Leyendas urbanas

Las leyendas urbanas sobre los alimentos, hoy en el décimo ‘Enigmas y Birras’ de Bilbao

Cartel anunciador del décimo ‘Enigmas y Birras’, dedicado a las leyendas urbanas sobre los alimentos.“Los alimentos: conceptos y leyendas urbanas” será el tema de la charla de la veterinaria Lola Coll en el décimo encuentro Enigmas y Birras de Bilbao, que se celebra hoy en el restaurante KZ (Alameda San Mamés, 6) a partir de las 18 horas.

“Los alimentos forman parte de nuestra vida, pero los desconocemos mucho más de lo que creemos. Hay muchas preguntas que nos hacemos cada día. Por ejemplo:  ¿es lo mismo seguridad que calidad?, ¿un alimento ecológico es más seguro y más sano?, ¿qué son los alimentos funcionales?, ¿son peligrosos para la salud los aditivos?, ¿por qué se utilizan?, ¿algunos alimentos curan enfermedades?, ¿por qué tienen pesticidas?… Y todo aderezado con leyendas urbanas que complican más el asunto ¿o quizás son las verdades que nadie quiere contarnos? Intentaré aclarar conceptos y qué hay de verdad y mentira en este tema”, me ha adelantado la ponente, que tiene un máster en Salud Pública y Epidemiología Avanzada, y cuya vida profesional ha girado casi de forma exclusiva en torno a los alimentos y establecimientos alimentarios.

Socia de la Tertulia de Ciencia-Ficción de Bilbao (TerBi) y lectora voraz, Coll hablará, entre otras cosas, de algunos de esos mensajes alarmantes que a todos nos han llegado, “como el de lo malisimo que es E320 y el de la rata que orinó sobre una lata de refresco”. Como coincido con ella una vez al mes en la TerBi desde hace años, les puedo adelantar que esta tarde nos vamos a divertir y también vamos a aprender, porque es una magnífica y documentada conversadora.

Dense por invitados al décimo Enigmas y Birras de Bilbao organizado por el Círculo Escéptico y programado por Luis Miguel Ortega. La entrada es gratis, aunque cada asistente se compromete a hacer, al menos, una consumición como agradecimiento a los propietarios del establecimiento por la cesión de local.

“No soy un vampiro”, dice Nicolas Cage en el ‘show’ de David Letterman

La imagen del prisionero confederado puesta a la venta en eBay. Foto: The Thanatos Archive.Nicolas Cage ha negado en la televisión estadounidense que sea un vampiro. “No bebo sangre y, la última vez que me miré en un espejo, vi mi reflejo”, dijo el jueves en el programa Late Night with David Letterman, en la CBS, después de que el presentador bromeara con una foto de hace 140 años cuyo protagonista guarda un cierto parecido con el actor, ahora en plena promoción de su película Ghost Rider: spirit of vengeance.

La imagen fue puesta a la venta en eBay en septiembre por Jack Mord, un colecionista que pedía por ella un millón de dólares. “Mi teoría es que él llegará a los 70 u 80 años y, entonces, el actor Nicolas Cage morirá; pero, en realidad, el vampiro Nicolas Cage rejuvenecerá y aparecerá en otra parte del mundo para empezar de nuevo”, decía entonces el vendedor. Y, claro, la disparatada historia empezó a circular por Internet y los medios de comunicación.

Según Josh Grossberg, la foto corresponde a un recluso confederado de la guerra civil estadounidense, el teniente G.B. Smith, y fue tomada en 1864 en el campo de prisioneros la isla Johnson, en Ohio.

Santa Claus no viste de rojo por Coca-Cola

Lo escuché el sábado en la tele, en un reportaje sobre la Navidad en Nueva York que emitió La Sexta, y leo hoy casi lo mismo en El País:

“La popularización de Santa Claus se produjo en 1931, cuando Coca-Cola incorporó su figura a su campaña publicitaria de Navidad y el artista Haddon Sundblom dio con la imagen de Papá Noel que se ha convertido en su estereotipo, con su gorro rojo y su barba blanca.”

El anuncio de Santa Claus dibujado por Haddon Sundblom para Coca-Cola en 1931. Foto: Coca-Cola.La idea -con variantes- se repite desde hace años: Santa Claus, vestido de rojo y con barba blanca, fue un invento publicitario de Coca-Cola. Seguro que a ustedes se lo han contado alguna vez. Demuestra el enorme poder de la multinacional de los refrescos, capaz de hacer a medio mundo devoto de un personaje creado por un publicista o, en la versión apuntada tanto por La Sexta como por El País, hacer que la apariencia de un popular personaje cambie para siempre para llevar los colores de su marca. ¿O no? Pues, más bien, no.

Que Santa Claus, o San Nicolás, viste de rojo y blanco porque son los colores de Coca-Cola es una leyenda urbana, igual que la de la autoestopista fantasma, la de las asombrosas coincidencias entre Lincoln y Kennedy, y la del origen español de Walt Disney. Hasta en la Wikipedia, se cuenta cómo este personaje navideño no nació tal cual de la noche a la mañana, sino que es fruto de una evolución que empezó hace unos 200 años. Y se hace referencia a la campaña publicitaria de Coca-Cola, diciendo que la imagen de Santa Claus que ha llegado hasta nosotros ya existía cuando Haddon Sundblom la utilizó para promocionar esa bebida y cómo eso ha dado lugar a la leyenda urbana.

Es cierto que Sundblom dibujó en 1931 un Santa Claus barbado y de rojo para los anuncios navideños del refresco y que eso popularizó esa imagen del personaje; pero -y esto es importante- el publicista no inventó nada. Ese tipo de Santa Claus existía desde décadas antes, aunque competía con otros Santas ataviados de blanco, verde, azul… Pueden ver ejemplos del personaje de rojo anteriores en el tiempo en el artículo correspondiente de Snopes, un sitio especializado en leyendas urbanas que debería estar entre las fuentes de todo periodista. Yo les traigo aquí dos portadas de la revista satírica Puck que datan de 1902 y 1905, protagonizadas por un Santa Claus barbado, bonachón, con sobrepeso, y vestido de rojo y blanco. Ese tipo de Santa era ya popular cuando Haddon Sundblom (1899-1976) era un niño.

Santa Claus, en la portada de la revista 'Puck', en diciembre de 1902 y de 1905

Los médicos de ‘El Larguero’ se tragan el bulo de que mirar los pechos femeninos alarga la vida del hombre

'Información' publicada en 1997 por el tabloide estadounidense 'Weekly World News'.No tengo por costumbre escuchar la radio por la noche; pero, en la madrugada del miércoles, la encendí porque no podía dormir. Tenía sintonizada la Cadena SER, estaban emitiendo El Larguero y José Ramón de la Morena hablaba con dos médicos, José González y Antonio Escribano, quienes, al parecer, tienen sección fija en el programa. No estaba prestando mucha atención hasta que el periodista deportivo comentó a sus invitados que “un estudio realizado por una gerontóloga alemana ha afirmado que los hombres que miran los pechos de una mujer durante diez minutos al día pueden vivir hasta cinco años más”. “En un seguimiento durante cinco años de 400 hombres, al final, se llegó a la conclusión de que todos los que siguieron ese tratamiento, mirar los pechos de una mujer durante diez minutos al día, tenían mejor presión arterial y menos riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares”, explicaba el director de El Larguero. Y seguidamente preguntó a sus dos expertos si el estudio era verdad, a lo que los dos médicos respondieron que el artículo había sido publicado en The New England Journal of Medicine (NEJM) y que lo habían leído, e intentaron dar una posible explicación científica al fenómeno.

Tengo que reconocer que me dejó con la boca abierta que los dos médicos afirmaran que han leído el artículo de la gerontóloga alemana en NEJM. ¿Por qué? Porque ni existe la gerontóloga Karen Weatherby, a quien se atribuye el trabajo, ni nadie ha hecho un experimento en esa línea que haya demostrado que mirar los pechos femeninos prolongue la esperanza de vida de los hombres. Esta noticia es un viejo bulo que empezó a circular por Internet hacia 1999, según documenta la web especializada en leyendas urbanas Snopes.com, y que cada cierto tiempo resucita alguien como si fuera cierta. Fue lo que el 3 de diciembre hizo el gratuito Qué!.

Según Snopes.com, la conveniencia para los hombres de mirar los pechos de las mujeres para vivir más aparece por primera vez en el número del Weekly World News del 13 de mayo de 1997, cuya portada alerta de que los desastres meteorológicos que asolaban entonces EE UU eran un signo de la inminente Segunda Venida. En la página 38 de ese ejemplar del semanario más freak, se anunciaba: “¡Mirar unas tetas grandes suma años a la vida del hombre!”. La información, que pueden leer pinchando en la imagen, contaba en esencia lo mismo que la publicada en Qué! hace unos días y en otros medios españoles y extranjeros en los últimos años, si bien atribuía el hallazgo a un hombre y no citaba ninguna revista científica. Yo, de todos modos, estoy dispuesto a desdecirme si los doctores Escribano y González me mandan una copia del artículo de NEJM que aseguran haber leído.