Piramidiotología

‘Piramidiotología’ cum laude, por la Universidad de Politécnica de Cataluña

Vista de la Gran Pirámide. Foto: Alex lbh.

Si “Galileo es el santo patrón de todos los chiflados autocompasivos”, como decía Isaac Asimov, la egipcia es su civilización preferida. Se han dicho tantas bobadas y con tanta impunidad sobre el antiguo Egipto que mucha gente tiene una visión distorsionada de esa cultura, una imagen deformada por el filtro de la pseudohistoria. El último disparate, del que me he enterado gracias a Mikel Iturralde, es que la Pirámide de Keops estuvo coronada por una esfera y se levantó en conmemoración del primer milenio del Diluvio Universal. Es lo que sostiene el arquitecto Miquel Pérez-Sánchez en La Gran Pirámide, clau secreta del passat, una tesis que ha merecido un excelente cum laude del tribunal correspondiente de la Universidad Politénica de Cataluña (UPC).

Que alguien obtenga el grado de doctor con una tesis piramidiota debería ser motivo de vergüenza para cualquier universidad y, sobre todo, para el tribunal responsable del desaguisado, pero estamos en España, no lo olviden. Así que nuestro protagonista se ha encontrado con una muy favorable acogida a sus estrambóticas ideas en grandes medios como La Vanguardia, El Periódico y la agencia Efe, y es de esperar que le reciban con los brazos abiertos en esas revistas donde conviven en armonía platillos volantes, monstruos, poderes paranormales, conspiraciones mundiales, medicinas alternativas, continentes desaparecidos y fines del mundo.

Pérez-Sánchez afirma que la Gran Pirámide es “el monumento conmemorativo de una gran destrucción, del Diluvio Universal, de su milenario”; que es “una especie de enciclopedia del saber de su tiempo”; que estaba coronada por una esfera que simbolizaba el ojo de Horus; que la altura de la estructura fue, original e intencionadamente, una milmillonésima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol; que los egipcios conocían los números Pi, Phi, e y plásticos; que sabían que la Tierra era redonda; que Osiris fue un extranjero o la personificación de un pueblo que llevó la agricultura a Egipto…

“No da ni una. No hay nada de cierto en lo que dice Miquel Pérez-Sánchez”, sentencia Mara Castillo Mallén, doctora en Historia Antigua. Esta egiptóloga considera las afirmaciones del flamante doctor en arquitectura “absurdas”, equiparables a las de otros piramidiotas que atribuyen estas construcciones a extraterrestres, hablan de procesos de reblandecimiento de la piedra, de la existencia de electricidad en tiempos de los faraones… Para el también egiptólogo José Miguel Parra, autor del libro Las pirámides: historia, mito y realidad (2001), la nota de prensa con la que se dieron a conocer los resultados de la investigación de Pérez-Sánchez “no tiene desperdicio en cuanto a la cantidad de tonterías y sinsentidos que contiene, casi ninguno de los cuales es original, por cierto”.

Las afirmaciones del arquitecto no aguantan una mínima reflexión. “Si querían representar el ojo de Horus en lo alto de la pirámide, ¿por qué usaron una esfera? ¿Por qué en todos los documentos -papiros, estelas…- en los que se ve una pirámide no aparece nunca esa esfera? ¿Por que lo obeliscos están coronados por un piramidión y no por esa esfera?”, se pregunta Castillo Mallén. Por mucho que diga Pérez-Sánchez, los egipcios no tenían los conocimientos matemáticos que él cree, aunque respecto a Pi los expertos de verdad -los egiptólogos de carrera- mantengan discrepancias: los hay, como Parra, que dicen que, aunque esté presente en sus obras, “los egipcios ni lo conocían ni utilizaban”; y otros que sostienen lo contrario.

‘Friquismo’ contra egiptología

‘El poder mágico de las pirámides’, de Max Toth y Greg Nielsen.Vincular a Osiris con un pueblo extranjero es “una forma más de racismo y no es ni original”, apunta Castillo Mallén. Lo de conectar la Gran Pirámide con un aniversario del Diluvio Universal es tan serio como hacerlo con el del episodio de Eva y la manzana en el Jardín del Edén (no se me despisten: no hubo tal episodio; es otro mito). Y, así, sucesivamente… Numerología y piramiditiotismo a más no poder. Porque, para encontrar una relación entre cualquier dimensión de un objeto y la distancia de la Tierra al Sol, por ejemplo, sólo hay que elegir el dato apropiado: un bolígrafo Bic mide 15 centímetros, la billonésima parte de los 150 millones de kilómetros que nos separan de nuestra estrella. ¿Significa esa mágica relación que es un artilugio extraterrestre?

Castillo Mallén cree que estamos ante un ejemplo más de cómo el friquismo se ha apoderado de la egiptología en nuestro país. Aficionados sin formación académica y con “un conocimiento histórico limitadísimo” han tallado la imagen popular del Antiguo Egipto desde los años 60, cuando el realismo fantástico de Louis Pauwels y Jacques Bergier empezó a llenar el pasado de misterios inventados. Luego, llegaron revistas como Karma.7 y Mundo Desconocido, antecesoras de las que ahora se venden en los quioscos y donde ya se multiplicaron las chifladuras. Un poco más tarde, salió a la venta El poder mágico de las pirámides (1974), de Max Toth y Greg Nielsen, con una pirámide roja de cartón que el lector podía poner debajo de la cama para descansar mejor o en la que podía meter cuchillas de afeitar para que duraran más tiempo afiladas gracias a la energía piramidal.

Ya en 2004 y en TVE, Juan José Benítez ofrecía en su serie Planeta encantado una visión completamente tergiversada del Egipto de la IV Dinastía.  “Hace 4.600 años (cuando se construyó la Gran pirámide), el valle del Nilo despertaba al periodo Neolítico”, y  los habitantes de la región “se hallaban todavía en la Edad de Piedra, con un precario desarrollo agrícola y un incipiente pastoreo. Sus herramientas eran groseras, basadas fundamentalmente en la industria lítica”, y “ni siquiera conocían la escritura”, según el autor de Caballo de Troya. Y, ahora, un tribunal académico en el que la egiptología está representada por un aficionado da la máxima calificación a una tesis piramidiota.

Como dice Castillo Mallén, y yo suelo recordar en cuanto tengo oportunidad, “¡Egipto era la gran potencia de su tiempo!”. Me molestan los astroarqueólogos que, racistas como el más racista, atribuyen los logros de ésa y otras culturas a extraterrestres o misteriosas civilizaciones desaparecidas y también aquéllos que, ignorantes de la Historia, creen -como Pérez-Sánchez- que el ser humano sólo recientemente ha alcanzado unos conocimientos equiparables a los de los antiguos egipcios. No, tampoco es así. “Resulta chocante que una civilización tan compleja siguiera practicando la navegación de cabotaje; superara las cataratas sacando sus barcos del agua y subiéndolo o bajándolos a pie; no desarrollara el motor de explosión…”, concluye Castillo Mallén. Y vergonzoso que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ponga su sede de Cataluña a disposición de Pérez-Sánchez y sus colegas para que difundan tonterías como las anteriores y que la Atlántida fue una realidad. Pero, claro, es que el primero es doctor, en arquitectura,  por la UPC con una tesis numerológica y piramidiota.

Verdad y mentira de las pirámides de Güímar

Estructuras del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar. Foto: Luisa Idoate.

Si, junto al de las caras de Bélmez, hay un misterio español prefabricado, ése es el de las pirámides de Güímar. Estas estructuras de la isla deTenerife fueron descubiertas a finales de los años 80 del siglo pasado por los miembros de la Confederación Internacional Atlántida, un grupo de aficionados a lo paranormal, y pronto atrajeron la atención del contactado con extraterrestres Francisco Padrón, que habló de ellas en el Diario de Avisos en 1990. Fue aquel mismo año cuando la existencia de las pirámides llegó a conocimiento del explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), famoso por haber organizado expediciones para demostrar la posibilidad del contacto transocéanico entre culturas en la Antigüedad.

Heyerdahl asumió que las estructuras aterrazadas de Güímar eran la prueba del paso por las islas Canarias de los egipcios en el viaje hacia América en el que, según él, llevaron a los pueblos precolombinos el conocimiento sobre cómo levantar pirámides. Y los amontonamientos de piedra en terrazas -conocidos localmente como majanos- se convirtieron en un enigma de la Antigüedad, a pesar de que las pruebas arqueológicas y documentales apuntaban a que no se remontaban en el tiempo más allá del siglo XIX y su origen se debía a la limpieza de piedras de la finca para la explotación agrícola, como ocurre en otras zonas de la isla y en un archipiélago del Índico.

Casi veinte años después del descubrimiento de las estructuras, César Esteban y Antonio Aparicio, investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y de la Universidad de La Laguna, acaban de publicar una obra que derriba las argumentaciones de Heyerdahl y sus seguidores. Las pirámides de Güímar: Mito y realidad (2005) es un libro de fácil e interesante lectura, que no deja lugar a la duda: lo que han vendido durante años Heyerdahl, los periodistas de lo paranormal y los responsables del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, un complejo patrocinado por el empresario noruego Fred Olsen, es una fantasía. Los majanos, concluyen los autores, datan del siglo XIX, están vinculados a tareas agrícolas y orientados hacia los solsticios de verano e invierno. No tienen nada que ver ni con los guanches, ni con los atlantes, ni con ningún saber extraño transmitido por los antiguos egipcios en una escala de un viaje a América que nunca pasó de ser una lucubración Heyerdahl.

'Las pirámides de Güímar. Mito y realidad', de César Esteban y Antonio Aparicio. El punto más aventurado de la argumentación de Aparicio y Esteban, como reconocen ellos mismos, es la justificación de la orientación astronómica del complejo. Sostienen que se debe a que, desde 1854, el propietario de la finca era un masón, Antonio Díaz Flores. “La respuesta, nuestra respuesta -concluyen-, es que las pirámides de Güímar son una construcción realizada en base a una necesidad primaria agrícola, pero que su constructor, masón, intentó proporcionarles además un significado simbólico solsticial, homenaje de la francmasonería a sus dos patronos: los dos san juanes”. Díaz Flores habría limpiado el terreno de piedras para destinarlo al cultivo de la cochinilla, que vivió un boom en las islas entre 1845 y 1871, y habría aprovechado la ocasión para orientar el complejo de acuerdo con su filiación masónica. La hipótesis es creíble y encaja con los hechos, pero hacen falta más pruebas para darla por la explicación definitiva al porqué de la orientación de la estructuras.

De lo que no hay duda -como no la había antes de la aparición de este libro- es de las mentiras que se cuentan en el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, que se inauguró en 1998 y visité poco después. Allí se informa al visitante de que las construcciones de tipo piramidal surgieron hace 10.000 años simultáneamente en Egipto y América, entre otros lugares. La realidad es que la pirámide apareció en la historia humana mucho después y que, encima, recientes hallazgos han desmontado el sueño difusionista de Heyerdahl, con unos egipcios que irradiarían su saber arquitectónico a otras civilizaciones distantes. Porque las pirámides más antiguas del mundo se construyeron en la región de Norte Chico (Perú) hace más de 5.000 años, mientras que las más antiguas de Egipto datan de hace unos 4.500 años y las olmecas de México tienen poco más de 2.000 años. Los egipcios no fueron, por tanto, los padres de las pirámides. Lo mismo que la agricultura, la pirámide apareció en diversas regiones del mundo sin contacto entre sí. No hay ninguna prueba de lo contrario. Además, ¿hay una forma más simple de construir una estructura estable que se eleve hacia el cielo?

Aparicio, Antonio; y Esteban, César [2005]: Las pirámides de Güímar. Mito y realidad. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife. 151 páginas.

El poder mágico de las pirámides está demostrado, según ‘Muy Historia’

‘El poder mágico de las pirámides’, de Max Toth y Greg Nielsen.Hubo en los años 70 del siglo pasado una fiebre piramidiota, consecuencia de la publicación de El poder mágico de las pirámides (1974), de Max Toth y Greg Nielsen. El libro incluía una pequeña pirámide roja de cartón que el lector podía poner debajo de la cama para descansar mejor, en la que podía meter cuchillas de afeitar para que duraran más tiempo afiladas o que podía usar para incrementar su poder sexual (¡tiembla, viagra!). Al menos, eso es lo que aseguraban los autores, para quienes, “sin duda alguna, los próximos años han de aportar un gran avance en la recuperación de la sabiduría extensiva e intensiva de las pirámides. Para quienes hemos consagrado nuestras vidas a dicha sabiduría, el futuro encierra una de las fuerzas más misteriosas, uno de los mayores misterios que nos legaron los Antiguos: el poder mágico de las pirámides”.

La fiebre y “los próximos años” pasaron sin el boom de las pirámides; pero en el saber popular quedó anclada la idea de que la forma piramidal propicia algún tipo de energía misteriosa que la ciencia no ha llegado a detectar. ¿Nunca? Bueno, según un artículo publicado en el número 2 de Muy Historia -que acaba de llegar a los quioscos-, el poder mágico de las pirámides funciona con las cuchillas de afeitar y eso está demostrado. ¿De verdad?

La revista ha dedicado su última entrega a 10 incógnitas de la Historia y Alberto Porlan es el encargado de informarnos de “El secreto de la Pirámide”. Recuerda lo más desquiciado de la piramidiotología y que, hace tres décadas, “hasta se habló de una escuela tántrica que practicaba sus ritos sexuales en el interior de una cámara piramidal”. Hasta ahí parece que va por el buen camino, pero inmediatamente da un giro a lo Más Allá.

“En la misma época -dice- los rusos le daban un uso mucho más exotérico (práctico) a la estructura: guardaban sus hojas de afeitar bajo pequeñas pirámides de baquelita. Habían comprobado que, de ese modo, podían afeitarse con la misma hoja durante seis meses”. Seguidamente, Porlan nos informa de que un investigador checo, Karel Drbal, “tardó diez años en poder explicarlo científicamente”. Y nos ofrece la típica explicación esotérica: “Al parecer, la estructura piramidal actúa por sí sola como un resonador energético o un potente deshidratador que, en el caso de las hojas de afeitar, contribuye a preservar la estructura metalo-cristalina de su filo. Actúa también sobre la materia orgánica, facilitando su deshidratación y, por lo tanto, su conservación”. Amén.

Sólo cabe decir una cosa ante tal conjunto de afirmaciones: que son una tontería, falsas de principio a fin, que el poder mágico de las pirámides no está demostrado y que tiene tanto fundamento real como lo que el autor presenta como excentricidades. Los fabricantes de cuchillas de afeitar pueden dormir tranquilos.