Varios

Nélida Piñón cree en la astrología

Nélida Piñón.“Soy una Tauro y mi ascendente es Sagitario. Me pregunto si esto ayuda a explicar quién soy”, escribió hace unos meses la periodista y escritora brasileña Nélida Piñón en un ensayo titulado “The territory of my imagination” (El territorio de mi imaginación), publicado en el número de Enero-Abril 2005 de la revista World Literature Today. Mi compañero Iñaki Esteban, redactor especializado en literatura del diario El Correo, detectó esta curiosa reflexión de Piñón mientras se documentaba para informar a los lectores del periódico sobre el último premio Príncipe de Asturias de las Letras y me lo contó inmediatamente. Nos sorprendió a ambos no ya que una persona aparentemente culta crea en la astrología, sino que lo reconozca abiertamente.

Otro escritor de prestigio, el premio Nobel portugués José Saramago, nos tiene acostumbrados a sus tonterías extraliterarias. Todavía me acuerdo de cuando dijo: “No tiene sentido ir a Marte mientras una persona en la Tierra, una única persona en la Tierra, se esté muriendo de hambre”. Saramago tiene debilidad por atacar la ciencia y culparla de todos los males. No tomen en serio a nadie cuando opine de algo que no es lo suyo. Algunos laureados, famosos de diversos campos y periodistas creen que gozan de bula para opinar acerca de cualquier cosa por ser quienes son y que sus juicios merecen un eco mediático superior que los del tendero de la esquina. Muchas veces no es así, aunque parezca lo contrario. Nélida Piñón será una magnífica escritora; pero eso no la hace menos irracional que mucha gente que ni siquiera sabe escribir.

Bilbao: un platillo volante frente al Guggenheim

Platillo volante situado en Bilbao en la ladera del monte Artxanda, en terrenos de la Universidad de Deusto. Foto: L.A. Gámez.

Platillo volante situado en Bilbao en la ladera del monte Artxanda, en terrenos de la Universidad de Deusto. Foto: L.A. Gámez.Un platillo volante ha estado posado frente al museo Guggenheim de Bilbao durante siete meses: desde el 14 de agosto del año pasado hasta abril. Y no ha salido en ninguna revista esotérica, a pesar de que todas las noches se iluminaba y bombardeaba con rayos láser el exterior de dos cubos metálicos situados junto al edificio diseñado por Frank Gehry, en lo que parecía una escena de La guerra de los mundos. La nave estaba en la ladera del monte Artxanda, en terrenos de la Universidad de Deusto y sus haces de luz cruzaban la ría bilbaína hasta chocar contra los cubos y provocar una explosión de colores. El platillo volante era la batería de rayos láser de Campo cuántico-X3, una instalación del artista japonés Hiro Yamagata, que había sido presentada en Nueva York antes de recalar en la capital vizcaína. “De repente, los haces de luz son rojizos; otras veces, verdosos y, en cualquier momento, de la más variada tonalidad”, explicaba antes de la inauguración Toño González Carrera, periodista especializado en artes plásticas del diario El Correo.

Los errores de las galaxias

Escena de 'Star wars. La venganza de los sith'.

Solo estaba y solo se quedó tras la fugaz visita de los tripulantes del Halcón Milenario. El pasado, presente y futuro del gusano espacial en cuyo interior se mete la nave de Han Solo, cuando en El imperio contraataca sus tripulantes huyen de las huestes de Darth Vader y se esconden en lo que parece una cueva de un asteroide, resulta inexplicable. ¿Qué hace el monstruo en el pedrusco?, ¿cómo llegó allí?, ¿de qué se alimenta?, ¿cómo puede vivir en el vacío? Son preguntas para las que no hay respuesta, porque la bestia es un recurso utilizado por George Lucas para obligar a sus héroes a abandonar un refugio que, en principio, parecía seguro y volver a la acción. Nada más. Como la ilógica gravedad terrestre que reina en el interior del gusano.

La gran densidad de rocas en el campo de asteroides -¿cómo sobrevive el gusano a los impactos?- es otra libertad que previamente se ha tomado el cineasta. Como si se tratara de una persecución por una autopista en el sentido contrario de la marcha, el Halcón Milenario y los cazas que siguen sus pasos se las ven y se las desean para esquivar los planetoides que les vienen encima. Oportuno -los malos, como es normal y deseable, llevan las de perder y son blanco de algunos pedruscos-, pero inexacto: en un campo de asteroides, éstos se encuentran separados por grandes distancias y lo que hay, sobre todo, es nada.

Batallas espectaculares

El vacío es al campo de asteroides lo que el silencio a las batallas espaciales. Sin embargo, a pesar de que en el vacío no hay ondas sonoras y de que, por tanto, sería imposible oír algo, los espectadores de la saga de las galaxias escuchan los zumbidos de las naves en vuelo, los disparos de los láser y las estruendosas explosiones. Resulta igualmente llamativo, e incorrecto, que se vean los rayos láser atravesar el espacio o salir de las pistolas en las luchas cuerpo a cuerpo. Claro que ¿quién aguantaría una escena de combate interplanetario sin rayos ni explosiones? Posiblemente, ni el más recalcitrante de los fans.

Las batallas espaciales son llamativas no sólo por el despliegue de luz y sonido, sino también porque parecen un remedo de las aéreas de la Segunda Guerra Mundial. Las naves evolucionan como aviones de guerra y no como ingenios que surcan el espacio interplanetario. Así, en La guerra de las galaxias, los cazas de la Alianza Rebelde llegan al extremo de desplegar sus inútiles alas antes de emprender el ataque final a la Estrella de la Muerte. Como si eso les fuera a servir para algo si la Fuerza no les acompaña.

El Universo de Lucas se completa con espectaculares vistas que, en La amenaza fantasma, permiten disfrutar del planeta Naboo en todo su esplendor, asediado por las naves de la Federación de Comercio y con un tapiz de estrellas al fondo. Busquen esto último en una fotografía tomada en la Luna o desde la Estación Espacial Internacional y comprobarán que no hay ninguna estrella. La razón -en contra de lo que defienden los conspiranoicos que niegan la realidad de los alunizajes- es muy simple: el tenue brillo de las estrellas no llega a impresionar la película a no ser que se aumente el tiempo de exposición considerablemente. Entonces, la Tierra quedará sobreexpuesta. El astrónomo Phil Plait recoge el testimonio de Ron Parise, un astronauta que asegura que, al mirar por la ventana del transbordador con la Tierra debajo, la luz de ésta oculta al ojo humano la de la mayoría de las estrellas y sólo se ven unas pocas, las más brillantes.

Un Universo muy humano

Un error incomprensible en el mundo digital en el que se mueve Lucas en la nueva trilogía afecta al planeta natal de Luke Skywalker. En La guerra de las galaxias, vimos una doble puesta de sol en Tatooine, pero las sombras eran una y siguieron siendo una en La amenaza fantasma, cuando tenían que ser tantas como soles. Además, el Universo resulta muy pobre en variedad de formas de vida inteligente: predominan los seres antropomorfos, con variaciones de estatura, tono de piel, pelaje y órganos sensoriales, y habituados a la misma gravedad que los humanos. Y, cuando un alienígena es claramente no humanoide, tampoco eso le libra de las debilidades humanas. El lascivo interés de Jabba el Hutt por la princesa Leia, en El retorno del jedi, es equiparable al de un humano por una babosa. Pero el malo es el malo.

Salvar las distancias interestelares como si nada gracias al inexistente hiperespacio o que todas las naves cuenten con gravedad artificial son otras licencias que se permite Lucas en aras del divertimento. Porque eso es al final lo que importa. “He disfrutado mucho con La guerra de las galaxias“, reconocía Arthur C. Clarke en el prólogo de su novela Cánticos de la lejana Tierra (1986). Y lo mismo decía Isaac Asimov en su libro Sobre la ciencia ficción (1981). Ambos divulgadores científicos se sentaban a disfrutar cuando se apagaba la luz, estallaba la música y les empezaban a contar lo que pasó “hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…”. Es lo mejor y lo más divertido: suspendan su sentido crítico y disfruten de la fábula que ahora acaba.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El homínido más antiguo, ‘El Escéptico Digital’ y la credibilidad de los medios

Hay gente que cree o deja de creer las cosas según quién se las cuente. Automáticamente; sin pensárselo dos veces. Hay medios de comunicación que tienen una mayor credibilidad que otros, y que se la han ganado a pulso. Pero ninguno es infalible y, por eso, siempre hemos de mantenernos vigilantes. Aún así, quiero suponer que los responsables de El Escéptico Digital no se han tragado la noticia, aparecida en el último número de esa publicación, de que restos fósiles de hace 4 millones de años encontrados en Etiopía recientemente corresponden al más antiguo de los homínidos. Prefiero pensar que han querido poner a prueba la capacidad crítica de sus lectores, demostrarles que no han de creerse algo sin más, aunque aparezca como una noticia científica en el boletín electrónico de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

La información se titula: “Descubren en Etiopía el bípedo más antiguo del mundo”. Fue elaborada por la agencia Efe a principios de marzo y publicada por el diario El Mundo en su edición digital, versión esta última que es la que se reproduce en El Escéptico Digital. En el texto, se afirma, entre otras cosas, que se han hallado fósiles de homínidos “que aparentemente son más antiguos que la famosa Lucy” y que datarían de hace entre 3,8 y 4 millones de años. “Éstos son los restos del bípedo más antiguo del mundo”, llega a decir, según las fuentes citadas, Bruce Latimer, director del Museo de Historia Natural de Cleveland y codirector de la excavaciones. No dudo de la antigüedad de los restos ni de la valía del paleoantropólogo estadounidense, ni de la de la su colega etíope Yohannes Haile Selassie, quien destaca la importancia del hallazgo “para entender las primeras fases de la evolución humana antes de Lucy”. Dudo de la competencia de los implicados en la autoría, edición y divulgación de una noticia tan espectacular como falsa, que indirectamente pone en su justa medida el artículo que publicó aquel mismo día la BBC.

La verdad es que un grupo de paleoantropólogos liderado por Latimer y Selassie ha descubierto en Etiopía restos de doce homínidos -lo que diferencia a los homínidos del resto de los primates es la bipedación- que vivieron en la frontera de hace 4 millones de años y, por consiguiente, son más viejos que Lucy, una Australopithecus afarensis que murió hace 3,2 millones de años. Hasta ahí, no hay problema. La edición española de la noticia, datada por Efe en Addis Abeba, coincide con la de la BBC. Los problemas llegan con la interpretación del hallazgo. La cadena pública británica titula: “Científicos desentierran un esqueleto primitivo”; apunta que “hay pruebas de que homínidos mucho más antiguos pudieron caminar erguidos” y en ningún momento atribuye a alguno de los paleontólogos una frase como la que Efe pone en boca de Latimer. El teletipo español vende, sin embargo, la historia como la del homínido más antiguo. ¿Quién tiene razón?

Toumaï, el homínido de Chad de hace más de 6 millones de años.La pregunta tiene fácil respuesta: la razón la tiene la BBC, porque el planteamiento de la noticia de la agencia española es falso de origen y la declaración de Latimer más que dudosa. No hace falta ser un experto en evolución humana para saber lo primero y sospechar lo segundo. Basta con estar medianamente al tanto de los descubrimientos de los últimos años en el campo de la paleoantropología humana. Hagamos un somero repaso de los homínidos anteriores a los presentados en la noticia de Efe como los más antiguos del mundo, especies casi todas que ya aparecen en libros como Los orígenes de la Humanidad (Espasa 2004), la magnífica obra colectiva dirigida por Yves Coppens y Pascal Piq.

La pobre Lucy fue destronada hace más de una década. Los restos de este Australopithecus afarensis fueron descubiertos por Donald Johanson en 1973. Diecinueve años después, el equipo del paleoantropólogo Tim White encontró en Etiopía huesos de un homínido muy primitivo, al que bautizó como Ardipithecus ramidus y que vivió hace 4,4 millones de años. Es decir, ya en 1992 se conocían restos de homínidos más antiguos que los presentados ahora como tales. En los últimos trece años, los hallazgos de restos más viejos que los de Lucy han llegado a las primeras páginas de los periódicos. El más célebre es Toumaï, que vivió en lo que hoy es Chad hace entre 6 y 7 millones de años, ha sido bautizado científicamente como Sahelanthropus tchadensis y fue presentado al mundo en 2002; un año antes, Brigitte Senut dio a conocer los restos de Orrorin tugenensis, también conocido como El hombre del milenio y de unos 6 millones de años de antigüedad; y no podemos olvidar nuevos hallazgos de Ardipithecus y de Australopithecus anteriores en el tiempo a Lucy. Queda, pues, claro que yerra el redactor de una noticia que interpreta el descubrimiento de restos de hace 4 millones de años como el del “bípedo más antiguo del mundo”, que yerra su redactor jefe y que yerra todo medio que haya publicado acríticamente el despacho de Efe.

Estamos ante una sucesión de errores fruto de la ignorancia sobre los hallazgos de los últimos años en el campo de la paleontología humana, pero ¿de dónde viene la mala copia?, ¿de dónde sale la frase de Latimer? Antes que Efe, la publicó BBC Mundo, el servicio de noticias en español de la televisión británica, donde se atribuye a Latimer la siguiente sentencia: “Se trata del bípedo más antiguo del mundo”. Referirse a bípedo y no a homínido o individuo lo hacen Efe y BBC Mundo -que también califica de Lucy erróneamente de prehomínido-, pero no la BBC en la noticia original, colgada de Internet horas antes que las versiones españolas. No sé cuántos periódicos se hicieron eco en nuestro país de este disparate, pero que lo haya publicado un diario como El Mundo debería servir para poner en cuestión la credibilidad de los medios de comunicación españoles y animar a la gente a aplicar el sentido crítico a todo lo que lee, ve y escucha. Si El Escéptico Digital ha publicado la historia a modo de juego, habrá que alabar el ingenio de sus responsables. Si han dado la noticia de la agencia Efe creyendo en su certeza, es de suponer que rectificarán en un próximo número. Cualquiera que sea el caso, no lean nada -ni un periódico de prestigio, ni el boletín electrónico de ARP, ni esta web, ni ninguna otra- dejando la mente abierta sin el filtro del espíritu crítico.