Apollo 11

Encuentran en Australia la grabación de mejor calidad de los primeros pasos de Neil Armstrong en la Luna

Científicos australianos han encontrado las grabaciones de mejor calidad conocidas del descenso de Neil Armstrong por la escalerilla del módulo lunar y sus primeros pasos por el Mar de la Tranquilidad el 21 de julio de 1969. La filmación ha estado perdida durante décadas y se proyectará el miércoles en Sydney durante la gala de los premios de la Sociedad Geográfica Australiana, a la que asistirá como invitado de excepción Buzz Aldrin, el segundo hombre que pisó la Luna.

El hallazgo ha exigido más de una década de búsqueda dirigida por el astrónomo John Sarkissian, quien ha adelantado que se trata del material “de mejor calidad del descenso de Armstrong por la escalerilla”. El metraje procede del observatorio Parkes y de la estación de seguimiento de Honeysuckle Creek, instalaciones australianas que grabaron en directo las imágenes del primer alunizaje. “Eran mejores que lo que se transmitió (por televisión) al mundo. Por eso nos pusimos a buscarlas”, ha explicado Sarkissian.

Armstrong y Aldrin, en el momento de poner la bandera. Foto: NASA.Las imágenes de la llegada del hombre a la Luna no pudieron en 1969 emitirse directamente por incompatibilidad técnica y las que todos hemos visto siempre fueron el resultado de proyectarlas sobre una gran pantalla en Houston y que una cámara de televisión las captara para transmitirlas al mundo. Las películas recuperadas por Sarkissian y su equipo duran en total tres horas, que ya han visto algunos astronautas veteranos, e incluyen las imágenes más nítidas conocidas de los primeros pasos de Armstrong y Aldrin en el satélite terrestre, y la colocación de la bandera estadounidense, entre otros momentos históricos. Su restauración ha exigido meses de trabajo durante los que las cintas se han restaurado fotograma a fotograma.

Hace un año, la NASA dio por perdidas las cintas originales de la llegada del hombre a la Luna tras tres años de búsqueda y presentó al mundo una versión restaurada de las películas que todos conocemos cuya calidad sería menor que la de las cintas australianas, al ser estas últimas una grabación directa de la señal enviada desde el Mar de la Tranquilidad.

California cataloga como bienes con valor histórico los restos dejados en la Luna por el ‘Apollo 11’

La Comisión de Patrimonio Histórico de California (CSHRC) ha calificado como bienes protegibles los 2.270 kilos de restos dejados en el Mar de la Tranquilidad por los tripulantes del Apollo 11, según informa The New York Times. Aunque una proporción no despreciable de estadounidenses cree que el hombre no llegó a la Luna, la CSHRC pide que el enclave en el que se posó el Águila y que exploraron Neil Armstrong y Buzz Aldrin en julio de 1969 goce de una protección especial, incluidas la bandera, el reflector láser, la placa conmemorativa y todo el material abandonado allí por los dos astronautas. Base Tranquilidad se podría convertir así en el primer enclave histórico protegido en otro mundo; aunque dudo de que las competencias del CSHRC lleguen hasta la Luna por muchas compañías de ese Estado que participaran en la histórica aventura.

Así contó ‘El Correo’ la llegada del hombre a la Luna

Los primeros humanos llegaron a la Luna un domingo y la pisaron en la madrugada de un lunes, día dedicado a nuestro satélite en el cual El Correo -en aquel entonces El Correo Español-El Pueblo Vasco– no salía a la calle y se publicaba La Hoja del Lunes. Así que fue El Correo del martes el que dio la noticia de cómo los astronautas estaban ya de viaje de vuelta. Aquí tienen en un archivo pdf cómo cubrió este periódico la historia, la más importante de la primera del día, con cinco páginas enteritas para ella sola y otras dos con informaciones en las que se hablaba de cómo se había seguido la hazaña en Vizcaya y de la cobertura televisiva. Creo que el documento merece la pena. Disfrútenlo.

Así informó 'El Correo' del primer alunizaje.

¿Dónde estabas cuando Neil Armstrong pisó la Luna?

Portada de 'The New York Times' del 21 de julio de 1969.

Tenía siete años recién cumplidos cuando el hombre llegó a la Luna. Y me acuerdo perfectamente de dónde estaba: en la cama. Mis padres no me dejaron quedarme a ver la hazaña porque, dijeron, era demasiado pequeño para estar despierto a esas horas de la madrugada. Siempre les he dicho, con cariño, que es algo que nunca les perdonaré. Así que aquella histórica noche me fui a dormir con la incertidumbre infantil de si Neil Armstrong y Buzz Aldrin se hundirían en una especie de arenas movedizas o tendrían que hacer frente a algún monstruo, como pasaba en las películas de ciencia ficción. Muchos años después, tuve el placer de hablar un rato con Buzz Aldrin sobre su aventura y hacerme una fotografía con él. Guardo como un tesoro su famosa imagen en el Mar de la Tranquilidad, autografiada. Y sueño con ver la llegada del hombre a Marte.

Publicado originalmente en La conspiración lunar ¡vaya timo! (Editorial Laetoli), libro de Eugenio Manuel Fernández Aguilar.

Verdades y mentiras de Base Tranquilidad

Ningún ser humano ha llegado más lejos. Doce estadounidenses pisaron la Luna entre el 21 de julio de 1969 y el 14 de diciembre de 1972. Hicieron realidad el sueño de un presidente que había prometido, 43 días después de que Yuri Gagarin se convirtiera en el primer hombre en órbita, que Estados Unidos, y no la Unión Soviética, lideraría la carrera espacial. “Creo que esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que acabe esta década, de llevar un hombre a la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra”, dijo John F. Kennedy ante el Congreso el 25 de mayo de 1961. Ocho años más tarde, Neil Armstrong y Buzz Aldrin dejaban sus huellas en el Mar de la Tranquilidad, aunque no todo el mundo lo crea.

La sospecha de que los alunizajes fueron un montaje existía en algunas mentes ya durante la retransmisión del primero, que siguieron 600 millones de telespectadores. Pero fue una creencia marginal hasta que la cadena Fox emitió en febrero de 2001 en EE UU un documental en el cual un tal Bill Kaysing decía que las escenas se habían rodado en un estudio. Bibliotecario hasta 1963 de la compañía que después fabricó el Saturno 5 -el cohete que puso en órbita las misiones lunares-, este filólogo había publicado en 1974 un panfleto, We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna), que pasó editorialmente desapercibido, pero del cual han bebido todos los partidarios de la conspiración.

Alunizajes en Las Vegas

Kaysing asegura que la NASA se dio cuenta ya antes de las primeras misiones Apollo de que no iba a ser técnicamente capaz de cumplir el compromiso de Kennedy, ante lo cual Washington optó por recrear los alunizajes cerca de Las Vegas. Pero, según él, hubo astronautas que quisieron denunciar el engaño, como Virgil Grissom, quien murió después con Edward White y Roger Chaffee en el incendio del Apollo 1 durante un entrenamiento en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Grissom, cuyo nombre adoptó como homenaje el actor William Petersen para su forense de CSI, habría sido, en opinión de Kaysing, asesinado para silenciarlo, al igual que otros siete astronautas oficialmente muertos en accidentes de coche y avión.

El 'Hubble', fotografiado en mayo por la tripulación del 'Atlantis' durante la cuarta misión de mantenimiento del telescopio espacial, que flota ante un cielo aparentemente sin estrellas. Foto: NASA.Las pruebas del engaño están, para el bibliotecario, en las fotos de los astronautas en la Luna. “¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?”, se pregunta una y otra vez en su libro. Tiene razón. No hay ni una estrella, pero es que tampoco se ven en ninguna foto de ninguna otra misión tripulada, desde el primer paseo espacial de Alexei Leonov de marzo de 1965 hasta la reparación del telescopio Hubble de mayo pasado. La razón no es que todas esas misiones sean fraudulentas y a los decoradores de la NASA, la ESA y Roscosmos se les haya olvidado poner de fondo un telón negro con agujeritos iluminados, sino algo que sabe cualquier aficionado a la fotografía: cuando la luz solar es muy intensa -como pasa en el espacio y en la Luna-, hay que programar la cámara con un tiempo de exposición muy corto para que la imagen no resulte sobreexpuesta. Ese corto tiempo de exposición impide que las máquinas de fotos de los astronautas capten el débil brillo de las estrellas, aunque estén ahí.

Los partidarios de la conspiración suelen añadir, entre otras cosas, que en la Luna la bandera estadounidense ondea, algo imposible en un mundo sin atmósfera. Pero es que no es así. Todas las enseñas que hay en el satélite cuelgan de una varilla horizontal que parte del extremo superior del mástil. Las banderas de algunas misiones presentan arrugas -lo que puede dar la sensación de que ondean al viento- debido a que los astronautas no las desplegaron completamente y hay veces que en las películas una enseña se mueve hasta pararse después de que un expedicionario golpea el mástil.

La mejor prueba de la realidad de los alunizajes es que la URSS, que competía con EE UU por la conquista del satélite terrestre, admitió su derrota. Además, los astronautas de los Apollo se trajeron de vuelta a casa 382 kilos de rocas que han examinado geólogos de todo el mundo y dejaron en la Luna tres reflectores láser. La medición del tiempo transcurrido desde el envío hacia cualquiera de estos espejos de un rayo de luz láser hasta la captación de su reflejo por un telescopio terrestre permite conocer la distancia media entre la Tierra y su satélite con un margen de error de sólo 5 centímetros: es de 384.467 kilómetros. La Luna se aleja de nosotros 3,8 centímetros al año, lo que implica que en un futuro lejano -unos 500 millones de años, como poco- su disco tendrá en el cielo terrestre menor tamaño que el del Sol y, por tanto, dejará de haber eclipses solares.

Otros visitantes

Neil Armstrong ensaya en Houston la recogida de muestras lunares. Foto: NASA.Las dos horas y media que los tripulantes del Apollo 11 exploraron los alrededores de Base Tranquilidad el 21 de julio de 1969 han generado una mitología que incluye erratas en frases históricas, sexo oral, platillos volantes y hasta ruinas extraterrestres. Cuando Armstrong pisó la Luna, los nervios le traicionaron. Tenía que haber dicho: “Thats one small step for a man, one giant leap for mankind” (Éste es un pequeño paso para un hombre, un salto de gigante para la Humanidad). Pero se comió la a de antes de man, con lo que cambia el significado original de la frase, que traducido al español sería: “Éste es un pequeño paso para el hombre…”. El lapsus ha quedado como una anécdota y la frase ha pasado la Historia como tenía que haber sido dicha.

A mediados de los años 90, se supo gracias a Internet que, tras esa primera sentencia, Armstrong añadió: “¡Buena suerte, señor Gorsky!”. Era un mensaje en clave para un vecino a quien, cuando el astronauta era niño, su esposa dijo a gritos: “¿Quieres sexo oral? ¡Tendrás sexo oral cuando el chico del vecino se pasee por la Luna!”. Según sostienen en la actualidad numerosas webs, la historia fue confirmada por Armstrong el 5 de julio de 1995, una vez muerto el señor Gorsky. Quien escuche las grabaciones del alunizaje no encontrará, sin embargo, ninguna referencia al vecino ansioso de sexo oral, porque todo es una leyenda urbana.

Don Wilson, en La Luna, una misteriosa nave espacial (1975), y Juan José Benítez, en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), presentan una conversación entre los dos astronautas del Apollo 11 y Houston en la cual los primeros dicen ver platillos volantes y criaturas gigantescas en el Mar de la Tranquilidad. Se conoce como la transcripción de Sam Pepper, por el nombre del radioaficionado que supuestamente la captó, y atribuye a Armstrong y Aldrin frases como: “Estas criaturas son gigantescas… enormes”; “Vimos unos visitantes. Estuvieron aquí un rato, observando los instrumentos”; “Había otras astronaves. Están alineadas al otro borde del cráter”; “Han aterrizado ahí. Están en la Luna y nos observan”. Sobrecogedor… y falso. Todo falso. Esta conversación y otras muchas utilizadas como prueba de que en la Luna pasó algo que nos han ocultado son fruto de la inventiva de fabuladores como Wilson, quien mantiene que nuestro satélite es hueco, una nave que en el pasado estuvo habitada por extraterrestres. “Hay quien dice que vimos hombrecillos verdes al otro lado del cráter. Es la tontería más grande que he oído”, responde Aldrin cuando se le pregunta por el asunto.

El segundo hombre en pisar la Luna, un tipo locuaz, no se ha pronunciado -que se sepa- sobre la revelación que hizo Benítez en enero de 2004 en TVE, cuando aseguró que los astronautas del Apollo 11 habían explorado edificios extraterrestres en ruinas en el Mar de la Tranquilidad. “Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA”, decía el ufólogo al tiempo que presentaba como prueba un montaje realizado por un estudio de animación vasco que mucha gente tomó por una filmación hecha en la Luna porque se leía sobreimpresionado Imágenes inéditas.

Las visiones de alienígenas y ruinas en la Luna chocan con un inconveniente contra el que también se estrella la teoría de la conspiración. Durante el proyecto Apollo, la NASA llegó a tener 35.000 empleados y otras 400.000 personas trabajaban en empresas y universidades contratadas. Que, con tanta gente en el ajo en un país donde no son secretos ni los devaneos del presidente con una becaria en el Despacho Oval, no haya trascendido en cuarenta años prueba alguna que respalde la falsedad de los alunizajes o el encuentro de los astronautas con seres de otros mundos pone las cosas en su sitio. Y eso que, a finales de los años 60, el primer contacto se creía inminente. Lo comprobó Stanley Kubrick cuando intentó suscribir una póliza de seguros con Lloyd’s para el caso de que el hombre se encontrara cara a cara con extraterrestres antes del estreno, en abril de 1968, de 2001, una odisea del espacio. Lloyd’s no quiso correr el riesgo.


Auténticos enigmas lunares

La aventura lunar tuvo su origen en un órdago entre dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, enzarzadas en una guerra fría. Más que un reto tecnológico, fue una apuesta militar y, por eso, el para qué pisar nuestro satélite tenía una explicación muy simple: para ser el primero. Cuarenta años después de aquellas arriesgadas misiones -Neil Armstrong calculó que había un 50% de probabilidades de fracaso en la del Apollo 11-, la Luna sigue sin habernos desvelado todos sus misterios.

Recreación del impacto catastrófico a consecuencia del cual nació la Luna. Foto: ESA.A pesar de que las rocas traídas por los astronautas apuntan a que su composición es muy parecida a la de nuestro planeta, la mayoría de los científicos cree que la Luna nació cuando un planeta del tamaño de Marte chocó contra la Tierra recién nacida hace unos 4.500 millones de años. Los restos de los dos mundos que salieron disparados y quedaron en órbita terrestre se fueron agregando hasta dar lugar al satélite. En los últimos años, los modelos informáticos han confirmado esta teoría y apuntado a que el periodo de formación de la Luna pudo durar entre uno y cien años tras el impacto, y a que pudo nacer a sólo unos 26.000 kilómetros de la Tierra, frente a los 380.000 kilómetros actuales.

No hay pruebas definitivas, pero los científicos piensan que puede haber agua helada en la Luna. Pudo haber llegado allí durante la infancia del Sistema Solar, hace unos 3.900 millones de años, del mismo modo que se cree que llegó a la Tierra, en cometas y asteroides. Aunque la mayoría de esa agua se habría evaporado, quedaría algo en cráteres en sombra, según observaciones hechas en 1994 por la sonda Clementine que no han podido ser confirmadas. La existencia de agua en la Luna supondría una gran ventaja de cara a la futura construcción de una base permanente, un proyecto que hoy en día parece muy lejano y que tendrá que ser multinacional.

Desde la Tierra, los astrofísicos tienen pendiente todavía solucionar un gran misterio, el de los cientos de destellos y oscurecimientos inexplicables que se han creído ver en la superficie lunar y que se conocen como Fenómenos Transitorios Lunares (TLP). Duran entre segundos y varias horas, y se barajan dos posibles explicaciones: que se deban a la iluminación por parte del Sol de zonas normalmente en sombra o a emisiones de gas radón, lo que implicaría que la Luna está geológicamente viva.

Publicado en el suplemento Territorios, del diario El Correo.