Varios

Nostradamus, impresionado por Vizcaya

Los anuncios de promoción turística suelen ser un derroche de lugares comunes: vistas áereas, cuerpos tostándose al sol, delicias gastronómicas… La originalidad brilla por su ausencia. Por eso me ha gustado el de Vizcaya de este año, ambientado en una tormentosa noche de 1550 en un ambiente muy propio de esta bitácora. Su protagonista es nada menos que Nostradamus, el vidente francés que no vio nada, al que se atribuyen tantas tonterías y al que un periódico madrileño achacó, en su primera página del 13 de septiembre de 2001, la predicción del ataque terrorista contra las Torres Gemelas, cuando en realidad la cuarteta que presentaba era falsa. Idem Producciones ha aprovechado la universalidad del personaje para darle una vuelta a la campaña de promoción turística de la Diputación de Vizcaya, institución que nos ha enviado el anuncio para que lo vean en el universo digital. ¡Ah!, si lo que quieren es saber toda la verdad sobre el famoso vidente, desempolven su inglés y leánse The mask of Nostradamus, del ilusionista James Randi. Mientras tanto, disfruten con Vizcaya. La revelación.

Yo estoy de acuerdo con el doctor House, ¿y usted?

Gregory House no sólo tiene buen ojo clínico, sino que además dice las cosas a las claras. Las suelta sin anestesia en un mundo que embobece por momentos, según se imponen lo políticamente correcto y la estúpida idea de que todas las opiniones son respetables. El doctor de la Fox no tiene pelos en la lengua y, gracias a eso, suele dejar en el aire juicios memorables, verdades como puños que poca gente se atreve a decir por el qué dirán y que a él le dejan decirlas porque es un personaje de ficción.

Un buen ejemplo, ligado con los temas que tocamos en Magonia, lo ha dado recientemente en el episodio titulado “El amor hace daño”, en el que un joven ingresa en el hospital universitario Princeton-Plainsboro después de haber pasado por un acupuntor que le mandó a un armonizador del chi, que le envió a un homeópata, que le derivó a un quiropráctico, que le mandó a un naturópata, que le volvió a enviar al acupuntor original. Cuando el doctor House se entera del periplo de su paciente, que ha pasado medio año de médico alternativo en médico alternativo, pone el grito en el cielo. “Está claro que los seis meses que perdió con esos charlatanes podría haberlos aprovechado mejor yendo a alguien que buscase cosas que existen en el mundo”, concluye antes de ironizar sobre su cerrazón mental y dar una lección práctica sobre el hecho de que hay que basarse en las pruebas. Yo estoy de acuerdo con el doctor House, ¿y usted?

Manifiesto contra la teocracia y por la libertad

Mientras nuestros gobernantes trafican con la libertad de expresión, con la libertad, a cambio de que los fanáticos musulmanes no sean tan malos, un grupo de intelectuales diagnostica cuál es el problema real en un manifiesto que ha publicado el Jyllands-Posten, el periódico danés en el que aparecieron las caricaturas de Mahoma. “No estamos ante un choque de civilizaciones ni ante una muestra del antagonismo entre Occidente y Oriente, sino ante una guerra global entre demócratas y teócratas”, dicen Salman Rushdie, Bernard-Henry Levy y otros diez pensadores.

Nuestros políticos prefieren, sin embargo, ceder al chantaje de los violentos que pararse a pensar en que hoy son los islamistas, pero mañana pueden sentirse molestos por la libertad de expresión los seguidores más radicales de otro credo, ideología política o club de fútbol, los fans de un artista o el colectivo que sea. Entonces, ¿qué haremos?, ¿seguiremos recortando poco a poco libertades para no molestar al grupo que toque? Porque aquí también tenemos aprendices de quemaembajadas, como demostró en Madrid ayer un hombre que intentó hacer estallar en el teatro Alfil un artefacto explosivo casero junto al camerino de Leo Bassi, cómico al que los ultracatólicos tienen en el punto de mira desde hace tiempo.

En una sociedad democrática, nada debe estar libre de crítica, ni ésta ha de supeditarse a una posible reacción violenta por parte del criticado. “Abogamos por la universalidad de la libertad de expresión, de tal modo que el espíritu crítico pueda ejercerse en todos los continentes, contra todos los abusos y todos los dogmas”, dicen los autores del manifiesto Juntos contra el nuevo totalitarismo. Sin embargo, el buenismo de algunos líderes políticos occidentales les está llevando a una intolerable corrección política que les hace incapaces de defender los fundamentos del Estado de Derecho al que representan, darse cuenta de que las caricaturas de Mahoma son sólo la justificación a la que se agarran quienes quieren imponer en el mundo una dictadura religiosa.


Manifiesto: Juntos contra el nuevo totalitarismo

Tras haber vencido al fascismo, el nazismo y el estalinismo, el mundo se enfrenta ahora a una nueva amenaza totalitaria global: el islamismo.

Nosotros, escritores, periodistas, intelectuales, hacemos un llamamiento a la resistencia al totalitarismo religioso y por la promoción de luchar “de la libertad, la igualdad de oportunidades y los valores laicos para todos.

Los sucesos ocurridos recientemente, después de la publicación de unas viñetas de Mahoma en varios periódicos europeos, han revelado la necesidad de luchar por estos valores universales. Esta lucha no se ganará con armas, sino en el campo ideológico. No estamos ante un choque de civilizaciones ni ante una muestra del antagonismo entre Occidente y Oriente, sino ante una guerra global entre demócratas y teócratas.

Como todos los totalitarismos, el islamismo se nutre de miedos y frustraciones. Los predicadores del odio apuestan por estos sentimientos para formar batallones destinados a imponer en el mundo el liberticidio y la desigualdad. Pero nosotros decimos clara y firmemente que nada, ni la desesperación, justifica la elección del oscurantismo, el totalitarismo y el odio. El islamismo es una ideología reaccionaria que, allí donde está presente, acaba con la libertad, la igualdad y el laicismo. Su victoria sólo puede llevar a un mundo de dominación: dominación de la mujer por el hombre, dominación de los islamistas sobre el resto. Para evitarlo, tenemos que asegurar los derechos universales a los oprimidos o discriminados.

Rechazamos el relativismo cultural, que consiste en aceptar que los hombres y mujeres de la cultura musulmana han de ser privados del derecho a la igualdad, la libertad y los valores laicos en nombre del respeto a la cultura y la tradición. Rechazamos renunciar a nuestro espíritu crítico por miedo a ser acusados de islamofobia, un concepto desafortunado que confunde la crítica al Islam como religión con la estigmatización de sus creyentes.

Abogamos por la universalidad de la libertad de expresión, de tal modo que el espíritu crítico pueda ejercerse en todos los continentes, contra todos los abusos y todos los dogmas.

Hacemos un llamamiento a los demócratas y espíritus libres de todos los países para que este siglo sea el de la Ilustración, no el del oscurantismo.

Firmantes: Ayaan Hirsi Ali, Chahla Chafiq, Caroline Fourest, Bernard-Henri Lévy, Irshad Manji, Mehdi Mozaffari, Maryam Namazie, Taslima Nasreen, Salman Rushdie, Antoine Sfeir, Philippe Val e Ibn Warraq.

Traducción de Luis Alfonso Gámez.

Encuentran ‘el huevo de Alá’

El campesino palestino, con el milagroso 'huevo de Alá'. Foto: Efe.

El absurdo record establecido por el emparedado con la cara de la Virgen María vendido en Internet por 28.000 dólares puede tener pronto su versión musulmana. Un palestino, vecino del pueblo de Osareen, en Cisjordania, dice haber encontrado un huevo en cuya cáscara puede leerse Alá en árabe. El hombre ha descrito a la agencia Efe la aparición del huevo como un milagro divino en respuesta a las caricaturas de Mahoma publicadas por el diario danés Jyllands-Posten. Lo que no sabemos es si la gallina y el corral van a convertirse en punto de peregrinación, ni qué va a pasar a partir de ahora con el huevo divino.

Un ‘mundo perdido’, sin criptozoólogos

Vista aérea de las montañas Foja, en la parte occidental de la isla de Nueva Guinea. Foto: Conservación Internacional.

El especialista en mamíferos Kris Helgen, con un ejemplar de canguro arborícola dorado en los brazos. Foto: Conservación Internacional.Un misión científica ha encontrado en la selva tropical de Papúa, en la isla de Nueva Guinea, un auténtico mundo perdido. Ha descubierto decenas de nuevas especies de plantas, mariposas, ranas, pájaros y mamíferos, en un paraíso poblado por animales que nunca antes han tenido contacto con el hombre y por eso no le temen. Los biólogos han rastreado durante unas semanas sólo los alrededores de su campamento base y han centrado su atención sobre todo en los vertebrados, pero los resultados han sido extraordinarios, lo que lleva a pensar que entre los seres vivos más pequeños esperan miles de sorpresas en los miles kilómetros cuadrados de selva tropical virgen de las montañas Foja, en Indonesia.

Lo que no ha habido es ningún criptozoólogo implicado en el descubrimiento, aunque supuestamente se dedican a la búsqueda de especies desconocidas. Pero es que ha ocurrido lo de siempre: mientras los criptozoólogos intentan dar caza al monstruo del lago Ness, al yeti o a un pterodáctilo, los biólogos se topan con animales nuevos y los presentan al mundo. Lo mismo sucede en otras disciplinas. No hay ni un avance del conocimiento que pueda atribuirse a parapsicólogos, pseudohistoriadores, ufólogos y médicos alternativos. Sin embargo, los psicólogos y neurólogos nos ayudan a entender cada vez mejor cómo funciona nuestro cerebro; los historiadores nos aclaran episodios oscuros del pasado reciente y hasta de los tiempos en que éramos chimpancés bípedos; los astrónomos nos abren los ojos a un cosmos siempre sobrecogedor; y los médicos desarrollan terapias para ayudarnos a superar o sobrellevar la enfermedad.

La ciencia nos ayuda, nos ofrece beneficios y conocimiento; la pseudociencia nos promete una y otra vez la piedra filosofal en forma de seres asombrosos o superpoderes, pero ¿qué ha aportado al ser humano? Nada. Exactamente lo mismo que los criptozoólogos al hallazgo del mundo perdido de la isla de Nueva Guinea y los pseudohistoriadores al descubrimiento del hombre de Flores, el pequeño antepasado nuestro que se extinguió hace sólo 18.000 años y del que hasta 2004 no sabíamos que hubiera existido.