Autismo

‘Time’ considera la conexión entre las vacunas y el autismo uno de los más grandes fraudes científicos

Andrew Wakefield, con su esposa Carmel, llegando a la sede del Consejo general Médico, en Londres en enero de 2010. Foto: AFP.

Andrew Wakefield, inventor de la falsa conexión entre la vacuna triple vírica -contra el sarampión, la rubéola y las paperas- y el autismo, es el autor de uno de los más grandes fraudes científicos de la historia, según la revista Time. El médico británico y otros investigadores publicaron en 1998, en The Lancet, un artículo en el cual, tras examinar sólo doce casos infantiles, aseguraban que existía una conexión entre la administración de esa vacuna y el autismo. El estudio tuvo un gran impacto en Reino Unido y, posteriormente, en otros países desarrollados -incluida España-, donde por su causa ha habido desde entonces un decenso de los índices de vacunación. La situación ha llegado a tal punto que algunos Gobiernos están tomando ya medidas para frenar la antivacunación y, con ello, impedir el resurgimiento de enfermedades en retroceso hasta hace poco.

Ningún otro equipo de investigadores ha confirmado la relación entre la SPR y el autismo defendida por Wakefield, quien ha visto como su estudio ha sido completamente desacreditado. En 2004, diez de los coautores de la investigación retiraron su firma del artículo que había desatado la tormenta. En febrero de 2010, The Lancet retiró el texto de sus archivos por fraudulento y, en mayo de ese mismo año, el Consejo General Médico (GMC) de Reino Unido prohibió a Wakefield ejercer en el país por su actitud deshonesta e irresponsable en el trabajo citado. Hace un año, una investigación del periodista Brian Deer, para British Medical Journal, concluyó que la conexión entre la triple vírica y el autismo había sido fruto de un “sofisticado fraude” perpetrado por Wakefield para ganar millones a través de negocios basados en el miedo a la vacuna.

Time coloca ahora a Andrew Wakefield, apóstol del movimiento antivacunas, en la misma vergonzosa galería del fraude científico que el surcoreano Hwang Woo Suk, falso autor de la primera clonación de embriones humanos, y el arqueólogo aficionado Charles Dawson, uno de los implicados en el fraude del hombre de Piltdown, entre otros.

Me ha informado de esta magnífica noticia José Raúl Canay Pazos.

El inventor de la conexión entre triple vírica y autismo planeó ganar millones gracias al miedo a las vacunas

Andrew Wakefield, con su esposa Carmel, llegando a la sede del Consejo general Médico, en Londres en enero de 2010. Foto: AFP.

Andrew Wakefield, el inventor de la falsa conexión entre la vacuna triple vírica -contra el sarampión, la rubéola y las paperas- y el autismo, planificó una serie de negocios para obtener millones aprovechándose del miedo hacia las vacunas que su fraudulenta investigación iba a infundir entre el público, según revela el periodista Brian Deer en el número de esta semana del British Medical Journal. El cirujano británico y sus socios calculaban, por ejemplo, que iban a ganar hasta 33 millones de euros anuales en Estados Unidos y Reino Unido sólo con la comercialización de pruebas para la detección de la enterocolitis autística, enfermedad cuya existencia no ha sido probada y que fue descrita por él y sus colaboradores en el mismo artículo de The Lancet en el que conectaban la triple vírica (SPR) con el autismo.

Wakefield y otros investigadores publicaron en 1998, en la revista The Lancet, un artículo en el cual, tras examinar sólo doce casos infantiles, aseguraban que existía una conexión entre la administración de la SPR y el autismo. El trabajo tuvo un gran impacto en Reino Unido. En los diez años siguientes, el índice de vacunación bajó del 92% al 85%, y los casos de sarampión pasaron de 58 a 1.348. En 2004, diez de los coautores de la investigación retiraron su firma del artículo que había desatado la tormenta, y The Lancet publicó una rectificación poniendo en duda las conclusiones; la prestigiosa revista retiró en febrero del año pasado el polémico artículo de sus archivos; y el Consejo General Médico (GMC) de Reino Unido prohibió en mayo a Wakefield ejercer en el país por su actitud deshonesta e irresponsable en el trabajo citado. Ningún otro equipo de investigadores ha confirmado nunca la relación entre la SPR y el autismo por la cual Wakefield es famoso.

Basándose en una investigación de siete años del periodista Brian Deer, The British Medical Journal (BMJ) dictaminó la semana pasada que la conexión entre la triple vírica y el autismo había sido fruto de un “sofisticado fraude”, algo que ya había denunciado The Times hace un año. “El pánico a la SPR no se basó en mala ciencia, sino en un fraude deliberado”, y las “pruebas claras de la falsificación de datos deben ahora cerrar la puerta definitivamente al dañino pánico sobre los efectos de esta vacuna”, decía hace unos días Fiona Godlee, directora del BMJ, quien compara el fraude de Wakefield con el del hombre de Piltdown.

El negocio del miedo

Jenny McCarthy y Jim Carrey, en Cannes cuando todavía eran pareja. Foto: AP.Deer destapa esta semana en el BMJ una compleja trama de intereses económicos detrás del montaje, que involucra no sólo Wakefield, sino también al Hospital Real Gratuito de Londres en el cual trabajaba. Los gestores del centro, revela el periodista, empezaron a hablar con el cirujano de posibles negocios a montar basados en el miedo a la triple vírica cuando todavía no habían acabado sus investigaciones, y las conversaciones se relanzaron nada más publicarse el artículo de The Lancet que desató el pánico. Uno de los negocios, creado a nombre de la esposa de Wakefield, pretendía desarrollar vacunas con las que reemplazar la SPR, un kit de diagnóstico de la enterocolitis autística y otros productos que “sólo podían tener alguna probabilidad de éxito si se minaba la confianza del público en la triple vírica”. Además, desde febrero de 1996, Wakefield estaba en contacto con Richard Barr, un abogado del movimiento antivacunas que quería demandar a las farmacéuticas y buscaba pruebas científicas en su apoyo, y que financió secretamente buena parte de los trabajos del médico.

La investigación de Deer saca a la luz, asimismo, cómo Wakefield no tuvo nunca intención de replicar los sorprendentes -y falsos- resultados de la investigación publicada en The Lancet a partir de sólo doce niños autistas. Cuenta el periodista cómo, a principios de la pasada década, el médico rechazó financiación para repetir las pruebas con 150 pacientes con la justificación de que su libertad académica podía verse comprometida, algo que, al parecer, no pensaba que ocurría con los centenares de miles de libras que había recibido del abogado Richard Barr.

Wakefield ha sido durante más de una década el líder intelectual del movimiento antivacunas mundial, impulsado en Estados Unidos por Jenny McCarthy, conejita Playboy y actriz, y su exnovio Jim Carrey, celebridades que encabezaron la lucha contra la SPR en ese país. Con la experiencia médica que le da haberse desnudado ante medio mundo, McCarthy empezó a decir en 2007 que su hijo era autista a causa de la triple vírica, aunque en 2008 anunció que el pequeño se había curado de esa enfermedad, que, en realidad, nunca había sufrido. El eco en televisión de la insensateces de estas dos estrellas del mundo del espectáculo minó la confianza de muchos padres estadounidenses en las vacunas y ha supuesto un incremento en los casos de rubéola, sarampión y paperas registrados en el país.

Ahora queda lo más difícil: restituir la confianza del público británico y estadounidense en la triple vírica, socavada por Wakefield y quienes le han apoyado desde los medios de comunicación, culpables por difundir falsedades sin contrastarlas, por puro sensacionalismo, como ocurre también en los casos de la telefonía móvil y los transgénicos. Por fortuna, todavía queda sitio para el periodismo de verdad, personificado en Brian Deer, autor de una investigación de indudable valor social, larga y, hay que suponer, cara.

Luc Montagnier experimentará con antibióticos y terapias alternativas para intentar curar el autismo

Luc Montagnier. Foto: Prolineserver.Luc Montagnier va a tratar con antibióticos a niños autistas durante meses para intentarles curar. El científico francés, codescubridor del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) -causante del sida-, admite que no hay ninguna prueba del origen infeccioso del autismo, pero dice que hay parientes de enfermos que aseguran que éstos han mejorado espectacularmente. La prueba, explica Declan Butler en Nature, se basará en parte en la excéntrica idea de que el agua tiene memoria, que está en la base de la homeopatía.

El experimento cuenta con el apoyo del Instituto para la Investigación del Autismo (ARI), que lo financiará con 40.000 dólares, y no saldrá gratis a los padres de los niños. Según un anuncio de las pruebas publicado por el Fondo para el Tratamiento del Autismo (ATT) británico y recogido en el Gimpy’s Blog, “el coste total por niño rondará las 1.800 libras, distribuidos a lo largo de seis meses”, a lo que habrá que sumar entre 30 y 60 libras semanales de los antibióticos. El experimento lo controlarán Montagnier y Corinne Skoprupka, médica que sigue los principios del movimiento ¡Derrota al Autismo Ahora! (DAN), que pone en práctica terapias alternativas peligrosas para la salud de los niños. El ARI y los médicos del movimiento DAN! sostienen, contra todo lo conocido, que el autismo puede tratarse con una combinación de modificaciones del comportamiento, medicamentos, suplementos dietéticos, dietas especiales y la terapia de quelación, que consiste en la eliminación de metales pesados del organismo.

La participación del premio Nobel de Fisiología y Medicina de 2008 en el proyecto del ARI ha suscitado, como es lógico, críticas entre los propios científicos. Así, Catherine Lord, psicóloga clínica que trabaja en autismo en la Universidad de Michigan, ha indicado que el experimento del codescubridor del VIH no está basado en lo que sabe la ciencia de ese trastorno y que las terapias alternativas del ARI y el movimiento DAN! son pseudociencia. Montagnier, explican en Nature, se ha defendido diciendo que también hace treinta años él era un heterodoxo: “En 1983, éramos una docena o así quienes creíamos que el virus que habíamos aislado ere la causa del sida”.

Nobel y disparate

Como recuerda Butler, desde el descubrimiento del VIH, el científico francés ha respaldado muchas ideas disparatadas, que le han convertido en alguien citado como apoyo incluso por aquéllos que niegan que el VIH sea la causa del sida. Así, ha abogado por el uso de suplementos nutricionales y antioxidantes como complementos en la lucha contra el sida en África. “El respaldo de Montagnier a ideas pseudocientíficas y marginales en los últimos años ha sido aprovechado por los negacionistas del sida y otros que dicen ahora que él apoya sus locas ideas”, recuerda en Nature John Moore, virólogo de la Universidad de Cornell. La Sociedad Americana para las Enfermedades Infecciosas (IDSA) concluyó en abril, por otra parte, que los riesgos de los tratamientos de larga duración con antibióticos contra la enfermedad de Lyme no justifican el beneficio para la salud que pueden reportar.

Si se suma a todo esto que el test de diagnóstico al que recurrirán Montagnier y sus colaboradores se basa en la existencia de la memoria del agua postulada por Jacques Benveniste, principio básico de la homeopatía, decir que estamos ante un ejemplo palmario de anticiencia hecha por un Nobel no es una exageración. Recuerden que recibir el Nobel no inmuniza contra el disparate como demuestran los casos de Kary Mullis, laureado en Química que niega que el VIH cause el sida, y de Francis Crick, codescubridor de la estructura del ADN, quien considera muy posible que la vida fuera sembrada en la Tierra por extraterrestres.

Aunque parezca increíble, pocas horas después de leer el artículo de Nature, me enteré, ayer por la noche a través de la lista de correo de Amazings, de que Montagnier tiene otro proyecto ejemplo de mala ciencia en marcha en China.

El médico que inventó la conexión entre vacunas y autismo no podrá ejercer en Reino Unido por su falta de ética

El Consejo General Médico (GMC) de Reino Unido ha dictaminado que Andrew Wakefield, el médico británico que sugirió en 1998 en la revista The Lancet que la vacuna triple vírica provoca autismo, cometió graves faltas profesionales en esa investigación y le borrará del registro de médicos, con lo que no podrá practicar la profesión en el país. En enero, el GMC adelantó que, al realizar ese estudio, Wakefield, quien llegó a pagar 5 libras a unos niños para hacerles un análisis de sangre durante una fiesta de cumpleaños de su hijo, había actuado “deshonesta e irresponsablemente”, “mostró un cruel desprecio” por el sufrimiento de niños y jóvenes al someterles a pruebas innecesarias, “abusó de su posición de confianza” y provocó el descrédito de la profesión médica. Su estudio, basado en sólo doce casos de niños autistas, es el pilar fundamental del movimiento antivacunas y la causa de un descenso de las inmunizaciones en Reino Unido y Estados Unidos, con el consiguiente aumento de los casos de sarampión, las paperas y la rubéola. La validez de su trabajo ha sido descartada por numerosos trabajos posteriores y, en febrero, The Lancet retiró el artículo de Wakefield de su archivo por considerar sus conclusiones infundadas. Wakefield, que tiene 28 días para apelar, ha negado esta mañana “categóricamente” haber actuado deshonestamente y no se considera culpable del resurgimiento de las enfermedades citadas.

‘The Lancet’ se retracta del estudio de 1998 que vinculaba la triple vírica con el autismo

Aquí tienen, en español y con enlaces a los textos originales, la nota con la que la revista The Lancet ha anunciado hoy la retirada de su archivo del artículo de Andrew Wakefield de 1998 que vinculaba la triple vírica -vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola- con el autismo, estudio que está en el origen del movimiento antivacunas.

Retractación: “Hiperplasia ileolinfoide, colitis no especificada y trastornos generalizados del desarrollo en niños”

Tras la sentencia del Consejo General Médico (GMC) de Reino Unido del 28 de enero de 2010, ha quedado claro que varios elementos del artículo de 1998 de Wakefield y otros (1) son incorrectos, en contra de los resultados de una investigación anterior.

(2) En particular, las afirmaciones del documento original de que los niños fueron “enviados a consulta repetidamente” y de que las investigaciones habían sido “aprobadas” por el comité local de ética han demostrado ser falsas. Por lo tanto, retiramos ese artículo del archivo.

Los editores de la revista The Lancet.

The Lancet, London NW1 7BY, UK.

(1) Wakefield A.J., Murch S.H., Anthony A., et al: “Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children”. The Lancet 1998; 351: 637-641.

(2) Hodgson H.: “A statement by The Royal Free and University College Medical School and The Royal Free Hampstead NHS Trust”. The Lancet 2004; 363: 824.