Vendedores de misterios

Benítez, el 11-S y los pseudoescépticos argentinos

Ahora que va a regresar a Televisión Española con su serie Planeta encantado -cuya producción ha costado 8 millones de euros y que contiene algunas de las escenas más ridículas que hemos visto en espacios de este tipo-, alguien debería recordar a nuestros políticos y a la sociedad en general quién es Juan José Benítez, autor cuyo currículo de disparates e insensateces es tan amplio como miles los kilómetros dice haber recorrido tras el misterio. ¿La penúltima? Que el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono fue organizado por altas instancias del Gobierno de Estados Unidos. Lo dijo en septiembre de 2002, durante la presentación de su libro Mi Dios favorito, que por prudencia sólo me he atrevido a hojear. “Todo estuvo diseñado por los propios norteamericanos”, afirma el novelista navarro sobre los atentados terroristas.

Otros dos hispanos, Christian Sanz y Norberto Maraschi, tampoco creen que un avión se estrelló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. Lo sorprendente es que hasta hace poco ocupaban la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, de la Asociación Argentina de Lucha contra las Pseudociencias (ASALUP), que por cierto carece de personalidad legal. Sanz dimitió después de descubrirse que plagió un artículo y que un fax que presentó como prueba en un debate televisivo era una burda falsificación. El descubrimiento del fraude del fax corrió a cargo de auténticos escépticos a quienes los responsables de ASALUP y Héctor Walter Navarro, un pseudoescéptico encarnación de la telebasura en Argentina, intentaron desacreditar. Sanz, Maraschi y Navarro respondieron con insultos a los críticos hasta que tuvieron que callar aplastados por las pruebas del plagio y de la falsificación.

La historia es apasionante e inquietante: los auténticos escépticos argentinos -Alejandro Agostinelli, Alejandro Borgo y Max Seifert, entre otros- han defendido a capa y espada la racionalidad frente a aquéllos que únicamente buscan el beneficio personal y que, si no están en las filas de Benítez y compañía, es porque hay demasiada competencia. Lean “¿Está el escepticismo organizado argentino en manos de conspiracionistas?” -les aseguro que se preguntarán el porqué de los signos de interrogación- y el artículo que publicó sobre el asunto Alejandro Borgo en Skeptical Briefs, el boletín del Comité para Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), cuya versión española ha aparecido en El Escéptico Digital.

¿Dará vida Manuel Carballal a Antonio Salas?

La productora gallega Filmanova busca protagonista para la versión televisiva de Diario de un skin (Temas de Hoy, 2003), obra de un presunto infiltrado en grupos neonazis que se está vendiendo como rosquillas. Digo presunto infiltrado porque, al parecer, en el molvimiento neonazi español pueden contarse con los dedos de una mano quienes no saben quién se oculta tras el pseudónimo de Antonio Salas. Así, en la página web de Centuria Hispánica, puede leerse desde hace meses el siguiente anuncio: “Agradeceríamos al señor Manuel Carballal, alias Antonio Salas, que, para evitar burocracias legales, nos envíe un cheque al portador con la parte proporcional que nos corresponde de los derechos de autor que recibe de su libro Diario de un skin, dado que en los apartados relativos a la música RAC y las skingirls hay páginas y páginas enteras copiadas de nuestra web, para lo cual no nos ha pedido permiso, vulnerando así la propiedad intelectual de los textos y nuestros derechos de autor”.

Portada del suplemento 'El Semanal', del 18 al 24 de mayo de 2003, en la que se ve a Manuel Carballal como Antonio Salas a la izquierda, tapados sus ojos por unas 'gafas de sol'.El autor de Diario de un skin ha dado en los últimos meses tantas pistas que tampoco hay prácticamente nadie en el mundillo paranormal ibérico para el que la identidad de Antonio Salas sea una enigma. Así, la primera referencia al libro apareció en Mundo Misterioso, portal esotérico dirigido por Manuel Carballal, donde presentaron a Salas como “un conocido periodista de investigación” que, “responsable de varios de los reportajes de investigación, en formato de cámara oculta, emitidos por Tele 5 desde el año 2000, ha sido el único reportero infiltrado en sectas, grupos de crimen organizado y organizaciones extremistas cuyas grabaciones han sido consideradas pruebas judiciales en varios casos policiales españoles”. Curiosamente, pocos meses antes de la llegada de la obra de Salas a las librerías, Carballal acusó al autor de estas líneas de poner en peligro su vida por desvelar sus actividades periodisticas.

“Luis Alfonso Gámez es un fanático religioso, y como tal no puede ver más allá de sus narices, tan amplias como las de Pinocho por razones obvias. (…) Su fanatismo llega al extremo de publicar en un periódico proetarra que yo soy un periodista infiltrado, al servicio de la Policía o del Cesid, en grupos de extrema izquierda… ¿te imaginas? Tanto si fuese cierto (que no lo es) como si no, uno podría pensar que los arpíos querían hasta que me pusieran una bomba ¿no?”. Estas líneas, escritas por Carballal en un mensaje publicado en la lista de correo Mundo Misterioso el 15 de octubre de 2002, dejan claro que este misteriólogo es capaz de cualquier infamia.

En su momento, pedí a Carballal que indicara dónde y cuándo había hecho yo lo que él decía. Naturalmente, no pudo enseñar ni un recorte de prensa, porque no sólo no he escrito jamás en un “periódico proetarra”, sino que tampoco he dicho en ningún otro medio que él haya trabajado como “periodista infiltrado, al servicio de la Policía o del Cesid, en grupos de extrema izquierda”. Carballal mintió hace casi un año y demostró, al mismo tiempo, que padece amnesia selectiva respecto a lo de publicar afirmaciones que puedan colocarle en el punto de mira de asesinos. Mejor haría en controlarse a sí mismo y no dejarse llevar por las ansias de figurar que le llevaron a jactarse, en Los expedientes secretos (Planeta, 2001), de colaborar desde hace años con la Policía y de “contribuir humildemente en una operación contra la banda terrorista ETA” (pág. 24), gracias a unos contactos que había hecho en campos de tiro.

Manuel Carballal, en su libro 'Los expedientes secretos'. Foto: Vicente Carballal.Esas ansias de figurar son las mismas que transportaron en mayo a Antonio Salas hasta una portada de El Semanal, el suplemento que se distribuye con veinticinco diarios españoles, en la que aparecían cuatro supuestos neonazis junto a una tentadora sentencia: “Uno de estos skins es un topo”. Si el reto era adivinar cuál, podía haberse recurrido a otra imagen. Porque el neonazi pegado a la izquierda de la foto, cuyas gafas de sol parecen pintadas con rotulador negro, y el retrato que puede verse en Los expedientes secretos corresponden a la misma persona. A no ser, claro, que Manuel Carballal tenga un clon. Lo único que queda por saber es quién interpretará a Antonio Salas en la tele; en la vida real, no hay ninguna duda al respecto.

Jiménez del Oso espera desde 1979 entrar en contacto con los ummitas

“Con un poco de suerte, confío dentro de poco entablar contacto personal con seres de Ummo, planeta que gravita en torno a la estrella Iumma, situada a 14,6 años-luz de la Tierra, codificada por nosotros como la estrella Wolf 424”. A finales de 1979, Fernando Jiménez del Oso, por aquel entonces director del programa de televisión Más Allá, confesaba su más íntimo deseo a un reportero de la revista Garbo mientras rodaba en Alcoy un episodio de la serie de TVE dedicado a un contactado. El actual director de Enigmas consideraba “muy digno de crédito” a un joven de 16 años que, según él, estaba en “contacto físico y telepático con seres de la constelación de Andrómeda, Anthar Serac, Adoniesis, Woodok, Link y otros, e inclusive conoce cómo son sus naves por dentro”. El psiquiatra, quien quería seguir los pasos del contactado, lo ha tenido más difícil para conocer en persona a los ummitas, extraterrestres que sólo han existido en la mente de José Luis Jordán Peña.

Fernando Jiménez del Oso en la revista 'Garbo' en 1979.Jiménez del Oso tiene a gala ser “muy cauto” en sus declaraciones y se ha ganado entre la opinión pública una inmerecida fama de riguroso investigador. Por desgracia para él, en determinadas ocasiones no puede evitar soltarse la melena y mostrarse cómo lo que es. En enero de 2000, por ejemplo, aseguró en una entrevista publicada por La Vanguardia que durante años había compartido piso en Madrid con un fantasma. Y es que a este psiquiatra le han pasado cosas de lo más extrañas. Convencido de la existencia de los platillos volantes como naves extraterrestres y de que “existen bases submarinas de ovnis cerca de las islas Canarias”, reconocía en 1980 que había visto en Madrid dos objetos volantes no identificados, “que se movían a una velocidad de 5.600 kilómetros por hora”.

Firme defensor de la convivencia de civilizaciones tecnológicas con los dinosaurios, a raíz de las críticas hechas por ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico -en aquella época, Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP)- cuando fue invitado en 1988 por la Universidad del País Vasco a dar una conferencia en Bilbao, Jiménez del Oso admitía en El Correo que la ciencia nunca ha sido lo suyo. Interrogado sobre el hecho de que los parapsicólogos eviten el método científico, decía: “¿Que no he utilizado una metodología científica? Y a mí qué narices me importa”.

Colonias secretas en un Marte de película

Si la invasión alienígena de Orson Welles demostró en 1938 que la creencia en visitantes extraterrestres estaba latente en la sociedad estadounidense mucho antes del avistamiento ovni de Kenneth Arnold, Anglia TV se adelantó en casi dos décadas a la paranoia conspiracionista que con tanto éxito explota Expediente X. Al igual que de las sesiones de radioteatro del autor de Ciudadano Kane sólo se recuerda La guerra de los mundos, de la serie Informe Científico de la ITV británica sólo ha sobrevivido Alternativa 3. No es para menos.

El documental de 1977 revela cómo el ser humano tiene los días contados sobre la Tierra a causa del deterioro medioambiental; las grandes potencias lo saben y trabajan desde hace décadas en colaboración para habilitar una colonia humana en Marte que acogerá a lo mejor de lo mejor; y las personas que desaparecen a diario en cualquier lugar del planeta son utilizadas como esclavas en una base en la cara oculta de la Luna. Todo ello, aderezado con entrevistas a científicos, astronautas y expertos en política internacional, así como con un vídeo del primer amartizaje ruso-americano, fechado en 1962 y en el que se ve un Marte de cielo azul bajo cuya arena se mueve algo vivo.

La fiebre de Alternativa 3 llegó a España en 1983 de la mano de Fernando Jiménez del Oso, quien incluyó el documental en su programa La Puerta del Misterio. Ésa fue la última emisión de la temporada, lo que rodeó al documental de una mayor aura enigmática a pesar de las numerosas evidencias en contra de su autenticidad, desde el color del cielo marciano hasta las apariciones de astronautas y científicos inexistentes.

La puntilla definitiva al fenómeno de Alternativa 3 la dio Nick Austin, el responsable de Sphere Books que contrató la edición posterior del libro del mismo nombre, en el número de abril de 1999 de la revista Fortean Times. “Por supuesto, Alternativa 3 -el documental de televisión y el libro- fue una broma, una farsa”, sentencia Austin, quien, en un extenso reportaje, desvela la historia real -el espacio iba a emitirse en el 1 de abril, Día de los Inocentes en el mundo anglosajón, pero tuvo que posponerse al 20 de junio-, identifica a los actores y no deja de mostrar su sorpresa por la pervivencia del mito. Inexplicable si tenemos en cuenta que los autores de la trama y la productora han repetido hasta la saciedad desde 1977 que Alternativa 3 se concibió como inocentada.

Publicado originalmente en Muy Especial.

Dos libros muy recomendables

Entre tanta memez como se publica –Iker Jiménez ha sacado su propia colección de libros y Fernando Jiménez del Oso dirige otra también lamentable-, hay dos novedades editoriales que recomendar desde el punto de vista escéptico. La primera de ellas –Conviértase en brujo, conviértase en sabio– supone el regreso después de tres lustros del físico Henri Broch a las librerías españolas, esta vez acompañado de un premio Nobel, Georges Charpak. La obra tiene dos niveles de lectura: el superficial, que es el que sin duda atrae a mucha gente, está protagonizado por los brujos y algunos de sus trucos; el profundo incita a la reflexión sobre el futuro inmediato del ser humano, la democracia, el bienestar y los alarmismos que tanto explota esa multinacional del ecologismo que responde al nombre de Greenpeace.

¿Saben cuánta gente ha sufrido en su salud los efectos de la energía nuclear? Bueno, fuentes antinucleares hablan de 38 millones de muertos y afectados en diverso grado desde mediados del siglo pasado. ¿Saben cuánta gente ha sufrido en su salud los efectos del automóvil? Pues, en el mismo tiempo, el coche se ha llevado por delante a 35 millones de personas y ha causado lesiones -desde rasguños hasta parálisis- a otros 1.500 millones. Se calcula que el bendito automóvil, en el que algunos viajan hasta las centrales nucleares para protestar por lo peligrosas que son, mata cada año a 700.000 personas en el mundo, además de expulsar por su tubo de escape millones de toneladas de veneno. Estos datos no los dan Broch y Charpac, pero algunas interesantes reflexiones suyas me animaron a buscarlos.

La otra obra, el debut editorial en nuestro país del italiano Massimo Polidoro, no la he leído todavía. Aún así, me atrevo a recomendársela por dos razones: el autor es uno de los baluartes de la racionalidad en Italia, donde el escepticismo científico enraizó después pero con mucha más fuerza que en España, y Pedro Luis Gómez Barrondo, director de El Escéptico Digital, me ha dicho que es una joyita. El libro de Polidoro se titula Los grandes misterios de la historia y está publicado por Robinbook, editorial que apadrina casi siempre -¡bendita excepción ésta!- títulos desquiciantes y desquiciados.

Publicado originalmente en El Escéptico Digital.