Pirámides de Güímar

Las pirámides de Güímar son obra de los guanches, según ‘El País’

Reportaje sobre las pirámides de Güímar publicado en 'El País'.Da igual lo que digan los arqueólogos, los astrónomos y todos los científicos que han estudiado el misterio de las falsas -y muy rentables- pirámides de Güímar. Ayer, el suplemento El Viajero, del diario El País, presentaba las estructuras de Tenerife como restos de la cultura guanche, asumiendo así la tesis de los promotores del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, el naviero noruego Fred Olsen y su fallecido amigo el explorador Thor Heyerdahl (1914-2002).

El autor del reportaje, Carlos Pascual, afirma que el complejo turístico “relaciona unas pirámides guanches allí encontradas con estructuras similares de México o Perú, e incluso con los marae (tan increíblemente parejos) de Polinesia”, asegura que “la existencia de este tipo de estructuras en la sociedad prehispánica de las islas era un hecho documentado”, da a entender que los arqueólogos han confirmado lo extraordinario de las edificaciones en trabajos realizados desde 1991 y aporta como prueba de la guanchidad de las estructuras el descubrimiento de restos aborígenes en una cueva existente bajo una de las pirámides. El texto, lleno de errores y falsas interpretaciones, llegará lamentablemente a mucha más gente que trabajos como el publicado en 2003 por Historia 16 y libros como Las pirámides de Güímar: mito y realidad (2005), que ponen el enigma en su justo término.

En contra de lo que sostiene Pascual, el origen de las estructuras no se remonta en el tiempo más allá del siglo XIX, ni tiene que ver con los guanches. Otra cosa, claro, es lo que venden en el parque temático, “uno de los reclamos más atractivos y visitados de la isla”, como bien recuerda el periodista. El negocio de Güímar, alimentado durante años por las revistas esotéricas, tiene tan poco fundamento como el de Roswell y se basa en lo mismo: mentiras, fantasías y tergiversaciones. La arqueología, sea isleña o internacional, no ha confirmado que estemos ante vestigios guanches; al contrario. Y que se hayan encontrado restos aborígenes bajo una de las estructuras no significa que éstas lo sean. ¿O es que el hallazgo de huesos prehistóricos bajo una iglesia confirma que esa iglesia es prehistórica? Tampoco hay documentos que avalen la existencia de las pirámides antes de la llegada de los españoles y su circunstancial vinculación con edificios similares de otras partes del mundo fue auspiciada por un Heyerdahl para quien la pirámide es un invento egipcio que el pueblo del país del Nilo difundió por todo el mundo, algo que rechaza cualquier estudioso de la Historia mínimamente informado.

Es una pena que Pascual se haya fiado más de la publicidad del complejo turístico que de lo que mantienen todos los científicos que se han aproximado al misterio de las pirámides de Güímar, un enigma prefabricado en los años 80 por un grupo de aficionados a lo paranormal, la Confederación Internacional Atlántida, y lanzado a la fama por el contactado con extraterrestres Francisco Padrón. No hacen falta ni atlantes, ni alienígenas, ni egipcios de viaje a América para explicar el origen de estas estructuras, que son amontonamientos de piedras hechos en el siglo XIX para limpiar un terreno que luego se dedicaría al cultivo de cochinilla. Lo explican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar: mito y realidad, y lo hizo también hace tres años Cornel M.A. Van Strijp en Historia 16: el parque temático de Güímar es una fraude. Y promocionarlo es lo contrario a impulsar la cultura de un pueblo, por mucho dinero que mueva.

Verdad y mentira de las pirámides de Güímar

Estructuras del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar. Foto: Luisa Idoate.

Si, junto al de las caras de Bélmez, hay un misterio español prefabricado, ése es el de las pirámides de Güímar. Estas estructuras de la isla deTenerife fueron descubiertas a finales de los años 80 del siglo pasado por los miembros de la Confederación Internacional Atlántida, un grupo de aficionados a lo paranormal, y pronto atrajeron la atención del contactado con extraterrestres Francisco Padrón, que habló de ellas en el Diario de Avisos en 1990. Fue aquel mismo año cuando la existencia de las pirámides llegó a conocimiento del explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), famoso por haber organizado expediciones para demostrar la posibilidad del contacto transocéanico entre culturas en la Antigüedad.

Heyerdahl asumió que las estructuras aterrazadas de Güímar eran la prueba del paso por las islas Canarias de los egipcios en el viaje hacia América en el que, según él, llevaron a los pueblos precolombinos el conocimiento sobre cómo levantar pirámides. Y los amontonamientos de piedra en terrazas -conocidos localmente como majanos- se convirtieron en un enigma de la Antigüedad, a pesar de que las pruebas arqueológicas y documentales apuntaban a que no se remontaban en el tiempo más allá del siglo XIX y su origen se debía a la limpieza de piedras de la finca para la explotación agrícola, como ocurre en otras zonas de la isla y en un archipiélago del Índico.

Casi veinte años después del descubrimiento de las estructuras, César Esteban y Antonio Aparicio, investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y de la Universidad de La Laguna, acaban de publicar una obra que derriba las argumentaciones de Heyerdahl y sus seguidores. Las pirámides de Güímar: Mito y realidad (2005) es un libro de fácil e interesante lectura, que no deja lugar a la duda: lo que han vendido durante años Heyerdahl, los periodistas de lo paranormal y los responsables del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, un complejo patrocinado por el empresario noruego Fred Olsen, es una fantasía. Los majanos, concluyen los autores, datan del siglo XIX, están vinculados a tareas agrícolas y orientados hacia los solsticios de verano e invierno. No tienen nada que ver ni con los guanches, ni con los atlantes, ni con ningún saber extraño transmitido por los antiguos egipcios en una escala de un viaje a América que nunca pasó de ser una lucubración Heyerdahl.

'Las pirámides de Güímar. Mito y realidad', de César Esteban y Antonio Aparicio. El punto más aventurado de la argumentación de Aparicio y Esteban, como reconocen ellos mismos, es la justificación de la orientación astronómica del complejo. Sostienen que se debe a que, desde 1854, el propietario de la finca era un masón, Antonio Díaz Flores. “La respuesta, nuestra respuesta -concluyen-, es que las pirámides de Güímar son una construcción realizada en base a una necesidad primaria agrícola, pero que su constructor, masón, intentó proporcionarles además un significado simbólico solsticial, homenaje de la francmasonería a sus dos patronos: los dos san juanes”. Díaz Flores habría limpiado el terreno de piedras para destinarlo al cultivo de la cochinilla, que vivió un boom en las islas entre 1845 y 1871, y habría aprovechado la ocasión para orientar el complejo de acuerdo con su filiación masónica. La hipótesis es creíble y encaja con los hechos, pero hacen falta más pruebas para darla por la explicación definitiva al porqué de la orientación de la estructuras.

De lo que no hay duda -como no la había antes de la aparición de este libro- es de las mentiras que se cuentan en el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, que se inauguró en 1998 y visité poco después. Allí se informa al visitante de que las construcciones de tipo piramidal surgieron hace 10.000 años simultáneamente en Egipto y América, entre otros lugares. La realidad es que la pirámide apareció en la historia humana mucho después y que, encima, recientes hallazgos han desmontado el sueño difusionista de Heyerdahl, con unos egipcios que irradiarían su saber arquitectónico a otras civilizaciones distantes. Porque las pirámides más antiguas del mundo se construyeron en la región de Norte Chico (Perú) hace más de 5.000 años, mientras que las más antiguas de Egipto datan de hace unos 4.500 años y las olmecas de México tienen poco más de 2.000 años. Los egipcios no fueron, por tanto, los padres de las pirámides. Lo mismo que la agricultura, la pirámide apareció en diversas regiones del mundo sin contacto entre sí. No hay ninguna prueba de lo contrario. Además, ¿hay una forma más simple de construir una estructura estable que se eleve hacia el cielo?

Aparicio, Antonio; y Esteban, César [2005]: Las pirámides de Güímar. Mito y realidad. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife. 151 páginas.

‘Historia 16’ derriba las pirámides de Güímar

Las pirámides tal como se presentan en los folletos del parque temático de Güímar.

Mientras Nacho Ares, director de Revista de Arqueología, plantea en serio en su último libro, La historia perdida II, que en la estela de Naramsin puede aparecer un platillo volante, la veterana Historia 16 (Nº 332, diciembre 2003) da el golpe de gracia a las denominadas pirámides de Güímar. Cornel M.A. van Strijp desmonta el cuento elaborado por los fabricantes de misterios desde 1989 alrededor de unas construcciones, levantadas en Tenerife, que no son más que amontonamientos de piedras hechos por los lugareños en los siglos XVIII y XIX para liberar suelo cultivable.

El fraude de Güímar contó en su época con el apoyo del fallecido explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), quien, animado por el naviero Fred Olsen, apadrinó un parque temático en el que se defiende que las pirámides canarias son el eslabón geográfico entre las egipcias y las centroamericanas.Hace unos años, visité el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar -abrió sus puertas en 1998- y comprobé in situ hasta qué punto se tergiversa la Historia en ese centro. Sus impulsores mantienen, por ejemplo, que las construcciones pirámidales surgieron hace 10.000 años, de la noche a la mañana y simultáneamente en Egipto y América Central, entre otros lugares. La realidad es que las más antiguas piramides americanas tienen poco más de 2.000 años y las egipcias unos 4.500. Pero ésa es la realidad, como lo es que Güímar se ha convertido en punto de reunión habitual de charlatanes y que desde las instituciones locales se ha animado a los centros escolares a organizar excursiones al parque.

Van Strijp deja todo claro en “La verdad sobre las pirámides canarias”, un texto ordenado y sólidamente cimentado en documentos y hechos perfectamente datados. Otros autores llevan años denunciando el engaño, pero nunca se había hecho en las páginas de una revista de historia. Y eso es algo que celebrar en una época en la que reputados especialistas siguen integrando el comité científico de Revista de Arqueología -da igual que en sus páginas se incluya un elogioso reportaje sobre las pirámides de Güímar y se busquen la Atlántida y el Arca de Noé- y los historiadores mantienen un vergonzoso silencio sobre la emisión en Televisión Española (TVE) de la serie Planeta encantado, en la que Juan José Benítez tergiversa el pasado una semana tras otra.