Planeta encantado

El año de ‘Pensar’, del golpe de gracia a Bélmez y de las bitácoras escépticas

2004 fue el año de Pensar, la revista en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP). Andábamos medio huérfanos de publicaciones periódicas los escépticos hispanos hasta que en enero apareció esta publicación, cuyo número 5 está a punto de llegar a los buzones de sus suscriptores. El proyecto es fruto del empuje del periodista argentino Alejandro J. Borgo, director de la publicación, y de Paul Kurtz y Barry Karr, presidente y director ejecutivo del CSICOP, respectivamente. Pensar ha sido la primera revista escéptica en español en hacerse eco de los desmanes de Juan José Benítez en Planeta encantado, de los errores de El código Da Vinci, de los ovnis mexicanos, del nuevo rostro del sudario de Turín, del vergonzoso espectáculo de El castillo de las mentes prodigiosas, del último congreso escéptico mundial, del hallazgo de la Atlántida en España… Y ha examinado misterios como los de las líneas de Nazca, los niños índigo y los platillos volantes en las pinturas rupestres, además de haber planteado la necesidad de investigar las afirmaciones de la religión desde un punto de vista científico.

La nueva publicación del CSICOP nació en un momento en el que la hasta hace poco única revista escéptica en español atravesaba una crisis sin precedentes. Los problemas de edición que ha sufrido en los últimos años El Escéptico han convertido su periodicidad en un misterio. El último número de la revista de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico data de marzo de 2004, hacía referencia en su sección de noticias a hechos sucedidos un año antes y, como apuntó en su día José Luis Calvo, es “un borrón en la buena marcha de esta publicación”. Lo mejor de ese ejemplar de El Escéptico es que llegó acompañado de un CD con los dieciséis números anteriores en formato PDF, un regalo de primera que ha permitido a muchos suscriptores y socios de ARP tener todos los números de la revista -muchos de ellos, agotados- y que quien quiera puede adquirir por sólo 5,97 euros. El desastre del número 17 se ha plasmado en un cambio de diseño -únicamente puede ir a mejor- en el 18, a punto de salir. La revista mantiene en la portada una periodicidad cuatrimestral que es otra de sus asignaturas pendientes.

El Escéptico Digital, el boletín electrónico de ARP, vivió también un año agitado. Pedro Luis Gómez Barrondo dejó su dirección por problemas de salud y más de un grave quebranto informático, y se hicieron cargo de ella en enero Vicente Prieto y Óscar David Sánchez. Después de diecinueve números, Prieto y Sánchez dimitieron hace unas semanas tras la publicación del número especial dedicado a las caras de Bélmez, el mismo que el periodista mexicano Mauricio-José Schwarz adjuntó a un manifiesto en el que se reclamaba a los periodistas españoles rigor a la hora de hablar de los llamados fenómenos paranormales, y en particular de las caras de Bélmez. La iniciativa de Schwarz y el número extraordinario del boletín preparado por Prieto y Sánchez recibieron bastante atención de los medios de comunicación, pero sorprendentemente se generó una polémica interna en ARP que conllevó la dimisión de los directores de El Escéptico Digital, a quienes ha sustituido el abogado tinerfeño Luis Javier Capote Pérez.

Oasis en la Red

No fue 2004 un mal año para la presencia escéptica en Internet. A las organizaciones que llevan tiempo en la Red, como ARP, se sumó un creciente número de individuos que usa las modernas herramientas de publicación para exponer sus ideas al mundo y estar a la que salta, con una agilidad impensable hasta hace poco. Pronto será necesario un directorio para navegar por las bitácoras racionalistas en español, muchas de las cuales actualizan su información varias veces por semana. La incorporación más llamativa a esta comunidad ha sido la de El retorno de los charlatanes, donde Schwarz se ha convertido en el catalizador de un grupo de activos incrédulos que promete. Este divulgador científico botó su proyecto en enero y, menos de un año después, ha sido uno de los artífices del golpe más fuerte que se ha dado en España a la irracionalidad desde hace mucho tiempo, la denuncia del fraude de las caras de Bélmez. El periodista mexicano mantiene además la lista de correo Charlatanes, un “espacio de diálogo sobre lo paranormal, el ocultismo y el pensamiento crítico, sin ninguna censura, sin moderación y libre”.

Otros impulsores de la iniciativa escéptica sobre el enigma de Bélmez fueron Fernando L. Frías, un veterano de la lucha contra la sinrazón; Gerardo García-Trío, que se estrenó en Bajo el volcán en junio y es el padre del Kit de Teleplastias ACME, con el que ha puesto las caras del pueblo jienense al alcance de cualquiera; el parapsicólogo Francisco J. Máñez, el primero en descubrir el método por el que seguramente se consiguieron los últimos rostros; y Ricardo Campo, filósofo de la Universidad de La Laguna que dio a luz en julio la bitácora Mihterioh de la Siensia y vio publicado su libro Luces en los cielos (Editorial Benchomo), la primera obra escéptica sobre los ovnis escrita en España con afán divulgador. La denuncia del montaje de Bélmez fue también un plato fuerte en Paranormalidades, de Josué Belda, y Uno por Uno, Uno; Uno por Uno, Dos; Uno por Uno…, la web de Lola Cárdenas, quien viajó hasta el pueblo andaluz para ver con sus propios ojos el milagro de las caras.

Pero no sólo de Bélmez vivieron los escépticos hispanos en Internet. La Historia tiene ahora tres vigilantes muy activos en En las Estancias de Clío, de Luis Torres; Mítica, de Toni M. Jover; y la nueva bitácora de José Luis Calvo, que cerró El triunfo de Clío, pero abrió Escritos desde el Páramo. Además, Luis Ruiz Noguez (México), Diego Zúñiga (Chile) y Kentaro Mori (Brasil) abrieron el 10 de octubre el sitio escéptico Perspectivas, haciéndose rápidamente merecedores de una fantasmal denuncia de Bruno Cardeñosa.

Los engañabobos, al ataque

En el mundo real, además de la denuncia del engaño de Bélmez, hubo otros momentos destacados: la conclusión y reemisión de Planeta encantado, la serie televisiva de Juan José Benítez; la llegada a la televisión española del primer reality show paranormal, El castillo de las mentes prodigiosas, y la celebración de una Alerta ovni el 25 de junio. Planeta encantado fue emitida primero por la Televisión Española (TVE) popular y luego por la socialista, y en ambos casos quedó claro que el reino de los escépticos organizados no parece ser de este mundo. ARP tardó en pronunciarse sobre los continuos disparates vertidos por Benítez en la televisión pública nada menos que tres meses. Reaccionó el 15 de enero, justo después del episodio titulado Mirlo rojo, cuando faltaban sólo cuatro días para el final de la serie, cuando ya no servía para nada. Aunque más grave fue lo que hizo cuando volvió a emitirse durante el verano, ya con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa: nada.

Algo parecido hicieron los museos de la ciencia y planetarios cuando el equipo de Milenio 3, el programa de la Cadena SER dirigido por Iker Jiménez, intentó engañar a varios de ellos para que participaran en una Alerta ovni que se les presentó como una noche de observación astronómica. ¿Por qué los planetarios y museos de ciencia no emitieron un comunicado denunciando las artimañas de los engañabobos? La respuesta sigue en su tejado medio año después, pero los ciudadanos tenemos derecho a pedírsela a unas instituciones que dicen defender el pensamiento crítico. Otro enigma para el cual no tengo respuesta es el que rodeó a la participación de Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, en El castillo de las mentes prodigiosas, una muestra de telebasura en la que el ex presidente de ARP aguantó cuatro semanas.

Nosotros convocamos el Proyecto Magonia para la noche de la Alerta ovni de la SER. Queríamos “poner a prueba la fiabilidad como testigos de los aficionados a los platillos volantes y la sagacidad como investigadores de los ufólogos” y, para ello, animamos a todo aquél que quisiera a crear estímulos que pudieran pasar por algo misterioso. Al final, no participó nadie, pero los ufólogos anduvieron con pies de plomo, no llenaron los cielos de naves nodriza porque temían que cualquiera de ellas fuera obra de un bromista. Además, la Fundación Anomalía concedió a esta web el premio Cuadernos de Ufología y viajé al Véneto (Italia) para asistir en octubre en el Quinto Congreso Escéptico Mundial, celebrado en Abano Terme, donde a petición de Paul Kurtz tuve una breve intervención.

El ‘Planeta encantado’ de Benítez vuelve a TVE

La Televisión Española (TVE) del PP la estrenó y la del PSOE la repone. Planeta encantado, la serie dirigida por el ufólogo Juan José Benítez, ha regresado de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno que prometió dar un golpe de timón en el rumbo de la televisión pública. La anterior época de los socialistas en el poder encumbró a adivinos como Rappel, que llegó a tener programa propio. Ahora, son Benítez y su discípulo Iker Jiménez -éste los viernes por la mañana en La Primera- quienes emboban al personal con sus enigmas inexistentes.

Un dossier especial desmenuza en esta página todos los episodios de Planeta encantado, que incluyen momentos gloriosos como cuando Benítez sienta a Jesús en el Coliseo romano antes de que el edificio existiera, vende una película de animación como si fuera una cinta grabada por los astronautas en la Luna, atribuye a seres de Orión la edificación de las pirámides de Egipto, asegura que hay pruebas de la convivencia de seres humanos y dinosaurios, dice que un poder mágico facilitó el transporte de los moais de la isla de Pascua y afirma que el Arca de la Alianza era un arma de destrucción masiva. ¿Qué piensa de esta bazofia de 8 millones de euros el comité de sabios al que iba a recurrir Rodríguez Zapatero para regenerar TVE?

Silencio encantado

Quienes tanto hablan de conspiraciones, de políticas de encubrimiento, de que los gobiernos ocultan información -cierto, pero no de la naturaleza que ellos afirman-, han vivido un complicado comienzo de año. Los profesionales de lo paranormal se han enfrentado en España a una de las más graves crisis de credibilidad que ha zarandeado al gremio en décadas. La ha provocado Juan José Benítez, a quien muchos de los más jóvenes veneran como el maestro, al presentar un montaje de estudio de animación como una filmación rodada en la Luna en 1969. Sucedió en el penúltimo episodio de Planeta encantado, titulado Mirlo rojo y dedicado, según Televisión Española (TVE), “a una historia no oficial, la que jamás fue contada”, de los viajes al satélite terrestre. El escándalo ha sido de los gordos; los silencios, reveladores.

El mutismo más comprensible ha sido el del autor de Caballo de Troya. Más de un mes después de la emisión de las falsas imágenes lunares, sigue sin decir ni pío. Ha hecho tímidas manifestaciones a través de intermediarios, como su hijo Iván Benítez, fotógrafo y miembro del equipo de Planeta encantado. El joven dirigió una carta al Diario de Noticias en la que esgrimía el éxito de audiencia del programa contra las críticas -“miles de millones de moscas no pueden estar equivocadas; coma mierda”, dice el saber popular- y acusaba a quienes hemos sacado a la luz los disparates propalados por su progenitor de no haber visto el programa y escribir de oídas. “Lo peor de todo es que juzgan Planeta encantado sin sentarse a verlo. Qué casualidad que todos estos individuos intentan intoxicar en forma de arrebato infantil lo que la audiencia ya ha premiado cada domingo. Desde aquí les invito a que se sienten algún domingo y reflexionen. De esta manera, Javier Armentia, Gómez y Toharia, entre otros, podrían sacar sus propias conclusiones, sin decir siempre lo mismo y encima de forma equivocada”. Iván Benítez no ha debido de leer ninguno de los textos publicados en Magonia horas después del estreno de cada capítulo de la serie.

“Si son tan escrupulosos con la verdad, ¿por qué intoxican diciendo que Planeta encantado ha sido financiado con el dinero público de Televisión Española? Hablan de que la serie ha costado 8 millones de euros y de que si Jesucristo consiguió sentarse en el Coliseo romano… Como decía antes, arrebatos infantiles que no se ajustan a la verdad. Les recomiendo que se vean el capítulo donde aseveran tales tonterías, quizá se den cuenta de que no hay que concentrarse mucho para entender el castellano. En primer lugar, el costo de Planeta encantado fue financiado por la editorial Planeta y no se superó los 500 millones de las antiguas pesetas”, escribe el joven en Diario de Noticias. Da la impresión de que quien no ha visto la serie ni lee la web de su padre es él. “Nadie imagina hoy a Jesús de Nazaret caminando o sentado en las gradas de este formidable Coliseo romano. Sin embargo, así fue. Durante su estancia en la Roma del emperador Tiberio, el Maestro disfrutó también de los juegos y de la belleza de la capital del Imperio”, sentencia el director de la serie en el episodio titulado El mensaje enterrado. Quien quiera comprobar que la transcripción es literal, puede escuchar las palabras en boca del novelista:

Respecto al coste de Planeta encantado, Juan José Benítez deja claro en su web que ha contado “con un presupuesto superior a los ocho millones de dólares” y aquí siempre hemos dicho que es una serie producida por DeAPlaneta, compañía que vendió a TVE los derechos de la primera emisión por una cantidad que el ente público no ha querido desvelar.

Prietas las filas

Dar la callada por respuesta ha sido la opción de la mayoría de los colegas de Benítez cuando se les ha preguntado por el montaje lunar. Algunos han admitido estar consternados, pero han eludido la crítica de fondo a el maestro. Otros han reconocido que Benítez cometió un error, pero, en vez de pedir explicaciones a su colega, han preferido desviar la atención y atacar a los críticos. Sólo unos pocos -pueden contarse con los dedos de una mano y sobran- han tenido el coraje de agarrar el toro por los cuernos. Entre estos últimos, destacan Marisol Roldán y José Antonio Roldán, dos jóvenes reporteros del misterio a quienes no ha intimidado la larga sombra del ufólogo navarro. “Aún recuerdo, cuando no hace mucho Juan José Benítez decía que los peores y más peligrosos desinformadores estaban dentro de los propios investigadores, unos conscientes por conseguir fama y dinero, otros estúpidos sin saberlo, ingenuos y siendo utilizados… Me pregunto, después de ver este documento lunar, ¿en qué apartado se podría catalogar él mismo?”, decía uno de los hermanos Roldán en un artículo publicado pocos días después del escándalo. Compartí con ellos y con Sebastià D’Arbó una tertulia el 19 de enero en Radio Desvern, invitado por Ramón Álvarez. A pesar de nuestras profundas discrepancias a la hora de aproximarnos a lo paranormal, coincidíamos en líneas generales en que Benítez en que había puesto en solfa la credibilidad de todos los interesados en lo paranormal, incluidos los que actúan de buena fe y no persiguen ni fama ni dinero.

La valentía de los hermanos Roldán tuvo su contrapartida en la actitud de las tres principales revistas esotéricas, que en sus números de febrero echaron tierra sobre la historia de Mirlo rojo. Únicamente en Enigmas, la publicación dirigida por Fernando Jiménez del Oso, se hablaba de la emisión por parte de TVE de “un sorprendente vídeo que mostraba a los astronautas del Apollo 11 caminando junto a ruinas artificiales que habrían encontrado en su viaje a la Luna”. Se decía que las imágenes habían “desatado una ilimitada polémica”, pero nada más. Se ocultaba a los lectores que la polémica se centraba en la actitud de Benítez, no en la autenticidad de la cinta, descartada desde el primer momento. Los asiduos de Más Allá y Año Cero -revistas dirigidas por Javier Sierra y Enrique de Vicente, respectivamente- ni siquiera se enteraron de la existencia de la película de marras.

El escándalo de Mirlo rojo ha demostrado que los más interesados en ocultar la verdad son los responsables de las publicaciones esotéricas. La razón es evidente. Si uno de los maestros no duda en presentar como un documento auténtico una recreación informática, ¿qué no serán capaces de hacer sus colegas y discípulos? Ésa es la reflexión que, con su silencio, los profesionales del misterio han querido abortar entre los aficionados. Por eso, han cerrado filas en torno a Benítez.

Víctimas colaterales

James M. McPherson, profesor de la Universidad de Princeton y presidente de la Asociación Histórica Americana (AHA) durante 2003, ha dedicado su última columna en Perspectives, la revista de la AHA, a denunciar las tergiversaciones de la Historia. Centrado en el caso de Abraham Lincoln, de quien afirma que es el personaje al que se han atribuido más citas falsas, expone las mentiras que se han hecho pasar por verdades en varios libros -entre los que presta especial atención a Dark union: the secret web of profiteers, politicians, and booth conspirators that led to Lincoln’s death (2003)- y concluye: “¿Por qué los historiadores deben preocuparse por que este tipo de ficción pase por historia? Precisamente porque los autores y sus editores insisten repetidamente en que ésa es la verdadera historia del asesinato [de Lincoln] y miles de lectores seguirán creyéndolo si los historiadores ignoramos o despachamos con cuatro palabras un libro sin entrar en serio en sus afirmaciones extraordinarias. Tenemos una responsabilidad con los lectores de Historia más allá de nuestro gremio”.

Cuando leí “Fact or fiction?” -así se titula el artículo de McPherson-, lamenté que España siga siendo diferente. Lo hemos comprobado en los últimos meses con Planeta encantado. Nuestros expertos no se han molestado en salir de sus despachos, se han quedado en su torres de marfil, calentitos, mientras fuera Benítez atribuía a seres de Orión la edificación de las pirámides de Egipto, aseguraba que hay pruebas de la convivencia de seres humanos y dinosaurios, decía que un poder mágico facilitó el transporte de los moais de la isla de Pascua y presentaba el Arca de la Alianza como un arma de destrucción masiva. A esos disparates y otros han sido expuestos más de un millón de espectadores españoles, por término medio. No he leído, sin embargo, ningún artículo de opinión ni carta al director en la prensa de historiador alguno denunciando el engaño y que TVE se haya prestado a hacer de altavoz de los falsificadores del pasado.

Los historiadores no han sido los únicos cuya credibilidad ha quedado colateralmente tocada por las andanzas del ufólogo en la televisión pública. Planeta encantado ha confirmado la modorra en la que está sumido el movimiento escéptico español, que no ha aprovechado la mejor ocasión que va a tener en muchos años de hacerse notar. Oportunidades como ésta, en las que un traficante del misterios incurre en un error tras otro ante cientos de miles de personas, no se dan habitualmente y son la perfecta excusa para sembrar la duda necesaria en el público. A comienzos de diciembre, el abogado tinerfeño Luis Javier Capote Pérez, profesor de la Universidad de La Laguna, lanzó un manifiesto contra la emisión de la serie, que han firmado más de quinientas personas. Quienes pensábamos entonces que la reacción de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico -donde hay gente muy capacitada- no se haría esperar, nos equivocamos. Inexplicablemente, la organización escéptica tardó en pronunciarse sobre Planeta encantado más de tres meses. Lo hizo el 15 de enero, después de la emisión de Mirlo rojo, cuando faltaban sólo cuatro días para el final de la serie, cuando ya no servía para nada. ¿Por qué calló ARP durante tanto tiempo cuando las cosas estaban tan claras desde el principio?

El momento estelar de ‘Planeta encantado’: cuando Benítez sentó a Jesús en el Coliseo

Juan José Benítez, en el anfiteatro Flavio en una escena de 'Planeta encantado', mientras explica como Jesús visitó Roma y presenció los juegos en el Coliseo.

En el segundo de los libros sobre la serie Planeta encantado, Juan José Benítez narra la historia del nunca demostrado viaje a Roma de Jesús de Nazaret, pero no dice que el Mesías visitara el Coliseo. Me lo contaba hace un par de días el historiador y periodista Julio Arrieta y hoy lo he comprobado en una librería. El novelista ha sido lo suficientemente hábil como para corregir el error y que no quede memoria impresa de él. Sin embargo, al mismo tiempo ha sido tan torpe que ha dejado escrito que el anfiteatro Flavio se inauguró en el año 80 antes de Cristo. Otro disparate que, antes que yo, vio Arrieta. A ver si alguien enseña a Benítez a diferenciar entre antes y después: el Coliseo se acabó de construir en el año 80 de nuestra era.

“Nadie imagina hoy a Jesús de Nazaret caminando o sentado en las gradas de este formidable Coliseo romano. Sin embargo, así fue. Durante su estancia en la Roma del emperador Tiberio, el Maestro disfrutó también de los juegos y de la belleza de la capital del Imperio”, sentenció el ufólogo en el cuarto episodio de la serie que emitió Televisión Española (TVE). Poco después de que, el 3 de noviembre de 2003, sacáramos a relucir en esta página la histórica metedura de pata -el Jesús bíblico, si existió, murió cincuenta años antes de que se acabara de edificar el Coliseo-, los seguidores de Benítez decidieron centrar sus esfuerzos en negar que su escritor favorito hubiera dicho lo que aquí recogíamos. Puede que ahora argumenten que la lectura del libro dedicado a los dogones y Jesús les da la razón. Por si acaso, la foto que encabeza este comentario corresponde a la escena de Mensaje enterrado en la que el autor de Caballo de Troya coloca a Jesús en el Coliseo y pueden escuchar las palabras de Benítez en TVE, sin trampa ni cartón. Juzguen ustedes.

“Los enigmas no deben ser desvelados”, concluye Benítez en ‘Planeta encantado’

“Después de treinta años de investigación, he aprendido que los enigmas no deben ser desvelados. Sólo así podemos seguir soñando”, dice Juan José Benítez al final del último episodio de Planeta encantado. Después de trece documentales en los cuales ha dado sobradas muestras de sus conocimientos históricos y de su altura ética, el autor de Caballo de Troya cierra su aventura en Televisión Española (TVE) con una frase que resume a la perfección la filosofía que le mueve. Porque, si algo no puede hacer Benítez, es resolver enigmas. Y no por incapacidad, sino porque sería como matar la gallina de los huevos de oro: cuando uno come del misterio, investigar de verdad -no ponerse un chaleco de aventurero y posar para la foto en el sitio de rigor- es tirar piedras sobre el propio tejado. De ahí que las revistas esotéricas no se caractericen precisamente por responder preguntas, sino más bien por inventarse interrogantes sin sentido. Eso ha hecho Benítez en Las esferas de los dioses, la entrega que cierra por el momento su aventura en la TVE del PP, y eso hizo en los anteriores episodios de la serie producida por DeAPlaneta.

Planeta encantado se estrenó con un viejo misterio inexistente, el de las piedras de Ica, y se ha despedido con otro presunto puzle arqueológico que no es tal, el de las esferas de piedra de México y Costa Rica. Supe de este enigma por primera vez cuando protagonizó la portada del número 26 (agosto de 1978) de Mundo Desconocido, la primera revista esotérica que compré y que todavía conservo. Hace veintiséis años, la historia de las bolas de piedra la explotaba Erich von Däniken, quien mezclaba en el reportaje unas de origen natural con otras que parecían de manufactura humana. Lo mismo hace Benítez en Las esferas de los dioses, donde une, en el altar del misterio, las bolas de piedra mexicanas y las costarricenses.

El ufólogo aboga por la artificialidad de las esferas norteamericanas -“obras gigantescas más propias de dioses que de titanes”-, que se encuentran en la sierra de Ameca, en el Estado de Jalisco, y a las cuales los geólogos atribuyen un origen volcánico. Pero, como es habitual, él sabe más que los científicos: “Las explicaciones de geólogos y vulcanólogos no son consistentes”, dice tras medir con un metro vulgar y corriente algunas de las bolas. Todo el documental -incluida la segunda parte, dedicada a las esferas de Costa Rica– raya en lo ridículo cuando muestra al novelador haciendo chapuceras mediciones y hablando de “milimétrica perfección”, diciendo que se trata piedras de “perfecta esfericidad” y de “un pulido exquisito, casi imposible”, muchas veces junto a ejemplos de todo lo contrario. “Los científicos, una vez más, han intentado descafeinar la realidad”, sentencia respecto al origen natural de las esferas mexicanas. Él no lo hará jamás: él ha hecho pasar un montaje de estudio de animación por una película grabada por los astronautas en la Luna. Sin embargo, para su desgracia, las esferas de Jalisco son naturales, al igual que otras de menor tamaño que hay en Nuevo México, Estados Unidos. No ocurre lo mismo con las costarricenses; ahí, el problema es otro.

He dicho antes que el puzle arqueológico que presenta Benítez “no es tal” porque une las bolas naturales de México con las de Costa Rica, reconocidas como obra de los indígenas por los arqueólogos. John W. Hoopes, antropólogo de la Universidad de Kansas, mantiene un interesante sitio en el que desmonta el misterio que inventó en su día Von Däniken y que ahora Benítez ha revendido a TVE. Dice el científico que las bolas de Costa Rica están en peligro, que muchas han sido movidas de su emplazamiento original -lo que dificulta cualquier estudio arqueológico-, que sólo un puñado están en el sitio en el que las colocaron sus creadores y que algunas han sido voladas por los lugareños en la creencia de que escondían tesoros en su interior.

Benítez no cuenta, sobre las bolas de piedra de Costa Rica, nada que se ignore, como no lo ha hecho en ningún documental de la serie e intenta meter lo increíble de por medio, como siempre. “¿Se trata de mapas celestes? ¿Indican la posición de las estrellas? Hasta hoy, que yo sepa, nadie ha profundizado en esta sugerente posibilidad. Algunos nativos a quienes consulté me hablaron de algo mucho más fantástico. Según la tradición heredada de sus ancestros, estas esferas son poderosos centros de energía, una especie de focos que irradian fuerza y bienestar, y que afectan a la vitalidad y salud de personas, animales y plantas”, indica el periodista. También apunta la verosimilitud de las ideas del atlantófilo Ivvar Zapp, quien mantiene que estamos ante una especie de mapas para navegantes, algo a lo que los historiadores conceden tanto crédito como a la presencia de Jesús en el Coliseo romano; aunque Benítez tiene una explicación mejor. Tras señalar que las esferas tuvieron que ser hechas por “una cultura con un alto grado de evolución mental y material, un pueblo con una especial sensibilidad y un notable sentido de la abstracción”. Y se pregunta: “¿De dónde llegó esa sabiduría? ¿Por qué los nativos repiten una y otra vez que son creación de los dioses que bajaron del cielo?”.

El director de Planeta encantado vuelve a preferir a los extraterrestres que a unos antepasados nuestros como autores de algo que le maravilla. La arqueología no sabe para qué se hicieron las bolas de piedra de Costa Rica, que datan de antes del Descubrimiento y de las que se han hallado muestras asociadas a restos materiales de las culturas locales. (Lean a Hoopes, que explica muy bien el estado de la cuestión y desmonta las tesis esotéricas, incluida la de la gran perfección que Benítez repite hasta la saciedad.) Pero que no se sepa algo no da carta blanca para decir sandeces, que es lo que hace el reportero de lo paranormal al hablar de los extraterrestres como origen del conocimiento para hacer estas piedras. El autor navarro vuelve a incurrir en ese pecado al que tan proclives son los amantes de la arqueología fantástica: otorgar la autoría de las grandes obras no europeas a seres de otros mundos o a inexistentes civilizaciones desaparecidas. Es una lástima que TVE haya seguido el juego a este inventor de misterios y haya sido, indirectamente, tan poco respetuosa hacia unos humanos que hoy son antiguos, pero nunca fueron tontos. La Historia demuestra, entre otras cosas, que el ingenio humano no es patrimonio del hombre actual.