Caras de Bélmez

Trolas del escándalo de las caras de Bélmez

Está revuelto el mundo del misterio desde que se publicó el manifiesto Por el derecho a una información crítica, en el que se pide a los medios de comunicación rigor a la hora de tratar asuntos como el de las caras de Bélmez. Tanta rabia ha dado a los divulgadores de lo paranormal que hayan quedado en evidencia algunos de los suyos -la denuncia se centra en los integrantes de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP)- que han hecho piña y empezado a disparar contra los auténticos culpables, los cazadores de brujas, los inquisidores, los miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. En la madrugada del sábado y en replica a ésas y otras lindezas, llamé por teléfono al programa Enigmes i Misteris, que presenta Josep Guijarro en Radio 4, para indicar al presentador y a sus colaboradores que hasta en eso están confundidos.

ARP ha tenido muy poco que ver en la denuncia de un circo cuyos orígenes se hunden en la España profunda. El manifiesto fue una idea del periodista científico Mauricio-José Schwarz y el material que se adjuntaba -un número de El Escéptico Digital (EED) dedicado íntegramente a las caras de Bélmez-, una iniciativa personal de Vicente Prieto y Óscar David Sánchez. La verdad es ésta: Schwarz redactó un manifiesto, recogió firmas y las envió a los medios acompañadas del monográfico del boletín electrónico de ARP; pero ni Schwarz forma parte de la organización escéptica española ni Prieto ni Sánchez -directores del EED– hicieron lo que hicieron por indicación de alguien. Por eso resulta gracioso escuchar a Bruno Cardeñosa, Manuel Carballal, David Sentinella y otros decir que estamos ante una maniobra de ARP. No, no es así. El mérito es de los tres citados y de quienes han colaborado con sus artículos en ese número de EED; y así lo dije en el espacio radiofónico de Guijarro. Que ARP se haya beneficiado de ese trabajo con una presencia en los medios que no ha tenido en años no significa que haya hecho algo en este caso concreto.

Otra de las falsedades que soltaron en el programa me atañe personalmente: se me presentó como “peso pesado” de la organización escéptica española, cuando no soy socio de ARP desde el 31 de diciembre de 2002. Tampoco lo son Schwarz -me intentó convencer de ello Pedro Amorós, presidente de la SEIP, hace una semana- y Javier Cavanilles, el periodista que ha informado en El Mundo de las andanzas de los cazafantasmas. No ha habido ninguna conspiración de arpíos encubiertos; sólo una reacción de un colectivo harto de la falta de seriedad de los medios cuando abordan los llamados fenómenos paranormales. Más les vale a Carballal, Carceñosa, Guijarro y compañía informarse mejor sobre los asuntos terrenos ante de saltar a los de otros mundos.

Charlatanes al descubierto

La tormenta de Bélmez también ha sacado a la luz el nulo rigor de otros expertos en lo oculto. Acorralados por la falta de evidencia, Amorós e Iker Jiménez han dejado claro que las investigaciones de las que tanto alardean se limitan a ir al lugar de los hechos, hacerse fotos y luego escribir artículos y libros sensacionalistas. “No hay nada que pueda demostrar ni la paranormalidad del asunto ni la falsedad del asunto”, admitió Amorós en Enigmes i Misteris, tras ser preguntado por Guijarro sobre la existencia de pruebas científicas a favor o en contra del misterio. Si no hay nada que pueda demostrar la paranormalidad, ¿qué tienen de extraordinario las caras de Bélmez para que él lleve dando la murga tanto tiempo?

Jiménez, quien está intentando por todos los medios que el descrédito del presidente de la SEIP no le salpique, pide ahora análisis científicios para saber si lo de Bélmez es una estafa o hay algo más. Hace falta cara dura. ¿Es que no fue él quien dictaminó, en Enigmas sin resolver (1999), sobre Bélmez que “ningún fenómeno paranormal tuvo ni tendría jamás tantas pruebas a su favor”? ¿Acaso no fueron él y Luis Mariano Fernández quienes compararon los rostros de cemento y los de cinco parientes de María Gómez Cámara muertos en la Guerra Civil y concluyeron que se correspondían? ¿Es que Jiménez no analizó la naturaleza de las figuras antes de ponerse a lucubrar sobre los allí retratados y vendernos su investigación en el libro Tumbas sin nombre (2003)? ¿Es que no fue él quien aprovechó el fallecimiento de la mujer para darse un baño de masas en Bélmez?

Es hora de desempolvar libros y revistas, de ver lo que dijeron y lo que dicen los fabricantes de paradojas que -como Jiménez, Amorós y otros- han vendido el de Bélmez durante años como el mayor misterio de la parapsicología española. Están en fuera de juego y ellos lo saben.

Caras bajo sospecha

Las caras de Bélmez son un fraude, según un manifiesto suscrito por 250 científicos españoles. Los firmantes niegan el misterio y ponen en entredicho la credibilidad de Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP). Amorós es el principal valedor del enigma desde la muerte en febrero de María Gómez Cámara, la dueña de la casa de Bélmez de la Moraleda (Jaén) en cuyo suelo de cemento aparecen figuras desde 1971.

“Nos parecía increíble que se considerase el mayor misterio de la historia de la parapsicología española”, dice Vicente Prieto. Él y Óscar David Sánchez dirigen El Escéptico Digital, el boletín electrónico en el que una docena de autores desmonta el enigma. El escritor Mauricio-José Schwarz tuvo la idea de difundir el dossier, acompañado de un manifiesto en el que se pide a los medios que contrasten la información sobre sucesos paranormales.

Después de décadas arrinconado en la prensa esotérica, el misterio resucitó tras el fallecimiento de María Gómez Cámara. Oleadas de turistas llegaron a Bélmez al reclamo de programas de radio y televisión llenos de fantasmas, que se emitían desde la localidad. La alcaldesa, María Rodríguez, anunció que iba a convertir la casa en un centro de interpretación; pero el precio del inmueble se disparó.

Los miembros de la SEIP certificaron la persistencia de las caras y, en septiembre, la aparición de otras nuevas en la casa natal de la fallecida. Schwarz cree que las figuras simplemente se mudaron a una casa más barata, haciendo posibles los sueños de la regidora y dando una “válvula de escape a un pueblo económicamente deprimido” en el que el turismo paranormal es agua de mayo.

El parapsicólogo Francisco Máñez acusó entonces a la SEIP de fraude: “A Pedro Fernández y Pedro Amorós les enseñé un método para fabricar falsas teleplastias, lo usaron y obtuvieron lo que se esperaba”. Se empapa el suelo de cemento con agua y aceite, se deja secar y después se remarcan los contornos que pueden semejar figuras. “Hay muchas maneras de hacerlas, pero esto garantiza su pervivencia”, asegura Fernando L. Frías, uno de los autores del informe y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

Amorós admite que su grupo limpió el suelo de la nueva casa con un balde con 2 litros de aceite y 20 de agua. “Lo hidratamos para que destacara algo que estaba ahí, pero no dibujamos nada”. La SEIP defiende la autenticidad de las viejas caras y afirma que la investigación de las nuevas está abierta. Frías y Schwarz sospechan que todo empezó como una broma entre vecinas a partir de una mancha de grasa y, con el paso del tiempo, se sumaron diferentes pintores. “Basta un suelo de cemento, agua y aceite”, dicen.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Una lectura imprescindible sobre las caras de Bélmez

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un producto escéptico made in Spain. El último número de El Escéptico Digital (EED), dedicado integramente al fenómeno de las caras de Bémez, es una demostración palpable de que sólo hacen falta ganas de hacer las cosas. Cuando Vicente Prieto y Óscar David Sánchez cogieron el relevo de Pedro Luis Gómez Barrondo al frente del boletín electrónico de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, no lo tenían fácil. Menos de un año después, han dejado claro que van a más y que cabe esperar de ellos grandes cosas. Porque, si bien es cierto que ninguno de los textos incluidos en este número especial del EED -el 19º de la nueva etapa- resulta magistral, no lo es menos que entre todos dibujan un escenario esclarecedor para el lector interesado seriamente en los sucesos que ocurren en Bélmez de la Moraleda y en el rentable circo paranormal que se ha montado después de la muerte de María Gómez Cámara, la dueña de la casa de las caras, con Pedro Amorós como jefe de pista.

Y es otra cosa que hay que agradecer, que tantos autores tan diferentes se hayan unido para intentar ayudarnos a entender lo que sucede en el pueblo jienense, que Javier Armentia, Ricardo Campo, Fernando L. Frías, Gerardo García-Trío, Mauricio-José Schwarz y otros hayan dedicado parte de su valioso tiempo a explicarnos lo que pasa allí. Son 48 páginas que se leen de una sentada y dejan la misma agradable sensación que un buen libro. Tan bueno como eso es que el magnífico trabajo de Prieto, Sánchez y los colaboradores de EED -en especial, del inagotable y siempre recomendable Schwarz- ha supuesto la reaparición en un medio de comunicación de ámbito nacional de la organización escéptica española después de un año de inquietante letargo, a pesar de las numerosas oportunidades para saltar a la palestra que ha ofrecido el escenario paranormal ibérico. Ahora sólo hace falta que cunda el ejemplo y que la lección no caiga en saco roto.

Bélmez, ¿habrá análisis científicos alguna vez?

La Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda estudian la apertura de un centro de interpretación de la denominada Casa de las Caras. Más de treinta años después de la aparición del primer rostro en la cocina de la recientemente fallecida María Gómez Cámara, la Administración va a tomar cartas en el misterio parapsicológico del tardofranquismo. ¡Ojalá no sea únicamente para la explotación turística del presunto fenómeno paranormal! ¡Qué magnífica oportunidad para que un grupo de investigadores estudie por fin las caras de Bélmez con todas las garantías científicas! Supongo que las instituciones andaluzas no se negarán a ello y, por fin, podremos saber la verdad.

Que nadie me entienda mal. Lo lógico es pensar que estamos ante unas caras pintadas; lo lógico, también, sería que contáramos desde hace tiempo con unos análisis que nos dijeran con qué se dibujaron. No he visto ni una prueba de que en Bélmez suceda algo remotamente enigmático -de ahí que el fenómeno nunca me haya interesado- y sí he leído muchas historias fantásticas, sobre todo en los últimos años. La última, la que cuentan, en Tumbas sin nombre (2003), Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, quienes se apoyan en el hipnólogo de feria Ricard Bru para relacionar un trágico episodio de la Guerra Civil con el fenómeno del pueblo jienense. Estos dos reporteros del misterio mantienen que varias de las caras corresponden a familiares de María Gómez Cámara muertos en la contienda española. El problema es que el análisis comparativo que exponen de los rostros de cemento y de los de cinco parientes de la mujer sólo puede contentar a alguien muy ingenuo, dado que los autores admiten que en unos casos han manipulado las dimensiones de la cara dibujada en el cemento, en otros han invertido horizontalmente la imagen y en algunos han hecho ambas cosas. Para mí, han jugado con los datos hasta que han encajado con los resultados deseados, como hicieron los miembros del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP) en el estudio informático de la sábana santa que hicieron en los años 70 del siglo pasado. Pero estoy dispuesto a cambiar de opinión si un perito libre de los crédulos prejuicios del elegido por esos dos escritores llega a idénticas conclusiones a partir de un análisis comparativo de las mismas fotos.

Dar carpetazo al asunto de Bélmez está sólo al alcance de escépticos. Quienes apuestan económicamente por lo paranormal no lo van a hacer. Sería como tirar piedras a su propio tejado. Ya lo dijo Juan José Benítez en el último episodio de Planeta encantado: “Después de treinta años de investigación, he aprendido que los enigmas no deben ser desvelados. Sólo así podemos seguir soñando”. ¿Cuántos enigmas han resuelto las firmas estrella de las revistas esotéricas en sus ya largos años de exclusivas mundiales? Ninguno. ¡Pero si hasta afirman creer en el misterio del Triángulo de las Bermudas y que Uri Geller tiene poderes paranormales! En Bélmez, hacen falta análisis rigurosos, serios, no pseudoinvestigaciones aptas sólo para publicarse en revistas como Más Allá y Enigmas, como la capitaneada hace unos años por el jesuita José María Pilón. La incógnita es si las autoridades andaluzas lo permitirán y si los escépticos interesados en este fenómeno agarrarán, de una vez, el toro por los cuernos.

Muere la dueña de las caras de Bélmez. ¿Se acabó el misterio?

María Gómez Cámara, vecina de Bélmez de la Moraleda, murió ayer en un hospital de Jaén. El fallecimiento de esta mujer de avanzada edad de un pequeño pueblo jienense es noticia porque era la propietaria de la casa en cuya cocina apareció el 23 de agosto de 1971 la primera de las famosas caras de Bélmez, rostros en el suelo de cemento que se consideran el mayor misterio de la parapsicología española. Nunca he estado en Bélmez y nunca he visto pruebas de que allí pasara algo sobrenatural, a no ser que consideremos pruebas las simples afirmaciones de los expertos en lo paranormal. Quienes sí visitaron la localidad fueron Gabriel Naranjo y Félix Ares, miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, el 26 de diciembre de 1986. El presunto misterio no les impresionó. “Estaba claro que se trataba de un fraude. Las caras eran muy simples. Las podía pintar un niño”, me indicaba Naranjo por teléfono hace unas horas.

Seis meses después de aparecer la primera noticia en el diario Ideal, de Granada, se desmontaba el enigma en las páginas de Pueblo: unos químicos habían conseguido duplicar las caras con cloruro y nitrato de plata. La explicación no satisfizo a los parapsicólogos, quienes, capitaneados por Germán de Argumosa y el alemán Hans Bender, la ignoraron y se lanzaron a fantásticas teorías. Mientras tanto, Bélmez se convertía en una especie de Lourdes de lo paranormal adonde llegaban cientos de personas cada día y hasta 10.000 algún fin de semana. Naranjo no considera la posibilidad de que María Gómez Cámara -una mujer con problemas de movilidad – fuera la autora de las pinturas. “No creo que las hiciera ella, aunque se beneficiaba de ellas. Nunca cobró por enseñarlas; pero siempre se le daba la voluntad. Yo le di 400 pesetas”.

La familia no se hizo rica, pero sí que sacó un dinero por las caras. Astrólogos, parapsicólogos, videntes y médiums tomaron al asalto la vivienda. A las propinas de los estudiosos y los curiosos, se sumó en los primeros meses un improvisado negocio montado por Juan Pereira, el marido de María Gómez Cámara. El hombre y un fotógrafo vendían imágenes de los rostros a 15 pesetas la unidad: 10 para Pereira y el resto para el profesional. En febrero de 1972, ya habían vendido 10.000 fotografías, según datos publicados por el diario El Alcázar y recogidos por Manuel Martín Serrano en su libro Sociología del milagro. Las caras de Bélmez (1972). En marzo, la revista Lecturas cifraba los ingresos de la familia en más de 250.000 pesetas. Súmese a eso el dinero que dejaban los visitantes en los comercios locales y se entenderá por qué el fenómeno fue una bendición para un pueblo de unos 2.200 habitantes. Años después, cuando el temporal de las caras había amainado y únicamente se acordaban de ellas los autores esotéricos, la mujer -ya viuda- intentaba sacar dinero a los periodistas que visitaban su casa.

Las caras de Bélmez, en los años 80. Foto: Gabriel Naranjo.Gabriel Naranjo y Félix Ares vieron, en la cocina de la casa de María Gómez Cámara, el rostro de Francisco Franco, entre otras caras. Y en 1990 la ridiculez del fenómeno alcanzó cotas de revista del corazón cuando se identificó una de las figuras como Isabel Preysler. Los expertos del misterio seguían, mientras tanto, a lo suyo. Pedro J. Fernández, coordinador en Murcia de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), recordaba hace poco más de un año en Enigmas Express (Nº 31, Noviembre 2002) que “la historia certifica el desvanecimiento de las formaciones durante el internado de María en el hospital de Jaén” por siete días. Sin embargo, era incapaz de deducir lo obvio -que ella dibujaba las caras o colaboraba decisivamente en la tarea- y abogaba porque la mujer era el canal psíquico elegido por “una inteligencia desconocida” que estaba mandando mensajes a través de las caras.

Ahora, los aficionados al misterio se preguntan si, tras la muerte de María Gómez Cámara, el fenómeno desaparecerá para siempre. “Las caras son un negocio para el pueblo de Bélmez. Por eso creo que no van a desaparecer”, argumenta Gabriel Naranjo, quien recuerda lo que decían en 1986 los habitantes de los pueblos vecinos: “En Jódar y Huelma, nos comentaron que Bélmez era el pueblo de los caras. Así, en masculino”.