Lorenzo Fernández Bueno

Un alcalde del PSOE destina 587.000 euros de fondos de la UE a perpetuar el fraude de las caras de Bélmez

En mitad de la crisis económica más grave que hemos conocido la mayoría, Pedro Justicia, alcalde socialista de Bélmez de la Moraleda, va a destinar 587.000 euros de fondos europeos a la creación de un museo sobre las caras de Bélmez, el más famoso fraude parapsicológico de la España tardofranquista. El edificio empezará a construirse en otoño y costará 858.000 euros, 587.000 procedentes de la Unión Europea, 208.000 de la Diputación de Jaén y 42.000 del Ayuntamiento de Bélmez, según informa Ideal. ¿Qué pensarán en Bruselas de que nuestro país, con la que está cayendo, despilfarre medio millón de euros de fondos europeos en un museo que fomenta el pensamiento mágico, la incultura y la superstición?

El reportaje de ‘Ideal’ con el que empezó todo.El misterio de Bélmez nació el 23 de agosto de 1971 cuando María Gómez Cámara, una vecina del pueblo, creyó ver una cara en una mancha de grasa en el suelo de la cocina de su casa. Esa primera cara fue destruida, pero pronto apareció una segunda que hizo al fenómeno merecedor de una página entera de Ideal. Llegaron los parapsicólogos y los periodistas, y la mujer y su familia hicieron negocio cobrando la entrada a la casa y vendiendo fotos a los curiosos. Los periódicos que cubrieron la historia aumentaron la tirada espectacularmente; pero al final acabó desvelándose el fraude: las caras eran pintadas.

Veinticinco años después, cuando sólo se acordaban de ellas cuatro gatos, Iker Jiménez y Lorenzo Fernández las resucitaron en la revista Enigmas, donde anunciaron en 1997 que iban a presentar “la prueba definitiva de que los rostros de Bélmez de la Moraleda no son un fraude”. Sobra decir que nunca la presentaron porque tal prueba no existe, pero, desde entonces, se han sucedido los libros, a cada cual más disparatado, para seguir sacando dinero a un misterio cutre que empezó con una mancha de grasa en la que una mujer creyó ver una cara y continuó con otras manchas retocadas o directamente pintadas por diferentes personas a lo largo de los años.

Pues bien, en vez de dar carpetazo a este episodio vergonzoso de la historia de Bélmez de la Moraleda, el alcalde del pueblo, Pedro Justicia, del PSOE, quiere ahora perpetuar el engaño a costa de las arcas públicas. ¡Qué vergüenza! ¡Es que nadie puede parar ni aquí ni en Bruselas a esta tomadura de pelo!

‘El Caminante de Boisaca’

Ilustración: Iker Ayestarán.El expreso Rías Altas acababa de salir de la estación de Santiago de Compostela el 5 de mayo de 1988 cuando, hacia las 23 horas, arrolló a un hombre a su paso por el barrio santiagués de Boisaca. Caminaba por las vías de espaldas al tren e ignoró las señales acústicas, según el maquinista. El cuerpo quedó seccionado y no hubo manera de identificar a la víctima: no llevaba documentación y sus huellas dactilares no coincidían con ninguna existente en los archivos policiales que se consultaron entonces. Fue el de El Caminante de Boisaca un suceso más sin resolver hasta que dos jóvenes periodistas esotéricos, Iker Jiménez y Lorenzo Fernández, le echaron el ojo.

Para estos reporteros, que accedieron en 1996 al expediente policial y publicaron la historia en la revista Enigmas, la apariencia del fallecido habría resultado muy extraña a cualquiera que le hubiera visto con vida. Decían que era un joven que tenía una cabeza “muy voluminosa”, “dentición completa con algunas piezas afiladas y salientes”, y las orejas “absolutamente planas, rotadas hacia adelante y sin pliegue alguno en el pabellón auditivo externo”. Aseguraban que “prestigiosos psiquiatras” que habían visto fotos del rostro deformado por el impacto del tren sostenían que sus rasgos eran “propios de enfermos psíquicos profundos”.

Los dos periodistas descartaban cualquier explicación convencional sobre el origen del hombre y la causa del atropello. “Las hipótesis lógicas fallan en su totalidad, y muchas personas conocedoras del caso se han planteado otras que pudieran parecer más fantásticas”, escribían ocho años después de los hechos. “No podemos reprimir la tentación de añadir una hipótesis más por aventurada que parezca: se trata de un salto en el tiempo y en el espacio”. Es decir, el muerto era para ellos un viajero del tiempo, algo en lo que se reafirmó en 1999 Iker Jiménez en su libro Enigmas sin resolver.

Análisis forense

El periodista resucitó a El Caminante de Boisaca en 2006 en Cuarto milenio, con una recreación del suceso que concluía llamando la atención sobre el hecho de que el joven había actuado “como si nunca hubiese visto un tren, como si viniese de otro tiempo o de un mundo distinto”. El rostro de la víctima revelaba al forense José Cabrera, a partir de ese momento un habitual del programa de Cuatro, que podía tratarse de un deficiente psíquico que había vivido encerrado durante años. “Todo esto -dijo respecto al retrato robot- da la sensación de que es un retraso mental congénito”.

En octubre pasado y gracias a las huellas dactilares, la Policía identificó el cadáver del infortunado como el de Óscar Ortega, un joven de 22 años, normal y corriente, que preparaba unas oposiciones cuando desapareció. Un día de la primavera de 1988, salió de su casa de Castelldefels y dejó a su madre una nota en la que le decía que se iba de vacaciones. Nunca volvió, y su trágica muerte fue objeto de disparatadas especulaciones durante años.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Iker Jiménez y el crononauta que nunca existió

Un joven arrollado por el tren en Santiago de Compostela en mayo de 1988 se acaba de llevar por delante otro trozo de la credibilidad de Iker Jiménez, el periodista de lo extraño que se tragó la historia del cosmonauta fantasma y ha proclamado repetidamente que la aldea de Ochate fue un pueblo maldito. Jiménez especulaba hace nueve años, en su libro Enigmas sin resolver (1999), con la idea de que la víctima fuera un viajero en el tiempo, “un individuo que había surgido de la nada, apareciendo repentinamente en la caja de la vía sin que nadie lo hubiera visto rondando por el lugar”. Ahora, la Policía ha descubierto -no está claro si gracias al ADN o a las huellas dactilares- que los restos del llamado Caminante de Boisaca corresponden a Óscar Ortega, un joven de 22 años desaparecido en la primavera de 1988.

“La de Óscar Ortega es una historia real que, sin embargo, ha servido para nutrir la imaginación de medios de comunicación y fabricantes de misterios paranormales”, destaca hoy Estela Eiré en El Correo Gallego. La muerte del Caminante de Boisaca ha sido durante años fruto de disparatadas especulaciones por parte del misteriólogo de Cuatro, quien acostumbra a teñir de paranormalidad la crónica negra cuando no tiene un suceso sobrenatural con el que poner caras de asombro.

Ficha de Óscar Ortega en la asociaicón Inter-SOS.

Según la versión más extendida, hacia las 23 horas del 5 de mayo de 1988, el expreso Ría Altas circulaba por las proximidades de Santiago de Compostela, con destino a Madrid cuando al tomar una curva el maquinista vio cómo aparecía de la nada una silueta humana sobre las vías. El individuo caminaba de espaldas al tren, agitando los brazos. El conductor hizo sonar las señales acústicas, pero el viandante no se apartó y, justo antes de ser arrollado, volvió la cabeza hacia el tren. El cuerpo, partido por el abdomen, quedó sobre las vías. Correspondía a un varón sin documentación y con más de 16.000 pesetas en los bolsillos. Desfigurado, ha permanecido sin identificar hasta ahora.

El caso de Rudolph Fentz

En Enigmas sin resolver, Jiménez sentencia que, a la hora de explicar el suceso, “las hipótesis lógicas fallan en su totalidad”, así que él se inclina por una “aventurada”: “El salto en el tiempo y el espacio, ya que no son pocos los sucesos que se cuentan de personas aparecidas repentinamente en un lugar sin saber ni de dónde ni cómo han llegado allí. Un ejemplo clave y muy bien documentado de esa posibilidad lo encarna el suceso protagonizado en el verano de 1950 por el comerciante norteamericano Rudolf Fenz”. Resumiendo, un hombre fue víctima de un atropello mortal en la Quinta Avenida neoyorquina en junio de 1950. Su atuendo parecía sacado del siglo XIX, llevaba moneda que ya no estaba en circulación y tarjetas de visita a nombre de Rudolf Fenz o Rudolph Fentz, dependiendo de la versión de la historia.

Al final, la Policía descubrió que alguien del mismo nombre había desaparecido misteriosamente en 1876. “Todas las personas presentes en el accidente aseguraron que aquel individuo fue atropellado repentinamente, surgiendo casi instantáneamente bajo el automóvil, sin dar tiempo a reaccionar al conductor”, escribe Jiménez. A partir de ahí, él y otros vendedores de misterios han presentado el atropello neoyorquino de 1950 como una prueba de la presencia de viajeros temporales entre nosotros. Lo han hecho con tanto fundamento como en el caso del Caminante de Boisaca porque el origen de la historia de Fentz está en un cuento de ciencia ficción de Jack Finney, el autor de la famosa novela Los ladrones de cuerpos (1955). Según averiguó en su día el estudioso de lo paranormal Chris Aubeck, un editor sin escrúpulos e interesado en el esoterismo publicó en 1953 un relato del accidentado viajero temporal de Finney sin permiso y haciéndolo pasar por la narración de un hecho real. A partir de ahí, la leyenda cobró visos de realidad entre los aficionados a lo oculto del Viejo Continente. Ésa es la realidad del suceso de 1950, un caso “muy bien documentado”, en palabras de Jiménez.

Él y su equipo de Cuarto milenio demostraron hace un par de años en Cuatro que no ponen límite a la imaginación cuando de lo que se trata es de engordar un misterio como sea. Vean, si no, como el forense de guardia del programa, José Cabrera, especula con que El Caminante de Boisaca fuera un deficiente psíquico que hubiera vivido encerrado durante años: “Todo esto (dice respecto al retrato robot) da la sensación de que es un retraso mental congénito”. Óscar Ortega estaba preparando unas oposiciones a la Seguridad Social cuando desapareció. Un día, salió de su casa de Castelldefels y dejó a su madre una nota en la que le decía que se iba de vacaciones. Nunca le volvió a ver. Se convirtió en uno más de los 14.000 desaparecidos de los que hay constancia en España y, para su desgracia y la de su familia, en objetivo indirecto de los fabricantes de misterios.

Caras de cemento

El reportaje de ‘Ideal’ con el que empezó todo.El gran fenómeno de la parapsicología española se repite desde hace casi cuarenta años en una humilde vivienda del pueblo jienense de Bélmez de la Moraleda. Se manifestó por primera vez el 23 de agosto de 1971, cuando María Gómez Cámara descubrió una cara en el suelo de cemento de su cocina. La mujer se asustó y alertó del hecho a sus paisanos. Durante los días siguientes, los vecinos de Bélmez y de los pueblos próximos peregrinaron hasta la casa para ver la imagen. Al final, la familia se hartó de tanto curioso y uno de los hijos destrozó la cara a golpes de pico. Pero la tranquilidad duró poco. El 9 de septiembre, apareció otro rostro, bautizado como La Pava y que aún se conserva empotrado en la pared y protegido por un cristal en la casa de las caras.

El enigma llegó a la prensa siete días después del descubrimiento de La Pava, cuando el diario granadino Ideal reveló la existencia en Bélmez de “un rostro que aparece y desaparece en un fogón”. La familia de María Gómez Cámara y Juan Pereira ya había empezado a cobrar la voluntad por la entrada a su cocina y vendía fotos de la cara a 10 pesetas la unidad. El fenómeno alcanzó su clímax cuatro meses más tarde: el 31 de enero de 1972, el diario Pueblo sacaba las caras a su primera página. “Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo)”, explicaba recientemente Ramos Perera, presidente de la Sociedad Española de Parapsicología a comienzos de los años 70.

Voces del Más Allá

Portada de 'Enigmas' y primera página del reportaje firmado por Lorenzo Fernández e Iker Jiménez.Romero encomendó el seguimiento de la historia a un joven reportero, Antonio Casado. “Yo era entonces lo que llamamos un becario”, recuerda el periodista. Con 24 años, aterrizó en Bélmez al mismo tiempo que quien con el tiempo se convertiría en la estrella del caso: Germán de Argumosa. Este parapsicólogo creía que las caras tenían su origen en el Más Allá e inmediatamente intentó grabar voces de ultratumba en la casa. Lo consiguió. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau, defendía que el fenómeno se debía a una concentración de energía que canalizaba la dueña de la casa, idea que perduró hasta la muerte de la mujer en febrero de 2004. “Cualquier afirmación, por estrafalaria que fuera, merecía ser publicada”, indican Javier Cavanilles y Francisco Máñez en su libro Los caras de Bélmez (2007).

El enigma elevó la tirada de Pueblo en 50.000 ejemplares y eso atrajo a otros medios. Después de tres semanas en las que la localidad se mutó en una especie de Roswell a la española, el diario de Romero y El Alcázar dejaron caer que todo era un engaño. Las altas esferas del régimen franquista se habían empezado a poner nerviosas por el entusiasta tratamiento del caso en Pueblo. “Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: ‘Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo'”, recuerda Casado. El diario reveló entonces que las caras habían sido pintadas con nitrato de plata. A pesar de que no se presentaron pruebas concluyentes, el caso cayó en el olvido. Fue degradado de fenómeno extraordinario a anécdota folclórica de la España tardofranquista y ahí se habría quedado de no ser por Iker Jiménez.

“Transcurrido un cuarto de siglo, demostramos con documentos oficiales y en rigurosa exclusiva la autenticidad de esas caras sobrenaturales, un misterio que aún espera una explicación en el rincón más apartado de Andalucía”, escribía Jiménez con su colega Lorenzo Fernández en 1997 en la revista Enigmas. Sorprendentemente, siete años después de haber mostrado al mundo “la prueba definitiva de que los rostros de Bélmez de la Moraleda no son un fraude”, Iker Jiménez pedía a finales de 2004 en su web a sus colegas “pruebas físicas, científicas” del origen misterioso de las imágenes. ¿Qué había pasado con su “prueba definitiva” de la autenticidad de las caras? Lo mismo que con las de visitas extraterrestres, fantasmas, conspiraciones y otros misterios que cada semana presentan todas las revistas y programas esotéricos.

Caras a medida

En los últimos años, se han publicado varios libros sobre el fenómeno de Bélmez. El más vendido es Tumbas sin nombre (2003), en el cual el director de Cuarto Milenio y Luis Mariano Fernández defienden que algunos de los rostros corresponden a parientes de María Gómez Cámara muertos en 1936, en el ataque republicano al santuario de la Virgen de la Cabeza (Jaén). Para demostrarlo, manipulan las caras con un programa de tratamiento de imágenes hasta que encajan con lo deseado: así, para que La Pava se parezca al guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer, cogen el bigote con las puntas hacia arriba del militar y le vuelven las puntas hacia abajo.

“Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible”, dijo María Gómez Cámara cuando los dos periodistas esotéricos le presentaron la comparativa. La chapuza es equiparable a la de las grabaciones de voces del Más Allá de Germán de Argumosa, que se hicieron en habitaciones llenas de gente hablando. ¿En qué queda entonces el gran fenómeno parapsicológico de Bélmez? “Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre… Es todo muy loco. Son 37 años de tonterías”, dice Cavanilles. “Es una típica trola de colegio”, afirma Máñez.

En el origen hubo una mancha de grasa en el suelo en la que una mujer creyó ver una cara como podemos verla en una mesa de mármol o en las nubes. Después, surgieron otras a partir de manchas retocadas o directamente pintadas por diferentes personas a lo largo de la historia. Lo que seguramente nunca sospecharon quienes hicieron las primeras es que su broma iba a desembocar en el mayor misterio paranormal de España, un enigma que se reactivó tras la muerte de María Gómez Cámara en 2004. Oleadas de turistas llegaron entonces a Bélmez atraídos por programas esotéricos de radio y televisión. La alcaldesa, la socialista María Rodríguez, anunció que iba a convertir la casa de las caras en un centro de interpretación para atraer al turismo paranormal; pero el precio del inmueble se disparó. Oportunamente, empezaron a aparecer rostros en otra casa mucho más barata.


El libro

Los caras de Bélmez (2007): El periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez desmontan el mayor enigma de la parapsicología española.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El plagio lunar de ‘Enigmas’

Jaime Cuevas, Iván Blánquer y Juan Acosta, autores del reportaje ‘El hombre sí llegó a la Luna’, publicado en noviembre pasado en la revista Enigmas, copiaron literalmente varios párrafos de una web escéptica sin citarla. Me enteré del plagio hace tres semanas a través de la víctima, Alberto Matallanos, el responsable de El hombre sí pisó la Luna, una magnífica página dedicada desde 2001 a exponer los fallos en los argumentos de quienes dicen que los alunizajes del programa Apollo fueron montajes. En un mensaje de correo, Matallanos me contaba brevemente la historia y me pedía un favor: que comprobara si la revista había publicado la oportuna rectificación, como les había pedido a finales de marzo, ya que él había estado bastante ocupado los meses siguientes y no había podido hojearla.

Fue fácil encontrar la rectificación, que apareció en la sección de cartas de la revista que dirige Lorenzo Fernández Bueno en junio. Titulada ‘Aclaración’ y firmada por la Redacción de Enigmas, dice:

“En un artículo aparecido en la revista Enigmas del mes de noviembre de 2006, aparecieron unos párrafos que, según uno de nuestros lectores, son similares -o iguales- a los colgados en su página web. Contrastando las fuentes, hemos podido comprobar que dicha información es la misma, pero ambas están extraídas de una primera noticia aparecida en varios medios generalistas. No obstante, y por complacer a nuestro lector que, como afirma, se ha sentido ofendido por no hacer referencia en el citado texto a su página web, procedemos a reseñarla a continuación por si alguno de los lectores quiere contrastar dicha información: http://intercosmos.iespana.es/luna.

Agradecemos a Alberto Matallanos, que realiza su labor de investigación en dicha web -dedicada a desmontar la teoría del fraude sobre la llegada del hombre a la Luna- su aclaración.”

El número 131 de la revista 'Enigmas'.Matallanos se había tomado la molestia de colgar de Internet una comparación de fragmentos de ambos textos para que los responsables de Enigmas pudieran comprobar por sí mismos el plagio, y éstos, en vez de rectificar, publicaron una texto en el que da la impresión de que tan plagiario es él como quienes le han copiado. La revista, obviamente, no presentaba ninguna prueba que demostrara que Matallanos había extraído la información por él publicada del mismo lugar que sus colaboradores, “una primera noticia aparecida en varios medios generalistas”. “No citan cuál es esa fuente de la que supuestamente bebí, porque no existe”, me explicaba anteayer. Y añadía: “Algunos de los párrafos que me copiaron son muy antiguos; de hace tres años, por lo menos. Y lo más reciente es del verano de 2006, mientras que el artículo de Enigmas es de noviembre de ese año”.

Además, el texto de Enigmas contiene errores que revelan tanto el desconocimiento del tema por parte de los autores como una descuidada edición en la redacción. “Han escrito cosas como Alternative tree, Bill Kaysong y We never end to the Moon, en lugar de Alternative three, Bill Kaysing y We never went to the Moon, indica Matallanos, quien también informó de esto a la dirección de la revista. Yo reconozco que no había leído el reportaje en su momento y cuando lo hice hace unos días vi ya en el primer párrafo una muestra de su rigor:

“En 1968, el programa Apollo dio inicio con la intención de llevar al primer ser humano en la Luna. Se enviaron seis expediciones no tripuladas, y en octubre de 1968 el Apollo 7 logró dar 163 vueltas a la Tierra en el periodo de diez días. Tan sólo dos meses después, los astronautas Borman, Lowell y Anders volaron alrededor del satélite en el Apollo 7.”

El programa Apollo comenzó en 1963 y acabó en 1972. Cuevas, Blánquer y Acosta sitúan su génesis cinco años más tarde, casi tres después de la primera misión y dos después de la muerte de los astronautas Virgil GrissomWilliam Petersen bautizó con su nombre a su personaje de CSI-, Edward White y Roger Chaffee en el incendio del Apollo 1 en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Además, identifican a Frank Borman, James Lovell y William Anders como tripulantes del Apollo 7, cuando lo fueron del Apollo 8, la primera nave en orbitar la Luna.

Entiendo el enfado de Matallanos porque se hayan apropiado de su trabajo y ni siquiera le hayan citado. Es algo, por desgracia, bastante común en estos tiempos en los que hay gente -como él- que pone el fruto de su esfuerzo gratis a disposición de todo el mundo a través de Internet. A mí también me pasó algo parecido cuando el periodista Walter Goobar publicó en el número 227 (14 de noviembre de 2002) del semanario argentino Revista Veintitrés un reportaje titulado ‘Investigan si los alunizajes fueron trucados’, que estaba compuesto en su práctica totalidad por párrafos copiados literalmente de un reportaje publicado por Santiago Camacho en El Mundo y otro, ‘Pruebas lunares’, firmado por mí en El Correo. Más recientemente, me ha sorprendido desagradablemente la inclusión en un libro de material extraído de este blog sin citar la fuente, a pesar de que el autor si identifica las webs crédulas de las que toma información.

Jiménez del Oso, condenado por plagio

No es la primera vez que la revista Enigmas se ve implicada en un suceso de este tipo. Juan Jesús Haro Vallejo, uno de los integrantes del equipo de Cuarto Milenio, firmó en la revista como reportaje de investigación un relato de ficción copiado a los escritores Fernando Marías y Juan Bas, en el que éstos fabulaban sobre la superviviencia de Federico García Lorca al fusilamiento en el Barranco de Víznar. El periodista esotérico aseguraba hasta haber hablado con testigos, cuando éstos en realidad habían salido de la imaginación de los dos escritores. Haro Vallejo fue condenado por plagio junto a Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, en junio de 2000.

García Lorca no murió en el barranco de Víznar el 19 de agosto de 1936. A esa conclusión llegaba en agosto de 1999 Haro Vallejo en las páginas de Enigmas, revista editada por América Ibérica. El autor aseguraba, en un reportaje de investigación, que el poeta había sobrevivido al fusilamiento y, tras ser socorrido por un panadero y quedar con sus facultades mentales diminuidas por las heridas, había vivido en un convento hasta su muerte real en 1954. Lo demostraban una fotografía en la que Lorca aparecía junto al panadero y tres monjas, y un artículo publicado años después en el diario granadino Ideal.

Foto creada para la serie de ficción 'Páginas ocultas de la Historia' que se presentó como una imagen auténtica de García Lorca en la revista 'Enigmas' de Fernando Jiménez del Oso.

La sorprendente historia suscitó inmediatamente las sospechas del estudioso Eduardo Giménez, quien denunció días después que Enigmas vendía como real una ficción de Marías y Bas para la serie de TVE Páginas ocultas de la Historia. Cuando les informé de los hechos, los autores bilbaínos denunciaron ante la Justicia a Haro Vallejo, al director de la revista y a la editorial por plagio de su guión televisivo y de un capítulo del libro que publicaron posteriormente. El Juzgado de Primera Instancia número 42 de Madrid les dio la razón.

La sentencia establecía que, en el artículo ‘Lorca, el dos veces muerto’, Haro Vallejo “ha plagiado la obra audiovisual La otra muerte de Federico García Lorca” y el capítulo correspondiente del libro Páginas ocultas de la Historia. El fallo indicaba que “resulta indiscutible” que el artículo “es una copia literal del trabajo” de Marías y Bas, que carece “de originalidad y de actividad intelectual y creativa propia”, y que su autor, el director de la revista, Jiménez del Oso, y la editorial habían vulnerado los derechos de propiedad intelectual “a través de dicho plagio”. El juez Eduardo Delgado Hernández les condenaba, por ello, a pagar a los demandantes 700.000 pesetas (4.207 euros).

Bas y Marías me confirmaron en 1999 que el convento, el panadero, las monjas, la periodista y el artículo de Ideal que Haro Vallejo presentaba como pruebas de su tesis nunca habían existido más que en la ficción. La foto también era un montaje para la serie: la imagen de Lorca se había insertado junto a las de los actores, por mucho que un supuesto perito fotográfico la autentificara para Enigmas.

‘Lorca, el dos veces muerto’

“En el número anterior publicábamos bajo este título un reportaje de nuestro colaborador habitual Juan Jesús Vallejo, interesante como todos los suyos, pero que en esta ocasión incluía varios datos que han resultado ser falsos. Entre las diversas fuentes de documentación, el autor contó con la grabación de un capítulo de la serie emitida por TVE, Páginas ocultas de la Historia, que se ocupaba del mismo tema. Dando por buenos los testimonios que figuraban en lo que parecía ser un documental y, como es lógico, citando la fuente -en este caso la periodista Rocio Pérez Sanz, que como tal aparece en el citado capítulo-, los incluyó en una parte de su reportaje. Al final, y como nos hicieron saber telefónicamente los guionistas de la serie, Fernando Marías y Juan Bas, autores también de un libro con el mismo título, Páginas ocultas de la Historia, del que desafortunadamente no teníamos noticia -de haberla tenido, nos habríamos evitado esta confusión, que perjudica tanto a la credibilidad de J.J. Vallejo como a la de la revista-, ha resultado que tal periodista no existe. El Convento de San Bartolomé es también una invención y, consecuentemente, los datos proporcionados son falsos, simples elementos de un guión que mezcla realidad y ficción, tan hábilmente, que de no leerse los rótulos de crédito o estar avisado de su carácter ficticio, el espectador puede dar por auténtico lo que no lo es; algo que, evidentemente y para perjucio suyo -y, por extensión nuestro- le sucedió a Juan Jesús Vallejo. Vayan pues mis disculpas a los lectores y el compromiso de cribar aún con más celo las fuentes de documentación.”

Fernándo Jiménez del Oso.

Años después, Iker Jiménez, quien dice ser discípulo de Jiménez del Oso y era en 1999 adjunto al director en Enigmas, recurriría a una explicación parecida después de vender como un hecho real la historia del cosmonauta fantasma en su programa de televisión. Ahora, Fernández Bueno hace lo propio. No en vano, era el otro adjunto al director en la época del plagio de Haro Vallejo.