Serpientes de verano

¿HUELLAS DE OTROS MUNDOS? Aficionados a lo paranormal examinan un conjunto de círculos aparecidos en un campo de cereal en la República Checa en julio. Foto: Efe.

Hay noticias sorprendentes que se cuelan en los periódicos, la radio y la televisión, y que, sin embargo, tienen pocos visos de ser ciertas, cuando no son descaradamente falsas. Sucede, especialmente, en julio y agosto. Cuando la actividad política, social y económica decae, asoma un monstruo en un lago, se licúa la sangre de un santo, se encuentran piedras que prueban hechos bíblicos y la Atlántida reaparece. Se las llama serpientes de verano; aunque también se dan en otras épocas vacacionales.

ARQUEOLOGÍA BÍBLICA
Israel
Piedras para la fe

LA CUEVA DEL BAUTISTA. La gruta de cerca de Jerusalén en la que Juan Bautista inició a discípulos fue presentada a bombo y platillo hace un año. ¿El problema? Que los restos datan de los siglos IV ó V mientras que el profeta vivió en el siglo I.No pasa un año sin que se desentierren restos arqueológicos que confirman algún episodio bíblico. En 2004, fue una cueva presentada como el lugar donde Juan Bautista iniciaba a seguidores; aunque los hallazgos eran de época bizantina, de cientos de años después del profeta. Este mes, se han descubierto el palacio del rey David y la piscina de Siloé, en la que Jesús curó a un paralítico, según los Evangelios.
Ligar piedras a hechos de las Escrituras garantiza la atención de los medios a hallazgos que, si no, pasarían desapercibidos. La línea de razonamiento de los arqueólogos sensacionalistas suele ser del estilo de: hemos descubierto una barca de hace dos milenios en el mar de Galilea; Jesús vivió hace dos milenios en Galilea; luego Jesús pudo navegar en esa barca. Así que el titular que se vende es: encontrada la barca en la que Jesús navegó por el mar de Galilea. Eso ha pasado con la piscina de Siloé.
«En Jerusalén hay un montón de mikvaot, de piscinas rituales de los judíos. Entre 1969 y 1975, el arqueólogo Benjamin Mazar descubrió 40 sólo en la zona sudeste del Monte del Templo. La de este verano es una más. ¿La de Siloé? Puede que sí y puede que no. Además, ya hay otra piscina que se enseña a los turistas desde hace años como la de Siloé, con la misma base que la de ahora», indica el historiador José Luis Calvo. Respecto al palacio de David, el Jerusalén de la época -siglo X antes de Cristo- era una aldea y David, como Salomón, un caudillo tribal, por lo que la existencia de un palacio es muy improbable. «Sabemos que no hubo ningún éxodo de Egipto y que otros episodios del Antiguo Testamento nunca sucedieron. La Biblia no es un libro de Historia; es una obra que crea un pasado para un pueblo, con objetivos nacionalistas», sentencia el experto.

CUANDO EL OVNI SE ESTRELLA
Roswell (Nuevo México, EE UU)
Autopsia de serie B

Roswell acoge ya un museo dedicado a los ovnis.No hay estío sin ufólogos que monten vigilias nocturnas a la caza de platillos volantes. El mito nació en junio de 1947, cuando Kenneth Arnold, un hombre de negocios estadounidense, vio nueve objetos extraños cerca del monte Rainier. Quince días después, la prensa anunció que un platillo se había estrellado en Roswell. Desde entonces, los alienígenas desembarcan en los medios cuando las noticias flojean, aunque, como hace años que ellos mismos flojean, se han acabado refugiando en revistas donde hasta los coches tienen alma.
La última vez que salieron en la tele y la prensa a todo trapo fue en el verano de 1995, por una película de una autopsia a uno de los extraterrestres de Roswell. Los forenses y técnicos en efectos especiales que la vieron concluyeron que era un montaje: los médicos no llevan ni guantes ni trajes anticontaminación -se supone que están ante a un ser de otro mundo-, el cámara rueda de lejos y eludiendo los detalles, el cadáver está en una camilla y no en una mesa de autopsias… «Se trató de un burdo fraude con ánimo crematístico, en el que lo sorprendente es que se le otorgara crédito a un montón de especulaciones, suposiciones, licencias periodísticas y falta de sentido crítico», comenta Ricardo Campo, del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Laguna y miembro de la Fundación Anomalía.
El principal avalista de la cinta en España fue Javier Sierra, ufólogo ahora metido a autor de novelas históricas. Defendió su autenticidad en la prensa esotérica y en un libro –Roswell: secreto de Estado– en el que sostiene que el transistor es un invento basado en tecnología del platillo estrellado, que en realidad fue un globo para detectar ondas causadas por pruebas nucleares soviéticas. «Roswell es representativo de la ufología mundial: un bulo alimentado por los medios de comunicación y sistemáticamente explotado por los comerciantes de misterios imaginados», concluye Campo.

LA SOLEDAD DEL MONSTRUO
Lago Ness (Escocia, Reino Unido)
Un reptil longevo

VENERADO. El brujo Kevin Carlyon ofició en junio de 2003 un ritual de protección para Nessie. Foto: Reuters.Nessie es la serpiente de verano por antonomasia. Debutó en 1933 y, un año después, su imagen fue capturada en una foto en la que se ve un largo cuello y una pequeña cabeza que asoman sobre el agua del lago Ness. Eso atrajo a mucha gente hasta la región de Inverness, donde se estima que hoy en día el turismo del monstruo deja anualmente unos 40 millones de euros.
En 1994, se supo que la foto de 1933 -la más famosa y fiable- es un montaje hecho con una figura flotante; pero Nessie se resiste a morir. No hay verano que no acapare titulares, bien porque se va a explorar el lago con sónar, bien porque los organizadores de un triatlón contratan un seguro por 2,2 millones de euros -como pasó en julio- por si los participantes son atacados por el monstruo.
Sus seguidores lo presentan como un plesiosaurio, un reptil acuático de la era de los dinosaurios. Pero ¿cómo ha podido sobrevivir un único animal durante millones de años?, ¿es un monstruo de longevidad matusalénica?, ¿de qué se alimenta en el lago Ness, donde hay muy pocos peces? Si se trata de una población de varios ejemplares, ¿por qué no se ha encontrado nunca un cadáver? Además, el lago se formó hace sólo 12.000 años: ¿dónde estuvo Nessie hasta entonces?

ECOS DEL TARDOFRANQUISMO
Bélmez de la Moraleda (Jaén, España)
Caras de cemento

IMÁGENES FANTASMALES. Las caras del suelo de una cocina de Bélmez fueron un fenómeno turístico en los años 70 y resucitaron en 2004 cuando, tras el desembarco de unos parapsicólogos, aparecieron rostros en otras casas del pueblo.Fue considerado el «mayor misterio paranormal de todos los tiempos». Las caras de Bélmez aparecieron en el suelo de cemento de la cocina de una humilde vivienda de la localidad jienense el 23 de agosto de 1971. Pronto se llenó el pueblo de defensores de la paranormalidad del fenómeno que, sin embargo, no mostraban ninguna prueba… y de turistas.
«En el primer artículo que se publicó -en el Ideal de Granada el 18 de septiembre de 1971-, se ve una imagen de la dueña de la casa, María Gómez Cámara, llevando en la mano un fajo de fotos que vendía a los turistas por el entonces muy respetable precio de diez pesetas. La mujer aseguraba que no cobraba por visitar la casa, pero reconocía que los visitantes le pagaban un duro por cabeza», indica Fernando Frías, presidente del Círculo Escéptico, una organización dedicada al análisis crítico de lo paranormal de la que también forman parte Calvo y Campo. Se habló de fraude y, poco a poco, la historia fue apagándose. «Se decía que las caras las pintaba un pariente de María Gómez Cámara, fotógrafo de profesión y pintor aficionado. Nunca se sabrá con seguridad, pero lo cierto es que las caras que aparecieron tras la muerte de este hombre mostraban una técnica mucho más torpe, menos elaborada».
El misterio resucitó hace año y medio, después del fallecimiento de la dueña de la casa. Convencida por unos cazafantasmas, la alcaldesa, María Rodríguez, quiso comprar la vivienda para montar una centro de interpretación; pero el precio se disparó hasta 600.000 euros. Milagro de los milagros, aparecieron entonces caras en otras casas mucho más baratas. Los cazafantasmas certificaron su autenticidad; pero el parapsicólogo Francisco Máñez desveló cómo pueden hacerse caras de Bélmez con agua y aceite, y les acusó de fraude: «Les enseñé un método para fabricar falsas teleplastias, lo usaron y obtuvieron lo que se esperaba».

‘GRAFFITIS’ ALIENÍGENAS
Sur de Inglaterra (Reino Unido)
Cosechas de arte

Los círculos de las cosechas se han vinculado a los alienígenas y a los lamentos de una Madre Tierra agonizante por la acción del hombre. Nacieron a mediados de los años 70 en el Reino Unido, donde han alcanzado una gran complejidad. En otros países, como Chequia -donde aparecieron en julio-, son ahora muy sencillos, como en Inglaterra hace treinta años. La razón no es que los alienígenas tengan una especial predilección por el campo inglés.
Los primeros fabricantes de círculos fueron una pareja de jubilados armados con una barra metálica para aplastar el cereal, cuerdas y estacas. Se llamaban Doug Bower y David Chorley, y confesaron sus fechorías en 1991. Ahora, hay en el Reino Unido varios grupos de artistas que usan ordenadores para sus diseños, pero sobre el terreno emplean los mismos útiles que los pioneros. Llevan años haciéndolo y esa experiencia hace sus obras más complejas que las de sus colegas de otros países. Y los campesinos, tan contentos: cobran a buen precio la entrada a sus propiedades a miles de incautos.

CRIATURAS FEROCES
Reino Unido
Una pantera en el jardín

Fotograma del vídeo de la pantera fantasma grabado en Vizcaya en 2003. Sin referencias, bien puede tratarse de un gato. Foto: 'El Correo'.Los alien big cats (grandes gatos extraños) son un clásico de la campiña inglesa, donde hay registrados avistamientos de grandes felinos desde los años 60. No se ha capturado ninguno, en las fotos jamás hay elementos de referencia -si no existen, es imposible calcular el tamaño y el animal puede ser un gato doméstico- y se han llegado a fotografiar peluches y hacerlos pasar por panteras, según revela en su último número la revista Fortean Times sobre el caso de la Bestia de Cwmbran.
Estas escurridizas fieras -tan celosas de su intimidad como Nessie, el Yeti y el Bigfoot– llegaron a España hace unos años. En abril de 2003, una vecina de la localidad vizcaína de Armintza vio un animal «muy grande» que «tenía la cola larguísima y andaba como un felino». Y se montó la caza de la pantera, con ertzainas y guardas forestales batiendo los montes, helicópteros, jaulas-trampa con carne que ningún animal tocó, huellas consideradas por un biólogo de un gran felino y un vídeo que no sirve para descartar que se tratara de un gato negro. Al final, la fiera se esfumó. Nunca más se supo de ella.
Publicado originalmente en el diario El Correo.

Los cascotes de la Biblia

Las murallas de Jericó no se desplomaron a los sones de trompetas y Juan Bautista no vivió en la cueva de Israel que se ha presentado como el sitio en el que inició a muchos seguidores. Lo primero no ocurrió y lo segundo, de pasar, no hay pruebas de que sucediera en la gruta que se ha dicho. Historiadores como Israel Finkelstein y Neil A. Silberman, autores de La Biblia desenterrada (2001), achacan el derrumbamiento de las defensas de Jericó a la propaganda política del siglo VII antes de Cristo (aC), cuando el reino de Judá reescribió el pasado para legitimar sus afanes expansionistas. Y no hay que ser un experto para intuir que ha sido una conjunción del ansia de titulares de unos arqueólogos y la sequía de noticias agosteña la que ha dado en 2004 un hogar al profeta.
«Juan Bautista, que era apenas una figura de los Evangelios, cobra vida nuevamente», decía el 21 de agosto Simon Gibson, director de la excavación de la cueva de Ein Kerem, situada a las afueras de Jerusalén. El arqueólogo británico y su equipo han dedicado tres años al vaciado de la cavidad, rellena casi totalmente de tierra y rocas. Han recuperado 250.000 fragmentos de cerámica y descubierto en las paredes grabados de época bizantina -del siglo IV o V- que, en su opinión, contarían la historia de Juan Bautista. Al fondo de la gruta, hay una piscina en la cual Gibson cree que el profeta del Nuevo Testamento bautizó a algunos seguidores.
Reliquias en Tierra Santa
El patriarca de Jerusalén, Diodorus I, bendiciendo en 1997 una piedra en la que se dice que se sentó la Virgen camino de Belén.La idea de que en esa cueva celebró el Bautista ritos iniciáticos tiene, para los expertos consultados por este periódico, tanta solidez como la de que Jesús de Nazaret navegó en una barca cuyos restos se descubrieron en el mar de Galilea en 1986. No hay prueba alguna que ligue la gruta de Jerusalén a las actividades bíblicas del Bautista como tampoco la hay de que en la embarcación de Galilea montara el fundador del cristianismo o de que en una piedra, desenterrada en 1997, se sentara a descansar la Virgen María cuando iba a Belén a dar a luz, a pesar de lo cual la roca fue bendecida hace siete años por el patriarca de Jerusalén, Diodorus I. «La información que se ha publicado dice, hacia el final, que la cueva se usaba en el periodo bizantino y que la imagen fue supuestamente grabada por un monje. ¡Esto significa que la figura se hizo unos 500 años después de los días de Juan Bautista! Puede ser o no una imagen de ese personaje, pero, en cualquier caso, no estamos ante restos ligados a él, como han sostenido los engañosos titulares de prensa», ha indicado Ze’ev Herzog, arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv, al autor de estas líneas.
El historiador Neil A. Silberman destaca que «en Tierra Santa existe una auténtica industria de las reliquias -tanto muebles como inmuebles- que recuerda más al culto medieval de reliquias que a la arqueología. Cada vez que oigo hablar de descubrimientos espectaculares vinculados a personajes bíblicos, se me dispara la tensión». «Estamos ante otro ejemplo de cómo la arqueología bíblica tergiversa las pruebas», sentencia Herzog. No hay que descartar, además, que la vinculación de la gruta israelí con el predicador pariente de Jesús tenga que ver con que Gibson ha escrito un libro sobre la cueva del Bautista que está a punto de salir a la venta.
El penúltimo hallazgo de este tipo fue el de una urna presentada en la prestigiosa Biblical Archaeology Review en noviembre de 2002 como el osario de Santiago el Menor, hermano de Jesús de Nazaret. La inscripción de la caja -«Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús»- sería la primera prueba arqueológica de la existencia de Jesús. La pieza apareció en manos de un anticuario que decía haberla encontrado en una cueva en las inmediaciones de Jerusalén y que meses después fue detenido por tráfico ilegal de piezas arqueológicas. La Dirección de Antigüedades de Israel concluyó en junio de 2003 que la inscripción de la urna es moderna.
Al margen de los Evangelios, la única mención a Jesús es la del historiador Flavio Josefo (37-94) en su obra Antigüedades judías. Dice que el sanedrín juzgó «a Santiago, hermano de Jesús, quien era llamado Cristo, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados». Hay filólogos que consideran el pasaje una inserción posterior de un autor cristiano. «Históricamente hablando, no hay suficientes pruebas de la existencia de Jesús. No digo que no existiera. El Jesús bíblico es un personaje marginal, hijo de un carpintero, en una zona marginal del Imperio romano y las evidencias históricas se centran normalmente en los grandes hombres, en los poderosos», explica Josep A. Borrell, director de la revista de divulgación histórica Clío.
Hablan las piedras
El juicio de Salomón. Autor: Gustave Doré.La arqueología y la Biblia no casan bien. Las excavaciones de las últimas décadas han minado los cimientos históricos del Antiguo Testamento, los 39 libros que constituyen la base del cristianismo y del judaísmo, y que además son, para muchos israelíes, una crónica de los orígenes del pueblo hebreo y justificación de sus aspiraciones territoriales. Arqueólogos como Israel Finkelstein y Ze’ev Herzog, ambos de la Universidad de Tel Aviv, son tildados por los más fundamentalistas de enemigos de Israel porque mantienen que los Patriarcas -Abraham, Isaac y Jacob- son personajes de leyenda, que no hubo un periodo de esclavitud en Egipto ni un éxodo, que los israelitas no conquistaron Canaán por las armas, que no existió una monarquía unificada -que abarcara todo Israel- en tiempos de David (1005-970 aC) y Salomón (970-931 aC), que el culto a Yahvé como único dios se impuso muy tardíamente…
«La mayoría de las personas que formaron el primitivo Israel eran gentes del lugar -las mismas a las que vemos en las tierras altas a lo largo de las edades del Bronce y del Hierro-. En origen, los primeros israelitas fueron también -ironía de ironías- ¡cananeos!», explican en su libro Finkelstein y Silberman. Hasta hace unos años, los hallazgos arqueológicos se acomodaban a los hechos bíblicos: si se desenterraban restos de grandes construcciones, se atribuían a Salomón. Ahora, hablan las piedras y los documentos. Los archivos egipcios y mesopotámicos han servido para establecer una cronología, pero no incluyen ni palabra del supuesto esplendor de las cortes de David y Salomón, ni de ninguno de los episodios más famosos de la Biblia. Las piedras han demostrado, por ejemplo, que el Jerusalén de David y Salomón no fue la gran capital bíblica, sino un pequeño pueblo.
El hallazgo de la cueva del Bautista ha sido una serpiente más en un verano en el que se han encontrado la Atlántida en Cádiz y una nave extraterrestre en Siberia, ha partido la enésima expedición en busca del Arca de Noé y se ha detectado la primera señal de radio de una civilización alienígena. «En verano no hay noticias y hay que llenar las páginas de los diarios», argumenta Borrell. Silberman lamenta «el entusiasmo de los medios de comunicación, los editores y algunos arqueólogos por aunar esfuerzos para promocionar lo que sólo puede calificarse de arqueología bíblica sensacionalista».

Dos reinos para un único pueblo elegido

«Hacia el final siglo VII aC, durante unas pocas décadas extraordinarias de ebullición espiritual y agitación política, un grupo inverosímil de funcionarios de la corte, escribas y sacerdotes, campesinos y profetas judaítas se unió para crear un movimiento nuevo cuyo núcleo fueron unos escritos sagrados dotados de un genio literario y espiritual sin parangón, un relato épico entretejido a partir de un conjunto asombrosamente rico de escritos históricos, memorias, leyendas, cuentos populares, anécdotas, propaganda monárquica, profecía y poesía antigua», dicen los autores de La Biblia desenterrada.
Ocurrió en tiempos de Josías (639-609 aC), rey del sureño Judá, cuya capital era Jerusalén. Durante la mayor parte de su historia, Judá había vivido a la sombra del reino del norte, el más rico y poblado Israel. Eso cambió cuando los asirios conquistaron Israel en el siglo VIII aC y Judá recibió gran cantidad de refugiados. Cien años después, los asirios se retiraron del norte y los judaítas vieron el camino libre para su expansión. Para justificar sus pretensiones -unir a los israelitas en un reino gobernado desde Jerusalén-, crearon un pasado común glorioso para todos los hebreos, hicieron de su antiguo rival -Israel- el reino del pecado, borraron de la memoria a otros dioses que habían adorado y convirtieron a Yahvé en el único.

Un pasado de leyenda

El Diluvio. Dios castiga al hombre con un diluvio; pero de la catástrofe se libra un hombre santo, Noé. «Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo ser viviente meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra» (Génesis 6, 18-19). Después de cuarenta días y cuarenta noches de lluvia, el arca encalla y los refugiados repueblan el planeta. No hay barco en el que quepan dos miembros de cada especie, ni agua en la Tierra para inundarla hasta la cima de la montaña más alta, ni restos de una catástrofe así. El relato bíblico es una adaptación de otros mesopotámicos anteriores.
Los Patriarcas. La Biblia es la historia de los descendientes de Abraham, con quien Yahvé suscribe un pacto: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré» (Génesis 12, 1-2). No hay pruebas arqueológicas de la existencia de Abraham, Isaac y Jacob hacia 2100 aC. La ambientación apunta a los siglos VIII y VII aC, después de David y Salomón, sucesores de Abraham. «La gran genialidad de los creadores de esta epopeya nacional en el siglo VII consistió en entretejer los relatos antiguos sin despojarlos de su humanidad o su peculiaridad individual. Abraham, Isaac y Jacob siguen siendo al mismo tiempo retratos espirituales vívidos y antepasados metafóricos del pueblo de Israel», concluyen Finkelstein y Silberman en La Biblia desenterrada.
Esclavitud y éxodo. «Preséntate al faraón por la mañana, cuando vaya hacia el Río… Y le dirás: ‘Yahvé, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: ‘Deja partir de mi pueblo, para que me den culto en el desierto’; pero hasta ahora no has hecho caso'» (Éxodo 7, 15-16). Moisés se enfrenta al faraón, libera a su pueblo, recibe las Tablas de la Ley y los hijos de Israel vagan durante cuarenta años por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. Ningún texto egipcio, de los muchos que hay, menciona nada de esto. La acción se sitúa en tiempos de Ramsés II (1304-1237 aC). Sin embargo, «los detalles más evocadores y geográficamente más coherentes del relato del éxodo proceden del siglo VII aC», destacan Finkelstein y Silberman. Huir del ejército del faraón hubiera sido imposible para un grupo de desheredados que, de conseguirlo, se habría enfrentado después a las guarniciones egipcias del Sinaí y Canaán. Por si eso fuera poco, los israelitas no dejaron rastro de su larga estancia en el desierto.
La caída de las murallas de Jericó. Autor: Gustave Doré.La conquista de Canaán. El pueblo de Israel, dirigido por Josué, conquista Canaán, donde hay «ciudades grandes, con murallas que llegan hasta el cielo» (Deuteronomio 9, 1). «La famosa escena de las fuerzas israelitas marchando con el Arca de la Alianza en torno a la ciudad amurallada y provocando el derrumbamiento de los poderosos muros de Jericó al son de las trompetas de guerra era, por decirlo sencillamente, un espejismo romántico», indican Finkelstein y Silberman, tras explicar que el Jericó del siglo XIII «era pequeño y pobre, casi insignificante, y, además, no había sido fortificado». Muchos enclaves que se citan en el texto no estaban habitados en aquella época. La conquista de Canaán no sucedió en el mundo real.
David y Salomón. Hubo una época en la que Israel, bajo David y Salomón, se extendió desde el río Eúfrates hasta Gaza, según la Biblia. Durante el siglo X aC, Jerusalén llegó a ser una gran ciudad en la que Salomón construyó un palacio y un templo donde adorar a Yahvé. Esa monarquía gloriosa no encaja con lo descubierto por los arqueólogos. «Está claro que el Jerusalén de la época de David y Salomón fue una ciudad pequeña, quizá con una ciudadela para el rey, pero en ningún caso la capital de un imperio como dice la Biblia», asegura Ze’ev Herzog. «Desde un punto de vista político, David y Salomón fueron poco más que caudillos tribales de la serranía cuyo alcance administrativo no superó un ámbito bastante local, limitado al territorio montañés», coinciden Finkelstein y Silberman.
Publicado originalmente en el diario El Correo.

El momento estelar de ‘Planeta encantado’: cuando Benítez sentó a Jesús en el Coliseo

Juan José Benítez, en el anfiteatro Flavio en una escena de 'Planeta encantado', mientras explica como Jesús visitó Roma y presenció los juegos en el Coliseo.

En el segundo de los libros sobre la serie Planeta encantado, Juan José Benítez narra la historia del nunca demostrado viaje a Roma de Jesús de Nazaret, pero no dice que el Mesías visitara el Coliseo. Me lo contaba hace un par de días el historiador y periodista Julio Arrieta y hoy lo he comprobado en una librería. El novelista ha sido lo suficientemente hábil como para corregir el error y que no quede memoria impresa de él. Sin embargo, al mismo tiempo ha sido tan torpe que ha dejado escrito que el anfiteatro Flavio se inauguró en el año 80 antes de Cristo. Otro disparate que, antes que yo, vio Arrieta. A ver si alguien enseña a Benítez a diferenciar entre antes y después: el Coliseo se acabó de construir en el año 80 de nuestra era.
«Nadie imagina hoy a Jesús de Nazaret caminando o sentado en las gradas de este formidable Coliseo romano. Sin embargo, así fue. Durante su estancia en la Roma del emperador Tiberio, el Maestro disfrutó también de los juegos y de la belleza de la capital del Imperio», sentenció el ufólogo en el cuarto episodio de la serie que emitió Televisión Española (TVE). Poco después de que, el 3 de noviembre de 2003, sacáramos a relucir en esta página la histórica metedura de pata -el Jesús bíblico, si existió, murió cincuenta años antes de que se acabara de edificar el Coliseo-, los seguidores de Benítez decidieron centrar sus esfuerzos en negar que su escritor favorito hubiera dicho lo que aquí recogíamos. Puede que ahora argumenten que la lectura del libro dedicado a los dogones y Jesús les da la razón. Por si acaso, la foto que encabeza este comentario corresponde a la escena de Mensaje enterrado en la que el autor de Caballo de Troya coloca a Jesús en el Coliseo y pueden escuchar las palabras de Benítez en TVE, sin trampa ni cartón. Juzguen ustedes.

¿Qué fue la estrella de Belén?

Una estrella guió a los Reyes Magos hasta Belén, según el evangelio de Mateo. Dos milenios después de la redacción del único texto bíblico que habla de la visita a Jesús de «unos magos de Oriente», sigue abierto el debate sobre la naturaleza de aquella señal celeste. ¿Qué fue la estrella de Belén? Hay tres posibles explicaciones: un fenómeno astronómico, un recurso del autor para engrandecer la figura del recién nacido y un milagro.
El texto de Mateo fue escrito entre los años 70 y 80. No precisa cuántos fueron los magos ni da sus nombres. Que eran tres, reyes, y se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar -monarcas de los persas, los indios y los árabes, respectivamente- se dice, por primera vez, en el Evangelio armenio de la Infancia, un apócrifo tardío datado no después del siglo V.
Mateo cuenta que la estrella sirvió de guía a los magos durante su viaje y que se detuvo «encima de donde estaba el niño». Quienes buscan una base científica al pasaje bíblico parten de que el autor pudo embellecer un fenómeno astronómico. Johannes Kepler fue el primero en asumir ese supuesto. Hace cuatro siglos, relacionó la estrella de Belén con una triple conjunción -acercamiento aparente en el cielo- de Júpiter y Saturno. Para ello, el sabio alemán hubo de recalcular la fecha del nacimiento de Jesús.
Un problema de fechas
¿Cuándo nació Jesús? Es la primera incógnita a la que se enfrentan los científicos atraídos por el enigma de la estrella. En el siglo VI, Dionisio el Exiguo fechó la natividad en el año 753 desde la fundación de Roma; pero el monje astrónomo olvidó el año cero y los cuatro que César Augusto gobernó bajo el nombre de Octavio. Esos errores implican que Jesús nació, como mínimo, cinco años antes del primero de la llamada era cristiana. Además, el día en el que se celebra su natalicio, el 25 de diciembre, tiene su razón de ser en el apropiamiento por parte de los cristianos de una festividad pagana, la del solsticio de invierno, a mediados del siglo IV.
Lucas -el otro evangelista que habla de la natividad- dice que, «por entonces, salió un decreto del emperador Augusto, mandando hacer un censo del mundo entero» (Lucas 2, 1-2). Ese decreto fue el que, según la Biblia, obligó a María y José a viajar a Belén y data de 8 antes de Cristo (aC). Por Mateo, sabemos que gobernaba Herodes I el Grande cuando Jesús nació y, gracias al historiador romano Flavio Josefo, que este rey murió poco después de un eclipse lunar visible en Jericó en la noche del 12 al 13 de marzo de 4 aC. Así pues, hay que situar la natividad entre 8 y 4 aC, y buscar la estrella de los magos en el cielo de esos años.
Kepler constató la repentina aparición de una estrella entre Júpiter y Saturno durante una de las tres conjunciones de esos dos planetas que se registraron en 1604. Calculó que hubo otro triple acercamiento de los dos planetas en Piscis durante 7-6 aC y dedujo que la consecuencia lógica era que se hubiera dado la subsiguiente nova: la estrella de Belén. La nova de Kepler nunca pasó, sin embargo, de ser una presunción, a diferencia de las conjunciones planetarias.
El cielo de Belén
El triple encuentro celeste de Júpiter y Saturno en 7 aC -en mayo, septiembre y diciembre- es la explicación astronómica que parece «más coherente» a Javier Armentia. Eso sí, siempre que se quiera buscar en el cielo un reflejo de la narración evangélica, algo que el director del Planetario de Pamplona no considera imprescindible. «Hay que tener en cuenta que estamos ante un texto mítico, no histórico. En aquella época, el nacimiento y la muerte de un personaje solían vincularse a fenómenos astronómicos», argumenta. Julio César es un buen ejemplo: según las leyendas romanas, una estrella apareció cuando nació y, a su muerte, se vio un cometa.
El quinquenio en el que se enmarca el nacimiento de Jesús ofrece varios candidatos a guía de los magos. «Se puede encontrar un fenómeno celeste llamativo para cualquier año de la historia de la Humanidad que queramos», apunta Armentia. A la conjunción de Júpiter y Saturno de 7aC, se sumó Marte un año después, y astrónomos chinos constataron en 5 aC el paso de dos cometas y la explosión de una supernova, que se traduce en una fuente temporal de luz extremadamente brillante. «Si hubo algo real tras la estrella de Belén, pudo ser cualquiera de esos fenómenos», dice el astrofísico.
Ninguno de los posibles candidatos es el cometa Halley. Su aparición más próxima al nacimiento de Jesús ocurrió en 12-11 aC. Visible en 1301 -pasa cerca de la Tierra cada 77 años-, Giotto se inspiró en él para dar forma a la estrella de Belén de su Adoración de los magos, pintada tres años después. La identificación pictórica del famoso cometa como guía de los magos ha perdurado popularmente hasta nuestros días: la estrella que corona belenes y árboles de Navidad suele presentar la cola propia de un cometa.
La tradición judía
«La estrella es un símbolo del Mesías», afirma Rafael Aguirre, catedrático de Nuevo Testamento de la Universidad de Deusto. Para este teólogo, no hace falta recurrir a explicaciones astronómicas para un texto «muy bello», pero «lleno de inverosimilitudes históricas: habla de una estrella que se para encima de la casa y Herodes es tan bobo que no se le ocurre mandar a nadie que siga a los magos». La estrella de Belén es, para él, una invención piadosa del evangelista.
Aguirre ve todo el episodio de la adoración de los magos como «una actualización de interpretaciones mesiánicas del Antiguo Testamento» y, en concreto, de la intriga de Balak narrada en el libro de los Números. Después de que Moisés libera a los israelitas de los egipcios, Balak, rey de Moab, pide al vidente Balaám que maldiga a los judíos, pueblo al que teme. Balaám pronostica, sin embargo, el futuro esplendor de Israel de la mano de un caudillo y habla de una estrella como símbolo de ese líder.
«Mateo hace una composición a partir de esa tradición judía», señala Aguirre, quien destaca que, al igual que Balak ordena a Balaán que maldiga al pueblo de Israel, Herodes pide a los magos que le digan dónde está Jesús. «El Mesías ha nacido, ha aparecido una estrella y han interpretado los signos los paganos, no los judíos, que tienen la Biblia, pero no los ven». Herodes, como Balak, quiere destruir Israel y los magos, como Balaám, son paganos que interpretan correctamente los designios divinos. «Estamos ante un texto judío, teológico y hecho por creyentes en el que se intenta justificar el universalismo, la apertura de las comunidades cristianas primitivas a los paganos».

La visita de los Magos

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. En esto, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-¿Dónde está ese rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a rendirle homenaje.
Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó, y con él Jerusalén entera; convocó a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, y les pidió información sobre dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
-En Belén de Judea, así lo escribió el profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será pastor de mi pueblo, Israel. (Miqueas 5,1-3)
Entonces, Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran cuándo había aparecido la estreIla; luego los mandó a Belén encargándoles:
-Averiguad exactamente qué hay de ese niño y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a rendirle homenaje.
Con este encargo del rey, se pusieron en camino; de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta pararse encima de donde estaba el niño. Ver la estrella les dio muchísima alegría.
Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y como regalos le ofrecieron oro, incienso y mirra.
Avisados en sueños de que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Mateo 2, 1-12.
Publicado originalmente en el diario El Correo.

Juan José Benítez, en busca del Arca perdida

El Arca de la Alianza -en la que Yahvé ordenó a Moisés que guardara las Tablas de la Ley- trae de cabeza a los aficionados a lo paranormal desde hace cuarenta años. Fue Robert Charroux quien, en el libro Cien mil años de historia desconocida (1963), habló de ella por primera vez como de «un condensador eléctrico», citando una obra de 1948 en la que Maurice Denis-Papin decía que se trataba de «una especie de cofre eléctrico capaz de producir poderosas descargas, del orden de los 500 a 700 voltios». Sin embargo, suele atribuirse el descubrimiento del misterio de este objeto sagrado a Erich von Däniken, el hostelero suizo metido a perseguidor de extraterrestres en el pasado. «Estaba cargada eléctricamente. Hoy, al reconstruir y aplicar las instrucciones transmitidas a Moisés, resulta una tensión eléctrica con varios centenares de voltios», escribió en Recuerdos del futuro (1968), sin citar ni a Charroux ni a Denis-Papin. En esa línea, Juan José Benítez se apropia del presunto enigma del Arca de la Alianza en el séptimo episodio de Planeta encantado, titulado Una caja de madera y oro.
«Hace 3.200 años aproximadamente, este gesto habría sido fatal. Al tocar el Arca de la Alianza, habría caído fulminado», dice el novelista al inicio del documental mientras toca una reconstrucción digital del contenedor de la Tablas de la Ley. El autor de Caballo de Troya se refiere al episodio bíblico en el que un hombre muere al tocar el cofre para evitar que caiga al suelo cuando es transportado en un carro. «Al llegar a la era de Nacón, tendió Oza la mano hacia el Arca de Dios y la agarró, porque los bueyes recalcitraban. Encendiose de pronto contra Oza la cólera de Yahvé, y cayó allí muerto, junto al Arca de Dios» (Samuel II 6, 6-7). Esta historia ha sido utilizada durante décadas como prueba de que la caja era el condensador eléctrico defendido por Charroux y Von Däniken, quienes añadían de su cosecha en sus libros que Oza cayó «fulminado» y que el Arca estaba «envuelta a menudo en chisporroteos», cosas que no se dicen en el Éxodo.
¿Cómo llegaron estos autores a la conclusión de que el Arca de la Alianza es un artilugio eléctrico? No lo sabemos, pero es imposible, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Yahvé (Éxodo, 10-23), construir algo parecido a un condensador. El cofre bíblico es una caja de madera recubierta de oro «por dentro y por fuera», con cuatro anillos de oro en los que encajan dos barras de madera, también cubiertas de oro, y coronada por dos querubines, igualmente dorados. Von Däniken no sabe de lo que habla. Lo demostró hace más de treinta años Clifford Wilson en Crash go the chariots (1972), ensayo en el que un técnico en electrónica explica que, para que haya un condensador, tiene que haber un polo positivo y otro negativo separados por un aislante, algo que en el Arca de la Alianza no existe. Además, un cajón electrificado, si estaba todo recubierto de oro, tenía que haber dejado fritos a todos los que lo tocaran -sin excepción-, pero en la Biblia tampoco se dice que los portadores del Arca deban llevar vestimentas especiales, y eso que Yahvé es muy meticuloso en sus instrucciones. Igual de ridícula es la afirmación de Von Däniken de que el objeto es una especie de transmisor de radio entre Yahvé y Moisés. ¿Para qué lo necesitaban si habían hablado varias veces antes de que existiera el Arca? La ilógica lógica del autor de Recuerdos del futuro no conoce límites.
Benítez coge los fragmentos de la Biblia en los que se cita el Arca de la Alianza y también los reinterpreta a su gusto. Así, convierte el cofre en un arma «mortífera» al servicio del pueblo elegido y cifra las víctimas de las acciones del «objeto santo» en más de un millón de muertos. Da por hecho, por ejemplo, que el ejército de Josué conquistó Jericó después de que sus murallas se derrumbaran por arte de magia gracias al cajón de madera y oro. La opinión de los historiadores es otra. «La famosa escena de las fuerzas israelitas marchando con el Arca de la Alianza en torno a la ciudad amurallada y provocando el derrumbamiento de los poderosos muros de Jericó al son de las trompetas de guerra era, por decirlo sencillamente, un espejismo romántico», indican, en La Biblia desenterrada (2001), los arqueólogos Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman tras explicar que el Jericó de entonces «era pequeño y pobre, casi insignificante, y, además, no había sido fortificado».
El periodista navarro nos narra también cómo, en tiempos de Salomón, se construyó en Jerusalén un templo para el Arca y, después, ésta desapareció misteriosamente. Antes, visitó Jerusalén la reina de Saba, que volvió a su tierra -para el novelista, la actual Etiopía- embarazada de Salomón. El hijo de ambos, Menelik, fue enviado a Jerusalén años después para conocer a su padre y ser educado, y, cuando regresó a Etiopía, se llevó consigo el Arca de la Alianza. La robó. Esta historia da pie a Benítez para jugar a Indiana Jones, en busca del Arca perdida por Etiopía y decirnos al final que no hay ninguna pista fiable de que el cofre esté en el país, ya que toda la historia del hijo de la reina de Saba y el rey Salomón es un mito creado por los cristianos etíopes, hacia el siglo XII, para dar un origen sagrado a la dinastía real. «La presencia del Arca en Etiopía no resiste el menor análisis histórico», concluye con buen tino Benítez, quien podía haber recordado a sus espectadores que la Constitución vigente en el país africano hasta 1974 establecía que el emperador descendia de Menelik I y que, en Etiopía, hay tantas reproducciones del Arca de la Alianza como iglesias.
El novelista, sin embargo, no se ha parado a pensar en que los libros de la Biblia que mencionan el Arca de la Alianza persiguen exactamente lo mismo que la leyenda etíope de Menelik: otorgar al pueblo protagonista el rango de elegido de Dios. Si algo saben los historiadores, es que no hay pruebas de que el pueblo de Israel fuera esclavizado en Egipto, de la existencia de Moisés, de los cuarenta años de exilio en el desierto, de la conquista de Canaán ni de nada parecido. Son hechos tan históricos como la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. Por eso, carece de sentido perder un minuto en intentar averiguar qué era el Arca de la Alianza: no se trata nada más que de un objeto mítico dentro de una historia mítica, el sagrario ideal en el que guardar las leyes dadas por la divinidad a sus elegidos. De ahí que Benítez yerre cuando, tras reconocer que su búsqueda ha sido infructuosa, apunta que el Arca de la Alianza se encuentra en «las grutas o laberintos que hay bajo la roca que hoy protege la cúpula de la mezquita de Omar» y que ésa es «la razón más importante y secreta por la que Jerusalén jamás será devuelta a los palestinos». Eso es, simplemente, una tontería.