunque no tanto como para merecer la atención que ha recibido gracias a que estamos en Navidad, a la descarada manipulación religiosa y a un periodismo indigno de considerarse tal que se limita a repetir, cual loro, lo que le cuentan sin pasarlo por el tamiz del pensamiento crítico.Así, en los medios hemos leído cómo la arqueóloga Yardena Alexandre, responsable de las excavaciones, ha vinculado el hallazgo con la figura de Jesús. “Es una típica casa habitada por judíos y, por tanto, también pudo hacerlo Jesús”, ha dicho. Por si eso no fuera bastante, Dror Barashad, de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA), ha destacado que la casa está muy cerca de la cueva donde la tradición sitúa la visita del Arcángel Gabriel a la Virgen María. “Un túnel pudo conectar la gruta con el lugar donde se ha descubierto la vivienda”, ha especulado. Y, como guinda, Marc Hodara, de la organización religiosa Nuevo Camino, que apoya la construcción de un Centro Mariano Internacional en el lugar, ha calificado el hallazgo de “auténtico regalo de Navidad” y dado un magnífico titular: “Aquí Jesús pudo estar jugando de niño”.

Esas declaraciones han sido recogidas por algunos medios como si estuvieran basadas en pruebas, cuando todo es un disparate equivalente a que se encuentre en Atenas una casa del siglo V a IV antes de Cristo (aC) y, sin más, se diga que en ella jugó Platón de niño. Porque, para empezar, los periódicos que hablan de que la vivienda de Nazaret es de “tiempos de Jesús” se refieren con esa expresión a unos restos fechados indirectamente -por la cerámica- en los siglos I y II. Y, para seguir, del posible solapamiento temporal de los restos con la época en que vivió Jesús, no cabe concluir que esa casa y ese personaje estén conectados por algo más.

Lo más absurdo, no obstante, es lo de Dror Barashad: relacionar los restos con Jesús por su cercanía a la gruta que, según la tradición católica, fue escenario de la Anunciación. Citar un milagro como apoyo de otra afirmación extraordinaria es un ejemplo de charlatanería pura y dura. Sirve para reforzar engañosamente entre la gente de buena fe la idea de que el descubrimiento está conectado de algún modo con la peripecia vital de un niño llamado Jesús que, según la Biblia, años después dijo ser Hijo de Dios y fue por ello ejecutado por los romanos. ¿Pudo Jesús jugar en esa casa? Puede que sí y puede que no; pero no hay ninguna prueba de lo primero. Y, aunque la hubiera, eso no demostraría que fuera nada más, y nada menos, que un simple mortal. Esta noticia, como la han dado la mayoría de los medios, no es arqueología, sino simple propaganda religiosa.

‘Año Cero’ atribuye a una civilización desaparecida las pirámides hechas por los agricultores de isla Mauricio

Estructuras del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar. Foto: Luisa Idoate.Miguel Seguí da cuenta en el último número de Año Cero, la revista que dirige Enrique de Vicente, del descubrimiento en isla Mauricio de siete pequeñas estructuras como las pirámides de Güímar y dice que el hallazgo “ha vuelto a abrir el debate sobre la posible existencia de una antigua civilización marítima, que se extendió entre el Atlántico y el Índico hace miles de años”. Mete la pata hasta el fondo Seguí, quien ya descubrió hace dos años que la Tierra no pertenece a la Vía Láctea, sino a otra galaxia, y, a pesar de ser biólogo, sostiene que puede haber dinosaurios vivos en África.

Las pirámides de isla Mauricio son conocidas desde hace muchos años, hasta el punto de que en las guías turísticas se explica que se trata de cuidados amontonamientos de piedras hechos por los campesinos para liberar tierra cultivable de roca volcánica, tal como indican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar. Mito y realidad (2005). En vez de deducir de eso que las estructuras canarias tienen un origen similar, Seguí da la vuelta a la tortilla, ignora las explicaciones de los historiadores y se lanza a especular con que, “en el pasado, tal vez existió un pueblo que sobresalió por su dominip increíble de las rutas marítimas, que construyó templos alineados con los puntos cardinales y los fenómenos solates, y que, probablemente, contacto con la civilización egipcia”. Lo suyo, definitivamente, es la historia ficción.