Edzard Ernst presenta el martes en San Sebastián la versión en euskera de su libro ‘Trick or treatment? Alternative medicine on trial’

"Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban", un libro de Edzard Ersnt y Simon Singh.El médico británico Edzard Ernst presentará el martes en San Sebastián la versión en euskera de Trick or treatment? Alternative medicine on trial (¿Truco o tratamiento? Juicio a la medicina alternativa), libro escrito en colaboración con el periodista científico Simon Singh, con una conferencia que se celebrará a las 19 horas en el palacio de Miramar. El acto ha sido organizado por la Fundación Elhuyar, que ha traducido y publicado la obra en lengua vasca bajo el título de Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban.
De origen alemán y médico, Ernst puso en marcha en 1993 la cátedra de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter, convirtiéndose en el primer catedrático de esa disciplina en el mundo. «Entonces, decidí poner a prueba las afirmaciones de la medicina complementaria usando las herramientas de la ciencia». Había empezado su carrera profesional en un hospital homeopático, pero, al someter esa práctica al método científico, comprobó que es una pseudomedicina cuyo éxito se basa en el efecto placebo. «Si permitimos a la industria homeopática vender placebo, deberíamos hacer lo mismo con las grandes compañías farmacéuticas, y ¿dónde nos llevaría eso?», se preguntaba hace un año.
En Trick or treatment? Alternative medicine on trial, libro sobre el que versará su charla de San Sebastián, Singh y él examinan las pruebas a favor de la homeopatía, la acupuntura, la quiropráctica y otra treintena de prácticas, y concluyen que no sólo carecen de efectividad demostrada, sino que, además, algunas de ellas pueden resultar peligrosas. La obra, que ya puede leerse en euskera y del que no existe versión en castellano, ha sido alabada en círculos científicos y duramente criticada entre los promotores de las medicinas alternativas. Los autores han ofrecido un premio de 10.000 libras a quien demuestre que la homeopatía funciona más allá del placebo, sin que nadie lo haya reclamado.
Si está en San Sebastián el martes y sabe inglés -la lengua en la que hablará Ernst- o euskera -idioma al que habrá traducción simultánea-, no se pierda esta interesante conferencia organizada por la Fundación Elhuyar.

La acupuntura es inútil contra el dolor y las náuseas, y tiene graves efectos secundarios

Dos estudios científicos publicados en las revistas PLoS ONE y Pain confirman que la acupuntura no es más efectiva que el placebo para tratar las náuseas en los pacientes de cáncer sometidos a radioterapia y reducir el dolor en general, respectivamente. Los autores del segundo de los trabajos destacan, además, que los efectos secundarios de esta práctica pueden llegar a ser graves -neumotórax e infecciones- hasta el punto de llevar a la muerte del paciente.
Un hombre se somete a acupuntura en un hospital universitario de Pekín. Foto: Reuters.El primer estudio lo han hecho investigadores del Instituto Karolinska y la Universidad de Linköping con 277 pacientes de radioterapia por un cáncer en el abdomen o la región pélvica. A 109 sujetos les pincharon con agujas para estimular ciertos puntos, 106 fueron tratados con agujas placebo que simplemente presionaban la piel y los 65 restantes formaron el grupo de control y recibieron exclusivamente la medicación convencional contra las náuseas. Al final, en los pacientes de los dos primeros grupos los resultados fueron similares: sólo el 37% sufrió náuseas y el 7% vomitó, frente al 63% y el 15%, respectivamente, de los enfermos que no fueron sometidos a acupuntura real o ficticia.
«Los efectos beneficiosos no parecen proceder de la acupuntura tradicional, sino probablemente de las expectativas optimistas de los pacientes positivos y el cuidado extra que el tratamiento implica», ha explicado Anna Enblom, fisioterapeuta e investigadora del Centro Osher de Medicina Integral del Instituto Karolinska. Los pacientes sometidos a acupuntura real o simulada se comunicaron con quienes se la administraban, recibieron estimulación táctil y se les dio tiempo extra para descansar y relajarse. «Es importante recordar que los efectos del tratamiento son valiosos para los pacientes, aunque se puede decir que han sido causados por factores inespecíficos, tales como la manera en que fueron atendidos y sus expectativas positivas».
Décadas de estudios
El otro trabajo lo han hecho investigadores del Instituto Coreano de Medicina Oriental de Daejeon (Corea del Sur) y de las universidades de Exeter y Plymouth, que han revisado 266 artículos sobre la aplicación de la acupuntura para aliviar el dolor, de los que al final sólo han admitido 56 como aceptables desde un punto de vista metodológico. Su conclusión, publicada en el número de abril de Pain, es que la acupuntura real y la simulada -que no conlleva ningún pinchazo- son igual de efectivas contra el dolor lumbar, aunque las dos son más efectivas que el tratamiento convencional por sí solo. Los autores creen que esos buenos resultados de la acupuntura real o ficticia se deben al entusiasmo del paciente y el carisma del terapeuta y advierten de que la acupuntura, además de carecer de beneficios achacables al pinchazo de las agujas, puede tener graves efectos secundarios, que en los estudios examinados se dividen en infecciones (38 casos), traumas (42) y otras complicaciones (13), con un saldo de cinco muertos.
«Es importante destacar que, cuando una terapia es realmente efectiva, los estudios tienden a producir resultados más convincentes a medida que pasa el tiempo y se acumula el peso de la evidencia. Cuando un tratamiento es estudiado durante décadas y la evidencia sigue siendo inconsistente, se vuelve más y más probable que no sea realmente eficaz. Éste parece ser el caso de la acupuntura. De hecho, en su conjunto, la evidencia publicada (y científicamente rigurosa) lleva a la conclusión de que la acupuntura no es más eficaz que el placebo», sentencia en un comentario la médica Harriet Hall, experta en el análisis crítico de las llamadas terapias alternativas y una de las autoras del estudio.

Acupuntura en el frente de batalla, en Afganistán

Un médico militar estadounidense, el comandante Keith Stuessi, está tratando a algunos soldados en el frente de Afganistán con acupuntura. Ha habilitado una sala en el campamento Letherneck, una base del sur del país, con lucecillas en el techo y música New Age. Y ahí, a media luz, clava a los infantes de marina agujas para ajustarles «las vías neurales». «Es como recablear un ordenador; pulsas ciertos nervios del cuerpo. Así, en vez de mandar una señal de dolor al cerebro, mandan una señal diciendo que todo está bien. Es casi como engañar al cerebro», ha explicado el militar en The Sydney Morning Herald.
Stuessi, de cuyas andanzas me he enterado gracias a Alfredo Riva, asegura que la Marina ha adiestrado ya a 50 médicos en la denominada acupuntura del frente de batalla, una variante de la tradicional desarrollada por un médico de la Fuerza Aérea. Él la emplea en Afganistán para tratar mareos, pérdidas del equilibrio, zumbidos en los oídos, insomnio, aversión a la luz y dolores de cabeza. «Estoy viendo resultados increíbles», sostiene. Y seguro que es así, seguro que su fe y la esperanza de los soldados que se someten a sus tratamientos consiguen la curación de esas dolencias mediante el efecto placebo. Porque, después de décadas de estudios, todavía no hay ninguna prueba real de la eficacia de la acupuntura más allá del placebo, ni parece que la vaya a haber alguna vez. Un sanador espiritual o cualquier otro mercachife conseguiría resultados parecidos.
Al parecer, la semana pasada, responsables del Departamento de Defensa de Estados Unidos y del Centro Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM) de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) mantuvieron una reunión para hablar del uso de la acupuntura en el campo de batalla. Sería mejor que el Pentágono garantizara un buen tratamiento médico y psicológico a sus hombres, en vez de confiar en hechiceros con título universitario y abonar la creencia en supercherías.
¿Habrán contado los representantes del NCCAM a los militares que, en sus casi 20 años de funcionamiento y después de haber gastado miles de millones de dólares, ni su centro ni la Oficina de Medicina Complementaria y Alternativa para el Cáncer (OCCAM), también dependiente de los NIH, han desarrollado una sola terapia efectiva contra una enfermedad? El NCCAM y la OCCAM absorben al año 240 millones de dólares de fondos públicos que malgastan en estudios sobre la homeopatía, la acupuntura, el reiki y otras prácticas pseudocientíficas, cuando ese dinero podía destinarse a la medicina real.

Eduard Punset apuesta por la acupuntura y la energía ‘qi’ en su nueva sección de ‘Muy Interesante’

Eduard Punset.Eduard Punset se ha estrenado como columnista de Muy Interesante. La sección se llama Mentes Maravillosas e intuyo que va a ir de personajes dignos de elogio en opinión del autor. He reparado en ella alertado por Mauricio-José Schwarz, he leído la primera entrega y se me ha encogido el ánimo. Se titula «Nguyen y sus alfileres» y no va de una modista o algo parecido, sino que es una hagiografía de Nguyen Van Nghi (1909-1999), el vietnamita que introdujo la acupuntura en Occidente.
Dice Punset que la verdadera medicina china «cuenta con más de 3.000 años de experiencia científica y humana». ¿Dónde están las pruebas? Pues en el mismo sitio que las de la validez de la astrología; por eso, no presenta ninguna. El autor recurre, como no podía ser menos, a el a mí me funciona tan querido, por ejemplo, por los usuarios de las pulseras del equilibro. Y recuerda que, después de que el pseudomédico le pinchara con sus agujas, supo por primera vez en su vida «lo que era un corazón acompasado con el ritmo del Universo». Así, sin más. Cuando conoció al sabio, éste le diagnosticó problemas en el corazón, los bronquios, los intestinos, el riñón. ««Hay algo que me funcione?», le pregunté medio en serio, medio en broma. «El cerebro», replicó, «sólo el cerebro»». Van Nghi erró en su diagnóstico.
El divulgador científico de cabecera de media España alaba al curandero vietnamita porque no sólo «era el mejor del mundo en medicina china y, particularmente, en la aplicación de la acupuntura», sino que además «era muy consciente de que un día la medicina sería realmente universal, porque aprovecharía lo que Occidente y Oriente tienen en común». Punset quiere decir con esto unir medicina científica y alternativa. Por si tuviéramos alguna duda, nos aclara en un despiece que «a Van Nghi se debe, por ejemplo, la introducción en Occidente de conceptos luego tan difundidos como la energía qi, que anima a todos los seres vivos y cuyo flujo defectuoso explica el mal funcionamiento de nuestro organismo y nuestra mente». Las agujas equilibran, según el pseudomédico oriental y su discípulo catalán, el flujo energético y acaban con la enfermedad.
¡A por el Pigasus!
Artículo de Eduard Punset sobre el acupuntor Nguyen Van Nghi.Poco importa que la energía qi no haya sido detectada por instrumental científico alguno y sea, por tanto, tan real como la chiripitifláutica. Punset se traga el cuento de la acupuntura como las trolas de Uri Geller -«Tú eras un pionero y ahora esto es ciencia, ciencia pura», le dijo al doblacucharas israelí hace años en Redes-, Deepak Chopra, Rupert Sheldrake y compañía. El expolítico catalán es un ejemplo de la peor divulgación, la que mezcla ciencia y pseudociencia, y las presenta al público como si fueran equiparables. Como apunta Schwarz, son muchos los ejemplos «de charlatanería pura y dura y de exageración y malinterpretación de los datos científicos» por parte de Punset, quien basa su éxito en un hábil manejo de los medios y de las relaciones públicas, así como en el seguidismo acrítico de buena parte de las profesiones periodística y científica.
Lo inquietante es que su último disparate se publique en una revista como Muy Interesante, leída por centenares de miles de jóvenes ansiosos por saber, y que Punset sea un multipremiado divulgador científico. ¡Manda narices! «Nguyen y sus alfileres» habría hecho las delicias de Martin Gardner: es una mezcla de pseudociencia y misticismo de mercadillo en la que el recientemente fallecido periodista científico estadounidense habría encontrado material suficiente para escribir una de sus magníficas y pedagógicas columnas.
Punset no ha recibido todavía el premio como divulgador para el que más méritos ha hecho: el Pigasus que concede el ilusionista James Randi a quien promueve la irracionalidad. El mundo es injusto: ¿se anima alguien a presentar su candidatura a ese galardón?

La Sanidad catalana empieza a costear tratamientos de acupuntura, homeopatía y flores de Bach

La Sanidad catalana ha incluido ya en el catálogo de prestaciones sanitarias la acupuntura, la homeopatía y las flores de Bach, prácticas cuya efectividad nunca ha sido demostrada científicamente. Según me informa Francisco Manuel Crespo Romero y publica El Periódico, el Centro de Atención Primaria de Sagrada Familia (Barcelona) será el primero en ofrecer este mes esos tratamientos, que se basan en mágicos equilibrios energéticos (acupuntura y flores de Bach) y en la inexistente memoria del agua (homeopatía). Alguien debería explicar a los contribuyentes catalanes desde la Generalitat cuál es el criterio que se sigue para malgastar dinero público en unos remedios que, aunque los practiquen profesionales sanitarios, son hechicería, y no medicina. Una vergüenza, y más en tiempos de crisis y en un sistema de salud, el catalán, del que se dice que está en quiebra técnica. Ya puestos, podían ahorrar dinero -con la misma efectividad sanitaria que la acupuntura, la homeopatía y las flores de Bach- sustituyendo estos tratamientos por plegarias. Tendrían que ser oraciones dirigidas por profesionales sanitarios, claro, para que no se queje luego la Organización Médica Colegial (OMC), siempre tan atenta a los intereses de sus asociados.