La marca terrícola del anillo marciano de Benítez

«Tengo un anillo, sí, pero no sé si es de origen extraterrestre. Lo encontré en el mar Rojo, buceando, y en circunstancias muy extrañas», responde Juan José Benítez a un niño en su libro Mis ovnis favoritos (2001). Es el anillo de plata que protagonizó un capítulo de la serie Planeta encantado, emitida por Televisión Española (TVE) tanto en tiempos de José María Aznar como de José Luis Rodríguez Zapatero. Nos contaba el novelista en ese episodio que él y su esposa buceaban en el mar Rojo cuando ella se hirió en una pierna, tras lo cual perdió un anillo de oro. Un misterioso individuo la sacó del agua mientras Benítez se quedaba -«movido por una fuerza que no he conseguido explicar»- a buscar la joya. Y encontró un anillo, pero de plata y con nueve palos y otros tantos ceros: IOIOIOIOIOIOIOIOIO. El dibujo era el mismo que el de una piedra que un aldeano de Los Villares (Jaén) había recibido días antes de unos extraterrestres que aparcaron el platillo volante en medio del campo, historia de la que Benítez asegura que no supo nada hasta mucho después. «Echa un vistazo a las fotos y juzga por ti mismo», invita el ufólogo al niño de doce que en Mis ovnis favoritosle pregunta por el origen del anillo alienígena.
Anillo extraterrestre de Benítez con su contraste de plata.La foto del libro -que reproducimos aquí con un detalle resaltado- lo deja claro. No hace falta someter la pieza a ningún análisis. Dice a gritos que es de manufactura humana. O eso o los artesanos de otros mundos también tienen la costumbre de poner marcas de contraste en sus trabajos en plata para identificar al autor. Algo ridículo, como me decía el amigo que me llamó la atención sobre la fotografía. La pena es que, con lo que le gusta a Benítez dibujarlo todo, ignora la marca de contraste en todos los libros en los que habla del enigma del anillo. Desde Magonia nos comprometemos a intentar dar con el platero de cuyo taller salió la pieza si el ufólogo nos envía fotografías de alta resolución de las marcas que hay en el interior de la joya. Es lo que nos han pedido los profesionales del sector con los que hemos consultado y que han visto esta imagen. Daríamos así la puntilla a un presunto enigma explicado ya sin la necesidad de levantarnos del sillón: es lo que tiene la ufología de salón. La pelota ahora está en el tejado de Juan José Benítez.

Todos los libros de ovnis en uno

Portada del libro '50 años de literatura ufológica en España. Una guía para el coleccionista', de Antonio González Piñeiro.631 libros relacionados con los ovnis se han publicado en España en los últimos cincuenta años, según recoge Antonio González Piñeiro en 50 años de literatura ufológica en España. Una guía para el coleccionista, un exhaustivo catálogo que acaba de ver la luz en una limitadísima edición, de sólo veintiséis ejemplares. «Este trabajo es consecuencia directa de una afición coleccionista incubada hace diecisiete años, cuando el que escribe, por entonces un adolescente, tuvo el dudoso gusto de comprar un ejemplar de bolsillo del clásico de Charles Berlitz El triángulo de las Bermudas«, dice González Piñeiro en la presentación.
Comparto con el autor el afán coleccionista de obras sobre ovnis, astroarqueología y contactados, que también en mi caso hunde sus raíces en la adolescencia y en una credulidad que se tornó escepticismo. Por eso, este catálogo es para mí una delicia en la que miro y vuelvo a mirar qué títulos tengo y cuáles todavía, y a mí pesar, faltan en la parte de mi biblioteca dedicada a lo paranormal, que no deja de crecer día a día, pero que siempre tiene huecos que llenar. González Piñeiro ha hecho un trabajo de catalogación magnífico, que abarca desde la distante aparición de Los platillos volantes y la evidencia (1954), de Manuel Pedrajo, hasta la reciente de Crop circles (2003), de Andy Thomas. No se trata de una obra de lectura, sino de consulta y de disfrute, porque incluye diez páginas dedicadas a las portadas de este tipo de literatura, en las que se recogen a todo color las de 300 libros.
González Piñeiro no entra a enjuiciar la calidad de las obras, pero sí las clasifica en cuatro subtemas -ovnis, astroarqueología, contactismo y enigmas extraterrestres- y, ademas, cuantifica en todos los casos su contenido ufológico, que oscila entre menos del 20% de libros como Los grandes engimas del cielo y de la Tierra (1973), de Alejandro Vignati y Andreas Faber-Kaiser, hasta más del 80% de títulos como Ovnis: documentos oficiales del Gobierno español (1977), de Juan José Benítez, el segundo autor más prolífico después de Antonio Ribera. 50 años de literatura ufológica en España incluye sólo los libros publicados -sean originales (409) o traducciones (222)- después de la observación de Kenneth Arnold. De ahí, por ejemplo, la ausencia de La invasión desde Marte. Estudio de la psicología del pánico (1940), la obra de Hadley Cantril que examina las causas que llevaron a decenas de miles de estadounidenses a creer que estaban siendo invadidos por los marcianos cuando, en 1938, Orson Welles radió una versión dramatizada de La guerra de los mundos, de H.G. Wells.
Además de datos como el ISBN y el tipo de encuadernación, el autor da el total de reimpresiones y el número de éstas por edición. El catálogo incluye, asimismo, referencias cruzadas en caso de obras de varios autores o publicadas bajo seudónimo. Quienes no lo sabían, descubrirán así que Antonio José Alés, el inventor de las Alertas ovni en la radio española, se llama en realidad José Antonio Biosca. Al índice alfabético detallado, le sigue uno cronológico y unas ilustrativas gráficas sobre este sector de la industria editorial española en los últimos 50 años. Ojear este libro es un deleite que explica por qué el concienzudo trabajo de Antonio González Piñeiro mereció en 2003 el premio Fondo Ricardo Caruncho, por parte de la Fundación Anomalía.
González Piñeiro, Antonio [2005]: 50 años de literatura ufológica en España. Una guía para el coleccionista. Edición del Autor. A Pobra do Caramiñal. 184 páginas.

Nadie participó en el Proyecto Magonia

Nadie participó el 25 de junio en el Proyecto Magonia, una iniciativa organizada por el responsable de esta web en paralelo a la Alerta ovni convocada por Iker Jiménez y la Cadena SER. El concurso pretendía «poner a prueba la fiabilidad como testigos de los aficionados a los platillos volantes y la sagacidad como investigadores de los ufólogos». Fue convocado sólo veinte días antes de la Alerta Ovni y, quizá por eso, no dio tiempo a que algunos prepararan sus portentosas naves y las soltaran en los cielos. El Proyecto Magonia cumplió, sin embargo, uno de sus objetivos no declarados: hacer que los vendedores de misterios tuvieran esa noche que ser más cautos que en otras ocasiones, que practicar el escepticismo, porque ignoraban si había alguien creando falsos ovnis y se exponían al ridículo.
Quiero agradecer desde aquí a quienes se sumaron a la idea como miembros del jurado: Alejandro C. Agostinelli, periodista y editor de Dios!; Félix Ares, divulgador científico; Julio Arrieta, historiador y periodista; Alejandro J. Borgo, periodista y director de la revista Pensar; José Luis Calvo, historiador y responsable de El Triunfo de Clío; Luis R. González, ufólogo y periodista científico; y Heriberto Janosch, psicólogo y fundador del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP). Y también aviso a todos de que esto no ha hecho nada más que empezar: la próxima vez que en España se celebre una Alerta Ovni de ámbito nacional, volveremos a convocar el Proyecto Magonia e intentaremos que el premio sea más tentador. No tiren sus platillos volantes de juguete, pruebenlos para estar preparados cuando los charlatanes salgan una noche a la caza de naves extraterrestres. Pueden probarlos cualquier día en cualquier sitio y ver qué pasa…

La reina de las abducciones

El primer secuestro de humanos por extraterrestres ocurrió hace 43 años en Estados Unidos. Estuvo protagonizado por el matrimonio formado por Betty y Barney Hill, una asistenta social blanca y un empleado del servicio de correos negro. Él murió en 1969 a consecuencia de una hemorragia cerebral; el cáncer acabó el domingo con ella. Su encuentro con los alienígenas estableció el guión de las abducciones.
El 19 de septiembre de 1961, la pareja volvía a su casa de Porstmouth en coche de unas vacaciones en Canadá. Hacia las diez de la noche, Betty Hill vio cómo una misteriosa luz les perseguía. Pararon en la cuneta y, tras observar el objeto con unos prismáticos, el miedo se apoderó de su marido: temía que los tripulantes de la nave les fueran a hacer daño. Para escapar, viajaron por carreteras secundarias hasta su casa, donde llegaron dos horas más tarde de lo previsto.
Pasado el susto inicial, Betty se volcó en la lectura de libros sobre ovnis y escribió una carta al ufólogo Donald E. Keyhoe, un militar retirado. En ella, le contó que habían visto aquella noche una luz, similar a una estrella, que luego se convirtió en una «torta, rodeada de ventanas en la parte delantera, a través de las cuales se veían luces azulblancas». No decía nada de un secuestro. Fue cuando Barney acudió al psiquiatra por prescripción médica -se sentía culpable por haber abandonado a su primera esposa y a su hijo por Betty, una blanca-, cuando la abducción salió a la luz. En 1964 y bajo hipnosis, los dos narraron al psiquiatra Benjamin Simon que habían sido capturados por los tripulantes de un platillo volantes y sometidos a reconocimiento médico.
Una pesadilla
Betty y Barney Hill, en los años 60.La historia estaba llena de inconsistencias: los extraterrestres de Betty hablaban en inglés y sabían manejar la cremallera del vestido de la mujer; los de Barney carecían de boca y no se explicaban que el hombre utilizara dentadura postiza. El especialista sospechó desde el principio que todo era una fabulación y lo confirmó cuando Betty le narró las pesadillas que había tenido desde aquella noche. La historia había sido inventada por Betty, que había contado las pesadillas a su marido durante meses hasta que los dos las habían integrado en sus recuerdos como algo real. Los Hill no mentían, pero su abducción sólo había sucedido en una mente obsesionada por los ovnis.
Robert Sheaffer, astrónomo aficionado y miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), cree que el objeto que persiguió al matrimonio fue Júpiter, muy brillante en el cielo aquella noche. Cuando lo vieron por primera vez, el ovni estaba encima de una estrella visible bajo la Luna. En realidad, bajo el satélite había dos planetas, Saturno -la estrella de los Hill- y Júpiter. «De haber existido un auténtico ovni, habría habido tres objetos cerca de la Luna: Júpiter, Saturno y el ovni», concluye Sheaffer. Los extraterrestres de ojos envolventes descritos por Betty eran algo raro en la ufología de la época; pero habían protagonizado, doce días antes salir a la luz en una sesión de hipnosis, un episodio de la serie televisiva de ciencia ficción The outer limits.
La abducción de los Hill fue dada a conocer al mundo por el periodista John G. Fuller en El viaje interrumpido (1966). Tras la publicación de este libro, la mitología ovni dio un giro y empezaron a multiplicarse las abducciones, siempre siguiendo el patrón de la experiencia vivida en sueños por Betty y asumida como real por ella y su marido hasta el final.
Publicado originalmente en el diario El Correo.

Secuencia de la caída de un platillo volante

Selección de imágenes de la caída y el rescate de la cápsula 'Génesis' en el desierto de Utah. Fotos: NASA TV.La NASA había preparado un rescate al estilo de James Bond, con un helicóptero que pescaría la cápsula por el paracaídas en el aire, y el resultado ha sido un accidente digno de Expediente X, con un platillo volante estampándose contra el suelo en un campo de pruebas militar de Utah, Estados Unidos. La sonda Génesis despegó el 8 de agosto de 2001 de Cabo Cañaveral (Florida) a la caza de partículas de viento solar. Viajó 1,5 millones de kilómetros -más allá de los límites de la magnetosfera terrestre- y entró en órbita del Punto Lagrange 1 -donde se equilibran las fuerzas gravitatorias del Sol y la Tierra- para recoger materia inalterada de la estrella. Los científicos la querían porque les iba a servir para conocer la composición del Sol y de la nube de polvo y gas a partir de la cual se formó el Sistema Solar hace 4.500 millones de años.
El pasado 1 de abril, después de 850 días de recolección, la Génesis puso rumbo a casa con su preciosa carga: entre 10 y 20 microgramos de partículas solares, el equivalente a unos pocos granos de sal. Conseguirlas había costado 264 millones de dólares y no era cuestión de que, por cualquier accidente durante el aterrizaje, quedaran expuestas al medio ambiente terrestre y se echaran a perder. Así que dos pilotos de helicópteros que han participado en películas de acción como xXx y Un pueblo llamado Dante’s Peak se entrenaron durante meses para pescar en el aire la cápsula con un garfio de 6 metros. No pudo ser.
Por causas que de momento se ignoran, los paracaídas de la Génesis no se desplegaron y se estrelló el miércoles en Utah a 310 kilómetros por hora, veinte veces más rápido que lo previsto. Los técnicos de la NASA han dicho que la misión no ha fracasado porque creen que parte de la carga de la sonda puede haber llegado intacta al laboratorio. Por de pronto, el regreso de la Génesis ha sido lo más parecido a los ficticios accidentes de naves extraterrestres de los que hablan algunos ufólogos desde hace décadas; pero esta vez con luz y taquígrafos. Cualquiera puede ver cómo cayó este platillo volante de 200 kilos y el tamaño de una rueda de camión, cargado con material extraterrestre. Ni Chris Carter lo hubiera hecho mejor.