Criptozoología

¡Cuidado, mujeres!: el Bigfoot de Florida busca pareja y siente debilidad por la ropa interior femenina

Supuesta foto del mono mofeta.Cuando he leído un titular que dice que el Bigfoot de Florida está en plena temporada de apareamiento, he creído que era una broma; pero no. Hay quienes se lo creen o quieren hacérselo creer a los demás. Uno de ellos es Dave Shealy, un criptozoólogo que afirma que esta época del año es la mejor para ver al homínido de Florida porque es cuando tiene lugar el cortejo. Al peludo ser se le conoce, justificadamente, como mono mofeta. Y es que, algo más pequeño que el Bigfoot tradicional -que dicen que mide entre 2 y 3 metros-, apesta: huele a huevos podridos. Jack Shealy, que está en la misma onda que su hermano, sospecha que el nauseabundo olor se debe a que se esconde en las madrigueras de los cocodrilos, donde hay cuerpos en descomposición. Así que no parece muy recomendable toparse con el bicho.

Dave Shealey asegura que sólo hay entre siete y nueve ejemplares de la especie en los Everglades, y recomienda prudencia, sobre todo, a las mujeres. Advierte que el mono mofeta se siente atraído por el olor de la menstruación y también por la ropa interior femenina usada. Supongo, claro, que se refiere al macho. De los hábitos de la hembra, ni mu. Por fortuna, no hay constancia de ningún ataque a humanos, como no podía ser de otro modo en una criatura de cuya existencia hay menos pruebas todavía que de la de Nessie y el Yeti. Los Shealy -se me olvidaba- son los responsables de un centro de investigación del mono mofeta que tiene su cuartel en Ochopee, en los Everglades, donde venden parafernalia relacionada con el monstruo: gorras, tazas, imanes… Lo mismo que en Fátima y Lourdes, pero sin milagros.

El día que Nessie salió en ‘Nature’

Primera página del artículo de 'Nature' de diciembre de 1975 en el que se bautiza al monstruo del lago Ness.El monstruo del lago Ness fue bautizado en Nature el 11 de diciembre de 1975 (Vol. 258), en un artículo firmado por el naturalista sir Peter Scott y el abogado estadounidense Robert Rines. Los autores reconocían que la existencia de la criatura no estaba demostrada y, sin embargo, proponían que recibiera el nombre científico de Nessiteras rhombopteryx (El monstruo de Ness con aleta en forma de diamante), como único representante de su género y especie. Se basaban para darle esa denominación en dos fotografías tomadas en el lago por una cámara subacuática el 8 de agosto de 1972 en las que se veía una especie de aleta de 2 metros de longitud con forma de diamante.

Scott y Rines admitían que “resulta claramente insatisfactorio, desde el punto de vista zoológico, basar un nombre en fotografías en vez de en restos de un animal o en alguna parte de él. Esto significa que, por el momento, no hay holotipo o especimen tipo. Pero el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica permite la descripción a partir de una ilustración, y el procedimiento parece justificado por la urgencia de las medidas de conservación”. La razón última del apresurado bautizo era que en agosto el Parlamento había dado luz verde a la Ley de conservación de criaturas y plantas salvajes, y ellos querían que Nessie gozara de protección, pero, “para ser incluido -explicaban en Nature-, un animal debe tener un nombre común y otro científico”. Scott y Rines le daban el segundo en su artículo “Naming the Loch Ness monster“.

Los autores, que se remontaban históricamente a la visión del monstruo por parte de san Columba en 565, argumentaban que Nessie debía medir entre 15 y 20 metros de largo, con un cuello de 3 ó 4 metros coronado por “una pequeña cabeza que podría incluir protuberancias con la apariencia de cuernos”. Calculaban que podía haber en el lago una comunidad de unos 30 monstruos cuyos antepasados habrían quedado aislados allí tras el último deshielo global, hace unos 12.000 años. No entraban a explicar cómo era posible no sólo que una población de monstruos de ese tamaño sobreviviera en un entorno pobre en recursos, sino que además nunca se hubieran encontrado restos de ejemplares muertos por el simple paso del tiempo.

Boceto de la apariencia de un par de 'Nessiteras rhombopteryx' publicado en 'Nature'.Además de las fotos de la aleta con forma de diamante -que luego se demostró que habían sido retocadas por personal a cargo de Rines- y otra igualmente dudosa tomada en 1975, los autores aportaban dos bocetos de la apariencia de Nessie, uno de los cuales reproduzco aquí. Dos días antes de la aparición del monstruo en las páginas de Nature, el secretario de Estado para Escocia respondió por escrito en el Parlamento británico a una pregunta del político conservador escocés Hector Monro sobre las leyes existentes “para la protección de la fauna silvestre, incluyendo los grandes reptiles, en el lago Ness”. William Ross explicó que la legislación vigente “podría utilizarse para proteger la vida silvestre, incluyendo los grandes reptiles, en el lago Ness, una vez demostrado que era necesaria una protección especial”. Un mes y medio después, el 28 de enero de 1976, el también conservador David James preguntaba a Ross de qué poderes gozaba “para proteger a Nessiteras rhombopteryx, y el secretario de Estado respondía que podía incluir a cualquier animal salvaje en la lista de protegidos y que existía “el personal profesional adecuado para evaluar la validez de las pruebas sobre la existencia de la criatura”. Una existencia que nunca se ha demostrado, pero que no impidió a Nessie hace 35 años saltar de su lago escocés a una de las más prestigiosas revistas científicas, y de ésta al debate parlamentario.

La primera inscripción bíblica y la muerte de Nessie, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 13 de enero en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la primera inscripción bíblica y la muerte de Nessie, en la duodécima entrega del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

En las Tierras Altas escocesas temen que se corra la voz de que el monstruo del lago Ness ha muerto

En las Tierras Altas escocesas temen que se corra la voz de que el monstruo del lago Ness ha muerto. Se calcula que los turistas que cada año viajan a la región con la esperanza de verlo gastan en la aventura 6,6 millones de euros. Un dinero que podría acabar en otro destino a consecuencia de la caída de avistamientos de Nessie registrada en los últimos años. Y los lugareños lo saben. “Si la gente comienza a creerlo (que la criatura ha muerto), podría afectar el número de turistas. Se crea o no en Nessie, el monstruo del lago Ness es uno de los más importantes atractivos turísticos que tenemos”, declaraba anteayer Gary Campbell, presidente del Club de Fans del Monstruo del Lago Ness.

Campbell lleva repitiendo la cantinela más de dos años. “Nessie y sus crías están bien”, sentenciaba en otoño de 2007 cuando la tendencia a la baja de las apariciones de la criatura empezaba a inquietar en la región. Cómo sabe que el monstruo tiene familia es algo que nunca ha explicado. Aquel año había sido visto sólo dos veces y el anterior, tres. El Club de Fans del Monstruo del Lago Ness no ha actualizado la lista de observaciones desde 2005, cuando hubo cuatro. El último buen año para los buscadores de Nessie fue 2000, con una docena de avistamientos de los más de 4.000 que dicen que ha habido desde principios de los años 30 del siglo pasado, tras abrirse al tráfico una carretera alrededor del lago.

La famosa, y fraudulenta, foto de Nessie de 1934.En los últimos ochenta años, las pruebas a favor de la existencia del monstruo se han limitado a fotos y filmaciones borrosas, cuando no evidentes fraudes. Así, la más famosa de las imágenes, tomada en 1934 y en la que se ve un largo cuello emerger del agua, resultó ser un montaje de una figura sobre una madera y la tomada en 1972 por Robert Rines, que sirvió para bautizar a Nessie como Nessiteras rhombopteryx (El monstruo de Ness con aleta en forma de diamante), correspondía posiblemente, antes de los pertinentes retoques fotográficos, a un grupo de burbujas de aire y una aleta de algún pez o algún tipo de vegetación.

Como en el lago nunca se han encontrado restos de ningún monstruo muerto ni hay la suficiente biomasa para mantener a una población sostenible de bichos de entre 10 y 20 toneladas -tamaño calculado para la criatura-, sólo cabe pensar que estamos ante un animal de longevidad matusalénica. Porque a Nessie se le presenta habitualmente como un superviviente de tiempos de los dinosaurios, lo que tampoco podría ser porque el lago Ness pasó un largo tiempo congelado hasta hace unos 12.000 años. Entonces, ¿qué queda? El mito sustentado por gente que, como Campbell, quiere creer y por otra que ve en él una forma de ganarse la vida.

Al igual que los ufólogos necesitan de avistamientos de ovnis, los creyentes y vividores de Nessie necesitan que asome la cabeza o el lomo por encima del agua de vez en cuando. En este caso, además, la desaparición del monstruo puede afectar seriamente a la economía local, así que es comprensible que Campbell y otros se vuelquen en intentar mantener la leyenda viva. El último avistamiento digno de crédito para los nessiologos ocurrió en junio, después de un año de retiro total del monstruo. Campbell apunta que hay gente que ve a Nessie, pero no lo reconoce públicamente por miedo a ser ridiculizada. Una bonita explicación ad hoc que pasa por alto que en nuestra sociedad abunda la gente capaz de hacer el ridículo por unos segundos de gloria televisiva y que bastaría una simple foto de la criatura para hacernos callar a quienes sostenemos que lo del monstruo del lago Ness es un cuento.

Un millón de dólares por una foto del bigfoot

El Museo del Bigfoot de Silverton (Colorado, Estados Unidos), que abrió sus puertas el 1 de mayo, ofrece un millón de dólares a quien consiga una imagen del hombre mono americano en una caza fotográfica del monstruo que se celebrará del 10 al 14 de julio del año que viene en Colorado. “La región de Silverton tiene una rica historia de avistamientos del bigfoot durante casi 200 años”, explican en la web. Los organizadores destacan que la zona ha sido escenario de casi una decena de observaciones “documentadas” en los últimos diez años y creen que las cercanas montañas de san Juan podrían mantener a una población estable de estos homínidos de cuya existencia real no hay ninguna prueba. El número de participantes se limita a 400 cazadores, cada uno de los cuales tendrá que pagar para inscribirse 250 dólares. Los acompañantes que deseen acudir a la romería de buscadores de monstruos -que durará 96 horas con sus comidas, cenas y bailes- deberán abonar 75 dólares por cabeza.

Los promotores del concurso aseguran que recompensarán con un millón de dólares -pagaderos en veinte años, a razón de 50.000 por ejercicio- a quien obtenga una foto del bigfoot que sea autentificada por los miembros de un jurado que incluirá zoólogo y fotógrafos, entre otros expertos, y dejan bien claro que el homínido tiene que estar vivo cuando le saquen la foto. (¡Como si alguien hubiera alguna vez fotografiado un bigfoot muerto!) Sumen al precio de las entradas -¡un buen pellizco!- lo que el museo ingrese por la venta de recuerdos y verán que el negocio puede ser redondo si pican los suficientes chiflados, porque ese millón de dólares está más seguro en esta apuesta que en una caja fuerte de un banco. Eso sí, los organziadores ofrecerán como consolación premios, sin cuantificar, a las mejores pruebas de la existencia del bigfoot -pelos, huellas…- e imágenes de animales salvajes. No me hace falta consultar la bola de crital para predecir que el premio principal quedará desierto y que los otros se darán a restos que nunca superarán un análisis científico.