La escena de ‘Luces rojas’ que Rodrigo Cortés copió de una investigación de James Randi sin citarle

«Hola, Petey. ¿Puedes oírme? ¡Si no puedes, tienes un problema!», decía Elizabeth Popoff por radio a su marido el 23 de febrero de 1986. El telepredicador Peter Popoff estaba a punto de hacer una de sus demostraciones de sanación por mediación divina en un abarrotado Auditorio Cívico de San Francisco. Poco después, empezaba a caminar entre la multitud curando a gente a partir de la información que le daba su esposa a través de un diminuto auricular y que antes ella había recopilado de los invitados. Aquel día, James Randi interceptó los mensajes de radio entre la mujer y el reverendo, y luego los presentó en The Tonight Show, el programa de Johnny Carson en la NBC, insertados como banda sonora oculta en los momentos correspondientes de la actuación de Popoff.
Veintiséis años después, el cineasta español Rodrigo Cortés se ha apropiado en Luces rojas de esa investigación de Randi y del diálogo de esa escena, que pueden ver a partir de los 2 minutos y 16 segundos del vídeo insertado aquí abajo. De hecho, las alusiones a las investigaciones y demostraciones de Randi son continuas en la película. Cortés camufla a los protagonistas -Popoff es rebautizado como Leonardo Palladino, Randi como Margaret Matheson y Uri Geller como Simon Silver-, pero es todo tan descarado que resulta indignante que no haya en los créditos ni una mención al trabajo del cazacharlatanes norteamericano, con el que el director español ni siquiera contactó.
Hablo de todo esto en «Sigourney Randi», la séptima entrega de ¡Paparruchas!, mi columna en español en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI).

«La gente cree en lo paranormal por miedo a la muerte», dice James Randi

El ilusionista James Randi. Foto: Luis Ángel Gómez.

No hay misterio que se le resista. «Uri Geller sólo sabe cuatro trucos. Cualquier buen ilusionista conoce entre treinta y cuarenta que hace extraordinariamente bien», sentencia. Él desenmascaró al psíquico israelí en el programa de Johnny Carson en 1973. Capaz de simular cualquier presunto poder paranormal, James Randi (Toronto, 1928) ofrece desde hace años un millón de dólares a quien demuestre ver el futuro, hablar con los muertos, mover objetos a distancia… o que la homeopatía funciona. A los 83 años, visitó Bilbao a mediados de mayo invitado por el Círculo Escéptico, la Universidad de Deusto y El Correo, con el patrocinio de i2basque.
¿Qué llevó a un mago de éxito, como The Amazing Randi, a dedicarse a investigar lo paranormal y desenmascarar charlatanes?
-En el siglo XIX, hubo un gran ilusionista británico, John Nevil Maskelyne, que fue el patriarca de una estirpe de magos que se dedicó a poner a prueba a los espiritistas, a quienes aseguran que hablan con los muertos. Los Maskelyne demostraron ante los tribunales que los médiums eran unos farsantes. Y los espiritistas fueron condenados a abandonar Reino Unido. Fue una gran victoria. Pero a gran parte del público no le importó, porque quería creer. De hecho, la gente no sólo quiere creer, sino que tiene la necesidad de creer. Necesita lo que yo llamo woo-woo.
¿Lo irracional?
-Sí. Hay gente que lo necesita. Luego, llegó Harry Houdini y también se tomó muy en serio la denuncia de los médiums. Era consciente del gran daño que hacen a la gente. Muchos espectadores de sus shows le decían que creían en el espiritismo, y él les explicaba que sólo eran trucos. Yo estoy muy orgulloso de haber seguido los pasos de Houdini.
Los magos, divididos
Ha sido su heredero como cazacharlatanes y también como ilusionista, como escapista.
-Sí, sí… He hecho lo mismo que Houdini y Maskelyne. Lo mismo. Hace poco, recibí en California una gran distinción del Castillo Mágico, una muy famosa fraternidad de magos. Me galardonaron por mi trayectoria profesional. Fue en un gran teatro de Los Ángeles lleno de ilusionistas. Al agradecer el premio, aproveché la oportunidad para recordar que la Sociedad de Magos Americanos, de la que fue presidente Harry Houdini, y la Hermandad Internacional de Magos tuvieron en su momento sendos comités dedicados a la lucha contra el ocultismo en los medios.
¿Cuándo fue eso?
-Antes de la televisión. En cuanto llegó la televisión, ésta magnificó enormemente todo lo paranormal, y los magos dejaron esa faceta de denuncia del engaño a un lado. No volvieron a hacerlo. Por eso, en el escenario y ante mis colegas en Los Ángeles, levanté mi mano derecha con el dedo índice extendido y dije: «Harry Houdini siguió esa tradición de denuncia del fraude iniciada por otros magos. Vosotros debéis hacer lo mismo».
¿Cómo reaccionaron?
-Una mitad se quedó callada, no aplaudió. No les entusiasmó la idea. Pero la otra mitad se acercó a mí, me abrazó y me dijo que sí, que hay que hacer eso. Así que la fraternidad de ilusionistas está dividida en dos, con una parte que cree que los médiums, adivinos y demás son magos como nosotros.
Pero no lo son.
-No, no lo son. Causan mucho dolor y problemas emocionales a quien cree en lo woo-woo. Los magos debemos luchar contra eso, y también tienen que hacerlo los medios. Pero los medios, generalmente, traicionan al público dando por hecho que no pasa nada por hablar acríticamente de estas cosas, ya que nadie cree realmente en ellas… ¡Sí, hay gente que cree en ellas!
Mucha.
-Sí, mucha, mucha gente necesita creer.
¿Por qué tanta gente necesita creer en el espiritismo, la telepatía, la astrología, los ovnis…?
-Por miedo. En mi opinión, la gente cree en lo paranormal por miedo. A la mayoría le da miedo la muerte. Yo no creo que haya nada que temer de la muerte. Es parte de la vida; es el cierre de la vida. Y, si has tenido una buena vida y estás contento con lo que dejas atrás, con tu familia y amigos, te sentirás muy satisfecho. Debes hacer todo lo posible por alcanzar ese objetivo. Es lo que intento, es mi elección y no la quiero imponer a nadie. Espero trabajar hasta el último momento y, cuando cierre los ojos por última vez, hacerlo con una sonrisa. A mucha gente le gusta creer en lo woo-woo porque, así, puede creer en la vida después de la muerte. Es lo que está en el fondo, la idea de que nunca morimos y de que viviremos eternamente en el Cielo, el Infierno o donde sea que vayamos.
Pero antes de nacer tampoco existíamos y eso no supone un problema.
-Sí. Es algo muy difícil de entender para alguien racional, pero nunca me río de quien cree en la vida después de la muerte. Nunca les calificaría de tontos. Trato de ser compasivo y comprenderles.
Hay quien cree en un dios y en la vida eterna porque le consuela, y no intenta imponer nada a nadie.
-Así es. Martin Gardner era teísta y un gran intelecto. No creía en el Cielo, el Infierno y todas esas cosas; pero encontraba consuelo creyendo en una fuerza superior y eterna que gobierna el Universo. Cuando hablábamos de ello, me decía mirándome a los ojos: «Randi, tú tienes muy buenos argumentos contra todas las majaderías y, en particular, contra la existencia de una deidad. No tengo ningún argumento para replicarte, pero he elegido creer porque me hace la vida más llevadera». Si mi querido viejo amigo Martin Gardner sentía consuelo con esa creencia, le aplaudo. Ni era estúpido ni ingenuo; sólo se sentía mejor. Estaba en su derecho.
El problema es cuando alguien intenta imponer sus creencias al resto, ¿no?
-Exacto. Ése es el problema.
¿Ha tenido alguna vez creencias sobrenaturales?
-Que yo recuerde, nunca he creído en nada woo-woo. Ni de niño. Es algo difícil de explicar para mí, porque fui un niño prodigio. No fui a la escuela. Obtuve un permiso especial y pude educarme por mi cuenta. No tuve ni tutores. Vivía entre el museo y la biblioteca pública de Toronto, siempre rodeado de libros y haciendo preguntas a gente mayor que yo. La escuela me aburría; me quedaba dormido en clase.
James Randi y D.J. Grothe, a la derecha, con los investigadores del Laboratorio de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto. Foto: Justin Weinstein.
Los científicos y los woo-woo
Cuando, en 1976, fundó con sus amigos Isaac Asimov, Carl Sagan, Martin Gardner, Ray Hyman y Paul Kurtz el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones Paranormales (CSICOP), ¿sospechaba que podía ser el germen de un movimiento racionalista mundial?
-Sí, lo sospechaba.
Así que, en el fondo, es vidente.
-Jajajaja… Sí, soy un woo-woo. En serio, ambicionaba que fuera así. De hecho, me ofrecieron la presidencia del CSICOP, pero la rechacé porque pensé que debía ocuparla un académico, y sugerí que eligiéramos a Paul Kurtz, un filósofo de renombre en Estados Unidos. Nunca aspiré a ese puesto.
¿Prefería estar en primera línea?
-Es lo que he intentado hacer. Cuando actuaba como mago, había espectadores que me decían que habían consultado a adivinos. Yo les intentaba explicar que no había nada prodigioso en lo que habían vivido, que todo eran trucos; pero estaban enfermos, necesitaban creer en lo sobrenatural. En aquella época, no me dedicaba profesionalmente a destapar fraudes. En un momento dado, decidí que, cuando cumpliera 60 años, me retiraría de los escenarios y me dedicaría a eso y a dar conferencias, que es por lo que he venido a Bilbao.
Su amigo Martin Gardner decía que «una de las mejores maneras de aprender algo sobre cualquier rama de la ciencia es descubrir en qué se equivocan sus chiflados». ¿Ha aprendido usted algo de la lucha contra la charlatanería?
-No. No me acuerdo dónde, Martin dijo una vez que yo sabía más de ciencia que cualquier científico que él conociera. La clave es que yo conozco los fundamentos básicos de la ciencia y no soy un especialista. Hay científicos que saben mucho de su campo, pero nada de otras ramas de la ciencia. Por eso, por ejemplo, pueden no saber nada de psicología y amplificar los efectos de los woo-woo.
En 1998 y por encargo de John Maddox, director de la revista Nature, visitó el laboratorio del inmunólogo francés Jacques Benveniste para comprobar si las pruebas experimentales que éste había encontrado sobre la memoria del agua, fundamental para que la homeopatía funcione, eran tales. ¿Qué hace un mago en un laboratorio?
-Cuando trabajas en un pequeño laboratorio financiado por el Gobierno y tienes el empleo garantizado, quieres hacer las cosas bien. Por eso, si tu jefe dice que tienes que encontrar algo, lo encuentras. Por supuesto. Repitieron todo lo que habían hecho delante de nosotros, del comité de expertos dirigido por John Maddox. Y vimos que no habían hecho el experimento en condiciones de doble ciego. Para explicarlo sencillamente, el doble ciego implica que nadie conectado con el ensayo, excepto quien codifica las muestras, sabe qué es cada una de ellas. No lo habían hecho…
Pero eso es ciencia básica.
-Sí. Ciencia básica. Repitieron el experimento como tenían que haberlo hecho desde el principio y las pruebas de la memoria del agua desaparecieron. Todo había sido un fallo de protocolo. En vez de ser simples observadores, los científicos habían interferido en el experimento y proyectado sus deseos en los resultados, que se esfumaron con el doble ciego. Estas cosas pasan.
Por cierto, ¿la homeopatía funciona?
-No. Por supuesto que no. Los homeópatas cogen una sustancia, puede ser un veneno muy potente, y mezclan una parte de ella con nueve de agua. Luego, agitan la mezcla; ellos llaman a ese proceso sucusión. Obtienen entonces una dilución de una parte en diez, 1DH. No usan eso. Cogen una parte de esa mezcla, la disuelven en nueve partes de agua y obtienen una dilución 2DH. Y siguen repitiendo el proceso, y el principio activo cada vez está más diluido, hasta que no queda ni una molécula. Si repites la operación veintitrés veces, la posibilidad de que haya en el preparado una molécula de la sustancia original es prácticamente cero, y la mayoría de los productos homeopáticos son diluciones superiores a 30DH. La homeopatía es nada.
Uri Geller y Peter Popoff
Randi sorprende con una lucidez y una rapidez de reflejos envidiables. Sigue siendo el mismo bromista que conocí hace veinte años, siempre dispuesto a reír y a hacer reír. Un tipo afable a más no poder. Lo opuesto a la imagen que dan de él los embaucadores. Los móviles se esfuman cuando está cerca para aparecer, milagrosamente, bajo una de sus axilas. Tras un día agotador, posa sonriente con sus anfitriones y se despide de ellos uno a uno antes de retirarse a su habitación para seguir trabajando en su autobiografía, que quiere publicar a finales de año y sumará a una producción literaria indispensable en la que destacan Flim-flam! Psychics, ESP, unicorns, and other delusions (Fraudes paranormales, 1982), The magic of Uri Geller (1982), The faith healers (1987), The mask of Nostradamus: the prophecies of the world’s most famous seer (1990) y An encyclopedia of claims, frauds, and hoaxes of the occult and supernatural (1995). Promete seguir en el tajo hasta el final.
¿Qué es lo que más le inquieta?
-Que en el siglo XXI haya gente que viva mentalmente en el XIV, que esté anclada en el pasado, que no tenga la mínima noción de cómo funcionan las cosas -la televisión, la electricidad…-, ni le interese; pero, al mismo tiempo, viva enganchada a lo woo-woo.
Demostró hace décadas que Uri Geller y el telepredicador Peter Popoff, que decía curar con el poder divino, eran sendos fraudes. Sin embargo, ellos siguen ganando mucho dinero engañando a la gente con los mismos trucos. ¿No le resulta frustrante?
-Sí. Uri Geller sólo sabe cuatro trucos de magia. ¡Cuatro trucos! Cualquier buen ilusionista conoce entre treinta y cuarenta que hace extraordinariamente bien. Geller, sólo cuatro y muy simples. ¡Cualquiera puede hacer lo que él hace! Pero sigue presentándolo como algo más que magia, como algo woo-woo.
Popoff, un sanador espiritual de quien descubrió que, en vez de Dios, era su mujer la que le chivaba por radio información sobre sus víctimas cuando actuaba en grandes teatros, sigue también viviendo de ello.
-Sí. Sólo cambió el nombre de su ministerio, pero sigue haciendo lo mismo, simulando curar a la gente con el poder divino. Le desenmascaré en el show de Johnny Carson, en la NBC, lo vieron por televisión millones de personas, lo reflejaron los principales periódicos y ahí sigue. Los woo-woo son como patos de goma: por mucho que los hundas, salen a flote.
Y médiums como John Edward y Anne Germain engañan a la gente diciendo obviedades que supuestamente les cuentan sus parientes desde el Más Allá.
-Los mensajes de los médiums son tan obviamente falsos… Los espíritus hablan como niños pequeños. Los médiums dicen cosas como: «Tu madre te quiere y te echa de menos». Nunca: «Tu madre dice que jamás te amó, que te odia». Y todos los muertos se comunican desde el Cielo; ninguno desde el Infierno. La gente no se para a pensar en ello porque no quiere aprender, quiere creer.
Y llora y sufre mientras el médium sonríe y hace caja. ¿No le parece un espectáculo obsceno, repugnante?
-Sí. Es repugnante. Nosotros grabamos secretamente a uno de esos médiums hablando en el camerino después del espectáculo y se reía de la gente a la que había engañado.
La escéptica Alicia Sainz colabora con James Randi en uno de los trucos que escenificó en Bilbao. Foto: Universidad de Deusto.
¿Quiere un millón?
¿Existe lo paranormal?
La Fundación Educativa James Randi ofrece, desde hace años, un millón de dólares a quien demuestre cualquier poder extraordinario en condiciones controladas. ¿Por qué, ahora mismo, no hay decenas de psíquicos a las puertas de este hotel para aspirar a ese premio? ¿Es que ninguno de ellos quiere un millón de dólares? Si son capaces realmente de hacer lo que dicen, no hay forma más fácil de ganar un millón. ¿Por qué ningún espiritista de los que hablan con los muertos en la tele está aquí? Si tú dices que tocas el violín y yo te ofrezco un millón de dólares si me lo demuestras, ¿qué haces?, ¿te niegas a tocarlo porque no estás interesado en ganar un millón de dólares? Cualquiera no interesado en ganar tan fácilmente un millón tiene un problema mental.
O gana mucho más simulando algo que no hace.
-Exactamente.
¿Cree James Randi en algo?
-Sí, creo en Sofía Loren. Es una bruja, un ángel o algo así. ¡Cómo puede ser tan bella a su edad! Hace unos años, me crucé con ella en Florida. ¡Es algo asombroso! ¡Es una bruja!
Imagine que yo creo en lo woo-woo, ¿podría usted convencerme de que tiene poderes extraordinarios, de que es capaz de leer la mente, hablar con los muertos, mover cosas a distancia, doblar cucharas mágicamente…?
-Sí, sí. Puedo crear la ilusión de todos esos efectos.
Usted suele decir que es un mentiroso, ¿por qué tengo que creerle?
-Porque soy un mentiroso profesional. Los ilusionistas, como los actores, mentimos para entretener. Cuando un actor sube al escenario, simula ser otra persona. Si interpreta a Hamlet, no quiere decir que se crea el príncipe de Dinamarca. Simplemente, está repitiendo las palabras que Shakespeare escribió.
Y un mentiroso profesional es el mejor para detectar a otro mentiroso, ¿verdad?
-Sí. No hay nada mejor que un ladrón para atrapar a otro ladrón.
¿Ha visto la película Luces rojas?
-No, no la he visto.
En Luces rojas, hay una escena calcada a su desenmascaramiento de Peter Popoff, pero yo no vi su nombre en los créditos. ¿Tuvo algún contacto con el director, Rodrigo Cortés, o alguien de su equipo?
-No, no lo tuve.
En esa película, Sigourney Weaver interpreta a una escéptica investigadora de lo paranormal, al estilo de James Randi, que sostiene que hay dos tipos de dotados, los que creen tener algún poder y los que creen que no van a detectar sus trucos.
-Creo que la mayoría de los profesionales, de los que ganan mucho dinero, empezó creyendo que tenían poderes. Con el tiempo, se dieron cuenta de que no es así, pero de que podían ganar mucho dinero simulándolos. Y el dinero se gana tan fácilmente… Pero están haciendo mucho daño a la gente. La hacen sufrir y, en algunos casos, sus víctimas son personas con problemas mentales que debían tratar profesionales.
Al margen de que sean unos desaprensivos, los médiums televisivos son muy inteligentes: explotan con gran habilidad el dolor humano.
-Sí, sí. Saben muy bien lo que hacen. Siempre suelo decir que no puedes tocar el violín por accidente. Tienes que aprender a tocarlo, tienes que estudiar, tienes que ser un profesional. Ellos son profesionales, en ese aspecto.
¿Se puede hacer algo para frenar la superstición?
-Mi buen amigo Carl Sagan y yo hicimos en su día una propuesta a la Universidad de Cornell para que pusiera en marcha un curso de pensamiento crítico. Carl murió y no sé qué pasó al final con la idea. El procedimiento del pensamiento crítico debe enseñarse a los niños en la escuela a una edad temprana. Los niños suelen preguntar: «¿Cómo sabes que eso es verdad?». Cuando no lo sabes, tienes que responderles que no lo sabes, pero que buscarás la respuesta con ellos. Hace falta más pensamiento crítico en la escuela.
Versión íntegra de la entrevista publicada originalmente en el suplemento Ciencia del diario El Correo.

El calendario maya más antiguo y la visita de James Randi a Bilbao, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes pasado en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de cómo el calendario maya más antiguo no acaba en 2012, sino que se proyecta en el futuro 7.000 años y de la visita de James Randi a Bilbao, en la trigésima tercera entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

¿Una casualidad o la demostración definitiva de que James Randi tiene poderes paranormales?

Montaje con Luis Alfonso Gámez con la barba de James Randi. Foto original: Luis Ángel Gómez. Montaje: J.I. Fernández.

Tras dos intensos días en Bilbao con James Randi y D.J. Grothe, presidente de la Fundación Educativa James Randi, lo que menos esperaba es llevarme una sorpresa después de habernos despedido. Fue hacia las 2 horas de la madrugada de ayer cuando algunos miembros del Círculo Escéptico acabábamos de brindar por lo bien que había salido todo, encuentros con amigos y simpatizantes, visita privada al Guggenheim y conferencia pública, incluidas. Entonces, consulté el correo electrónico en el móvil y leí un mensaje de Juan Ignacio Fernández, redactor jefe de fotografía de El Correo. Me enviaba una imagen -la que ven sobre estas líneas, que nos había hecho horas antes Luis Ángel Gómez- con el título de Twins. Di un respingo. ¡No me lo podía creer! Un par de horas antes, Randi me había dedicado otra foto -la que ven abajo- con la siguiente leyenda: «To Luis Gámez. To my Spanish twin!» (A Luis Gámez. ¡A mi gemelo español!). ¡Qué más quisiera yo que tener la mitad de la mitad… del ingenio, la inteligencia, la sabiduría y el sentido del humor de Randi!
Si fuera Enrique de Vicente, creería que Randi tiene poderes paranormales. Es la conclusión a la que llegó el director de Año Cero tras asistir, en Madrid hace más de veinte años, a una demostración de las habilidades del ilusionista estadounidense. Si no, ¿cómo se explicaría el doble twin de la foto dedicada y del montaje fotográfico? Aunque lo más lógico fuera atribuir poderes sobrenaturales a Randi, malpensando, también podía tenerlos mi compañero. Pero no soy Enrique de Vicente, ni estoy convencido, como él, de que, en la cúpula de los grupos que en realidad gobiernan el mundo, hay alienígenas y «otros tipos de criaturas incomprensibles, ultradimensionales». Así que, ante la coincidencia gemelar, me eché una sonora carcajada y conté la anécdota a mis amigos del Círculo Escéptico.
Por cierto, Juan Ignacio Fernández -quien se ha reído mucho cuando le he contado lo ocurrido- no conoce a Randi y la posibilidad de algún tipo de conchabamiento es, por consiguiente, altamente improbable. El mensaje de correo me lo mandó cuando el mago y yo estábamos en el escenario del Auditorio de la Universidad de Deusto, y Randi no tuvo acceso a mi móvil en ningún momento entre el envío del mensaje y el momento en que yo lo leí, aunque me había levantado el teléfono varias veces anteriormente. ¿Conclusión?: ¡una divertida casualidad! Aunque seguro que, si le hubiera pasado algo parecido a un mal llamado reportero del misterio, estaría grabándose en estos momentos un especial de Cuarto Milenio.

Foto dedicada de James Randi.