Monstruos

El ‘hombre de hielo de Minnesota’, en Hala Bedi Irratia

Javi Urkiza y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, del hombre de hielo de Minnesota, en la séptima entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

El ‘hombre de hielo de Minnesota’ volverá a exhibirse 44 años después

Dibujos del 'hombre de hielo de Minnesota' hechos por Ivan T. Sanderson.Después de más de 40 años en paradero desconocido, el hombre de hielo de Minnesota volverá a exponerse en unos días. Steve Busti, propietario del Museo de lo Extraño de Austin (Texas), asegura que tiene en su poder la criatura que, encerrada en un bloque de hielo, recorrió de feria en feria el Medio Oeste norteamericano a finales de los años 60 del siglo pasado. Y ha anunciado que su museo la expondrá en unos días y, en colaboración con el portal Cryptomundo, acogerá el 13 de julio un acto en el que el cazador de monstruos Ken Gerhard hablara del misterioso ser.

El hombre de hielo de Minnesota  era la gran atracción del feriante Frank Hansen en otoño de 1967, cuando la descubrió Terry Cullen, un zoólogo de la Universidad de Minnesota, tras pagar los 25 centavos que costaba la entrada para verla en una feria en los alrededores de Milwaukee. En diciembre del año siguiente, el naturalista Ivan T. Sanderson, que acababa de publicar un libro en el que defendía la existencia del yeti, y el zoólogo belga Bernard Heuvelmans, padre de la criptozoología, visitaron a Hansen en su rancho de Minnesota, cerca de la ciudad de Winona. Durante tres días, examinaron visualmente la criatura atrapada en el bloque de hielo dentro de un camión frigorífico. Concluyeron que Bozo, como le bautizaron, era algo extraordinario.

Hansen quería mantener al ser, de apariencia simiesca, alejado de la atención de los grandes medios de comunicación. Su pretensión se fue al traste cuando, esas Navidades, Sanderson habló del hombre de hielo de Minnesota en el Tonight Show de Johnny Carson y, en abril, se preguntaba en la revista Argosy si no se trataría del eslabón perdido entre simios y humanos. Un mes antes, Heuvelmans defendía, en el boletín del Instituto Real de Ciencias Naturales de Bélgica, que Bozo era un ejemplar de una especie neandertaloide que sobrevivía en Vietnam y él había bautizado como Homo pongoides. El 3 de febrero, John Napier, primatólogo de la prestigiosa Institución Smithsoniana, examinó un informe de Sanderson. “Mi primera reacción -recuerda en su libro Bigfoot, the yeti and sasquatch in myth and reality (Mito y realidad del bigfoot, el yeti y el sasquatch, 1973)-, basada en la anatomía de la criatura, fue de extrema incertidumbre; las características del hombre de hielo me parecían entonces, y ahora, combinar los peores rasgos de los simios y del hombre, y ninguno de los mejores que han hecho que esos dos grupos de primates tengan tanto éxito”.

El original que nunca existió

Sanderson y Napier se conocían desde muchos años antes y se respetaban mutuamente. El primero pidió al segundo que mediara con la Institución Smithsoniana para que examinara el homínido. La entidad aceptó la propuesta. Napier preparó entonces una nota de prensa en la cual, aunque indicaba que el centro era escéptico respecto a la naturaleza del hombre de hielo de Minnesota -el primatólogo sospechaba que estaba hecho de látex-, añadía que eran de mente abierta e iban a investigarlo. No pudo ser.

Cuando en abril S. Dillon Ripley, secretario de la Institución Smithsoniana, escribió a Hansen para ver cómo podían llevarse a cabo las pruebas, se encontró con una respuesta inesperada: el feriante le dijo que ya no tenía a la criatura en su poder porque se la había devuelto a su legítimo dueño, de quien nunca dio el nombre. Añadía en la carta que, durante el verano, iba a llevar como atracción a las ferias una réplica que se “asemejaría en muchos aspectos” al ser congelado. “Parecía que una réplica había reemplazado al original, pero no había, por supuesto, garantía alguna de que el original hubiera sido real“, sentencia el primatólogo, para quien la explicación al misterio era mucho más mundana.

Napier creía que todo había sido un montaje de Hansen, a quien consideraba “un inteligente hombre del espectáculo de la escuela de P.T. Barnum («Cada minuto nace un tonto»)”. Según sus cálculos, el feriante había invertido en 1967 unos 50.000 dólares de la época -unos 210.000 euros actuales- en crear la criatura original, que habría embutido en hielo para añadirle dramatismo y, de paso, dificultar la detección del engaño. Dos años después, como su éxito comercial era moderado, filtró la existencia de Bozo a los dos cazadores de monstruos con la esperanza de conseguir un mayor eco publictario, pero lo que no esperaba es que una institución científica se interesara por su monstruo. Para evitar que descubireran su engaño, descongeló el muñeco, le hizo pequeños cambios, lo volvió a congelar y se inventó el cuento de la réplica.

“Me quito el sombrero ante Hansen no porque glorificara el mito del monstruo -en mi opinión, ayudó a degradarlo-, sino porque demostró una habilidad suprema en su profesión”, dice Napier, quien añade que el feriante siempre fue un paso por delante de quienes intentaban solventar el enigma. “Si existiera un premio Barnum, mi voto sería para Frank D. Hansen. Nunca afirmó sobre la pieza nada más que que era un misterio, algo que, en realidad, era y todavía es”. Para el primatólogo, lo realmente desconcertante era la ingenuidad que habían demostrado “dos experimentados zoólogos” como Sanderson y Heuvelmans.

¿Dejará ahora Steve Busti, nuevo dueño del hombre de hielo de Minnesota, que algún científico examine la pieza como es debido?

Y el diablo de Jersey es… un ardilla sin pelo

Imagen de la ardilla sin pelo que se colgó en Reddit como si se tratara de un bicho misterioso. Foto: Departamento de Conservación de la Vida Salvaje de Oklahoma.

“¿Qué diablos es este animal?”, preguntaba ayer un usuario del agregador de noticias Reddit. El bicho era el que ven sobre estas líneas. La imagen había sido tomada, según el comunicante, en Nueva Jersey. Inmediatamente, el debate se centró en si el animal era “una ardilla sin pelo, una zarigüella sin pelo o un mapache sin pelo”, además de poder ser, para algunos, el famoso diablo de Jersey, un monstruo legendario que viviría en la región. Cientos de comentarios -casi 1.600 cuando escribo estas líneas- provocados por un bromista.

Porque hace más de un mes, el 8 de mayo, que el Departamento de Conservación de la Vida Salvaje de Oklahoma (ODWC) colgó la  foto en su página de Facebook, acompañada del siguiente texto:

¿Has visto alguna vez a una ardilla que haya perdido todo su pelo? Aquí tienes una en un vecindario de los suburbios del área metropolitana (de la ciudad de Oklahoma). Muchas veces, animales salvajes con aspecto inusual se confunden con criaturas legendarias o míticas. En cualquier caso, verlas es emocionante. ¿Tienes fotos raras de animales salvajes para compartir. ¡Publícalas!

Una hora después, el ODWC publicaba en Facebook una segunda foto del animal con el siguiente texto:

Aquí tenéis otra imagen desde otro ángulo de la misma ardilla sin pelo de hace una hora. En esta foto, muestra claramente los rasgos físicos de una ardilla zorro. El ángulo de la anterior foto es una buena demostración de lo fácil que podemos confundirnos cuando intentamos identificar un animal que es de alguna manera diferente a la mayoría de los de su especie. Sin pelo, todos los músculos y arrugas, así como la longitud real de la cola de una ardilla, son más evidentes, cambiando nuestra percepción de lo que vemos. En ambas fotos, los atributos más reveladores son las orejas y la cabeza de una ardilla de zorro, así como la postura del animal… ¡y la nuez en su boca lo dice todo!

Imagen de la misma ardilla sin pelo, de frente. Foto: Departamento de Conservación de la Vida Salvaje de Oklahoma.

Los usuarios de Reddit han demostrado lo que los responsables del ODWC planteaban al colgar la primera imagen, que “muchas veces, animales salvajes con aspecto inusual se confunden con criaturas legendarios o míticas”. Jessica Beym, del South Jersey Times, ofrecía la explicación en una actualización de un artículo originalmente titulado “El diablo de Jersey? ¿Una ardilla sin pelo? Un extraño animal visto en Nueva Jersey”.

Un memorando de EE UU pedía en 1959 a los buscadores del yeti que no le dispararan

Ernest H. Fisk, consejero de la Embajada de Estados Unidos en Katmandú (Nepal), mandó el 30 noviembre de 1959 un memorando al Departamento de Estado con las normas a seguir por aquellos aventureros que viajaran a Nepal a la caza del abominable hombre de las nieves. Titulado Reglamento para expediciones de montañismo a Nepal relacionadas con el yeti, el documento, que está depositado en los Archivos Nacionales de EE UU, dice:

“Hay en la actualidad tres reglas aplicables a expediciones que busquen al yeti en Nepal. Estas normas deben sumarse a las quince cláusulas en Expediciones de montaña y científicas en Nepal.

Las tres normas son:

1. Deberá pagarse una regalía de 5.000 rupias indias al Gobierno de Su Majestad de Nepal por permitir montar una expedición de búsqueda del yeti.

2. En caso de que el yeti sea localizado, puede ser fotografiado o capturado vivo, pero no puede ser asesinado o disparado excepto en caso de emergencia en defensa propia. Todas las fotos tomadas del animal, o la criatura si es capturada viva o muerta, deben entregarse lo antes posible al Gobierno de Nepal.

3. Las noticias o informes que arrojen luz sobre la existencia real de la criatura deben facilitarse al Gobierno de Nepal tan pronto como sea posible y no deben darse en ningún caso a la prensa o a reporteros para que los hagan públicos sin permiso del Gobierno de Nepal.”

Memorando de la Embajada de Estados Unidos en Kamantú con normas sobre la caza del yeti. Archivos Nacionales de EE UU.

Los años 50 del siglo pasado fueron la era dorada de la caza del yeti, después de que Edmund Hillary y Tenzing Norgay dijeron haber visto extrañas huellas en la nieve durante su ascensión al Everest en mayo de 1953. Las expediciones más famosas las montó el magnate estadounidense Tom Slick, quien en 1959 llegó a la conclusión de que la mejor prueba de la existencia de la criatura era una mano, presuntamente del yeti, que guardaban los monjes del monasterio de Pangboche. Ante la negativa de los clérigos a facilititarle la reliquia, su hombre de confianza, Peter Byrne, cambió el pulgar y la falange proximal del índice por huesos humanos y los trasladó hasta India, donde se enfrentó al problema de cómo sacarlos del país.

Por casualidad, James Stewart y su esposa, Gloria McLein, estaban en aquel momento en Calcuta. Como el actor era íntimo amigo del copatrocinador de la expedición de Slick, el empresario del petróleo Kirk Johnson, Byrne le pidió que ocultara los restos entre el equipaje de su mujer, con la seguridad de que en la frontera no incomodarían a una estrella de Hollywood. Acertó, y los huesos llegaron a Londres en el equipaje de la esposa de Stewart. Extraviados durante décadas en un museo londinense y tras varios exámenes no concluyentes de algunos fragmentos, un análisis de ADN hecho por científicos del Zoo de Edimburgo determinó en 2011 que los restos de la mano de Pangoche son humanos.

Un bigfoot en el jardín

El horror no conoce límites. ¿Se acuerdan de los enanos de jardín, espantosos gnomos de los que todavía hay supervivientes en muchas urbanizaciones españolas? Pues, hace un año, viajaba en tren de Washington a Nueva York cuando, hojeando un catálogo de cortesía de SkyMall, una compañía de venta por correo, me di de narices con dos ejemplares de bigfoot. Se trataba de dos esculturas en resina, una para poner como si el ficticio pariente del también ficticio yeti se asomara por detrás de un árbol y otra que parece sacada de la famosa película de Patterson-Gimlin, un viejo fraude criptozoológico.

Esa filmación, en la que se ve en un claro del bosque a un peludo homínido caminando y que se vuelve hacia la cámara, fue rodada por los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimlin en 1967 en Bluff Creek, California. Aunque los escépticos la consideraron fraudulenta desde el principio, los criptozoólogos defendieron su autenticidad hasta que en 2004 el periodista Greg Long identificó al ser humano que se ocultaba bajo el disfraz: era Bob Heironimus, un trabajador de Pepsi a quien Patterson había prometido por su interpretación mil dólares que nunca pagó. Bigfoot, el yeti de jardín, como se llama la correspondiente escultura, se fabrica en 31 y 50 centímetros de altura, y cuesta 89,95 y 125 dólares, repectivamente. Bigfoot, el yeti tímido mide, por su parte, 38 centímetros y tiene un precio de 69,95 dólares.

He encontrado en la web de SkyMall otra escultura del hombre salvaje norteamericano a tamaño real, apta para muy pocos jardines y bolsillos: mide 1,8 metros, pesa 66 kilos y cuesta 2.250 dólares. Y tienen también a la venta zombis, claro.

Escultura en resina del Bigfoot para el jardín, a la venta por correo en Estados Unidos.