Religión

La productora de ‘El codigo Da Vinci’ niega la realidad histórica del Priorato de Sión

Cartel de 'El codigo Da Vinci'.Sony Pictures niega, en la información para la prensa sobre la película El código Da Vinci, la existencia del Priorato de Sión como una organización constituida hace casi mil años para guardar el secreto del Santo Grial. “El Priorato de Sión -sociedad secreta europea fundada en 1099- es una organización real. En 1975, en la Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban Isaac Newton, Sandro Boticelli, Víctor Hugo y Leonardo da Vinci”, dice Dan Brown en la nota de advertencia que figura al principio de la novela. Los responsables de la productora marcan distancias con el escritor y dejan claro, en el pressbook de la cinta, que el thriller policiaco que se estrena el 19 de mayo en todo el mundo carece de fundamento real, que una cosa es la ficción y otra la realidad.

“En la novela, Dan Brown sostiene que el Priorato de Sión es una organización real fundada en 1099, y que una serie de pergaminos que se encuentran en la Biblioteca Nacional de París revelan que entre sus miembros se hallaban destacadas figuras de la literatura, el arte y las ciencias. Sin embargo, los documentos de la Biblioteca Nacional han resultado ser modernas falsificaciones depositadas allí por Pierre Plantard, que admitió haber fundado el Priorato junto con tres amigos en 1956, para reírse un rato. Él fue nombrado Gran Maestre del Priorato en 1981. En los falsos documentos y manuscritos, que han llegado a ser conocidos como Dossiers Secrets, se afirma que la organización secreta fue fundada en 1099 por Godefroy de Bouillon, que guió el primer ejército que partió hacia Jerusalén en la Primera Cruzada y fue el primer soberano de la reconquistada Tierra Santa. También se dice que fue obra del Priorato la creación de los Caballeros Templarios, de los que, al parecer, se separaron unos cien años más tarde”, sostiene la documentación que Sony Pictures ha enviado hace unas horas a la prensa.

La productora no ha descubierto nada nuevo, pero es significativo que admita que no hay que dar crédito a lo que el autor de la novela presenta como hechos veraces, como realidades demostradas. Resulta obvio que, sin Priorato de Sión milenario, hay que olvidarse, entre otras cosas, de la lista de grandes maestres citada por Brown, lo que nos lleva a descartar a Leonardo de Vinci como guardián de ningún secreto sobre Jesús y María Magdalena, y, por tanto, convierte toda la trama de El código Da Vinci en un simple juego de adivinanzas cuyo parecido con cualquier situación real es mera coincidencia, como ocurre con la mayoría de las películas.

Milagro sobre hielo

Un solo milagro y tres versiones distintas. Es lo que se encuentra quien lee, en los evangelios de Mateo, Marcos y Juan, el episodio en el que Jesús anda sobre las aguas en el mar de Galilea. Según el primero (Mt 14, 22-33), había tormenta cuando los apóstoles vieron desde la barca a Jesús “caminar sobre el mar”, el maestro animó a Pedro a que saliera a su encuentro y el discípulo empezó a hundirse porque dudó. En el segundo (Mc 6, 45-52), había viento fuerte cuando Jesús anduvo sobre el mar hasta la barca de sus seguidores y, una vez en ella, hizo que el viento amainara. Y, en el tercero (Jn 6, 16-21), las aguas habían comenzado a encresparse cuando los apóstoles vieron a Jesús “que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca”, pero no llegaron a recogerle porque la embarcación “tomó tierra en el lugar a donde se dirigían”.

Jesús caminando sobre las aguas del mar de Galilea, según Gustave Doré.Supongamos -y es mucho suponer- que este episodio está inspirado en un hecho real. ¿Habría alguna explicación racional posible? Doron Nof, profesor de Oceanografía en la Universidad del Estado de Florida, cree que sí y lo defiende en un artículado titulado “Is there a paleolimnological explanation for walking on water in the Sea of Galilee?” (¿Existe una explicación paleolimnológica para caminar sobre el agua en el mar de Galilea?), publicado en el último número del Journal of Paleolimnology. La paleolimnología es la rama de la ciencia que estudia la evolución histórica de los lagos a partir del análisis de los sedimentos.

El mar de Galilea, también conocido como lago de Genesaret y lago Tiberíades, es una masa de agua dulce situada entre Israel y Siria, tiene 148 kilómetros cuadrados y una profundidad media de 20 metros. Noron sostiene que, si ocurrió hace 2.000 años algo parecido a lo que narran los tres evangelios citados, podría explicarse gracias a una peculiaridad del lago que facilita que se formen gruesas capas de hielo en zonas determinadas en épocas climáticas más frías que la actual. El oceanógrafo reconoce que, en principio, “es difícil imaginar” que una masa de agua sobre la que la atmósfera registra temperaturas superiores a 10º C durante el invierno pueda enfriarse hasta el punto de comenzar el proceso de congelación, que requiere para empezar que la temperatura del agua de todo el lago esté por debajo de los 4º C. Sin embargo, hay una particularidad que hace “único” el mar de Galilea e innecesario ese paso previo: que se enfríe toda el agua hasta los 4º C.

A lo largo de la orilla occidental del lago, desembocan bajo la superficie manantiales de agua templada y salada, que queda al fondo y hace de barrera a la convección, proceso por el que, dada su diferente densidad, en un lago normal, el agua fría baja y la caliente sube a la superficie, donde se enfría por su contacto con el aire. Por eso, para que empiece la congelación de la superficie en el mar de Galilea, sólo hace falta que se enfríe la capa superior de agua fría a esa lengua de agua caliente. Aún así, hoy en día, la probabilidad de que el enfriamiento tenga como consecuencia una placa de hielo capaz de soportar el peso de un hombre “es virtualmente cero (una vez en más de 10.000 años)”.

Norf y sus colaboradores –Ian McKeague, de la Universidad de Columbia, y Nathan Paldor, de la Universidad Hebrea de Jerusalén- estiman que durante el periodo climático frío conocido como Dryass Joven, que empezó hace 12.700 años y duró 1.500, las temperaturas fueron en la región al menos 7º C inferiores a las actuales, lo que supuso que se pudieron formar gruesas placas de hielo en el mar de Galilea una vez cada 17 años. “Durante los episodios fríos de hace 1.500 y 2.500 años (cuando la temperatura atmosférica fue 3ºC o más baja que hoy), el hielo apareció una vez cada 160 años o menos”, escriben en el Journal of Paleolimnology. Han encontrado un conjunto de esos afloramientos de agua salada y templada en Tabgha, zona en la que Jesús pasó parte de su vida, y proponen que el milagro bíblico pudo deberse a que Jesús caminó sobre una de esas placas de hielo, que se adentrarían en el lago hasta 30 metros como máximo, dando la apariencia desde la distancia y especialmente si llovía -dos de los evangelios hablan de tempestad- de que andaba sobre el agua.

Los autores dicen que es una posible explicación; pero dejan el juicio final sobre si ocurrió así a “arqueólogos, estudiosos de la religión, antropólogos y creyentes”. Para mí, el punto de partida de Norf y su equipo es erróneo, aunque la conclusión a la que llegan suponga un avance en el conocimiento del mar de Galilea. El error es presuponer que éste y otros milagros de Jesús tuvieron una base real, que fueron algo más que una creación de los redactores de los evangelios. Mientras no se demuestre lo contrario, los hechos milagrosos de la Biblia me los tomo como aportaciones de los narradores para engrandecer a los protagonistas de sus relatos, sean los profetas y patriarcas inexistentes del Antiguo Testamento, sea el Jesús del Nuevo Testamento. Por eso, no creo que haya que preocuparse de buscar una explicación científica a la multiplicación de los panes y los peces, la separación de las aguas del mar Rojo y la resurrección de Lázaro. Son leyendas.

Dan Brown es culpable, aunque no de plagio

El Tribunal Superior de Londres ha rechazado la demanda de Michael Baigent y Richard Leigh, que acusaban a Dan Brown de haber plagiado en El código Da Vinci su obra El enigma sagrado (Holy blood, holy grail). Según el juez Peter Smith, Brown es inocente de plagio y, por tanto, la película basada en su novela podrá estrenarse en el Reino Unido el 19 de mayo, al mismo tiempo que en el resto del mundo. El autor estadounidense ha reconocido en el juicio que se inspiró en la obra pseudohistórica de Baigent y Leigh a la hora de escribir su novela. Muchos escritores tienen la costumbre de detallar en el epílogo de sus novelas de qué fuentes han bebido, sean estas las que sean. ¿Por qué Brown no lo hizo? Es una pregunta para la que no hay respuesta. De lo que no cabe duda es de que el multimillonario Brown es culpable de vender como hechos históricos cosas que no lo sony, además, de escribir mal.

El código Da Vinci es, ante todo, un libro mal escrito, previsible, con diálogos prescindibles, personajes planos y lleno de lugares comunes. Vale, se lo han comprado 40 millones de personas y eso es una barbaridad, se mire cómo se mire. El recientemente fallecido Stanislaw Lem, por ejemplo, ha vendido 27 millones de libros desde 1946, y su obra es divertidísima, inteligente y de calidad literaria; lo contrario que la de Brown. Los defensores de El código Da Vinci esgrimen los millones de libros vendidos como prueba de la calidad de la novela. Se confunden. La cantidad de adeptos de algo -sea la revista ¡Hola!, Salsa rosa o la serie cinematográfica de Torrente– no es una vara que sirva para medir calidad ni buen gusto. Recuerden el famoso dicho: “¡Cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas, coma mierda!”.

¿Y si Judas no traicionó a Jesús?

Judas Iscariote ha pasado a la Historia como el villano por antonomasia, el discípulo que vende a su maestro con un beso por treinta monedas de plata y que, luego, llevado por la desesperación se ahorca. Es lo que cuentan los evangelios de Mateo, Lucas, Juan y Marcos. Sin embargo, un manuscrito copto de hace 1.700 años presenta un Judas muy diferente, que hace la voluntad de Jesús. El texto fue descubierto en los años 70 del siglo pasado, se conoce como el Evangelio de Judas y su contenido se hizo público ayer. “Aquí Judas no es el seguidor de Jesús malvado, corrupto e inspirado por el Diablo que traiciona a su maestro. Es el amigo más íntimo, el que entiende a Jesús mejor que ningún otro, el que le entrega a las autoridades porque Jesús se lo pide”, afirma Bart Ehrman, experto en el Nuevo Testamento de la Universidad de Carolina del Norte (EE UU).

na de las páginas del Evangelio de Judas. Foto: Kenneth Garrett-NGS.Los estudiosos sabían de la existencia del Evangelio de Judas por referencias en otros textos, el más antiguo de los cuales es Contra las herejías, obra del obispo Ireneo de Lyon y escrito en 180. El Evangelio de Judas estuvo perdido, sin embargo, hasta que en los años 70 del siglo pasado cuando se encontró un códice de papiro en el desierto egipcio, cerca de El Minya. En 1978, lo compró un anticuario de El Cairo, que intentó venderlo en EE UU sin lograrlo. Seis años después, el manuscrito fue depositado en una caja de seguridad de Long Island (Nueva York), donde permaneció hasta que lo adquirió en 2000 la anticuaria suiza Frieda Nussberger-Tchacos, quien un año más tarde, alarmada por el deterioro del códice, lo donó a la Fundación Mecenas del Arte Antiguo de Basilea. Entonces, la fundación suiza, el Instituto Waitt para Descubrimientos Históricos y la Sociedad Geográfica Nacional pusieron en marcha un proyecto de traducción y conservación cuyos primeros resultados se dieron a conocer ayer.

“El relato secreto”

El códice Tchacos -como se conoce entre los estudiosos el conjunto de documentos- incluye el Evangelio de Judas, el Primer Apocalipsis de Santiago, la Carta de Pedro a Felipe y un fragmento de un texto que ha sido bautizado, provisionalmente, como el Libro de Allogenes. El nuevo evangelio tiene veintiséis páginas, se desconoce su autor y es una traducción al copto de un original griego escrito hacia 180. La copia al copto dataría del año 300, según la datación por radiocarbono, el análisis paleográfico y el de la tinta, el contexto y otras pruebas experimentales. Cuando los estudios acaben, se integrará en la colección del Museo Copto de El Cairo.

Florence Darbre, conservadora del manuscrito del Evangelio de Judas, trabaja con el especialista en copto Gregor Wurst para unir los múltiples fragmentos. Foto: Kenneth Garrett-NGS.Los expertos han reconstruido y traducido el 80% del texto en cinco años, un tiempo récord si lo comparamos con los cincuenta que pasaron entre el hallazgo y la publicación de los manuscritos del Mar Muerto. Y se han encontrado con una relación entre Jesús y Judas que tiene poco que ver con la bíblica. “Jesús dice que es necesario que alguien le libere del cuerpo humano y que prefiere que lo haga un amigo a un enemigo. Y le pide a Judas, que es su amigo, que le venda, que le traicione. Se trata de una traición de cara al público, pero no entre Jesús y Judas. Aunque los teólogos habíamos especulado sobre ello, es la primera vez que un documento antiguo defiende la idea”, explica Rodolphe Kasser, sacerdote experto en copto, profesor retirado de la Universidad de Ginebra y líder del grupo que ha traducido el manuscrito.

El texto comienza diciendo: “El relato secreto de la revelación que Jesús le participó a Judas Iscariote durante una semana, tres días antes de celebrar la Pascua”. Más adelante, Jesús anuncia a Judas: “Tú los superarás a todos, porque tú sacrificarás el cuerpo en el que vivo”. El maestro advierte a su pupilo que sufrirá por lo que va a hacer: “Serás maldito por las otras generaciones, y mandarás sobre ellas”. Y Judas tiene una visión de lo que le espera: “En la visión me vi mientras los doce discípulos me lapidaban y me acusaban gravemente”. El evangelio acaba con la entrega de Jesús por “algún dinero”, sin mención alguna ni de la Crucifixión ni de la Resurrección.

“El Evangelio de Judas nos muestra que los primeros seguidores de Jesús no se sentían constreñidos por los materiales canónicos”, señala Amy-Jill Levine, profesora de Estudios Neotestamentarios de la Universidad de Vanderbilt. De la misma opinión es Elaine Pagels, profesora de Religión de la Universidad de Princeton, para quien este y otros hallazgos recientes prueban que el cristianismo primitivo no era una religión monolítica. “Este texto no sólo cuestiona seriamente una de las más firmemente enraizadas creencias de la tradición cristiana, sino que también reduce a nada uno de los temas favoritos del antisemitismo”, sentencia, por su parte, François Gaudard, investigador de la Universidad de Chicago.


Para saber más
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Televisión: El evangelio perdido de Judas se estrena el domingo, a las 22 horas, en National Geographic Channel (canal 61 de Digital +).

Revistas: National Geographic incluirá en el número que saldrá a la venta el 19 de abril un amplio reportaje y el DVD del documental.

Libros: En junio se presentarán en España los libros El evangelio perdido. La búsqueda del Evangelio de Judas Iscariote, de Herbert Krosney, y El Evangelio de Judas, de R. Kasser, M. Meyer y G. Wurst.

Internet: The Lost Gospel of Judas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El Arca de Johan

El Arca de Johan Huibers, anclada en Schagen, a 45 kilómetros al norte de Amsterdam. Foitos AP.Johan Huibers, un contratista holandés de 47 años, está construyendo una réplica del Arca de Noé, la embarcación en la que, según la leyenda, el Patriarca bíblico metió una pareja de cada especie animal para salvarla del Diluvio. La nave mide 70 metros de largo, 13,5 de alto y 9,5 de ancho, y está hecha de cedro americano y pino noruego. Ahora, se encuentra en Schagen, a 45 kilómetros al norte de Amsterdam. Cuando la acabe, Huibers se habrá gastado en ella la friolera de un millón de euros, que ha conseguido a base de créditos bancarios.

La botadura del Arca, en cuya construcción han colaborado su hijo de 17 años y algunos amigos del contratista, está prevista para septiembre, cuando se convertirá en una especie de miniparque de atracciones religiosas flotante en los canales holandeses. Huibers quiere llenar la nave no con una pareja de cada especie, sino con corderos, conejos, cabras, pollos y otros animales de granja. A cambio de 2 euros los niños y 3 los adultos, los visitantes podrán recorrer la embarcación, tomarse un refresco en el bar instalado bajo la estructura de cubierta y llevarse a casa un bonito folleto religioso.

El devoto armador cree que, tras la visita a la embarcación, muchos niños se convencerán de la realidad histórica del Arca de Noé. Una realidad en la que sólo creen quienes, como él, se toman la Biblia al pie de la letra. Por que, vamos a ver: ¿dónde fue a parar todo el agua que cayó durante el Diluvio y cubrió, según el Antiguo Testamento, hasta las más altas cimas?, ¿cree Huibers de verdad que Noé y su familia pudieron meter en un barco una pareja de cada una de las millones de especies que existen en el mundo?, ¿cómo explica que haya relatos mesopotámicos anteriores que cuenten, más o menos, la misma historia, pero sin Noé ni el Dios de los judíos? El problema de la fantasía es cuando a uno le desborda, cuando uno empieza a confudir lo real con lo imaginario, cuando uno se embarca en la nave del misterio que pilota el Friker Jiménez de turno, de cuyo debut televisivo les invito a disfrutar por cortesía de Gerardo García-Trío. Se reirán. Se lo prometo.