Leyendas urbanas

El triángulo de las Bermudas automovilístico del Empire State

El triángulo de las Bermudas automovilístico del Empire State.El instrumental de los aviones y barcos que pasan por el triángulo de las Bermudas se vuelve loco, cuando no deja de funcionar, según la leyenda tan hábil como rentablemente explotada por Charles Berlitz. Pues, bien, a la región fantasma marina, The Daily News sumó el domingo otra terrestre en la que pasan cosas raras a los coches. Se encuentra en el corazón de Manhattan y abarca un círculo de cinco manzanas con centro en el Empire State. Según el diario neoyorquino, entre Park Avenue y la Séptima Avenida y las calles 26 y 40, hay coches cuyos motores se paran inexplicablemente, pero, si son arrastrados fuera de esa zona maldita, vuelven a funcionar. Al menos, eso dicen personas que atribuyen el efecto Empire State a las antenas de radio y televisión que coronan el edificio más alto de Manhattan tras la caída de las Torres Gemelas y cuyas emisiones interferirían con la electrónica de los automóviles. Una compañía de grúas asegura que retira de esas calles entre 10 y 15 coches al día. Una nimiedad frente a los -seguramente- cientos de miles que circulan cada día por las inmediaciones del rascacielos, detalle que se le olvida al reportero de The Daily News. Igualico, igualico que en el triángulo de las Bermudas.

¡Elvis vive!

Elvis Presley.Treinta años se cumplen hoy de la muerte de Elvis Presley y el Rey del Rock sigue más vivo que nunca. Para la mayoría, porque su música continúa sonando y sus discos vendiéndose, y muy bien por cierto. Para una minoría, porque creen que esta vivo. Así, en The Elvis Sighting Bulletin Board me enteraba ayer de que su último avistamiento tuvo como escenario una cola para comprar perritos calientes de un supermercado Costco en Klamath Falls, Oregón (EE UU). La testigo, una tal Cherry Fereday, escuchó de repente que el cliente que estaba detrás de ella cantaba en voz baja Love me tender, se dio la vuelta para felicitarle por su voz y, ¡zas!, se dio de narices con Elvis. Nerviosa, le esperó junto a las salsas y, cuando el Rey añadía mostaza a su perrito caliente, le pidió un autógrafo. “Accedió alegremente y hasta me dio su número de móvil. Le llamé varias veces, pero no respondió a ninguno de mis mensajes”, se lamenta la testigo, que posiblemente esperara que Elvis le cantara Are you lonesome tonight?, No more -la versión inglesa de la habanera La paloma, de Sebastián Yradier- o la inigualable I can’t help falling in love with you.

Resulta imposible saber cuáles de las muchas historias de The Elvis Sighting Bulletin Board son ciertas para sus protagonistas -quiero decir que se las creen- y cuáles son simple y llanamente mentiras. Desde su muerte de un ataque al corazón provocado por la ingesta continuada de barbitúricos, se han sucedido las apariciones de Elvis en carne y hueso, visiones que sus seguidores consideran pruebas de que no murió en Graceland el 16 de agosto de 1977 y sigue vivo, huido de la fama. En España, uno de los que han sembrado más dudas sobre la versión oficial ha sido Santiago Camacho, conspiranoico de cabecera de Iker Jiménez que escribió hace cinco años un reportaje en esa línea en la revista Más Allá y el 7 de mayo de 2006 repitió parte de la historia en una de las entregas de Cuarto milenio. Claro que lo que sostiene Camacho son puras especulaciones sin fundamento, cuando no demostraciones de su la habilidad investigadora propia de su gremio. Veamos un ejemplo.

“Los enigmas comienzan en la propia tumba del Rey, cuyo nombre aparece mal escrito en la lápida. El nombre completo de Elvis era Elvis Aron Presley, no Elvis Aaron Presley como aparece escrito en el sepulcro. Puede parecer un error sin importancia, pero no lo es y su padre jamás hubiera permitido que algo así sucediera como quedó demostrado cuando se cometió el mismo error en su partida de nacimiento y no paró hasta que fue subsanado. Todo ello se debe a que la familia le había puesto ese nombre en recuerdo de Jesse Garon Presley, el hermano gemelo de Elvis, que murió media hora después del parto y cuya sombra tuvo un enorme peso en la vida del cantante. Entonces, ¿cómo se explica el error en la lápida? Elvis era una persona muy supersticiosa. Tal vez prefirió no tentar a la suerte escribiendo su nombre real en un sepulcro que aún no pensaba ocupar…”, escribió Camacho en Más Allá y se repitió el año pasado en un reportaje del programa de Cuatro. Lamentablemente, basta acudir a la página oficial de Elvis Presley para desmontar el misterio de la tumba. ¿Qué dice allí? Que el Rey fue bautizado como Elvis Aron -con una a– y que así figuraba su segundo nombre en la partida de nacimiento. Sin embargo, hacia el final de su vida el cantante quiso adoptar la grafía clásica, Aaron, y por eso, cuando murió, su padre optó por ella para la lápida y se considera desde entonces la oficial. ¡Vaya investigación la del experto de Cuarto milenio!

Hay tantas pruebas de los avistamientos de Elvis Presley -un fenómeno tan americano como las observaciones del bigfoot– como de las visiones de extraterrestres, las apariciones de la Virgen y las posesiones demoniacas. Pero son un buen negocio para la prensa sensacionalista estadounidense, como los ovnis, la Virgen y el Diablo lo son para los periodistas esotéricos. Así que es lógico que los avistamientos de Elvis continúen y que, en la mayoría casos, se gesten en las propias redacciones que hacen negocio con ellos.

Yo prefiero vivir a mi manera, My way, que cantaría Elvis.

‘Periodista Digital’ se traga la leyenda urbana del hámster metido por el culo

'Periodista Digital' se traga la leyenda urbana del hámster metido por el culo.Es peligroso introducir un hámster por el recto de tu pareja, se advierte hoy en un artículo de portada de Periodista Digital que comentaban hace unos minutos sorprendidos algunos compañeros de El Correo. La noticia es impresionante… y falsa. Es una leyenda urbana, como la de los gatos bonsái -según la cual unos salvajes meten gatitos en frascos para que queden “con la forma del recipiente”- que también se tragaron en julio de 2005 en el diario de Alfonso Rojo, aunque hayan borrado todo rastro de la metedura de pata y la hayan reconvertido en su descubrimiento de que la noticia era falsa. La historia del hámster ha sido aplicada, según se recoge en Snopes -sitio dedicado a las leyendas urbanas que debería figurar entre los de referencia de todo periodista-, a famosos de los que se rumorea que son homosexuales, como Richard Gere. Los protagonistas acaban, en todos los casos, en la sala de Urgencias de un hospital, donde les sacan del ano un hámster embutido en un cartón de un rollo de papel higiénico. Los periodistas que cuentan esta historia deberían apuntarse a un curso de cómo detectar camelos. Más que nada, para no volver a hacer el ridículo.

Iker Jiménez presenta una leyenda urbana sobre el accidente de Los Rodeos como si fuera un hecho real

Hace tiempo que sólo veo Cuarto Milenio, el magazín paranormal de Cuatro, ocasionalmente. El discurso de Iker Jiménez y su equipo me resulta terriblemente aburrido y, además, el programa se emite a deshoras para quien el lunes tiene que madrugar. Sin embargo, procuro grabar todas las entregas y, a la hora de pasarlas a DVD, compruebo aleatoriamente que no haya habido fallos en el proceso. En ésas estaba el martes cuando una de las paradas de comprobación del programa del pasado domingo coincidió con el momento en que un invitado contaba a Jiménez y Pablo Villarrubia cómo alguien había predicho el accidente de aviación de Los Rodeos (Tenerife), en el que murieron 583 personas al chocar dos Boeing 747 en la pista el 27 de marzo de 1977. Llevado por la curiosidad, retrocedí en la grabación.

El experto era Fernando Hernández, de Esencia de Medianoche, una de las muchas webs dedicadas a la divulgación acrítica de lo paranormal. Hernández contó, ante sus serios interlocutores, que días antes del accidente de Los Rodeos se hizo un experimento parapsicológico en la universidad estadounidense de Duke, la misma en la que Joseph B. Rhine realizó sus famosas y falseadas pruebas con las cartas Zener. En él, los estudiantes tenían que adivinar cuál iba a ser, una semana después, la noticia de primera página de un periódico que Hernández no concretó. Los vaticinios, continuó, se guardaron en la caja fuerte del presidente de la institución académica y no se leyeron hasta después de la fecha fijada. Cuando el 29 de marzo se abrió el sobre que contenía la previsión de Lee Fried, un estudiante de 19 años, la sorpresa fue mayúscula: ¡había predicho el accidente de Los Rodeos! Según Hernández, en la papeleta ponía que iba a haber 583 muertos en la colisión de dos aviones Boeing 747.

El caso no me sonaba de nada, así que, en cuanto pude, recurrí a Google. Ahí sí que mi sorpresa fue mayúscula: sólo fui capaz de encontrar siete referencias: tres en español, dos en lo que creo que es danés, una en inglés y otra en italiano. Uno de los textos era de José Gregorio González, vendedor de misterios canario y compañero de andanzas de Hernández. Titulado ‘La cara paranormal del accidente de Los Rodeos’, el artículo está colgado de la web de Esencia de Medianoche, se ha publicado hace unas semanas, cuenta la historia de Lee Fried con alguna variación y algo más de detalle, e incluye una interesante nota final:

Durante años le hemos seguido la pista a este espectacular caso sin poder emitir un veredicto sobre su autenticidad (destacado mío). El contexto es verídico: existió un alumno con ese nombre matriculado, Sanford presidía la universidad llegando a ser gobernador y Vick ocupó efectivamente ese cargo. La experiencia ha sido reseñada por diversos autores, entre ellos algunos psicólogos sociales, pero falta la confirmación definitiva. Una de nuestras últimas gestiones nos condujo hasta Sally Rhine, hija del célebre investigador y responsable de su laboratorio. No recordaba el caso pero nos prometió indagar en su voluminoso archivo. Seguimos a la espera.

Había pensado desde el principio que podía tratarse de una leyenda urbana, pero lo que nunca podía haber sospechado es que, en la web de quien la había presentado en Cuatro como un hecho real, se admitiera que se trataba sólo de un rumor. Aunque eso ya decía bastante del rigor periodístico del equipo de Cuarto Milenio -frivolizar una tragedia como la de Los Rodeos salpicándola de tonterías paranormales demuestra también su catadura moral-, la pelota seguía en el alero. ¿Había sucedido en marzo de 1977 algo parecido a lo apuntado por Fernando Hernández y José Gregorio González?

Cuando unos investigadores paranormales -a ellos les gusta llamarse así- no han llegado a una conclusión sobre un suceso de este tipo después de años, cuando ni siquiera saben si ocurrió o no -aunque eso no les impida venderlo como un hecho real-, ¿qué puede hacer un vulgar periodista? Por si sonaba la flauta, decidí recurrir a una fuente obvia: la Universidad de Duke. Así que en la madrugada del miércoles mandé un mensaje de correo electrónico a su oficina de prensa. Les conté la historia de la premonición y les pregunté si tenían constancia de ella en sus archivos, como sería lógico ante un hecho de tal relevancia. Un error de tecleo -la mecanografía no es lo mío- hizo que escribiera en un momento dado 1997 en vez de 1977. A primera hora de la tarde del jueves, recibí el siguiente mensaje -en inglés, el original-:

Buenos días, Luis,

Lo mejor que puedo decirte es que es una leyenda urbana. Se lo he comentado a los compañeros del archivo de la universidad y ellos habían oído hablar de una historia parecida antes (aunque de 1977, no 1997, como tú indicabas), pero no hay registros que demuestren que sucediera algo así.

Espero que esto te sirva de ayuda.

Saludos,

Kelly Gillmer
Especialista en Comunicación
Universidad de Duke
Gabinete del presidente
Gabinete de prensa y comunicación

Miren por dónde, hay una explicación racional a toda la historia: es una leyenda urbana. Y lo sorprendente es que yo he dado con ella sin moverme de casa, en un par de días y al coste de una conexión a Intenet. Entiendo, no obstante, que tan extraordinarios medios pueden no estar al alcance de los investigadores de Esencia de Medianoche y de Cuarto Milenio, lo que explicaría que ni Villarrubia, ni Jiménez ni su esposa y representante -Carmen Porter- pusieran en duda la veracidad del relato de Hernández en ningún momento. Recuerden cómo los honestos buscadores de la verdad del programa paranormal de Cuatro también se tragaron en junio del año pasado la historia del cosmonauta fantasma porque fueron incapaces de hacer una simple búsqueda en Google que les hubiera revelado que esa historia también era una ficción. Disfruten del vídeo.