Religión

Sólo quedan dos papas

Con la muerte de Juan Pablo II, 110 papas de los listados en la profecía de san Malaquías son ya historia. Sólo quedan dos. Y durante el mandato del último, Pedro el Romano, “la ciudad de las siete colinas (Roma) será destruida, y el juez tremendo juzgará al pueblo”. Los seguidores de la profecía creen que augura el fin del mundo. ¿Pero hay motivos reales para la inquietud? ¿Es cierto que una relación de lemas redactada por un monje en el siglo XII predice la identidad de todos los pontífices elegidos desde entonces?

Malaquías O’Morgair nació en Armagh (Irlanda) en 1094 y fue ordenado sacerdote en 1120. Cinco años después, fue nombrado obispo. Murió en Claraval (Francia) en 1148, y Clemente III le canonizó en 1190. Según su amigo san Bernardo, en cuyos brazos murió, gozaba de los dones de la levitación, la sanación por imposición de manos y la clarividencia. Y es famoso por la llamada profecía de los papas, aunque san Bernardo ni la menciona en su biografía de san Malaquías.

Cuatro siglos de silencio

Cuenta el abad François Cucherat en Profecías sobre la sucesión de los papas (1871) que, cuando san Malaquías viajó a Roma en 1139 para informar de los asuntos de su diócesis a Inocencio II, tuvo una visión de la lista de pontífices que gobernarían la Iglesia hasta el final de los tiempos. Cucherat dice que el obispo entregó al papa la profecía y que ésta permaneció oculta en los archivos vaticanos durante más de cuatro siglos. Así explica el religioso que el mundo no supiera de los augurios de san Malaquías hasta 1595, cuando Arnoldo de Wyon los incluyó en su libro El árbol de la vida.

La profecía consiste en 111 lemas y un último comentario más amplio que pretenden definir a 112 papas entre Celestino II, elegido en 1143, y Pedro el Romano, el último de los reyes de la Iglesia. “Los dísticos casan perfectamente hasta 1590 con escudos, lugares de nacimiento y sedes desde las que accedieron al papado los pontífices; pero después empiezan los problemas. Desde Gregorio XIV, los malaquistas tienen que recurrir a casi cualquier aspecto de la vida del papa o de la sociedad en la que vivió para intentar que cuadre con su divisa, y ni aún así lo consiguen”, indica el historiador palentino José Luis Calvo. El filósofo español Benito Jerónimo Feijoo ya llamaba la atención sobre este particular en el segundo tomo de su Teatro crítico universal (1728): “Estos motes se ajustan con gran propiedad a todos los papas que hubo por espacio de 447 años, contando desde Celestino II hasta Gregorio XIV inclusive; pero es menester interpretar los que se siguen con suma violencia para acomodarlos a los papas que hubo desde Gregorio XIV hasta Benedicto XIII, que al presente reina”.

Feijoo considera determinantes el silencio de 450 años desde la muerte del monje hasta la primera publicación de la profecía por Arnoldo de Wyon, y la claridad de los lemas anteriores a 1590 frente a la oscuridad de los posteriores. Y concluye que “se fabricaron estas profecías” hacia 1590 y, “como el impostor que las fraguó sabía quiénes habían sido los papas antecedentes e ignoraba los venideros, para aquéllos dispuso los motes e modo que viniesen con propiedad; pero para éstos fue preciso echarlos al azar”.

El ilustrado español coincidía en su dictamen sobre la autenticidad de la lista de futuros pontífices asignada al santo irlandés con el jesuita Claude-François Menestrier, autor de la Refutación de las profecías, falsamente atribuidas a san Malaquías, sobre la elección de los papas (1669). Este historiador y otros de su época apuntan una razón terrenal para la confección de los augurios hacia 1590: la intención de dirigir la elección del sustituto de Urbano VII, el último papa que casa perfectamente con el lema que le corresponde. Y señalan como beneficiario de la profecía al cardenal Girolamo Simoncelli.

El origen de la profecía

“El autor de la lista quería forzar la elección de un pontífice determinado y al cónclave concurría el cardenal Girolamo Simoncelli, que era de Orvieto. El nombre de esa ciudad italiana deriva de urbs vetus, que significa en latín ciudad vieja. Curiosamente, según la profecía, el lema del sucesor de Urbano VII es Ex antiquitate urbis (de la antigüedad de la ciudad)”, explica Calvo. El dístico encajaría como anillo al dedo con Simoncelli; pero salió elegido Niccolò Sfondrati, nacido en Milán y que adoptaría el nombre de Gregorio XIV. “A partir de esa fecha, la perfecta adecuación entre lemas y papas hace aguas por todas partes”, señala el estudioso palentino.

La correspondencia de los pontífices anteriores a 1590 con los lemas del texto publicado por Arnoldo de Wyon no es tal después, por lo que los partidarios de la profecía se ven obligados a hacer juegos malabares para mantenerla a flote. Así, en el caso de Karol Wojtyla, las explicaciones al lema que le corresponde –De labore Solis (del trabajo del Sol)- van desde la coincidencia de su nacimiento con un eclipse solar que tuvo lugar sobre el sur del Índico y el Pacífico hasta su carácter viajero, pasando porque fue un pontífice originario del Este, por donde sale el Sol.

La atribución de la profecía a san Malaquías fue una treta para conferir credibilidad a la relación de lemas, dada la fama de vidente que había tenido en vida el santo irlandés. San Bernardo -“su gran valedor”, recalca Calvo- dice, por ejemplo, que el monje predijo con acierto el día de su propia muerte. Aunque no se pueda saber a ciencia cierta quién fue el fabricante de la profecía, sí hay pruebas indirectas de cuándo lo hizo: después de 1568.

La pista de los antipapas

En la lista de san Malaquías aparecen mezclados los papas con ocho antipapas, de los que sólo dos son presentados como tales: Nicolás V (Corvus schismaticus, el cuervo cismático) y Clemente VIII (Schisma Barcinorum, el cisma de los barceloneses). Lo mismo había hecho el veronés Onofrio Panvinio (1530-1568), corregidor y revisor de la Biblioteca Vaticana, en su historia de los papas, en la cual de los ocho antipapas sólo identificaba a dos, los mismos que en la lista presuntamente escrita por san Malaquías: Nicolás V y Clemente VIII. “No parece posible que un autor movido por Dios haya introducido en la lista de los papas a antipapas como Víctor IV (1159-64), Pascual III (1164-68), Calixto III (1168-78), Nicolás V (1328-30), Clemente VII (1378-94), Benedicto XIII (1394-1423), Clemente VIII (1424-39) y Félix V (1439-49)”, dice el sacerdote Miguel Ángel Fuentes en el portal de Internet Catholic.net.

“Además, a la hora de justificar los dísticos de algunos de los pontífices, el autor de la profecía de san Malaquías comete exactamente los mismos errores que Panvinio sobre la orden a la que pertenecía Eugenio IV, la profesión de la familia de Juan XXII (1316-34) y el motivo heráldico del escudo de Clemente IV (1265-68)”, indica Calvo. Tanto en la obra de Panvinio como en la profecía se atribuye a Juan XXII el lema De surore Osseo (del zapatero de Ossa) y, aunque la familia del pontífice es Duesse, no hay en ella ningún zapatero. A Clemente IV, ambos le ponen un dragón en el escudo familiar, cuando lo que hay es un águila. “El autor de la profecía fusiló la historia de Panvinio sin pararse a pensar”, concluye el historiador español. El falso Malaquías puso a partir de 1590 lemas al azar, que desde entonces se han metido a los papas con calzador.


Lemas y pontífices

León XI (1605). Undosus vir (el varón ondulado). Murió a los veintisiete días de ser elegido, de un resfriado. Su papado “se agotó como una ola”, dicen los creyentes en la profecía.

Inocencio XI (1676-1689). Bellua insatiabilis (la bestia insaciable). Tenía un león en su escudo. El felino sería la bestia insaciable.

Benedicto XIV (1740-1758). Animal rurale (el animal rural): Fue un erudito; el más sabio de los papas. “Hablar de él como El animal rural es ridículo. Se justifica diciendo que era muy trabajador”, indica José Luis Calvo.

León XII (1823-1829). Canis et coluber (el perro y la serpiente). Según los partidarios de la autenticidad de la profecía, el can hace referencia a la actitud vigilante y la serpiente, a la prudencia. “El problema -apunta Calvo- es que, en el cristianismo, el perro es la impudicia y la serpiente, símbolo del pecado”.

Juan XXIII (1958-1963). Pastor et nauta (pastor y navegante). Lo de pastor, que va bien a cualquier papa, se vincula a la convocatoria del Concilio Vaticano II y lo de navegante, a que fue cardenal y patriarca de Venecia, ciudad de las góndolas.

Juan Pablo I (1978). De meditate Lunae (de la mitad de la Luna). Su pontificado duró veintiocho días, de una media luna a otra. Otra explicación recurre al significado de su nombre: Albino (blanco) y Luciani (luz) se referirían a la luz de la Luna, que es blanca.

Juan Pablo II (1978-2005). De labore Solis (del trabajo del Sol). Unos recuerdan que nació durante un eclipse solar. Es cierto, pero el eclipse fue parcial y visible en el Índico y el Pacífico meridional, no en Polonia. Otros destacan que es un papa llegado del Este, donde nace el Sol. Y no faltan quienes apuntan que el lema se refiere a su incansable labor al frente de la Iglesia.

? (2005-). De gloria olivae (de la gloria del olivo). Puede ser un pontífice de un país productor de aceite -hay muchos-, de un benedictino -la orden olivetana-, de origen judío -el olivo simboliza al pueblo elegido-…


¿Cuenta el papa del Palmar?

La mezcla en la profecía de san Malaquías de papas y antipapas impide asegurar cuántos pontífices faltan para el Juicio Final. Porque ahí estaba el recientemente fallecido Clemente Domínguez, papa del Palmar de Troya, a quien han ignorado sistemáticamente los partidarios de los augurios del monje irlandés. Autoproclamado Gregorio XVII a la muerte de Pablo VI, le correspondería el lema De meditate Lunae, mientras que De labore Solis sería para Juan Pablo I y De gloria olivae, para Juan Pablo II.

En el Palmar de Troya ya han elegido papa: se llama Manuel Alonso Corral. Sería Pedro el Romano y ya no habría tiempo para nada más. Porque la profecía dice: “En la última persecución de la santa Iglesia romana tendrá su sede Pedro el Romano, que hará pacer a sus ovejas entre muchas tribulaciones; tras la cuales, la ciudad de las siete colinas será destruida, y el juez tremendo juzgará al pueblo”.

Claro que, si no se cuenta al papa Clemente y los suyos, quedarían todavía dos papas: el que se elegirá en cónclave en Roma a partir de 18 de abril será el penúltimo. ¿Qué pasará cuando pase el tiempo y el Juicio Final no se celebre? Los profetas y sus partidarios siempre han sabido echar tierra sobre sus errores. Basta recordar que, según sus exégetas, Nostradamus vaticinó el fin del mundo para 1999 y aquí estamos, a pesar de lo cual la credibilidad de esos intérpretes no se ha visto afectada. Los malaquistas hablan ya no del Apocalipsis, sino de una nueva época para la Iglesia, aunque lo del ‘juez tremendo’ deja lugar a pocas dudas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Vade retro, Satanás

Walter H. Halloran, en 1972.El último sacerdote vivo implicado en los hechos en los que se basó William Peter Blatty para su novela El exorcista murió el 1 de marzo de 2005 en Wisconsin, Estados Unidos. Se llamaba Walter H. Halloran, tenía 83 años y era jesuita. En 1949, cuando estaba en el seminario, auxilió al padre William Bowdern en lo que años después, gracias al cine, se convirtió en el más famoso combate de un hombre con el Maligno.

El exorcista es un fenómeno cultural contemporáneo”, sostiene el escritor estadounidense Mark Opsasnick, que a finales de los años 90 se sumergió en la historia para desentrañar lo que había de realidad en ella. La novela llegó a las librerías en 1971 y fue un éxito de ventas. Dos años después, William Friedkin trasladó el duelo entre los padres Merrin y Karras y Satanás a la pantalla grande. La truculencia de varias escenas -la cabeza de la joven poseída girando locamente, su rostro plagado de llagas, los vómitos…- echó a algunos espectadores de las salas de proyección, donde hubo más de un ataque de histeria. Lo más sobrecogedor, no obstante, era que la historia de la pequeña Regan estaba basada en hechos reales.

El comienzo

Blatty aseguraba que El exorcista se había inspirado en una noticia que había leído en 1949, cuando estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Georgetown. La había publicado The Washington Post y estaba protagonizada por un adolescente de 14 años de un barrio humilde de Mount Rainier (Maryland), al que unos sacerdotes católicos habían liberado de Satanás. Uno de los religiosos había llevado un diario de los hechos, al que el novelista tuvo acceso.

Escena de la película 'El exorcista'.El poseído -identificado como Roland Doe (Rolando Nadie) para respetar su intimidad- fue objeto de un exorcismo oficiado por el padre Albert Hughes en el Hospital Universitario de Georgetown. Pero este primer ritual no dio el resultado deseado. Cuando el cura recitaba plegarias para expulsar al Diablo, el joven le hirió en un brazo con un muelle del colchón. El sacerdote sufrió una crisis nerviosa y, poco después, murió. El exorcismo definitivo corrió a cargo del padre Bowdern y se celebró en el Hospital de los Hermanos Alexianos, en San Luis. Los sacerdotes Raymond Bishop, autor del diario, y Walter H. Halloran asistieron al exorcista mientras el adolescente, muy violento, gritaba, maldecía y blasfemaba.

Entre octubre de 1997 y octubre de 1998, Mark Opsasnick se propuso averiguar si la historia real difería de la popular en aspectos claves, además del sexo y la edad del protagonista: el chico de 14 años que en El exorcista era una chica de 12. Pasó “cientos de horas charlando con los vecinos más viejos de Mount Rainier”, y llegó a hablar con Halloran y con el menor, aunque no reveló su identidad. Los resultados de la investigación vieron la luz en Strange Magazine, una revista estadounidense, y una versión resumida se publicó en la británica Fortean Times.

La realidad

Lo primero que constató Opsasnick es que la historia había ocurrido en Maryland, pero no en Mount Rainier, sino en Garden City, en el seno de una familia luterana de origen alemán que tenía un hijo de 14 años, al que él llama Rob Doe. Los fenómenos extraños comenzaron pocos días después de que en la casa empezaran a jugar con la güija, la tabla con el alfabeto usada por los espiritistas parta contactar con el Más Allá.

El 18 de enero de 1949 se empezó a oír ruido de arañazos en el cuarto del joven, donde la cama se movía y los objetos salían disparados por los aires. El adolescente creía estar poseído. Nueve días después, moría de esclerosis múltiple a los 54 años tía Tilly, la mujer que había iniciado a la familia en el espiritismo. A partir de ese momento, la madre de Rob no tuvo muy claro si detrás de la posesión de su hijo estaba el Diablo o la pariente fallecida. Preocupados, los padres mandaron al niño a pasar una noche con un pastor evangelista, que acabó llamando a un médico que recetó fenobarbital -un sedante- a toda la familia.

A finales de febrero y principios de marzo, Rob permaneció ingresado tres días en el Hospital Universitario de Georgetown, pero allí nadie le exorcizó. El, según la leyenda, infortunado padre Hughes intentó bautizarle, aunque no tuvo éxito. Y no hubo una agresión ni el cura murió poco después: falleció en octubre de 1980 después de una larga vida en activo. El padre Bowdern y sus ayudantes entraron en escena el 9 de marzo y el exorcismo se practicó en abril. Nada en él se pareció a lo contado por Blatty.

Aparecieron estigmas sin significado en el cuerpo del poseído; pero no puede descartarse que se autolesionara. Ni el joven habló otras lenguas que el inglés, ni cambió su tono de voz, ni hizo gala de una fuerza extraordinaria, según reconoció el padre Halloran en 1997 a Opsasnick, quien está convencido de que Rob no estaba endemoniado, sino que sufría “de algo que la moderna psiquiatría podía haber diagnosticado correctamente”. “La creencia en las posesiones florece en épocas y lugares donde impera la ignorancia sobre las enfermedades mentales”, indica el investigador Joe Nickell, para quien Satanás ha ido retrocediendo según ha avanzado la psiquiatría. De hecho, el Maligno sólo posee a quienes creen en él.


El tirón del “basado en hechos reales”

William Peter Blatty fue uno de los pioneros en aprovechar la leyenda “basado en hechos reales” para atraer la atención del público. Nadie duda de que parte del éxito del El exorcista radicó en lo sobrecogedor que resultaba para el público que en lo plasmado en el libro y en lo vivido en la pantalla por Linda Blair hubiera algo de realidad. El gancho funcionó y pronto fue aprovechado por otros escritores y productores cinematográficos. Así, un año después del estreno de El exorcista, los productores de La matanza de Texas utilizaron el mismo reclamo. Falso, claro.

El código Da Vinci, de Dan Brown, es un ejemplo de novela de éxito inspirada en una realidad inventada o tergiversada. Y Juan José Benítez publicitó durante años su saga Caballo de Troya, en la que unos astronautas viajan en el tiempo hasta la época de Jesús, como basada en unos documentos secretos del Ejército de Estados Unidos. Inexistentes, por supuesto.


La película

El exorcista (EE UU, 1973).

Director: William Friedkin.

Guionista: William Peter Blatty, que adaptó su novela de 1971 del mismo título.

Protagonistas: Ellen Burstyn (Chris MacNeil), Max von Sydow (padre Merrin), Jason Miller (padre Damien Karras) y Linda Blair (Regan MacNeil).

Estreno: 26 de diciembre de 1973.

Premios: Oscar al mejor guión adaptado y al mejor sonido (estuvo nominada en diez categorías).

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Los cascotes de la Biblia

Las murallas de Jericó no se desplomaron a los sones de trompetas y Juan Bautista no vivió en la cueva de Israel que se ha presentado como el sitio en el que inició a muchos seguidores. Lo primero no ocurrió y lo segundo, de pasar, no hay pruebas de que sucediera en la gruta que se ha dicho. Historiadores como Israel Finkelstein y Neil A. Silberman, autores de La Biblia desenterrada (2001), achacan el derrumbamiento de las defensas de Jericó a la propaganda política del siglo VII antes de Cristo (aC), cuando el reino de Judá reescribió el pasado para legitimar sus afanes expansionistas. Y no hay que ser un experto para intuir que ha sido una conjunción del ansia de titulares de unos arqueólogos y la sequía de noticias agosteña la que ha dado en 2004 un hogar al profeta.

“Juan Bautista, que era apenas una figura de los Evangelios, cobra vida nuevamente”, decía el 21 de agosto Simon Gibson, director de la excavación de la cueva de Ein Kerem, situada a las afueras de Jerusalén. El arqueólogo británico y su equipo han dedicado tres años al vaciado de la cavidad, rellena casi totalmente de tierra y rocas. Han recuperado 250.000 fragmentos de cerámica y descubierto en las paredes grabados de época bizantina -del siglo IV o V- que, en su opinión, contarían la historia de Juan Bautista. Al fondo de la gruta, hay una piscina en la cual Gibson cree que el profeta del Nuevo Testamento bautizó a algunos seguidores.

Reliquias en Tierra Santa

El patriarca de Jerusalén, Diodorus I, bendiciendo en 1997 una piedra en la que se dice que se sentó la Virgen camino de Belén.La idea de que en esa cueva celebró el Bautista ritos iniciáticos tiene, para los expertos consultados por este periódico, tanta solidez como la de que Jesús de Nazaret navegó en una barca cuyos restos se descubrieron en el mar de Galilea en 1986. No hay prueba alguna que ligue la gruta de Jerusalén a las actividades bíblicas del Bautista como tampoco la hay de que en la embarcación de Galilea montara el fundador del cristianismo o de que en una piedra, desenterrada en 1997, se sentara a descansar la Virgen María cuando iba a Belén a dar a luz, a pesar de lo cual la roca fue bendecida hace siete años por el patriarca de Jerusalén, Diodorus I. “La información que se ha publicado dice, hacia el final, que la cueva se usaba en el periodo bizantino y que la imagen fue supuestamente grabada por un monje. ¡Esto significa que la figura se hizo unos 500 años después de los días de Juan Bautista! Puede ser o no una imagen de ese personaje, pero, en cualquier caso, no estamos ante restos ligados a él, como han sostenido los engañosos titulares de prensa”, ha indicado Ze’ev Herzog, arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv, al autor de estas líneas.

El historiador Neil A. Silberman destaca que “en Tierra Santa existe una auténtica industria de las reliquias -tanto muebles como inmuebles- que recuerda más al culto medieval de reliquias que a la arqueología. Cada vez que oigo hablar de descubrimientos espectaculares vinculados a personajes bíblicos, se me dispara la tensión”. “Estamos ante otro ejemplo de cómo la arqueología bíblica tergiversa las pruebas”, sentencia Herzog. No hay que descartar, además, que la vinculación de la gruta israelí con el predicador pariente de Jesús tenga que ver con que Gibson ha escrito un libro sobre la cueva del Bautista que está a punto de salir a la venta.

El penúltimo hallazgo de este tipo fue el de una urna presentada en la prestigiosa Biblical Archaeology Review en noviembre de 2002 como el osario de Santiago el Menor, hermano de Jesús de Nazaret. La inscripción de la caja -“Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús”- sería la primera prueba arqueológica de la existencia de Jesús. La pieza apareció en manos de un anticuario que decía haberla encontrado en una cueva en las inmediaciones de Jerusalén y que meses después fue detenido por tráfico ilegal de piezas arqueológicas. La Dirección de Antigüedades de Israel concluyó en junio de 2003 que la inscripción de la urna es moderna.

Al margen de los Evangelios, la única mención a Jesús es la del historiador Flavio Josefo (37-94) en su obra Antigüedades judías. Dice que el sanedrín juzgó “a Santiago, hermano de Jesús, quien era llamado Cristo, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados”. Hay filólogos que consideran el pasaje una inserción posterior de un autor cristiano. “Históricamente hablando, no hay suficientes pruebas de la existencia de Jesús. No digo que no existiera. El Jesús bíblico es un personaje marginal, hijo de un carpintero, en una zona marginal del Imperio romano y las evidencias históricas se centran normalmente en los grandes hombres, en los poderosos”, explica Josep A. Borrell, director de la revista de divulgación histórica Clío.

Hablan las piedras

El juicio de Salomón. Autor: Gustave Doré.La arqueología y la Biblia no casan bien. Las excavaciones de las últimas décadas han minado los cimientos históricos del Antiguo Testamento, los 39 libros que constituyen la base del cristianismo y del judaísmo, y que además son, para muchos israelíes, una crónica de los orígenes del pueblo hebreo y justificación de sus aspiraciones territoriales. Arqueólogos como Israel Finkelstein y Ze’ev Herzog, ambos de la Universidad de Tel Aviv, son tildados por los más fundamentalistas de enemigos de Israel porque mantienen que los Patriarcas -Abraham, Isaac y Jacob- son personajes de leyenda, que no hubo un periodo de esclavitud en Egipto ni un éxodo, que los israelitas no conquistaron Canaán por las armas, que no existió una monarquía unificada -que abarcara todo Israel- en tiempos de David (1005-970 aC) y Salomón (970-931 aC), que el culto a Yahvé como único dios se impuso muy tardíamente…

“La mayoría de las personas que formaron el primitivo Israel eran gentes del lugar -las mismas a las que vemos en las tierras altas a lo largo de las edades del Bronce y del Hierro-. En origen, los primeros israelitas fueron también -ironía de ironías- ¡cananeos!”, explican en su libro Finkelstein y Silberman. Hasta hace unos años, los hallazgos arqueológicos se acomodaban a los hechos bíblicos: si se desenterraban restos de grandes construcciones, se atribuían a Salomón. Ahora, hablan las piedras y los documentos. Los archivos egipcios y mesopotámicos han servido para establecer una cronología, pero no incluyen ni palabra del supuesto esplendor de las cortes de David y Salomón, ni de ninguno de los episodios más famosos de la Biblia. Las piedras han demostrado, por ejemplo, que el Jerusalén de David y Salomón no fue la gran capital bíblica, sino un pequeño pueblo.

El hallazgo de la cueva del Bautista ha sido una serpiente más en un verano en el que se han encontrado la Atlántida en Cádiz y una nave extraterrestre en Siberia, ha partido la enésima expedición en busca del Arca de Noé y se ha detectado la primera señal de radio de una civilización alienígena. “En verano no hay noticias y hay que llenar las páginas de los diarios”, argumenta Borrell. Silberman lamenta “el entusiasmo de los medios de comunicación, los editores y algunos arqueólogos por aunar esfuerzos para promocionar lo que sólo puede calificarse de arqueología bíblica sensacionalista”.


Dos reinos para un único pueblo elegido

“Hacia el final siglo VII aC, durante unas pocas décadas extraordinarias de ebullición espiritual y agitación política, un grupo inverosímil de funcionarios de la corte, escribas y sacerdotes, campesinos y profetas judaítas se unió para crear un movimiento nuevo cuyo núcleo fueron unos escritos sagrados dotados de un genio literario y espiritual sin parangón, un relato épico entretejido a partir de un conjunto asombrosamente rico de escritos históricos, memorias, leyendas, cuentos populares, anécdotas, propaganda monárquica, profecía y poesía antigua”, dicen los autores de La Biblia desenterrada.

Ocurrió en tiempos de Josías (639-609 aC), rey del sureño Judá, cuya capital era Jerusalén. Durante la mayor parte de su historia, Judá había vivido a la sombra del reino del norte, el más rico y poblado Israel. Eso cambió cuando los asirios conquistaron Israel en el siglo VIII aC y Judá recibió gran cantidad de refugiados. Cien años después, los asirios se retiraron del norte y los judaítas vieron el camino libre para su expansión. Para justificar sus pretensiones -unir a los israelitas en un reino gobernado desde Jerusalén-, crearon un pasado común glorioso para todos los hebreos, hicieron de su antiguo rival -Israel- el reino del pecado, borraron de la memoria a otros dioses que habían adorado y convirtieron a Yahvé en el único.


Un pasado de leyenda

El Diluvio. Dios castiga al hombre con un diluvio; pero de la catástrofe se libra un hombre santo, Noé. “Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo ser viviente meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra” (Génesis 6, 18-19). Después de cuarenta días y cuarenta noches de lluvia, el arca encalla y los refugiados repueblan el planeta. No hay barco en el que quepan dos miembros de cada especie, ni agua en la Tierra para inundarla hasta la cima de la montaña más alta, ni restos de una catástrofe así. El relato bíblico es una adaptación de otros mesopotámicos anteriores.

Los Patriarcas. La Biblia es la historia de los descendientes de Abraham, con quien Yahvé suscribe un pacto: “Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré” (Génesis 12, 1-2). No hay pruebas arqueológicas de la existencia de Abraham, Isaac y Jacob hacia 2100 aC. La ambientación apunta a los siglos VIII y VII aC, después de David y Salomón, sucesores de Abraham. “La gran genialidad de los creadores de esta epopeya nacional en el siglo VII consistió en entretejer los relatos antiguos sin despojarlos de su humanidad o su peculiaridad individual. Abraham, Isaac y Jacob siguen siendo al mismo tiempo retratos espirituales vívidos y antepasados metafóricos del pueblo de Israel”, concluyen Finkelstein y Silberman en La Biblia desenterrada.

Esclavitud y éxodo. “Preséntate al faraón por la mañana, cuando vaya hacia el Río… Y le dirás: ‘Yahvé, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: ‘Deja partir de mi pueblo, para que me den culto en el desierto’; pero hasta ahora no has hecho caso'” (Éxodo 7, 15-16). Moisés se enfrenta al faraón, libera a su pueblo, recibe las Tablas de la Ley y los hijos de Israel vagan durante cuarenta años por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. Ningún texto egipcio, de los muchos que hay, menciona nada de esto. La acción se sitúa en tiempos de Ramsés II (1304-1237 aC). Sin embargo, “los detalles más evocadores y geográficamente más coherentes del relato del éxodo proceden del siglo VII aC”, destacan Finkelstein y Silberman. Huir del ejército del faraón hubiera sido imposible para un grupo de desheredados que, de conseguirlo, se habría enfrentado después a las guarniciones egipcias del Sinaí y Canaán. Por si eso fuera poco, los israelitas no dejaron rastro de su larga estancia en el desierto.

La caída de las murallas de Jericó. Autor: Gustave Doré.La conquista de Canaán. El pueblo de Israel, dirigido por Josué, conquista Canaán, donde hay “ciudades grandes, con murallas que llegan hasta el cielo” (Deuteronomio 9, 1). “La famosa escena de las fuerzas israelitas marchando con el Arca de la Alianza en torno a la ciudad amurallada y provocando el derrumbamiento de los poderosos muros de Jericó al son de las trompetas de guerra era, por decirlo sencillamente, un espejismo romántico”, indican Finkelstein y Silberman, tras explicar que el Jericó del siglo XIII “era pequeño y pobre, casi insignificante, y, además, no había sido fortificado”. Muchos enclaves que se citan en el texto no estaban habitados en aquella época. La conquista de Canaán no sucedió en el mundo real.

David y Salomón. Hubo una época en la que Israel, bajo David y Salomón, se extendió desde el río Eúfrates hasta Gaza, según la Biblia. Durante el siglo X aC, Jerusalén llegó a ser una gran ciudad en la que Salomón construyó un palacio y un templo donde adorar a Yahvé. Esa monarquía gloriosa no encaja con lo descubierto por los arqueólogos. “Está claro que el Jerusalén de la época de David y Salomón fue una ciudad pequeña, quizá con una ciudadela para el rey, pero en ningún caso la capital de un imperio como dice la Biblia”, asegura Ze’ev Herzog. “Desde un punto de vista político, David y Salomón fueron poco más que caudillos tribales de la serranía cuyo alcance administrativo no superó un ámbito bastante local, limitado al territorio montañés”, coinciden Finkelstein y Silberman.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

La segunda cara de la sábana santa: creer para ver

Una joven toca, en febrero de 2003, la valla de una playa de Sydney que, vista a distancia y desde un ángulo determinado, semejaba una figura de la Virgen.“Sí, y si miras desde un poco más cerca, en la esquina superior derecha, puedes ver al Pato Donald… y ahí, a la izquierda, a Mickey Mouse”. Esto decía David Sox, ex secretario de la Sociedad Británica del Sudario de Turín, que comentó un sindonólogo cuando, hace años, el padre Francis Filas presentó una foto de la sábana santa en la que decía ver una moneda romana sobre uno de los ojos de la figura. Lo recuerda Joe Nickell en Inquest on the shroud of Turin (1983), un libro imprescindible para quien quiera profundizar en la historia de la falsa reliquia. En septiembre de 2001, hubo muchos que vieron al diablo en la humareda que salía de una de las Torres Gemelas heridas de muerte por el fanatismo religioso y, en febrero de 2003, muchos católicos australianos hincaron las rodillas en una playa de Sydney ante una valla que, vista desde un ángulo determinado, parecía la silueta de una figura de la Virgen.

Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Padua, han anunciado en el Journal of Optics A: Pure and Applied Optics -revista del Instituto de Física de Londres– que han identificado un rostro y unas manos cruzadas débilmente impresionados en el reverso de la sábana santa. El artículo se titula “La doble superficialidad de la imagen frontal del sudario de Turín” y de él se ha hecho eco en sus páginas de Ciencia el diario El Mundo, que recientemente nos descubrió que una niña saudí llora piedras -una primicia de la agencia Efe- y otra rusa tiene visión de rayos X. Comparado con esas proezas infantiles, lo de los científicos italianos apenas tiene un pase. Es más de lo mismo que vienen contando los sindonólogos desde hace más de treinta años, una mezcla de mentiras -¿se acuerdan de cuando Juan José Benítez decía cada dos por tres que la NASA había estudiado la tela, algo que nunca ocurrió?- e investigaciones como las de Filas. En este caso, todo indica que Fanti y Maggiolo han caído en la misma ilusión del niño que ve animales en las nubes.

La parte trasera del lienzo de Turín permaneció oculta por una tela desde el incendio de Chambéry (Francia) de 1532 hasta 2002, cuando el parche cosido originalmente por unas monjas fue sustituido y se sacaron las fotografías que ahora se han tratado digitalmente. Los autores recuerdan que “muchos” consideran la pieza de lino “el sudario en el que fue envuelto Jesús de Nazareth antes de ser depositado en una tumba en Palestina hace unos 2.000 años”, pero en el artículo se pasa por alto que el análisis del carbono 14 fechó en 1988 su confección entre 1260 y 1390. Lo cierto es que Fanti y Maggiolo niegan la validez de esa prueba y lo decían en la versión original del texto, según me ha contado el primero de ellos. “Un gran número de científicos -argumentaban en un párrafo suprimido por orden de los revisores- cree que la toma de muestras y la fiabilidad de la datación por radiocarbono no son satisfactorias, porque la tela sufrió muchas vicisitudes (incendios, reparaciones, agua, exposición al humo de las velas, a la respiración de los visitantes)”. Y añadían que “algunos investigadores han revelado que la muestra de 1988 no es representativa del sudario de Turín”, sino que “tiene características físicas y químicas diferentes de la parte principal de la tela”. Al artículo de Nature en el que se dieron a conocer los resultados del carbono 14, contraponían un texto publicado por Ray Rogers en Internet en 2002.

Fanti me ha explicado, en comunicación personal, que “hay muchos signos que indican que la tela es muy antigua”: la textura del lino, la presencia de almidón en el hilo y un tipo de cosido muy parecido a uno existente en Massada (Israel) hace 2.000 años, entre otros. El sindonólogo italiano considera posible que se sometiera al carbono 14 parte de un parche medieval, hecho que -recuerda- apuntó en su día Rogers, químico del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP). “Antes de hacer un nuevo análisis del radiocarbono, deberíamos saber si posibles factores ambientales pueden causar efectos no despreciables en la muestra a examinar”, puntualiza el profesor de la Universidad de Padua, quien se sintió interesado por la sábana a los doce años, está involucrado en su estudio desde mediados de los 90 y defiende su autenticidad. “En una buena investigación, los aspectos religiosos deben separarse de los científicos y yo intento seguir esa directriz. Desde el punto de vista religioso, aunque el sudario no sea considerado una reliquia por la Iglesia católica, estoy convencido de que es la mortaja de Jesucristo. Puedo decirlo después de la experiencia trascendente que tuve al observar directamente el sudario durante un total de diez minutos. En algunas ocasiones que vi directamente la sábana santa, percibí un particular sentido del silencio y del infinito muy diferente a lo que siento cuando miro una buena fotografía del sudario”.

La cara conocida de la sábana de Turín y la nueva 'encontrada' en el reverso. Foto: 'Journal of Optics A: Pure an Applied Optics'.

El investigador asegura haber encontrado en el reverso de la síndone un rostro “y quizás unas manos”. “No se trata de la estampa de otro hombre; es el mismo Hombre -en mayúscula en el original- el que ha causado las dos impresiones”. Después de, por comparación, intentar dar en la parte trasera con detalles anatómicos presentes en la figura conocida, los científicos identifican “en el reverso la nariz, los ojos, el pelo, la barba y el bigote en el lugar, la forma, la posición y la escala correspondientes a esos detalles en el frente”, a pesar de lo cual niegan que su origen sea que la pintura traspasó la tela. En su apoyo, esgrimen estudios de sindonólogos que han defendido desde 1980 que la impresión no penetra en el lienzo. “No hay ninguna imagen en medio de la tela”, mantiene Fanti, quien no puede explicar científicamente cómo se habría formado la figura y abraza la posibilidad de un “estallido de energía” durante la Resurrección como el defendido por su colega John Jackson. “¿Por qué no suponer que un fenómeno particular, descrito en los Evangelios durante la mañana de Pascua, pudo ser el responsable de la formación de la imagen?”. Ni aún así consigue, no obstante, explicar cómo se habría impreso la imagen sólo superficialmente en el anverso y el reverso, y mucho menos las anomalías que presenta la figura y que apuntan al fraude.

“Las conclusiones van más allá de la técnica. Parten de que tiene que haber una cara como la conocida y la encuentran. ¿Por qué sólo algunas partes de la cara y no todas? ¿Por qué la cara y no los hombros? ¿Por qué las manos se ven peor?”, se pregunta un experto español en procesado de imágenes que prefiere permanecer en el anonimato. Todo apunta a que los autores han descubierto en la sábana santa lo que quieren ver. Han comparado la parte posterior de la sábana con la anterior, buscando en esta última formas que recordasen el rostro de la primera, hasta que las manchas, en su opinión, han casado. “Está claro desde el principio que quieren encontrar algo. Y, si quieres, siempre lo encuentras. Si yo quisiera encontrar en esa foto el rostro de un mandril o de un león, lo encontraría”, apunta el profesor universitario español. Este especialista admite que las herramientas informáticas empleadas por Fanti y Maggiolo para limpiar la imagen son apropiadas -“Se pueden emplear esas técnicas u otras para conseguir un mejor nivel señal-ruido”-, pero discrepa de la metodología seguida a la hora de identificar un rostro en la parte posterior de la sábana santa. “Un coeficiente de correlación mayor que 0,6 hace la correspondencia entre las dos imágenes aceptable”, escriben los sindonólogos en el artículo. “¿Por qué 0,6? ¿Por qué no 0,7 ó 0,8?”. Quizá porque exigir un mayor coeficiente de correlación -1 sería la correspondencia total y 0 la disparidad absoluta- haría desaparecer algunos de los rasgos del nuevo rostro. ¿Qué ve el lego? Pues, nada. Ni forzando la imaginación al máximo. Hace falta que los investigadores contorneen los presuntos rasgos de la segunda cara de la sábana santa para verla. Hasta Giusepe Ghiberti, de la comisión diocesana de Turín que custodia la tela, ha restado importancia al trabajo de Fanti y Maggiolo: “Es el ojo humano, por un efecto fisiológico de la visión, el que tiende a ver esa imagen que en realidad no existe”.

La nueva cara con líneas dibujadas por los autores que ayudan a verla. Foto: 'Journal of Optics A: Pure an Applied Optics'.La mayoría de las citas bibliográficas -dieciséis de veinticinco- corresponden, además, a publicaciones sindonológicas o de la Iglesia, así como a comunicaciones personales, y los escasos artículos aparecidos en revistas científicas están firmados por partidarios de la autentiticidad de la reliquia. “Todas las referencias son sobre la sábana santa. Echo en falta artículos sobre el procesado de imágenes. La argumentación científica del artículo se centra en el empleo de técnicas de procesado digital de imágenes, aplicadas al reconocimiento biométrico de personas. Por ello, resulta un poco extraño que no se hagan referencias a artículos publicados en revistas de prestigio en este campo, que permitirían una adecuada validación y justificación de los métodos de procesado utilizados”, destaca el experto consultado. Tampoco hay ni un artículo crítico entre los consultados por Fanti y Maggiolo, el primero de los cuales afirma que “existen muchas pruebas a favor de la autenticidad del sudario, pero ninguna incuestionable quizás porque Dios quiere que todo el mundo piense y actúe según su libre voluntad”. Entonces, ¿para qué buscar la prueba definitiva? Porque siempre cabe la posibilidad de que el artífice del sudario de Turín fuera el genial Leonardo da Vinci, extremo al que han apuntado como una “curiosa teoría” algunos periodistas para los cuales el autor de La Gioconda pudo pintar la sábana santa que apareció en Lirey en 1350. ¡Qué importa que Leonardo naciera en 1452!

Eusebia Palomino, la santa patrona de los adivinos

La beata salmantina Eusebia Palomino.Ya tienen los adivinos patrona. Juan Pablo II elevó a los altares el domingo a Eusebia Palomino (1899-1935), religiosa salmantina para cuya beatificación se ha valorado que predijo la Guerra Civil española. “Va a haber una guerra civil muy grande y se va a derramar mucha sangre inocente porque España no se pone de acuerdo”. La Iglesia mantiene que algo parecido a esto dijo la monja durante una conversación con Josefa García Mariscal en 1931, en la que fue una de las muchas demostraciones de las dotes proféticas de la nueva beata.

“El 4 de octubre de 1934, mientras algunas hermanas rezaban con ella en el lugar del sacrificio, interrumpe y empalidece diciendo: “Rezad mucho por Cataluña”. Es el principio de la sublevación operaria de Asturias y de la catalana en Barcelona (4-15 octubre 1934) que se llamarán anticipo revelador. Visión de sangre también para su querida directora sor Carmen Moreno Benítez, que será fusilada con otra hermana el 6 de septiembre de 1936: actualmente ha sido declarada beata, después del reconocimiento del martirio”. El mismo Papa que repetidamente ha criticado a los videntes y ha pedido a sus fieles que no caigan en sus garras convierte en objeto de culto a una adivina que, cuando vislumbró la contienda española, no hizo nada sorprendente para su época.

Tampoco estaría de más saber cuántas cosas auguró la religiosa y nunca se hicieron realidad, como ocurre con brujos seglares como Rappel, Octavio Aceves, Aramís Fuster y Paco Porras. Eusebia Palomino es una de las muchas caras paranormales de una religión monoteísta cuyo plantel divino ha enriquecido Juan Pablo II en 477 santos y 1.337 beatos, de incompetencia manifiesta. ¿Cómo se explica si no tanto santo suelto y que el mundo siga hecho unos zorros?, ¿dónde están los hacedores de milagros cuando se necesitan, como en el 11-M madrileño, cuando un niño se pierde o cuando un abuelo sufre una caída fatal? El reino de los santos nunca ha sido de este mundo.