El pueblo más marciano

«Bienvenidos a Roswell. Actualmente no es famoso por nada». Así reza el cartel gracias al que se enteran de dónde están los extraterrestres de la nave Júpiter 42 al estrellarse en julio de 1947 en el desierto de Nuevo México, en la irreverente serie de animación para adultos Tropiezos estelares. Sesenta años después, es mucha la gente que ha oído hablar de Roswell y recientemente hemos sabido que hasta Indiana Jones, el aventurero por antonomasia, participó en el examen de los restos de lo que cayó allí.
Roswell tiene hoy unos 49.000 habitantes, casi el doble que el 8 de julio de 1947. Aquel día, el diario local dio en su portada la noticia de la recuperación de un platillo volante en un rancho de la región por parte de los militares. Dos semanas antes, Kenneth Arnold, un hombre de negocios que pilotaba su avioneta, había visto sobre las montañas Cascada nueve objetos extraños que «volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua». Tenían forma de bumerán; pero el periodista que cubrió la historia confundió la forma de los objetos con la del vuelo y los bautizó como platillos volantes. La denominación hizo fortuna y pronto las observaciones de discos se multiplicaron por Estados Unidos.
30 años de silencio
Primera página del 'Roswell Daily Record' del 8 de julio de 1947.
La noticia del ovni estrellado que dio el Roswell Daily Record se basaba en un comunicado de prensa dictado por el teniente Walter Haut. «Los muchos rumores sobre platillos volantes se hicieron realidad ayer cuando la oficina de Inteligencia del Grupo de Bombarderos 509 de la Octava Fuera Aérea, Aeródromo del Ejército de Roswell (RAAF), tuvo la suerte de obtener un disco gracias a la cooperación de uno de los granjeros locales y de la oficina del sheriff del condado de Chávez», dijo Haut. Según el periódico, el objeto había sido visto antes de estrellarse por Dan Willmot y su esposa. Él, «uno de los más respetados y fiables» vecinos de Roswell, había calculado que tenía unos 7 metros de diámetro, volaba a 500 metros de altura e iba a entre 600 y 800 kilómetros por hora. Tenía forma de dos platos unidos por su parte cóncava y desapareció detrás de una colina.
Los militares rectificaron al día siguiente. Dijeron que lo recuperado no era un platillo volante, sino piezas de un globo meteorológico, y mostraron a la Prensa los trozos de madera de balsa y papel de aluminio encontrados por el ranchero Marc Brazel, materiales que en principio parecen poco apropiados para una nave interplanetaria. El caso del platillo volante estrellado en Roswell se hizo añicos, y los ufólogos olvidaron la historia durante décadas. Hasta que Charles Berlitz y William Moore la resucitaron en 1980 con su libro El incidente. El ufólogo Leo Stringfield había publicado una serie de artículos sobre accidentes de ovnis y autopsias a alienígenas en la Flying Saucer Review un año antes; pero es a Berlitz, autor de El triángulo de las Bermudas (1974), a quien Roswell debe su fama.
Él y Moore dieron con nuevos testigos -y con viejos que contaban cosas que habían callado durante décadas- de un suceso que ya no se limitaba al hallazgo de restos de una nave de otro mundo: resultaba que los militares habían rescatado los cuerpos de los pequeños tripulantes del platillo. Fue sólo el principio. Otros ufólogos volvieron la mirada a Roswell y salieron de debajo de las piedras vecinos que se habían visto involucrados en el incidente y conservaban recuerdos extraordinariamente vívidos. Desde 1990, no hay año sin un nuevo libro sobre el caso que incluya sorprendentes revelaciones. A estas alturas, son tantas las versiones de los hechos que no existe consenso sobre el día de autos -va desde el 14 de junio hasta el 4 de julio- y media docena de lugares compiten por ser el del tortazo.
Bombas y espías
Roswell es una Disneylandia paranormal cuyo Mickey es un extraterrestre cabezón de grandes ojos almendrados. Cuenta desde 1992 con un Centro de Investigación y Museo Internacional Ovni que ha recibido más de 2,5 millones de visitantes. Uno de sus fundadores es Glenn Dennis, joven trabajador de la funeraria local en 1947. Tras cuarenta años de silencio, en 1989 se descolgó con que en su día recibió una llamada telefónica de la base militar preguntándole cuál era el ataúd más pequeño que tenía y sobre técnicas de embalsamamiento. Dennis ha presentado las mismas pruebas de sus afirmaciones que los demás testigos resucitados por Berlitz, Moore y otros ufólogos: ninguna.
Dos 'extraterrestres' posan en una calle de Roswell. Foto: AP.Desde 1996, Roswell celebra a principios de julio un Festival Ovni en el que conviven ufólogos y turistas disfrazados de extraterrestres. Es otro mundo en el que no importa que nadie se creyera la historia de la nave espacial estrellada cuando ocurrió. Ni siquiera se la tragó Raymond Palmer, un editor de ciencia ficción que fue el primero en explotar en los años 30 el potencial mediático de las creencias paranormales. Es otro mundo en el que los militares han guardado un secreto durante casi cincuenta años; aunque no el que creen los aficionados a los platillos volantes.
Porque la de Roswell no era a finales de los años 40 una base militar cualquiera. Allí estaba estacionado el primer escuadrón atómico del mundo, el Grupo de Bombarderos 509. Y lo que cayó en las cercanías en 1947 no fue un globo meteorológico, ni tampoco una nave de otro mundo. Se trató, según la información desclasificada en 1994 por la Fuerza Aérea, del globo número 4 del proyecto ultrasecreto Mogul, lanzado el 4 de junio desde Alamogordo, a 150 kilómetros de Roswell. El objetivo del ingenio estratosférico era detectar las ondas sonoras provocadas por las esperadas pruebas nucleares soviéticas: EE UU quería saber cuándo la URSS se hacía con la bomba atómica, algo que ocurrió el 29 de agosto de 1949 con la detonación de Joe 1. Los restos recuperados por Marc Brazel en su rancho eran los de un globo espía.

El libro

Roswell. Inconvenient facts and the will to believe (2001): Karl T. Pflock estaba convencido de que hemos sido visitados por extraterrestres; pero en este libro desmonta el caso Roswell.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El Indiana más paranormal

Irina Spalko intenta leer la mente de Indiana Jones.

La última aventura de Indiana Jones arranca donde acabó la búsqueda del Arca perdida, en un almacén lleno de cajas. Estamos en 1957 en Nevada, en la base secreta conocida como Área 51. Según la subcultura ufológica, Estados Unidos esconde en esas instalaciones los restos de los alienígenas que en julio de 1947 se estrellaron con su nave en Roswell, Nuevo México. Hacerse con uno de los cuerpos es el objetivo de la agente soviética Irina Spalko, quien a las puertas del hangar -en cuyo interior está pintado un revelador 51, por si hubiera dudas- intenta leer la mente al héroe, que se ríe de sus facultades sobrenaturales.
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, que se estrena hoy, trasplanta al universo del arqueólogo del látigo la fantasía en la que viven quienes creen en las visitas extraterrestres y los poderes paranormales. No sólo el Arca de la Alianza -que volvemos a ver fugazmente dentro una caja medio rota en el Área 51- es un arma de destrucción masiva, sino que, además, seres de otros mundos enseñaron a nuestros antepasados desde la agricultura hasta la construcción de pirámides, la telepatía existe y en Roswell cayó un platillo volante.
Cráneos de cristal
Indiana Jones, en el hangar del Área 51.La acción gira alrededor de un cráneo de cuarzo. Queda claro desde las primeras escenas que no es el descubierto en Belice en 1924 por el aventurero británico F.A. Mitchell-Hedges. Esa calavera se presenta en la literatura esotérica como un objeto mágico de origen maya, aunque en realidad fue tallada en Alemania en el siglo XIX. Aun así, inspiró a George Lucas y Jeff Nathanson a la hora de idear una trama a la altura de Indiana Jones y, por eso, Mitchell-Hedges es citado varias veces por el arqueólogo preferido de medio mundo, quien reconoce que su famosa reliquia le obsesionaba ya en la universidad.
El cráneo de cristal cinematográfico es otra cosa: es parte del esqueleto de un extraterrestre, como los de Roswell, y habría sido encontrado por Francisco de Orellana en la mítica ciudad de El Dorado. Según Spalko, «potencia los poderes mentales». Claro que la agente soviética no parece muy en sus cabales. «Es la científica favorita de Stalin. Científica… si consideras ciencia la parapsicología», cuentan a Indy. «Nos encontramos en plena guerra fría, con la amenaza de una guerra nuclear y la Amenaza Roja. A la hora de escoger a los malos para esta aventura, no quedaba duda de que debían ser los rusos», ha explicado Steven Spielberg.
La incredulidad sobre la parapsicología es hoy en día compartida por las grandes potencias, pero hubo un tiempo en el que pensaban lo contrario en los pasillos de la Casa Blanca y el Kremlin. Desde los años 50 y durante décadas, Estados Unidos y la Unión Soviética invirtieron dinero en experimentos parapsicológicos. Soñaban, entre otras cosas, con la posibilidad de la mente de viajar hasta posiciones enemigas y ver lo que allí pasaba, lo que se denomina espionaje psíquico. La malvada Irina Spalko cree que el cráneo de cristal es el arma definitiva, una fuente de saber y de poder.
Indy sospecha que el cráneo está en la tumba de Orellana y, en su búsqueda de los restos del conquistador español, sobrevolará las figuras de Nazca, uno de los enclaves mágicos para los fanáticos de lo oculto. El doctor Jones no presenta los geoglifos del altiplano peruano como pistas de aterrizaje para naves de otros mundos, como hizo el suizo Erich von Däniken en su libro Recuerdos del futuro (1968), aunque sí apunta a un posible origen alienígena. «Sólo los dioses pueden ver las líneas de Nazca», dice. No séra la última vez que aparezcan en escena los dioses-astronautas, los extraterrestres que según algunos influyeron en todas las grandes culturas del pasado y que resultan omnipresentes en la película del año.
Una escena de 'Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal'.Spielberg y Lucas mezclan en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal elementos de la moderna conspiranoia con otros propios de la pseudohistoria y, como El Dorado, de la leyenda sin más. Y modifican el único elemento real del cóctel -el Área 51 como base secreta- para hacer casar la Historia con la ficción. Las instalaciones militares de Nevada entraron en servicio en 1950, y desde entonces han sido el lugar en el que Estados Unidos ha probado sus ingenios miltares más avanzados. Sin embargo, el cofre de los Diez Mandamientos está allí desde 1936 -cuando transcurre la acción de En busca del Arca perdida– y, once años después, van a parar a ella los restos de Roswell, del «fiasco de las Fuerzas Aéreas del 47», como lo llama el arqueólogo antes de descubrir la verdad. Porque Indy formó parte del equipo que examinó los restos de Roswell. Pero ésa es otra historia…
Publicado originalmente en el diario El Correo.

«Los templarios conocían América antes de Colón», dice Javier Sierra

Javier Sierra. Foto: Mitxel Atrio.

Antes que autor de ficción de éxito -su novela La cena secreta (2004) ha sido un bestseller mundial-, Javier Sierra se dedicó al periodismo paranormal y fue considerado el niño prodigio de la ufología española. Redactor de revistas como Año Cero y Más Allá, que llegó a dirigir y de la que en la actualidad es consejero editorial, escribió centenares de artículos sobre ovnis y presuntos enigmas. La ruta prohibida (Planeta, 2007), su último libro, se centra en misterios de la Historia que, según él, «llevan siglos aguardando a ser desvelados».
-En su obra, hace la siguiente la pregunta: «¿Acaso la Historia -con su inmerecida H mayúscula- se ha ocupado alguna vez de los pequeños indicios?». ¿De verdad cree que la Historia no se ha ocupado de ellos?
-Bueno, considero que no ha profundizado en ellos o no les ha dado la relevancia que tienen. La tesis del libro es que la Historia es incomprensible sin el factor ocultista, sobrenatural… Muchos grandes personajes actuaron cómo lo hicieron porque profesaban creencias de ese tipo. El reinado de Felipe IV, por ejemplo, sería absolutamente incomprensible sin tener en cuenta la influencia de su correspondencia con sor María Jesús de Ágreda.
-Que él creía que se comunicaba con el Más Allá.
-Exactamente. Y la utilizó de médium para comunicarse con su mujer fallecida y con el príncipe Baltasar Carlos. Todo el mundo ha recurrido a estas cosas para justificar ciertos actos, pero la Historia, sobre todo la que enseñan en las universidades, ha metido el factor creencias debajo de la alfombra, cuando es muy importantes para entender muchas cosas.
-Los historiadores no lo pasan por alto. Otra cosa es que esa monja fuera un personaje clave del reinado de Felipe IV.
-Hombre, no fue el conde-duque de Olivares. Pero, sin embargo, que el rey decida en un momento prescindir de los servicios del conde-duque se entiende, en buena medida, gracias a la correspondencia con sor María Jesús de Ágreda.
-Quizá sea sólo un factor más, ¿no?
-Para mí, importante.
-Pero, por volver al principio, hay muchos pequeños indicios que han cambiado nuestra visión de momentos históricos determinados.
-No existe una Historia verdadera, ni objetiva. La Historia depende mucho del enfoque que le des. Para los biógrafos de Napoleón, que pasara una noche en la Gran pirámide no tiene importancia. Para mí, sí. Pasa la noche en la Gran Pirámide el 12 de agosto de 1799, tres días antes de huir para eludir a Nelson, y se presenta ante los franceses como una especie de héroe, a pesar de haber perdido la guerra en Egipto.
Un momento de la entrevista. Foto: Mitxel Atrio.-Es una anécdota.
-Creo que es más importante de lo que parece, por la influencia de los masones, lo que significaba pasar una noche en la Gran Pirámide… Para mí, las creencias son el motor de la Historia. No puedes entender lo que ocurre entre EE UU e Irak si no tienes en cuenta el sistema de creencias de George W. Bush.
-De acuerdo. Pero usted habla de una Historia que, a su juicio, los historiadores ocultan.
-No digo que oculten. Digo que hay una Historia que se ha minusvalorado, que se ha arrinconado por una cuestión de creencias. La Historia de Occidente se ha construido sobre la visión de la Iglesia.
-Ahora, no.
-No. Me refiero a la Historia anterior a la Revolución Francesa, cuando ocurren la mayoría de los hechos de los que hablo en el libro.
El Descubrimiento
-No he encontrado en su libro nada que obligue a los historiadores a cambiar una fecha.
-¿Por ejemplo?
-La del Descubrimiento de América, que usted dice que habría que anticipar.
-Lo que mantengo es que habría que cambiar ese dogma de que América no se conocía hasta 1492.
-¿Se refiere a los vikingos?
-No. De hecho, en el capítulo que dedico al mapa de Vinlandia, que algunos consideran la demostración de que los vikingos descubrieron América hacia el año 1000, porque aparece cartografiada una zona que parece corresponder con la bahía del Hudson, lo pongo en jaque. Al hacer el análisis espectrográfico de la tinta, da que no tiene más de…
-Unos ochenta años.
-¡Como mucho! El mapa de Vinlandia es un falso histórico.
-Entonces, ¿quienes conocían América antes de Colón?
-Yo hablo del siglo XIII. ¿Quiénes tenían flota en esa época? Los templarios. Y doy una serie de indicios: la piedra de Westford, en Massachusetts, que contiene un graffiti de un caballero con una espada…
-¿Decir que es un caballero con una espada…?
-Es lo que parece.
-Pero las cosas no son siempre lo que parecen.
-Obviamente, pero tampoco al contrario.
-¿Dónde están las pruebas de que los templarios llegaron a América?
-Hay indicios, sólo indicios. No se han encontrado los restos de un barco templario; pero sí indicios, como el ídolo de Carabuco, en Colombia. Es una escultura precolombina de un señor con barba, cuando los indios del antiplano son lampiños.
-¡A algunos les parece barba!
-Sí, vale. Pero no está fuera de contexto. En Tiahuanaco, tienes también el monumento Kontiki con barba.
-…
-Vale, con lo que parece barba, pero es mucha barba.
-Son indicios, mientras que pruebas de que el Descubrimiento ocurrió en 1492 las hay a patadas.
-Sí.
-Sin embargo, usted dice que Colón llegó a América siete años antes.
-Son indicios. Uno piezas sueltas e intento vislumbrar una explicación. Yo las explicaciones contundentes me las guardo para las novelas.
-Entonces, ¿qué base de realidad hay en las afirmaciones que hace en La ruta prohibida?
-Es que yo no pretendo imponer un dogma sobre otro.
-No estamos hablando de dogmas. La Historia no es un dogma.
-No pretendo imponer un escenario histórico sobre otro. Digo que, dentro de la Historia que nos han contado, hay una serie de indicios que no encajan, de piezas incómodas de las que no se habla.
El mapa de Piri reis
-¿Piezas incómodas? No creo que el mapa de Piri Reis lo sea.
-Es bastante incómodo. La cartografía de Los Andes en un mapa de 1513 es absolutamente impensable. Los Andes no se habían descubierto en 1513, y no se veían desde la costa.
-También incluye animales imaginarios.
-Hay que entender la mentalidad de la época. Piri Reis dibujó el mapa basándose en otras fuentes e intentó hacerlo lo más exacto y bello posible-porque se concibe como un regalo para el sultán de Egipto-, por lo que es lógico que lo embelleciera. Pero hay cosas que no se conocían todavía: están los Andes y las islas Maldivas, descubiertas en 1592. Aunque hasta eso puedo admitir que tenga una explicación convencional de un navegante perdido…
-Está el acierto por casualidad, lo mismo que en otras cosas, como los animales imaginarios, falla. Piri Reis pudo haber puesto ahí unos montes para cerrar el mapa por ese lado.
-De verdad, en este caso, no creo en la casualidad. Éste es un libro en el que no he partido de una visión preconcebida de los temas a los que me enfrento. Por ejemplo, cuando abordo el tema del hueso y el trozo de madera que Herbert Cole decía haber encontrado en la pirámide de Kefrén. Conseguí que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) los mandara a la Universidad de Arizona para que se dataran por carbono 14 y resulta que no pertenecen a la época de construcción de la pirámide. Y no pasa nada. Habló del manto de la Virgen de Guadalupe y me encuentro con que el profesor Garza Valdés, un creyente en la sábana santa, sostiene que es una pintura, y no una imagen milagrosa. A mí no me interesa mantener mitos clásicos del misterio por mantenerlos.
-En el caso de Cole…
-Perdona, volvamos al caso de Piri Reis. Ahí está lo que cuento de la inscripción de la lápida de Inocencio VIII, que dice: «Suya es la gloria del descubrimiento del nuevo mundo». Cuando este papa no fue el del Descubrimiento.
-Muere meses antes.
-Días antes de que Colón zarpara de Palos. Eso no me invento yo.
-No le estoy diciendo que se invente las cosas, sino que todo depende cómo se interpreten.
-Por supuesto. Esto son indicios. Yo soy un detective, malo o bueno, de los misterios de la Historia y llego a conclusiones que en ningún caso son dogmas.
-Los historiadores no tienen dogmas.
-Hay cierta historiografía, no la moderna, muy dogmática. Parte de lo que nos enseñaron a nosotros en el colegio se basa en esa historiografía.
-Volviendo a la lápida de Inocencio VIII. La interpreta como que América se descubrió antes de 1492, pero el monumento no se acabó hasta 1498. Así que caben otras dos posibilidades menos extraordinarias: que se le atribuyera falsamente ser el papa del Descubrimiento o que la frase se refiriera a los descubrimientos portugueses de su época.
-Yo las he explorado todas. Hay una explicación que estuvo a punto de convencerme si no existieran el mapa de Piri Reis, las leyendas de los hombre barbudos en América… Sin esas piezas, me hubiera quedado con otra explicación: que nadie quisiera reconocer a Alejandro VI, papa Borgia y muy odiado en Roma, los méritos del Descubrimiento y la propaganda vaticana posterior prefirió dárselos a Inocencio VIII.
-Es una posible explicación.
-Pero a mí no me convence.
-Más complicado es cambiar la fecha del Descubrimiento, ¿no?
-No, no… Lo que prueba el mapa de Piri Reis es que el autor tenía unos conocimientos de América basados en mapas anteriores al Descubrimiento.
Javier Sierra. Foto: Mitxel Atrio.-Bueno…
-Si ya no queremos validar el testimonio de Piri reis como fuente histórica…
-El estudio más serio del mapa, el de Gregory McIntosh, publicado por la Universidad de Georgia, desestima todas esas afirmaciones.
-Lo hace por una razón admisible y es porque no se han encontrado esos mapas.
-Es una buena razón.
-Una excelente razón. Pero también sabemos que lo largo de la Historia se han perdido muchos documentos. Y, si hay un señor en 1513 que hace en un libro de navegación la descripción del Mediterráneo más completa de su tiempo y te dice en un mapa que ha consultado otros anteriores, no tengo por qué dudar.
-Pero también mete elementos míticos…
-Como decoración.
-Y dibuja cosas que no se parecen en nada a la realidad, como lo que algunos consideran el perfil de la Antártida.
-Yo no hablo del perfil de la Antártida.
-Lo sé. El mapa de Piri Reis tiene aciertos y errores. Si nos quedamos sólo con los aciertos…
-Decir que se ha basado en mapas anteriores es un indicio. Lo mío son indicios, no pruebas.
-Entonces, lo suyo son especulaciones.
-¡Como es la Historia en sí!
-La Historia se basa en datos.
-Se basa en textos como el mapa de Piri Reis.
-Pero hay que saber diferenciar entre ciertos, falsos y los que pueden contener verdades a medias.
-Por irnos fuera de lo que es el libro, cuando los Reyes Católicos y Colón se reparten el posible botín del Descubrimiento en las Capitulaciones de Santa Fe, ellos no hablan no hablan de presente botín, sino de «las tierras que hemos descubierto». Y las Capitulaciones son anteriores a la partida de Colón de Palos. Y es un documento como la copa de un pino, como lo es el Libro de profecías de Colón, el único texto de su puño y letra de cierta extensión que ha llegado hasta nosotros, que muestra un Colón completamente diferente del que nos han enseñado. Es un místico, un visionario, que lo que quiere es abrir rutas con nuevas tierras para capitalizarse y poder financiar una cruzada con la que reconquistar Tierra Santa. Cristóbal Colón se ve a sí mismo como un profeta, como el encargado por la Divina Providencia para conquistar Jerusalén. Y también es historia que el gran proyecto de Inocencio VIII era hacer una nueva cruzada. Ahí hay un punto de convergencia. Son dos indicios.
-Es una época en la que Occidente vive contra el turco.
-Todo el mundo pensaba en defenderse del avance turco. La gran potencia del momento son los otomanos, que llegan hata las puertas de Italia. Los únicos que piensan en Europa que puede organizarse una cruzada para reconquistar Tierra Santa con ese poderío otomano de por medio y lo manifiestan por escrito son Cristóbal Colón e Inocencio VIII, y los dos son genoveses, si aceptamos esa cuna para Colón.
La sábana santa
-Usted dice en el libro que el carbono 14 es el método «más fiable» para datar restos orgánicos, y ni siquiera le dedica una línea a la sábana santa.
-No. Pero le voy a dedicar un documental en Antena 3 que te va a sorprender mucho.
-Usted ha recurrido al carbono 14 para fechar un trozo de hueso y otro de madera que algunos creían de la época de Kefrén, y el resultado ha sido que no, que son muy recientes. Ese mismo método reveló en 1989 que la sábana santa fue confeccionada en el siglo XIV.
-Para mí, la sábana santa es un fraude medieval. Magistral, pero un fraude. Tras haber puesto a pruebas todas las teorías para ese documental, la conclusión es que la sábana santa es la primera fotografía de la Historia. La única que se corresponde punto por punto con la imagen de la sábana santa es la teoría fotográfica. De todo, lo que más me convenció es la no distorsión de la imagen. Si pones una tela sobre un cuerpo impregnado de una sustancia y luego la tensas, la imagen resultante está distorsionada. Por el contrario, a la imagen de la sábana no le ocurre eso.
-Habrá que ver el documental. ¿Qué piensa de que periódicamente haya quien dice que es auténtica y los resultados del carbono 14 no valen?
-Los sindonólogos han puesto en jaque la prueba del carbono 14 porque, de todos los análisis científicos que presentan, es el único que no encaja con su tesis. Hay que darle un margen de confianza a la ciencia mientras no se demuestre que el carbono 14 no es apto para datar una pieza como ésa. Lo que no he hecho hasta ahora, pero haré, es coger un lienzo, meterlo en un horno, echarle unas gotas de plata y ver si eso -que sería parecido a lo que ocurrió en el incendio de 1532- cambia los resultados de la datación.
-Los laboratorios que la fecharon, incluido al que recurrió usted para las piezas supuestamente de la época de Kefrén, no eran ningunos novatos, y cada uno descontaminó las muestras por su cuenta y los resultados coincidieron.
-Eran los mejores del mundo. Yo lo que me resisto a creer son las teorías más salvajes, como la de algunos sindonólogos que sostienen que hubo una sustitución de la tela auténtica por una falsa porque, entre otras cosas, quienes estaban detrás de las pruebas eran el cardenal Anastasio Ballestrero y toda la cúpula de la Iglesia. ¿Para qué iba el Vaticano a desacreditar una reliquia que después ha resultado ser tan atractiva y rentable, y ante la que se postró de rodillas Juan Pablo II en 1998 y 2000.
-Hay otras reliquias falsas, como la sangres de san Genaro y san Pantaleón, que se licúan milagrosamente en ciertas fechas y que la Iglesia no deja analizar porque de sangre tienen poco.
-Todo el mundo sospecha eso.
Henri Broch, en su libro Fenómenos paranormales (1985) recuerda cómo, en 1799, durante la ocupación francesa de Nápoles, la sangre no se licuó el día previsto. El general francés comunicó entonces al clero que, si el milagro no se producía en cinco minutos, bombardearía la ciudad y la sangre se licuó de inmediato.
-Ja, ja, ja… No conocía ese episodio. Yo fabriqué una sangre que se licúa para mi programa de Telemadrid.
El enigma de las catedrales
-Y se licúa cuando se calienta, que es lo que pasa con esas reliquias líquidas.
-Esto hasta lo perdono. Creo que sirvió para estimular la piedad en un momento dado. Son ese tipo de crímenes que uno comete con buena intención. Yo admito en los capítulos que dedico a la catedral de Chartres que, cuando escribo Las puertas templarias, me equivoco con el milagro de la luz, según el cual el día del solsticio de verano un rayo de luz pasa por un agujero de un vitral del templo e incide sobre una loseta marcando el arranque de la nueva estación. Yo creía que eso había requerido en el siglo XII la puesta en práctica de un importante conocimiento astronómico. ¿Qué pasa? Que al final me encuentro con que ese milagro no es del XII, sino que es del XVIII.
-Es el milagro del que habla Louis Charpentier en El enigma de la catedral de Chartres, ¿no?
-Exacto. Yo soy un fan de Charpentier. Lo admito. Me parece un tipo…
-Vaya a saber quién fue…
-No se sabe quién es, es verdad. Yo llevo años buscando información sobre él.
-Conozco a otros que también lo han hecho.
-No hay nada. Cero. Para mí, es un pseudónimo como Fulcanelli. Es de esa época, de ese ambiente… Charpentier se equivocó al atribuir el milagro de Chartres al siglo XII, cuando es un reloj astronómico del XVIII.
-No es extraordinario que se equivoque. Usted dice en su libro, basándose en Charpentier, que las primeras catedrales francesas forman sobre el mapa la constelación de Virgo, y no es así. Charpentier elige una catedrales y no otras, no todas son en realidad catedrales, las mueve en el mapa no son las primeras… Como Carl Sagan decía, cualquier conjunto de puntos puede parecer una constelación si se eligen los adecuados
-Tienes razón. Pero Charpentier no elige una constelación cualquiera, sino Virgo, que encaja muy bien con las catedrales dedicadas a Nuestra Señora. Lo que me fascina de esa historia es que es paralela a lo que hacen otras civilizaciones de la Antigüedad imitando constelaciones con sus monumentos.
-Pero la ubicación de las primeras catedrales no se corresponde con la constelación de Virgo. Las que cita Charpentier no sólo no son las primeras catedrales, sino que algunas ni son catedrales. Además, las mueve de sitio… Es como si usted y yo nos ponemos ante un mapa y elegimos unas capitales de provincia determinadas para decir que representan en España la constelación de Tauro. Las encontraremos. Y eso es lo que hace Charpentier, según los historiadores.
-Ja, ja, ja… La teoría de Virgo no es aceptada por los historiadores; pero, sin embargo, los hay que se han encargado a buscar en laberintos la constelación de Teseo. ¿Qué pasa, que para unas cosas sí y para otras no?
-Depende de las pruebas.
-Trascendiendo el detalle, los antiguos tenían una obsesión por el cielo y por imitar en la Tierra lo que veían en los cielos.
‘Las Meninas’, un talismán astrológico
Un momento de la entrevista. Foto: Mitxel Atrio.-Desde que aparece la agricultura, el hombre necesita de la astronomía para controlar el tiempo, el paso de las estaciones.
-Yo hablo de algo más que usarla para el calendario. Me refiero a cosas como la interpretación de Las Meninas como un talismán astrológico, una teoría de Ángel del Campo Francés, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este señor pone en relación la pintura y la astronomía.
-Dice que Las Meninas refleja…
-La constelación de Corona Borealis, siguiendo los corazones de los personajes principales, y Capricornio si se cierra el círculo y se extiende hacia los otros. La estrella más importante de Corona Borealis se llama Margarita, como la infanta protagonista del cuadro, y Capricornio era el signo de Mariana de Austria, la esposa de Felipe IV, que había sufrido dos abortos y tenía a toda la corte pendiente de que pariera un varón, un heredero.
-Pero Corona Borealis tiene seis estrellas y los personajes que aparecen unidos por una línea en su libro son cinco.
-Es que esta imagen -dice ante la de la constelación que aparece en su libro- procede de un catálogo moderno. A mí, Ángel del campo me dijo que en los catálogos de Diego Velázquez eran las mismas estrellas. Probablemente, la más pequeña tenga una magnitud que pasaba desaparecida en algunos catálogos de aquella época.
-Buscando y buscando, a todo se le puede encontrar una explicación ad hoc.
-Es que yo no las busco. Ángel del Campo da una explicación coherente a por qué Diego Velázquez pinta esa obra de tema menor en unas proporciones de lienzo tan importantes como el retrato ecuestre de Felipe IV. Él da una importancia impresionante a esta pintura, para que sólo sea exhibida en una estancia del Alcázar de Madrid.
-El que paga, manda.
-Es que en esa época, yo parto de ese concepto, hay una intencionalidad narrativa detrás de cada obra de arte. Quieren contar algo o quieren que sirva para algo. Yo no se la había encontrado a Las Meninas hasta que Ángel del Campo dice que es un talisman astrológico. En esa época se creía en eso.
-De acuerdo, pero, si esa idea tuviera una base sólida, la Historia del Arte la admitiría.
-No. Porque muy pocos historiadores tienen conocimientos de astronomía, astrología, magia talismánica… Desde mi punto de vista, esa explicación aclara todas las anomalías respecto a la obra. Diego Velázquez, un apasionado de las ciencias ocultas del que se descubre, cuando muere, que en su biblioteca hay un montón de libros sobre estos temas, decide proteger con un talismán a la reina Mariana de Austria en ese momento de la Historia, cuando se espera el nacimiento de un heredero.
-Es una interpretación.
-Dentro de la mentalidad mágica de la época.
-Pero, si fuera así, no veo por qué los historiadores iban a ocultarlo o ignorarlo.
-Ocultar, no. Lo ignoran. Yo he ido al Museo del Prado con Telemadrid para grabar a este señor junto a Las Meninas y no me han dejado. Me han dicho: «Nosotros no comulgamos con esa tesis».
-Eso pasa en todos lados.
-Pasa en España. Aquí tenemos una visión de la Historia muy cerrada, muy de no admitir la discusión.
-Los historiadores discuten todos los días.
-Pero no en las instituciones, no en el Museo del Prado…
-En las revistas especializadas, que es donde discuten los científicos.
-Pero hay poco interés divulgativo de confrontar ideas.
-Dependerá de la contundencia de las pruebas.
-Eso, de verdad, es una prueba contundente.
-¿Ha examinado el estudio algún otro historiador?
-No lo sé.

«Creo que nos han visitado extraterrestres en la Antigüedad»

-Usted empezó como ufólogo.
-Sí.
-Ahora parece que se ha olvidado de los ovnis.
-No, sigo suscrito a todas las revistas.
-Quizá, por romanticismo.
-¡Puede ser!
-Ya no hay casi observaciones y los ovnis no salen en los medios de comunicación. ¿El fenómeno se ha muerto?
-No hay interés mediático. El de los ovnis es un fenómeno asociado a la atención mediática. Nace en un periódico de Oregon y, a partir de ahí, lo ovnis siempre han estado muy asociados a la atención que les han prestado los medios de comunicación. Los ovnis están muertos mediáticamente, pero creo que siguen apareciendo.
-En 1992…
-Eso es la Prehistoria…
-En su libro Técnicas del contacto extraterrestre, escribía entonces que personajes como Sócrates, Washington y Stevenson, entre otros, habían tenido comunicación con lo que hoy llamamos extraterrestres y a lo largo de la Historia, de otras maneras.
-Mediumnidad, éxtasis místico… Son cosas a las que ha habido gente que ha intentado encontrarles una explicación racional dentro de la mentalidad del siglo XXI. Yo necesariamente no se la busco. Creo que nuestra lente del siglo XXI está equivocada para examinar la Historia porque tenemos una visión muy materialista. Yo lo que defiendo es que hay algo, que esos accesos mediúmnicos y comunicaciones con los dioses del pasado y esos contactos con extraterrestres modernos esconden algo. No sé si es algo exterior o algo interior del hombre…
-Hace doce años, usted escribió un libro en el que afirmaba que en Roswell se estrelló una nave extraterrestre.
-Sí.
Javier Sierra. Foto: Mitxel Atrio.-¿Qué piensa ahora?
Roswell: secreto de Estado es el único de mis libros que no se va a reeditar, porque entiendo que todavía no está dicha la última palabra.
-¿Se estrelló un platillo volante en Roswell en 1947?
-Se estrelló un objeto volante no identificado.
-Usted defendió, a mediados de los 90 en la revista Año Cero, la autenticidad de la película de la autopsia a un extraterrestre.
-No, no, no la defendí.
-Sus titulos fueron del estilo de: ‘Jaque a la ciencia’, ‘¡Estaban vivos!’, ‘¡No son humanos!’…
-Los titulos los puso el redactor-jefe. Léete los reportajes y verás que los textos son más prudentes, que dicen que es algo raro, que la película no coincide con el caso Roswelll, que puede tratarse de anomalías genéticas… Yo no dije, en ningún momento que eran los marcianos de Roswell.
-Pero usted hizo más énfasis que nadie en España en la autenticidad de la película.
-Porque me entregue a esa historia más que ninguno.
-Ahora Ray Santilli, el productor de aquella película, dice que es una recreación que incluye algunos fotogramas de una filmación real de una autopsia a un extraterrestre. Suena a cachondeo.
-Sí, totalmente. Hasta que no aclare esa historia, yo no puedo llegar a esa conclusión. Yo cuento hasta donde puedo llegar y, si en algún momento reviso esa información y tengo que rectificar, no tengo ningún problema.
-¿Los ovnis son naves extraterrestres?
-Yo creo -y subrayo el creo- que nos han visitado extraterrestres en la Antigüedad.
-¿Ahora no?
-No lo sé.

«Para responder preguntas, he tenido que saltar a la ficción»

Los lectores de Magonia hicieron, indirectamente, el jueves pasado una serie de preguntas a Javier Sierra.
-¿Por qué todo fenómeno paranormal desaparece -o no se produce- cuando hay un escéptico delante?
-Porque hay algo que se llama el efecto experimentador, según el cual el propio experimentador condiciona el resultado de la investigación. Es algo que en psicología se estudia mucho.
-¿Por qué, cuando se enfrenta a algo aparentemente extraño, usted siempre se inclina por la explicación más rocambolesca o esotérica?
-No siempre lo hago. Ahí está el capítulo dedicado a la Virgen de Guadalupe, por ejemplo.
-¿Cuál fue su reacción cuando John Humphreys, el experto en efectos especiales que creo los de la autopsia del marciano de 1995, confesó en primavera que todo era un montaje?
-Que debía entrevistarle rápidamente. Todavía no he podido hacerlo.
-¿Por qué usted y muchos colegas del periodismo esotérico se dedican ahora a la novela histórica?
-Yo llevo diez años. Durante años, he estado investigando lo paranormal y lo único que he podido formular con honestidad son preguntas. Para responderlas, he tenido que saltar a la ficción.
-¿Cree a su amigo Juan José Benítez cuando dice que está en posesión de un anillo extraterrestre?
-¿Dice eso?
-Sí.
-Si él lo cree…
-Ésta es mía: ¿y cuando Benítez dice que los astronautas del Apollo 11 encontraron ruinas extraterrestres en la Luna y EE UU las destruyó con bombas atómicas?
-Yo no lo creo, pero estamos enfrentando creencia contra creencia.
Versión íntegra de una entrevista publicada originalmente en el diario El Correo.

Santilli dice ahora que la película de la autopsia de Roswell contiene fotogramas de una filmación real

Ray Santilli vuelve a las andadas. Hace doce años, algunos ufólogos -entre ellos, el español Javier Sierra– dieron crédito a su falsa película de la autopsia de un marciano accidentado en Roswell, que reportó enormes cantidades de dinero al productor televisivo y más modestas a los expertos en ovnis que le siguieron el juego. Ahora, asegura que la filmación que comercializó en 1995 era una recreación de una cinta muy deteriorada, rodada en 1947, que obra en su poder y de la que están insertados en el metraje varios fotogramas.El especialista en efectos especiales John Humphreys confesó en abril pasado que había creado el extraterrestre de la película de la autopsia y había interpretado a uno de los cirujanos. A Santilli, productor de televisión, no le quedó entonces más remedio que admitir que todo era un montaje, aunque argumentó en su defensa que la cinta era una recreación de otra real, rodada en instalaciones militares con alienígenas de carne y hueso.
Lo mismo que dijo Juan José Benítez cuando se descubrió que, en su serie Planeta encantado, había presentado una película de animación como si fuera una cinta grabada en la Luna. En la película del autor de Caballo de Troya, se veía a dos astronautas explorando las ruinas de unos edificios extraterrestres en el Mar de la Tranquilidad. Benítez había encargado la filmación al estudio de animación vasco Dibulitoon Studio y, cuando eso salió a la luz, dijo que la cinta estaba basada en una película real rodada en la Luna. Santilli ha seguido el mismo guión, pero ha ido más allá.
Portada de la revista 'Paranoia'.En el ejemplar de otoño de Paranoia, revista a la que uno se imagina suscrito a Fox Mulder y de la que me da la impresión de que beben hasta embriagarse los conspiranoicos ibéricos, el productor explica a Philip Mantle, uno de los ufólogos que le avalaron en 1995, que intercaló fotogramas de una película real de 1947 en la famosa cinta de la autopsia. Y le promete enseñarle algunos la próxima vez que se vean. «Concerté una cita en Londres con Ray Santilli para comer el 22 de junio», indica Mantle en el último número de la revista británica Paranormal. El encuentro tuvo lugar en un oscuro pub donde Santilli y su socio, Gary Shoefiled, le enseñaron una veintena de fotogramas. En el reportaje, titulado ‘Alien autopsy re-visited’, el ufólogo dice que no puede determinar si eran auténticos o no. ¿De verdad es tan crédulo? No lo creo. Lo que pasa es que así se hace más caja y se venden libros como el que anuncia al final del reportaje, que se puede comprar directamente en su web.
Si Santilli tuviera en su poder una película tan sorprendente como la de una autopsia a un extraterrestre, bastaría con que la falicitara para los análisis pertinentes para que se hiciera multimillonario y pasara a la historia como el desvelador de la Gran Conspiración. Como no lo ha hecho -ni lo hará-, podemos concluir que la filmación no existe, como no existe la lunar de Benítez. Con su nueva argucia, lo que Santilli hace es volver a confirmar que nunca hemos estado con la película de marras ante el «jaque a la ciencia» que Sierra vendió en octubre de 1995 a los lectores de la revista Año Cero.