Adivinos

Campaña electoral: a Rodrigo Rato le echan las cartas del tarot en Madrid

Rodrigo Rato escucha las explicaciones de la bruja. Foto: Efe.La anécdota paranormal de la campaña electoral ocurrió ayer en una librería del madrileño barrio de Chueca. Una adivina le echó las cartas del tarot a Rodrigo Rato, vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía. La bruja tuvo su minuto de gloria ante las cámaras de televisión y los fotógrafos que seguían al número dos de la lista del Partido Popular por Madrid. Con ese saber hacer de su pícaro gremio, la pitonisa dijo al político lo que sabía que quería oír: “En un momento cercano o lejano, no puedo precisarle más, tendrá lugar un momento político en el que se postulará como presidente del Gobierno”. El oráculo aseguró que en el futuro más próximo soplarán buenos vientos económicos: “La ruleta de la fortuna augura un periodo de muy buena economía”.

Vi la escena en los informativos de Telecinco y me pareció que Rato se tomaba a cachondeo el numerito montado por la vidente. No hubiera estado de más que, entre risas, preguntara a la adivina: ¿cuántos escaños va a sacar el PP el 14-M?, ¿quiénes son y dónde están escondidos los mandamases de la banda terrorista ETA?, ¿qué combinación de números será la premiada en el próximo sorteo de la lotería europea?… Hubiera perdido el voto de una bruja puesta en evidencia; pero no me negarán que hubiera sido divertido. Me molesta profundamente que un miembro del Gobierno no tenga inconveniente en fotografiarse junto a una echadora de cartas: ¿habría sonreído Rato de tener que seguirle el juego a un trilero?, ¿habría posado alegre junto a un carterista?, ¿se habría sentado a la mesa con un camello? Seguro que no. Entonces, ¿por qué no tiene inconveniente en congeniar con uno de los miles de estafadores que hacen su agosto en España con la adivinación del futuro?

¿Predijo hace un año Octavio Aceves la boda de Felipe de Borbón y Leticia Ortiz?

Cuando todavía no era posible saber el sexo de un bebé antes del nacimiento, había un médico que siempre acertaba el de los futuros hijos de sus pacientes. En ocasiones, una pareja le visitaba tras el alumbramiento increpándole por haber asegurado que iban a tener un niño cuando en realidad se trataba de una niña, y viceversa. Entonces, el doctor sacaba sus notas y demostraba a sus clientes que la memoria les engañaba, que, donde ellos habían entendido niño, él había dicho niña, o al contrario. Siempre tenía razón. No podía ser de otro modo. Y es que, cuando una de sus pacientes le preguntaba sobre el sexo del hijo que crecía en su seno, el médico decía ‘niño’ y apuntaba en el historial ‘niña’, o al revés. Si el veredicto oral era acertado, los padres nunca verían el historial; si no, él lo esgrimiría como prueba de que los errados eran ellos.

No sé dónde ni cuándo leí esta anécdota -¿puede ser en algún libro escéptico sobre lo paranormal?-, pero la recordé el domingo al ver que el brujo argentino Octavio Aceves (Rosario, 1947) afirmaba, en el diario El Correo, que había vaticinado hace doce meses que este año se anunciaría el compromiso matrimonial de Felipe de Borbón, heredero de la Corona española. “Yo dije, y está publicado, que hacia finales de año la Casa Real haría el comunicado del compromiso oficial del Príncipe con una joven de aspecto centroeuropeo, estatura alta, extremadamente delgada y muy guapa; que sería un casamiento por amor, a celebrarse en los primeros meses de 2004. Así que acerté de pleno”, sentencia el adivino. Cuando la periodista Arantza Furundarena le apunta que la novia no es centroeuropea, él responde: “Yo dije que tendría aspecto centroeuropeo, no que lo fuera. Y está claro que Letizia, por su físico, podría ser suiza”. Aceves añade que hizo la predicción “en noviembre o diciembre del año pasado. Me la jugué totalmente, pero es que lo vi muy claro en el tarot”. Yo también lo vi claro -y no soy vidente- cuando leí las declaraciones del augur sobre la boda principesca: bastaría con consultar la hemeroteca para volver a confirmar que el adivino da en la diana a veces, como todo el mundo, y que lo único sorprendente del real vaticinio es que alguien se lo crea.

Era cuestión de tiempo que Octavio Aceves acertara con el anuncio del compromiso real. Lo lleva prediciendo anualmente desde que lo hizo en las páginas de Supertele para 1997: “Se anunciará de forma oficial el compromiso del príncipe Felipe”, dijo hace siete años. Ahora, el vidente se cuelga medallas; pero pasa por alto un montón de vaticinios fallidos. El 2 de enero de 2000, anunció: “Este año el Príncipe conoce por fin a su novia, a la mujer de su vida. No sé si habrá boda antes de 2001, pero la cosa va en serio”. También adelantó que, de española, nada. “Creo que no. La veo más bien extranjera. La visualizo castaña, tirando a rubia”. El heredero de la Corona conoció a Letizia Ortiz ¡a finales de 2003!, y ella es asturiana y castaña. No tiene de rubia ni un pelo. A comienzos de 2001, el brujo dijo que la novia del Príncipe iba a ser “una mujer europea, pero no española”, y vaticinó el anuncio oficial del compromiso para finales de aquel año. Volvió a meter la pata. En enero de 2002, se la jugó otra vez: “Entre Felipe y Eva (Sannum) no veo ninguna ruptura, bien porque todavía siguen enamorados y pensando el uno en el otro, bien porque continúan en contacto”. Y puntualizó que la futura Reina de España iba a ser “más bien extranjera, probablemente centroeuropea, grandota y de cabello castaño, tirando a rubio”. Fíjense que afirmó que la prometida de Felipe de Borbón sería “centroeuropea” -no “de aspecto centroeuropeo”, como ahora dice- y que la describió físicamente como “grandota”, no como alta -que tampoco lo es Letizia Ortiz- y delgada. ¿Cuál fue la predicción del adivino para 2003? Dado que no indica dónde anunció la real boda hace doce meses, asumo que pudo ser también en El Correo, donde el 29 de diciembre de 2002 se publicó un reportaje titulado “Futuro imperfecto” en el cual Aceves, Paco Porras y Aramís Fuster emitían sus augurios para el año que ahora termina. La autora del texto, Isabel Urrutia, recoge que el vidente de Rosario pronosticaba la boda real para 2004, pero con una joven centroeuropea, de ojos claros y rubia, descripción en la que coincidía con Porras y en la que no casa la novia.

Octavio Aceves asegura ser doctor en Psicología, Parapsicología, Ciencias Humanísticas, Literatura Religiosa y Filosofía Orientalista. Llegó a España en la primera mitad de los años 80 y los más viperinos cronistas de sociedad le consideran “un saludable oasis en el mundo del esoterismo y la videncia”. Aunque mantiene que ve “más allá que el común de los mortales”, a la hora de la verdad, su agudeza visual deja mucho que desear. Como sus colegas, acierta en lo obvio, pero yerra en el resto. Si por este remilgado oráculo fuera, la primera guerra contra Irak hubiera durado “aproximadamente un año”, Miguel Boyer hubiera vuelto a la política e Isabel Pantoja hubiera pasado por el altar en 1993 ó 1994. Nada de esto ha ocurrido. Sin embargo, Aceves goza de buena prensa y se gana la vida con el cuento de la adivinación: cobra 100 euros por visita en persona y tiene el típico consultorio telefónico. Claro que, si hay engañabobos, es porque hay bobos, como suele recordar el divulgador científico Manuel Toharia.

Ascenso y caída de Prudencio Muguruza

Prudencio Muguruza baraja las cartas del tarot en TeleBilbao.Me tuve que frotar los ojos cuando una noche cambié de canal en mi televisor y fui a parar a los dominios de TeleBilbao. Allí estaba el otrora parapsicólogo -antes, ufólogo y, antes, empleado de banca- Prudencio Muguruza convertido en echador de cartas de una emisora local. Los jóvenes no le recordarán, pero los que llevamos en esto ya años siempre asociaremos a Muguruza con la portada del número de Mundo Desconocido correspondiente a enero de 1982. Sobre un fondo azul, se veía una brillante nube que el siempre imaginativo Juan José Benítez convirtió en una portentosa nave extraterrestre y un titular: “Ovni en Treviño”.

Muguruza dejó la entidad bancaria en la que trabajaba y, durante los años 80, se dedicó a organizar saraos paranormales en Vitoria, donde llegó a abrir una librería esotérica y era el experto local en ovnis habitualmente consultado por los medios. Posteriormente, desvió su carrera hacia la parapsicología. La última vez que me encontré con él, antes de la aparición televisiva, fue el 16 de diciembre de 1992. Me dijo entonces, entre otras cosas, que “los extraterrestres nos visitan, aunque no podamos entenderlo”. Fue durante una entrevista en un hotel bilbaíno que luego se publicó en las páginas del diario El Correo. Parecía que le iba bien con la parapsicología.

El otro día, la impresión que me dio fue triste. Muguruza se ha convertido en un tarotista más al que se nota demasiado que camina apoyándose en lo que le cuenta el consultante. Eso sí, es una demostración viva de reciclaje profesional: de empleado de banca a ufólogo, de ufólogo a parapsicólogo y de parapsicólogo a tarotista. ¿Qué será Muguruza dentro de diez años? ¿Le quedan escalones por descender en el mundillo paranormal? El tiempo lo dirá.