Extraterrestres

Roswell quiere abrir un parque temático extraterrestre

Roswell estudia la posibilidad de abrir un parque temático extraterrestre que aproveche del tirón de la localidad como centro de peregrinación de los aficionados a los platillos volantes, me contaba ayer Ricardo Manzanaro, responsable de Noticias de Ciencia-Ficción y destacado miembro de la Tertulia Literaria Fantástica de Bilbao (TerBi), que se celebra el primer viernes de cada mes en la capital vizcaína. La noticia salió publicada el 29 de diciembre en el Roswell Daily Record, el mismo periódico que hace sesenta años informó en su primera página de la caída de un platillo volante que, al final, resultó ser un globo espía para todo el mundo excepto para los ufólogos que lo resucitaron como negocio en 1980: Charles Berlitz y William Moore, en su libro El incidente. La recuperación del olvido del falso accidente ovni revitalizó durante unos años –fraudulenta autopsia del marciano, incluida- la popularidad de la ufología y otorgó a Roswell fama mundial.

Roswell acoge ya un museo dedicado a los ovnis.“Este proyecto ampliará enormemente las cosas que puedan hacer aquellos que visitan nuestra gran ciudad en busca de respuestas sobre los extraterrestres y los ovnis, y los impuestos y beneficios que generará una iniciativa de esta magnitud son tremendos”, ha dicho Zach Montgomery, director de planificación urbana de Roswell. El Centro Arrowhead de negocios de la Universidad del Estado de Nuevo México ha confirmado la viabilidad económica del proyecto y, ahora, los responsables locales van a pedir a la Secretaría de Turismo estatal que financie la siguiente fase de estudios, presupuestada en 250.000 dólares. “Este proyecto -explica Montgomery en la página de su área municipal– atraerá más turistas a Roswell y a nuestros negocios relacionados con los ovnis, y creará cientos de nuevos puestos de trabajo”.

El parque alienígena ocuparía entre 300.000 y 600.000 metros cuadrados, estaría dentro de los límites de la ciudad y ya hay cuatro grandes compañías interesadas en su construcción: Madame Tussauds, Paramount, Six Flags y Walt Disney World.

40 años de grises

Extraterrestre secuestrador de un episodio de 1996 de la serie de televisión 'Más allá del límite'.“Doctor, ¿cree de verdad que los Hill fueron abducidos y llevados a bordo de un platillo volante?”, preguntó en Boston un periodista de la revista Look al psiquiatra Benjamin Simon hace cuarenta años. “¡En absoluto!”, respondió el médico. Semanas después, llegaba a los quioscos el número de Look del 4 de octubre de 1966, que incluía el primero de dos reportajes sobre el secuestro de Betty y Barney Hill por seres de otro mundo, pero no recogía la demoledora sentencia del psiquiatra que había tratado al matrimonio entre enero y junio de 1964. Fue la primera abducción y fijó el guión a seguir por ese tipo de historias, al igual que sus extraterrestres están en el origen del modelo canónico de tripulante de un ovni.

El alienígena actual no es el hombrecillo verde sobre el que ironizaba Fredric Brown en su novela ¡Marciano, vete a casa! (1955), en la que los invasores son unos chismosos enanos verdes que sumen a la Humanidad en el caos porque lo ven, lo oyen y lo cuentan todo. Sigue siendo de baja estatura, pero ahora es de piel gris, cabezón y con grandes ojos negros almendrados, secuestra humanos para experimentar con ellos y tiene pactos secretos con quienes, en la sombra, gobiernan el mundo. Es físicamente el extraterrestre de Encuentros en la tercera fase (1977) y Expediente X (1993-2002), el que Steven Spielberg presentó como un ángel de la era tecnológica y Chris Carter hizo descender a los infiernos. Es el ser imaginado por un matrimonio estadounidense para explicar lo que sucedió una noche de septiembre de 1961.

Viaje interrumpido

Betty y Barney Hill, en los años 60.Betty y Barney Hill formaban un matrimonio mixto -él era negro y ella, blanca- en un país donde existía la segregación racial. Ella era asistente social y él trabajaba en el Servicio de Correos en Boston. Vivían en Porstmouth (New Hampshire) y, en su comunidad, eran conocidos activistas por los derechos civiles. El 19 de septiembre de 1961, regresaban a casa en coche después de haber pasado unos días en Canadá cuando vieron un ovni junto a la Luna, cerca de la cual también había una estrella. Parecía que les seguía y, por eso, detuvieron la marcha para, a pie de tierra, observarlo con prismáticos: Barney distinguió figuras humanoides a través de las ventanas de la nave. Reemprendieron viaje después de que el hombre volviera al automóvil asustado y diciendo: “¡Van a capturarnos!”. Llegaron a casa de madrugada. Él estaba convencido de que aquello era un avión; ella, de que era un platillo volante como el que había visto su hermana años antes.

En los días siguientes, la mujer telefoneó a la Base de la Fuerza Aérea de Pease para informar del avistamiento, compró y leyó varios libros sobre platillos volantes, y escribió al autor de uno de ellos, Donald E. Keyhoe, militar retirado y presidente del Comité Nacional para Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos (NICAP), para contarle su experiencia. Betty, que había empezado a tener pesadillas sobre el suceso, no hablaba en la carta de ningún secuestro, como tampoco lo hizo durante la entrevista que mantuvo el matrimonio con un ufólogo del NICAP en octubre de 1961. La abducción salió a relucir mucho después, en 1964, cuando los Hill fueron sometidos a tratamiento por el psiquiatra Benjamin Simon. El matrimonio narró entonces bajo hipnosis el secuestro por los tripulantes del platillo volante, con reconocimiento médico incluido, en una serie de sesiones, transcritas en el libro El viaje interrumpido (1966), de John G. Fuller.

Dibujo del jefe extraterrestre hecho por Barney bajo hipnosis el 22 de febrero de 1964.Los visitantes eran cabezones, tenían piel de color “gris azulado”, boca pequeña, dos orificios en el lugar de la nariz y grandes ojos que impresionaron a Barney. “Sentí como si esos ojos se metieran por los míos”, dijo al psiquiatra. Y dibujo al jefe de los alienígenas con gorra y bufanda. Es el primer retrato de un gris. Lo hizo a lápiz el 22 de febrero de 1964. El doctor Simon nunca creyó que los Hill hubieran sido secuestrados por extraterrestres. Para él, la historia se había cocinado en la mente de una Betty interesada por los ovnis y obsesionada por unas pesadillas que creía basadas en hechos reales y con las que bombardeó a Barney durante meses, hasta que las incorporó a su memoria como falsos recuerdos.

Salto a Hollywood

La publicación de los dos reportajes de Fuller en Look hizo de su libro un éxito de ventas; pero la ufología de la época no se tomó la historia en serio, aunque eso sorprenda hoy, cuando algunos expertos creen hasta en experimentos de hibridación entre humanos y alienígenas. El boom de las abducciones se produjo nueve años después. A mediados de los 70, la historia de los Hill llegó a millones de estadounidenses en forma de telefilme protagonizado por James Earl Jones, en el papel de Barney, y Estelle Parsons, como Betty. La NBC estrenó The ufo incident el 20 de octubre de 1975 en horario estelar y volvió a emitirlo el 9 de septiembre de 1976. A raíz de eso, los secuestros extraterrestres se multiplicaron. El ufólogo David Webb constató en 1978 que, en los treinta años precedentes, se habían registrado cincuenta abducciones -todas ellas, denunciadas después de la de los Hill- mientras que, sólo en los dos años que siguieron al estreno de la película, se dieron cien.

Uno de los alienígenas que secuestraron a James Earl Jones y Estelle Persons en 'The ufo incident'.

Los alienígenas de la NBC -que no eran un prodigio de maquillaje, precisamente- inspiraron a Travis Walton, un joven leñador de Arizona que en noviembre de 1975 aseguró haber sido secuestrado por humanoides similares a los que capturaron a los Hill. La historia de Walton fue un fraude que reportó a su protagonista y cómplices un montón de dinero gracias a los derechos de libros y de una película, Fire in the sky (1993), que todavía programan los canales temáticos. Los raptores del leñador eran ya los clásicos grises que, dos años después, protagonizaron con sus platillos volantes multicolores Encuentros en la tercera fase y llevaron entre abrazos a Roy Neary (Richard Dreyfuss) al interior de su gran nave.

Roy Neary, rodeado por los extraterrestres en 'Encuentros en la tercera fase'.El estereotipo fue imponiéndose a sus rivales -monstruos peludos, robots, lagartos gigantes…- y, en los años 90, su reinado entre los extraterrestres fue casi absoluto. A la entronización, contribuyó Expediente X, serie de televisión en la que Chris Carter explotó la credulidad y los temores de la sociedad estadounidense a través de una pareja de agentes del FBI, Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson), que investigaban sucesos paranormales. También puso su granito de arena en 1996 la falsa película de la autopsia de un alienígena cuya nave se había estrellado en Roswell (Nuevo México) en 1947: su principal valedor en España fue el ahora novelista Javier Sierra, para quien el transistor es un invento basado en tecnología de ese platillo estrellado. Los visitantes de Carter estaban en las antípodas de los de Spielberg, quien más recientemente se ha aproximado al fenómeno con Abducidos (2002), una serie de diez capítulos en la que los grises resultan omnipresentes. ¿Pero por qué estos alienígenas son como son?

Origen de ficción

La abducción alienígena es una actualización cultural del rapto por dioses, ángeles, demonios y hadas. El guión del secuestro por extraterrestres se fijó en 1930 en un cómic de Buck Rogers: captura e introducción en la nave, examen médico, conversación con el líder, visión de la Tierra desde el espacio y vuelta a casa. Un secuestro ovni típico puede contener todos esos componentes o dejar de lado alguno.

Los enanos verdes de Invaders from Mars protagonizaron en 1953 la primera abducción cinematográfica e introdujeron a una mujer una aguja por el ombligo durante un reconocimiento médico, como le sucedió años más tarde a Betty Hill. Los ojos almendrados que tanto impresionaron a su marido -“Nunca antes había visto unos ojos rasgados como ésos”- y que creía que le hablaban procedían de la televisión, según descubrió el estudioso del mito ovni Martin Kottmeyer. El 10 de febrero de 1964, doce días antes de que Barney citara por primera vez los ojos envolventes bajo hipnosis, unos extraterrestres con esos ojos protagonizaron ‘El escudo Bellero’, episodio de la serie The outer limits. ¿Y el ovni?

Aquella noche de septiembre de 1961 había dos luces junto a la Luna, Saturno y Júpiter, pero los Hill sólo recordaban haber visto el ovni y una estrella junto al satélite. El investigador Robert Sheaffer cree que el matrimonio tomó uno de los planetas por un platillo volante. El resto de la historia fue producto de la cultura popular, y los sueños y ansias de Betty por ver un ovni, como su hermana. Por eso nacieron los grises hace 40 años.

EXtraterrestre gris de un episodio de la séptima temporada de 'Stargate'.

Los secuestradores, en la ficción televisiva

Los grises secuestradores se mudaron hace tiempo de las páginas de los libros de ufología y las series dedicadas a lo paranormal -como Expediente X y Cielo negro– a las producciones de ciencia ficción como Babylon 5, Stargate, y Más allá del límite. Así, en el episodio de la primera titulado ‘El Grial’ (1994), un humano demanda judicialmente a un gris en la estación espacial Babylon 5 porque su bisabuelo fue abducido por el bisabuelo del extraterrestre.

Más recientemente, en ‘Equilibrio precario’ (2003), un episodio de la séptima temporada de Stargate, un científico de una especie alienígena aliada de la Humanidad -y que físicamente son grises- es capturado cuando secuestra humanos para experimentar con ellos e intentar salvar a su pueblo de la extinción. El extraterrestre responde al nombre de Loki, dios del fuego y los engaños de la mitología escandinava.

El mito ovni, que nació de la ciencia ficción, ahora alimenta ese género en la pequeña pantalla, como demuestra Matías Morey, presidente de la Fundación Anomalía, en un estudio publicado recientemente. El círculo se ha cerrado.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El creador de ‘Star trek’ trabajó para un grupo que decía mantener contacto telepático con seres de otros mundos

Gene Roddenberry, el creador de 'Star trek', al comienzo de su carrera televisiva. Foto: Paramount Pictures.Gene Roddenberry, creador del universo de Star trek, trabajó en los años 70 del siglo pasado para un grupo que decía mantener comunicación telepática con seres de otros mundos. Le contrataron para que escribiese un guión que preparase a la Humanidad para el inminente primer contacto. Lo cuenta David Sutton en el último número de la revista Fortean Times y es algo que seguro que llama la atención de los compañeros de Evadidos, quienes han publicado en los últimos días dos anotaciones sobre Star trek con motivo del cuadragésimo aniversario del inicio de la misión de la Enterprise de James T. Kirk y Spock, al que El Correo ha dedicado un recomendable dossier. Ya sé que no es ni el 28 de diciembre ni su equivalente anglosajón -el 1 de abril-, pero me he tenido que leer el reportaje de Fortean Times dos veces para creérmelo, además de, como es obvio, confirmar los hechos en otras fuentes; entre ellas, un artículo que escribieron hace años para la misma revista Lynn Picknett y Clive Prince, autores de El enigma de la sábana santa. La revelación de una verdad escandalosa (1994) y La revelación de los templarios (1997).

Es posible que muchos trekkies lo supieran, pero yo -que disfruto con las series de Roddenberry como el que más- me he enterado ahora de que estuvo liado profesionalmente nada más y nada menos que con el parapsicólogo estadounidense Andrija Puharich, mentor de Uri Geller, Peter Hurkos y el cirujano psíquico Zé Arigó, entre otros pícaros del mundillo paranormal. La historia parece sacada de una novela del Philip K. Dick más desquiciado. Resulta que en 1975, cuando la serie original era ya vieja -las aventuras espaciales de Kirk y Spock sólo sobrevivieron en pantalla tres temporadas por su baja audiencia-, un tal sir John Whitmore entró en contacto con Roddenberry, en representación de una organización denominada Laboratorio Nueve (Lab Nine, en inglés). Whitmore, piloto de carreras y adiestrador de ejecutivos -fue después autor de libros de autoayuda-, propuso al creador de Star trek que escribiese un guión televisivo que preparase al género humano para la llegada de los alienígenas a nuestro planeta, que tendría lugar en 1976. El Laboratorio Nueve, explica Sutton, era una organización heredera de la Fundación Tabla Redonda, creada por Puharich en 1948. El grupo se dedicaba a estudiar lo paranormal desde el lado crédulo y, a través de un médium indio llamado Vinod, había establecido contacto telepático en 1952 con unas entidades alienígenas que se identificaban como el Consejo de los Nueve o, simplemente, Los Nueve. Cuando Vinod volvió a su país, Puharich siguió en comunicación con Los Nueve a través de otros médiums, uno de los cuales fue Geller, a quien los misteriosos extraterrestres habrían dotado de sus poderes. Y, cuando el doblacucharas abandonó al parapsicólogo, éste se hizo con los servicios de otros intermediarios psíquicos.

El creador de Star trek tenía fama de desconfiar de las organizaciones religiosas y de ser un escéptico duro acerca de todo lo que rodeaba a los ovnis, aunque estaba convencido de la existencia de fenómenos paranormales como la telepatía, la psicoquinesis y la clarividencia. Inmerso en la resurrección de la serie para la Paramount y con problemas económicos, acabó aceptando una oferta de 25.000 dólares para redactar el guión que los contactados querían. La historia debía basarse en las experiencias del escritor con el Laboratorio Nueve y sus maestros alienígenas. Para ello, Roddenberry se sumergió en otoño de 1975 en el mundo del grupo, asistiendo a sesiones de doblamiento de cucharas y charlando con la médium Phyllis V. Schlemmer para conocer directamente las intenciones de Los Nueve. Así supo que los extraterrestres no querían sembrar el pánico con su llegada y que podrían paralizar a las personas en caso de que fueran a ser agredidos, algo parecido a lo que sucede en la película Ultimátum a la Tierra (1951).

Portada del número 215 de 'Fortean Times', que incluye el reportaje sobre Gene Roddenberry y el Laboratorio Nueve.Roddenberry acabó el primer borrador del guión en diciembre de 1975. El relato estaba protagonizado por Jim MacNorth, una especie de alter ego del escritor. La historia no acabó de gustar a los contactados, así que le pidieron que la reescribiera y le dieron otros 25.000 dólares. El creador de Star trek encargó la tarea a su asistente John Povill, cuyo trabajo tampoco agradó a Laboratorio Nueve. Poco después, el proyecto del telefilme se fue definitivamente al garete, según dice Sutton sin dar más detalles. Star trek resucitó en forma de películas de cine -la undécima, Star trek: el comienzo, llegará en 2008- y de series de televisión: Star trek: la nueva generación (1987-1994), Star trek: Espacio Profundo Nueve (1993-1999), Star trek: Voyager (1995-2001) y Star trek: Enterprise. Al Laboratorio Nueve no le fue tan bien: los extraterrestres no llegaron con sus naves en 1976, ni en 1977, ni en 1978, ni…

‘¡Vaya Timo!’: tres libros escépticos y dos decepciones

El mito de los ovnis está en coma y al borde de la muerte desde hace lustros. Los extraterrestres ya han hecho todo lo que podían hacer: desde sobrevolar ciudades y asustar a campesinos solitarios hasta participar en complots y experimentar con humanos. No queda sitio para la sorpresa. Por eso, totalmente agotado, hace tiempo que el mito no tiene apenas hueco en las estanterías de librerías y grandes almacenes. De ahí que cuando el escéptico catalán Juan Soler me regaló hace unas semanas los tres primeros libros de una nueva colección de la Editorial Laetoli, dejara para el final Los ovnis ¡vaya timo!, obra de Ricardo Campo. Me interesaba a priori más los otros dos: lo que Ernesto Carmena contara en El creacionismo ¡vaya timo! y Félix Ares, en La sábana santa ¡vaya timo! La lectura de los tres ensayos inaugurales de la colección ¡Vaya timo! ha puesto en evidencia lo erróneo de mi apriorística opinión: por diferentes razones, tanto la obra de Carmena como la de Ares resultan fallidas, y es la de Campo la única que realmente responde a lo anunciado por el editor.

'El creacionismo ¡vaya timo!', de Ernesto Carmena.El creacionismo ¡vaya timo! es decepcionante no por su contenido, sino por su forma. Es una lástima que el biólogo Ernesto Carmena haya desperdiciado la oportunidad de poner al alcance de mucha gente una crítica razonada del creacionismo. Porque este libro es un alegato en el que los buenos argumentos -que los hay, y muy buenos- quedan sepultados bajo el insulto y el desprecio continuado que muestra el autor hacia sus destinatarios. No entiendo que una obra lleve el subtítulo de Carta a un crédulo y esté salpicada de insultos a ese crédulo. El discurso de Carmena remonta el vuelo, y tiene momentos brillantes, cuando deja de lado el lenguaje tabernario o de discusión característico de los grupos de noticias de Internet, pero se desploma durante gran parte del ensayo porque el autor escribe desde la superioridad y califica a los creyentes creacionistas, entre otras lindezas, de “palurdos”, “zoquetes”, “merluzos”, “zoquetes ignorantes”, “cenutrios”, “IDiots” y “listillos”.

Llamarle a alguien palurdo y merluzo no es la mejor manera de atraerlo hacia el bando de uno. Lo más triste es que Carmena sabe que ese discurso abiertamente hostil y despectivo no lleva a ninguna parte. Así, cuando habla de Duane Gish, un creacionista acostumbrado a los debates públicos, el autor dice: “Gish es un vendedor nato. El tipo sube al estrado seguro de sí mismo, sonríe, habla relajadamente y hace simpáticos chistes a costa de su rival (sólo los justos: la humillación resulta contraproducente)”. Entonces, ¿por qué recurre él a la humillación como estrategia? Ese grave error hiere a mi juicio de muerte la obra y, a ojos de algunos lectores, convertirá a los creacionistas en unos tipos simpáticos víctimas de un escéptico faltón. Estos nuevos libros escépticos tienen como público objetivo “ese crédulo que llevamos dentro”, según Javier Armentia, director de la colección ¡Vaya Timo! La duda que me queda tras leer el trabajo de Carmena es si el autor ha entendido que lo que se pretende con la colección es que ese crédulo dé el salto a razonar y no el salto al cuello del autor que corresponda.

Una obra desfasada

'La sábana santa ¡vaya timo!', de Félix Ares.Tampoco el libro de Félix Ares, ex director del museo de la ciencia de San Sebastián, responde a mis expectativas. Como en el caso anterior, me había hecho a la idea de que iba a encontrarme con una obra sobre el sudario de Turín imprescindible en la biblioteca de alguien interesado por el tema. No es así. Casi todo en La sábana santa ¡vaya timo! es viejo, sabido. Lo que, por ejemplo, se cuenta respecto al análisis del carbono 14 y los polénes de Max Frei ya lo explicaron hace tiempo muy bien Lynn Picknett y Clive Prince en El enigma de la sábana santa (1994). Eso no sería un factor en contra del libro, si no fuera porque pasa por alto inexplicablemente algunos de los más recientes hallazgos en torno al sudario de Turín y la fiebre novelesca que rodea a la reliquia, que ha dado lugar a grandes éxitos de ventas como La hermandad de la sábana santa (2004), de Julia Navarro. No busquen en la obra de Ares explicaciones al descubrimiento en la tela de una segunda cara por parte de Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, ni a la afirmación de Ray Rogers de que las muestras analizadas por el radiocarbono no eran representativas de la reliquia –desmontada por Joe Nickell-; ni siquiera a la idea de que Leonardo fabricó el sudario de Turín.

La mayor parte de La sábana santa ¡vaya timo! fue redactada hace más de un decenio y hay fragmentos que se remontan a la segunda mitad de los años 80, cuando Ares, Jesús Martínez y quien esto escribe perpetramos un manuscrito, titulado El fraude lo paranormal, al que el tiempo ha hecho justicia sumiéndolo en el olvido. Aquel libro contenía información interesante, pero, entre otros defectos, la redacción y el enfoque dejaban bastante que desear. En 1995, Ares firmó con el pseudónimo de Dr. Fabián Respighi una obra corta titulada La sábana santa para torpes, escrita por un torpe, deudora en gran parte de la anterior y que distribuyó gratis. Lo que ha publicado ahora Laetoli es poco más que una revisión de ambos textos, con capítulos enteros copiados de ellos. Y eso es un lastre para La sábana santa ¡vaya timo! porque ninguno de los dos trabajos anteriores tenía la suficiente entidad como para convertirse en libro y hace tiempo se habían quedado anticuados. Ares podía haber aprovechado la información útil contenida en El fraude lo paranormal y La sábana santa para torpes… para emprender la redacción de una obra desde el folio en blanco -libre de ataduras- y prestar una mayor atención a las noticias ocurridas en los últimos años. No lo ha hecho y, de ahí, mi decepción. Echo en falta todo eso, fotografías de la reliquia que faciliten la lectura y la comprensión de lo que el autor explica y también una referencia en las recomendaciones bibliográficas: la de Inquest on the shroud of Turin (1983), de Joe Nickell, el mejor libro sobre este enigma.

Viaje a Ovnilandia

'Los ovnis ¡vaya timo!', de Ricardo Carmpo.El mejor de los tres primeros títulos de la colección ¡Vaya Timo! es el que menos me esperaba, el dedicado al mito de los platillos volantes. Mi desconfianza no era hacia el autor, de cuyo carácter concienzudo a la hora de redactar y examinar un original puedo dar fe, sino hacia la posibilidad de leer algo que aportara alguna novedad respecto al fenómeno ovni. Campo ha conseguido lo segundo. Ha escrito un texto intelectualmente sólido que no se entretiene innecesariamente en el recorrido habitual por la casuística, sino que rasca en los pilares del mito y le enseña al lector que son de barro. Filósofo interesado en los platillos volantes desde hace casi veinte años, ha concebido su trabajo como una carta a su hijo después de haber detectado, entre sus lecturas, “revistas sobre asuntos extraños, misteriosos, enigmáticos“. Es una misiva escrita desde la tranquilidad y con una capacidad pedagógica enviadiable, en la que el autor hace una magnífica disección de todos los actores que intervienen en el hecho ufológico.

Un buen amigo me ha dicho que echa en falta en el libro de Campo la casuística clásica. Es cierto. Si usted busca el típico libro que comience con la observación de Kenneth Arnold en junio de 1947 y acabe con los ovnis de México de hace un año, no es ésta la obra que quiere. En Los ovnis ¡vaya timo!, los casos son los ejemplos utilizados por el autor para ilustrar usos, abusos, costumbres y vicios de Ovnilandia. No es la única obra que puede escribirse sobre el mito -el propio Campo tiene otra: Luces en los cielos-, pero ofrece las claves para entender una creencia que ha sido para algunos un gran negocio: habla del secreto oficial, de las alertas ovni, de la falacia del residuo, de la lógica que manejan los ufólogos de feria, de sus trampas… Y, cuando la acaba de leer, uno concluye que realmente ha merecido la pena hacerlo.

Los libros de ¡Vaya Timo! son baratos -cuestan 10 euros cada uno-, con buena encuadernación y diseño, y portadas atractivas. Si leen el dedicado a los ovnis, les aseguro que no les defraudará. Sobre el centrado en el creacionismo, la abundancia de insultos resulta molesta y me lleva a compartir el juicio formulado en El blog de evolutionibus: “Éste era un libro necesario en español en nuestras librerías, pero no creo que sea el que todos esperábamos”. Y el de la sábana santa es un ensayo viejo que se deja demasiadas cosas en el tintero, además de que en el apartado histórico es conveniente tener en cuenta las puntualizaciones del historiador José Luis Calvo. Mi recomendación personal es que los lean y lleguen a sus propias conclusiones, que es lo que siempre hay que intentar hacer. Además, si compran estos títulos estarán contribuyendo económicamente al sostenimiento del movimiento escéptico, porque la colección está editada por Laetoli en colaboración con ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, entidad a la que en las portadas y dentro de estos libros se le ha caído el ARP del nombre. ¡Y eso sí que es un misterio! ¿O no?


Los libros

Carmena, Ernesto [2006]: El creacionismo ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. “¡Vaya Timo!”, Nº 1). Pamplona. 152 páginas.

Campo, Ricardo [2006]: Los ovnis ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. “¡Vaya Timo!”, Nº 2). Pamplona. 135 páginas.

Ares, Félix [2006]: La sábana santa ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. “¡Vaya Timo!”, Nº 3). Pamplona. 135 páginas.

La esencia del fenómeno ovni

Montaje de un platillo volante en Sevilla, incluido en 'Proyecto Ovni'.

La ufología se basa en testimonios. Por esa razón, uno de sus dogmas de fe es el de la sacrosanta veracidad del testigo. Hay pocas cosas que molesten tanto a los ufólogos como la duda acerca de la verosimilitud del relato de quien ha visto un platillo volante o entablado conversación con un extraterrestre. La reacción del investigador es siempre la misma: acusar al crítico de insultar y menospreciar al testigo, convertirlo en el enemigo del creyente por dudar de que los hechos sucedieran tal como han sido relatados (mejor dicho, tal como dice el ufólogo que han sido relatados). La verdad es que somos muy poco fiables como testigos y ya no les cuento si las circunstancias son extraordinarias, es de noche, estamos nerviosos o tensos, creeemos que estamos presenciando algo inusual… Ante todo testimonio extraño, lo primero que deberíamos preguntarnos es si las cosas ocurrieron como nos las cuentan o como creemos recordarlas. Esta variable es, sin embargo, sistemáticamente ignorada por quienes viven del tráfico de falsos misterios, unos individuos que limitan su actividad a recoger testimonios con los que luego comerciar.

Me he acordado de esta peculiaridad del mito de los platillos volantes después de ver Proyecto ovni: verdades y mentiras del fenómeno ovni en Andalucía, documental de Sami Natsheh que amablemente me ha enviado la productora Áralan Films. Preestrenado el 4 de junio en Sevilla y de 19 minutos de duración, el filme es un increíble y divertido recorrido por algunos casos ovni registrados en Andalucía. Increíble porque la mayoría de los sucesos lo son, aunque, si siguiéramos la máxima ufológica, tendríamos que creerlos a pies juntillas. ¿Ustedes conceden alguna verosimilitud a que en los años 70 entidades alienígenas entraran en contacto telepático a traves de la ouija con un grupo de aficionados a los ovnis y concertaran una cita con ellos en Canarias? Yo no. Me lo cuente quien me lo cuente.

Natsheh y su equipo han reunido un buen número de testimonios y, conscientes de que éstos son la materia prima de la ufología, juegan con ellos y con el espectador. No sé si Proyecto ovni será emitido por alguna cadena de televisión; pero es un producto que merece la pena. Sus autores han sabido captar, con humor e inteligencia, la esencia de la ufología. “El 95% de los testimonios son reales. El resto no”, advierten al final del documental. Un aviso que deja en manos del espectador decidir qué testimonios corresponden a gente que cree haber visto ovni y cuáles no. Esa incertidumbre se da en todos los libros, artículos y documentales sobre el fenómeno ovni. El receptor del mensaje ufológico nunca sabe dónde están en cada caso el límite entre la realidad y la fantasía del testigo y del investigador correspondiente. Porque en la ufología, después de casi sesenta años, no hay otra cosa nada más que testimonios: ni fotos ni filmaciones de portentosas naves, ni restos de ovnis accidentados, ni muestras de ADN alienígena… Nada más. Sólo palabras.