Enigmas de la Tierra

La cara oculta de 42 misterios

Se acabó. La sección veraniega La cara oculta del misterio ya es historia. Han sido casi tres meses de dedicación a ella, sin abandonar totalmente otras obligaciones, pero centrado en escribir las 42 entregas que se han publicado en El Correo a diario desde el 21 de julio. Ha habido mucha gente sin la cual esto no hubiera sido posible: mis jefes, que aceptaron la propuesta; mis compañeros de sección, quienes no sólo han revisado cuidadosamente los originales, sino que además han dado ideas de posibles temas a tratar; el equipo de diseño del periódico, que me ha aguantado y resuelto las páginas de un modo fantástico; Iker Ayestarán, cuyas ilustraciones me han encantado; la periodista Luisa Idoate, quien leyó todos los textos en bruto e hizo sugerencias y correcciones imprescindibles; el historiador José Luis Calvo, quien me ha aclarado muchas dudas y corregido numerosos errores; también han hecho interesantes sugerencias Fernando L. Frías, Julio Arrieta, Ricardo Campo y Luis R. González; y Mikel Iturralde, director de El Correo Digital, se leyó un par de textos que me preocupaban e hizo oportunas puntualizaciones.

Quedan muchos temas todavía ahí fuera. Al principio, temí que no iba a haber material para seleccionar con comodidad y variedad. Al final, surgían ideas según iba escribiendo. Muchas han quedado en el cajón. No exagero si digo que, a vuela pluma, se me ocurre otra cuarentena de misterios si me siento a pensar un poco. ¿Cuáles? Permítanme que me los reserve por si en un futuro vuelvo a la carga. De momento, les dejo con las miniaturas de las 42 páginas de la sección para que vean cómo quedaron en el periódico, cómo las vieron los más de 500.000 lectores diarios de El Correo en papel. Cada miniatura enlaza con el texto correspondiente publicado en esta bitácora. Todas juntas impresionan; por lo menos, a mí.

Un aeropuerto prehistórico.Aluniza como puedas.Si eres un espíritu da dos golpes.El tercer ojo.Las calaveras del poder.La aldea maldita.El pueblo más marciano.Conspiracion en el espacio.En busca de la Atlántida.Cerebros reducidos.Militares, secretos y platillos volantes.Mensajes en los sembrados.Espíritus en el plató.Pirámides en Canarias.Desaparecidos sin rastro.Catastrofe en Siberia.Raquel Welch contra los dinosaurios.Lincoln y JFK, presidentes clónicos.Los extraterrestres más españoles.Las huellas del Éxodo.Pasión marciana.El efecto Geller.La tumba del faraón.El hombre mono norteamericano.Los dogones y el enigma de Sirio.América vikingaRuinas lunares.El embajador de la galaxia.Los gigantes de Pascua.Víctimas del diván.Operando sin bisturí.Caras de cemento.Las hadas de Arthur Conan Doyle.El milagro de Guadalupe.Sexo interplanetario.El poder del Zodiaco.La gran inundación.La prueba de la Resurreción.El mapa de los dioses astronautas.El terror de las cabras.¿Hay alguien ahí?Y el mundo se acabó.

Las hadas de Arthur Conan Doyle

Las hadas abandonaron nuestros bosques hace décadas. Pero antes, entre 1917 y 1920, dos adolescentes se fotografiaron con varias de ellas en una zona boscosa del norte de Inglaterra. Las imágenes cautivaron a Arthur Conan Doyle, quien dedicó al fenómeno su obra El misterio de las hadas (1921). “Es posible que los hechos que vamos a contar en este libro saquen a la luz la estafa más fabulosa jamás hecha al público, pero tal vez el futuro, por el contrario, muestre que estos hechos constituyen un hito de la historia de la Humanidad”, indicaba al comienzo del ensayo el padre de Sherlock Holmes.

Doyle creía que las instantáneas correspondían a un fenómeno real, ya que, “antes incluso del descubrimiento de las fotografías de hadas, se habían recogido gran número de testimonios irrefutables sobre la vida de estas pequeñas criaturas”. Espiritista confeso, investigó el caso junto al teósofo Edward Gardner. Para el novelista, era cuestión de tiempo que la existencia de los seres del bosque, como la de los espíritus, fuera admitida por la ciencia. “Habrá cada vez más cámaras fotográficas. Aparecerán otros casos bien autentificados. Estos pequeños seres que parecen vivir a nuestro lado, que no se distinguen de nosotros más que por una ligera diferencia de vibración, nos resultarán familiares”, auguraba.

Jugando en el bosque

Frances, con las pequeñas hadas.Elsie Wright y Frances Griffiths tenían 16 y 10 años, respectivamente, cuando se encontraron con las hadas en el bosque de Cottingley, cerca de casa de los padres de la primera. Frances acababa de llegar a Reino Unido desde Sudáfrica, donde se había criado, y le estaba costando adaptarse a la vida en las islas. Por fortuna, tenía a su prima Elsie, con quien en julio de 1917 pasaba horas jugando en el arroyo próximo a la residencia familiar. Un día, después de decir a sus madres que les gustaba ir al bosque porque allí se encontraban con las hadas, ante la incredulidad de las mujeres, Elsie cogió prestada la cámara de fotos de su padre, Arthur Wright, para demostrar que era verdad. Cuando las niñas regresaron, en el cuarto oscuro apareció la imagen de Frances con cuatro pequeñas hadas aladas bailando en primer plano sobre la maleza.

Arthur Wright, ingeniero eléctrico y fotógrafo aficionado, no se dejó llevar por el entusiasmo de las pequeñas y achacó la presencia de las hadas a la habilidad artística de su hija. Creía que todo era una broma, que las hadas las había dibujado ella y luego habían puesto las siluetas recortadas delante de su prima. No le faltaban razones para sospechar. Elsie llevaba años dibujando hadas -le apasionaban-, iba desde los 13 a la Escuela de Bellas Artes de Bradford y trabajaba en un laboratorio fotográfico haciendo montajes para las familias de los soldados caídos en las trincheras europeas. Las madres de las niñas no lo tenían tan claro. Y lo tuvieron mucho menos cuando en septiembre las niñas consiguieron la segunda imagen de un ser del bosque.

Los protagonistas, en esta ocasión, eran la mayor de las primas, sentada en la hierba, y un duende. “Elsie jugaba con el gnomo y lo invitaba a que subiese sobre sus rodillas. El gnomo saltaba en el preciso momento en que Frances, que tenía la cámara fotográfica, apretó el disparador. Se describe al gnomo con leotardos, jersey marrón tirando a rojo y gorro rojo puntiagudo. Las alas, suaves y cubiertas de plumón, de color neutro, se parecen más a las de los coleópteros que a las de las hadas. Cuando no hay ruido, se oye de cuando en cuando la música de la flauta de Pan que tiene en su mano izquierda, poco más que un tintineo”, explica Doyle. A partir de ese momento, Wright no volvió a dejar la cámara a las chicas.

Seres de libro

Elsie, con el gnomo juguetón.La historia de las hadas de Cottingley habría acabado ahí de no ser porque Polly Wright, la madre de Elsie, era aficionada al ocultismo. En 1919, en una conferencia de la Sociedad Teosófica, organización esotérica fundada por Helena Blavatsky, Polly Wright comentó al conferenciante que había visto fotos de hadas reales. La noticia llegó al líder teósofo Edward Gardner y de éste a Doyle en mayo de 1920. El escritor estaba preparando entonces un artículo sobre las hadas para el número de Navidad de The Strand Magazine. Cuando la revista salió a la venta, las hadas del bosque de Cottingley se convirtieron en una atracción periodística.

Tras consultar a varios especialistas, Doyle y Gardner concluyeron que las fotos eran auténticas. Querían ver confirmadas sus creencias en seres extrarodinarios. Por eso, restaron importancia a los testimonios de quienes sospechaban que las imágenes eran trucajes. Así, en el prefacio de El misterio de las hadas, el novelista advertía: “A los escépticos les pido que no se dejen engañar por el sofisma consistente en decir que, puesto que un profesional del fraude que sea diestro en el arte de la falsificación puede reproducir un objeto semejante al original, también éste, por consiguiente, se ha conseguido de manera fraudulenta”.

Doyle prefería creer que dos adolescentes habían fotografiado hadas a seguir las pistas que apuntaban a una de las niñas como autora del engaño, que tuvo una segunda parte con tres fotos más obtenidas en 1920. Porque fue Elsie quien dio vida a los seres del bosque de Cottingely. La composición formada por las cuatro hadas que bailan frente a Frances es una copia de una ilustración de un libro infantil de 1915: dibujó las hadas, les puso unas alas, recortó las siluetas y las sujetó delante de su prima con alfileres de sombrero. A los 80 años, Elsie confesó a la revista The Unexplained que las cinco fotos eran montajes; Frances puntualizó que sólo lo eran las cuatro primeras. Como había adelantado el 5 de enero de 1921 el diario australiano The Truth, y antes Arthur Wright, “para explicar estas fotografías de hadas lo que se requiere no es un conocimiento de los fenómenos ocultos, sino de los niños”. Gardner y Doyle demostraron que carecían de ese conocimiento; aunque andaban sobrados de fe.


El libro

El misterio de las hadas (1922): Nada mejor que leer el original de Arthur Conan Doyle para comprobar hasta dónde llegaba la credulidad del escritor.

Desaparecidos sin rastro

Los aviones del 'Vuelo 19' vuelven a volar sobre el Atlántico en la serie 'The triangle'.Millones de personas corren cada año el peligro de desaparecer para siempre. Vuelan o navegan por una región del planeta que fue identificada hace décadas como un agujero espacio-temporal que engulle hombres, barcos y aviones. Fue el 16 de septiembre de 1950 cuando un despacho de la agencia AP firmado por E.W. Jones llamó por primera vez la atención sobre unas misteriosas desapariciones acaecidas entre Florida y las Bermudas. Dos años después, en la revista esotérica Fate, George X. Sand situó los hechos dentro de un triángulo con vértices en “Florida, Bermudas y Puerto Rico”. Y el periodista Vincent H. Gaddis bautizó la zona como “el triángulo mortal de las Bermudas” en 1964 en la revista Argosy.

Casi nadie se acuerda, sin embargo, de Jones, Sand y Gaddis en relación con el misterio del triángulo de las Bermudas. La región y su enigma se asocian al fallecido lingüista Charles Berlitz, nieto del fundador de las academias de idiomas que llevan su apellido. Y es que publicó dos libros, El triángulo de las Bermudas (1974) y Sin rastro (1977), de los que vendió millones de ejemplares. Berlitz proponía dos explicaciones para lo sucedido en una región en la cual, decía en 1974, “más de cien barcos y aviones han desaparecido en medio de una atmósfera transparente”: que los ovnis estén secuestrando gente o que todo se deba a una “antigua, e incluso actual, actividad atlante en la zona”.

Vuelo sin regreso

Aunque el misterio se remontaría, según los autores que han escrito sobre él, a las “extrañas luces danzantes sobre el horizonte” que vieron Colón y sus hombres la víspera del día del Descubrimiento, el libro seminal de Berlitz se centra en sucesos mucho más próximos en el tiempo y, supuestamente, mejor documentados. A fin de cuentas, las luces de Colón bien pudieron ser las de hogueras de los indios tainos. Frente a eso, él presenta casos como el del Freya, un buque alemán que el 4 de octubre de 1902 fue encontrado en la región a la deriva poco después de salir “desde Manzanillo, Cuba, hacia varios puertos de Chile”; y el de un avión Globemaster que se esfumó en marzo de 1950 “en el borde norte del triángulo”.

La desaparición, en octubre de 1931 cerca de Bahamas, del carguero noruego Stavenger y sus 43 tripulantes es una de las más impactantes. Pero la más conocida es la del Vuelo 19, que se saldó con la pérdida de seis aviones y veintisiete hombres el 5 de diciembre de 1945. Cinco torpederos TBM Avenger, y sus catorce tripulantes, se esfumaron aquel día -de condiciones meteorológicas ideales, dice Berlitz- mientras participaban en un vuelo de adiestramiento en orientación sin instrumental ni puntos de referencia. Cuando se perdió el contacto con ellos, un hidroavión Martin Mariner con trece hombres despegó en su búsqueda. También desapareció. Nadie ha encontrado hasta hoy restos del Vuelo 19, cuyos aviones son hallados intactos en el desierto de Sonora al inicio de Encuentros en la tercera fase (1977) y cuyos tripulantes salen, al final de la película, de una gigantesca nave nodriza extraterrestre.

Se han achacado estas desapariciones y otras muchas a diferentes causas, la más popular de las cuales es el secuestro por parte de seres de otros mundos, gracias en parte a Steven Spielberg. Pero Berlitz apostaba por la explicación atlante: creía que es posible que en la región haya “grandes complejos de energía, antiguas máquinas o fuentes energéticas de una civilización anterior, que yacen en el fondo del océano” y que “incluso ahora podrían ser ocasionalmente accionadas por aviones que, al sobrevolarlas, crean torbellinos magnéticos y provocan perturbaciones magnéticas y electrónicas”.

Falsedades en cadena

'El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado', de Lawrence David Kusche.Poco después de la publicación de El triángulo de las Bermudas, Lawrence David Kusche, bibliotecario de la Universidad de Arizona y piloto, comprobó cuánto había de cierto en los sucesos narrados por Berlitz. Descubrió, así, que el Freya no había partido hacia Chile desde el puerto cubano de Manzanillo, sino desde uno del mismo nombre situado en la costa pacífica de México. Según los archivos de la aseguradora Lloyd’s, había sido encontrado a la deriva en el Pacífico -a más de 2.500 kilómetros del vértice occidental de la región maldita- el 4 de octubre después de sufrir los efectos de un maremoto.

Ningún avión Globemaster desapareció tampoco cuando y donde sostiene Berlitz; ni lo hizo ningún barco noruego llamado Stavenger. Y así sucesivamente. La pérdida del Vuelo 19 se debió, por su parte, a una sucesión de errores de los jóvenes pilotos -todos, menos uno, novatos- en un día no idílico, sino de “fuertes vientos y con el mar muy alborotado”. Desorientados, los aparatos cayeron al agua cuando se les acabó el combustible y los aviadores murieron por el choque o ahogados. Del hidroavión Martin Mariner -un modelo conocido como tanque de gasolina volante– se perdió todo rastro al mismo tiempo que la tripulación del buque cisterna SS Gaines Mills veía en el cielo una explosión. Luego, se encontraron manchas de aceite en el mar.

La aseguradora Lloyd’s diagnostica que en la zona “las desapariciones se deben normalmente a condiciones meteorológicas adversas”. “La leyenda del triángulo de las Bermudas es un misterio manufacturado. Empezó a causa de una investigación descuidada y fue elaborada y perpetuada por escritores que, consciente o inconscientemente, se sirvieron de errores, razonamientos incorrectos o simple sensacionalismo”, concluye Kusche en su libro El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado (1975), en el cual demonta el enigma caso por caso. El explorador submarino Jacques Cousteau coincidía con él: “El tan comentado triángulo de las Bermudas no es tal punto de desapariciones misteriosas, sino un simple montaje publicitario que radica en el interés de ciertas empresas editoriales por vender libros. Un camelo”.


El libro

El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado (1975): La demostración de que todas las demás obras publicadas sobre el tema están basadas en mentiras, rumores y tergiversaciones.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Mensajes en los sembrados

‘No estamos solos’. Esta frase -escrita en inglés y con letras de doce metros- apareció una mañana de 1986 en un campo de trigo cerca de Winchester, en Reino Unido, y fue interpretada como un mensaje extraterrestre por los estudiosos de los dibujos que surgen cada verano en el campo inglés. El fenómeno había empezado años antes, con simples círculos de plantas aplastadas y el consiguiente enfado de los agricultores. Hoy quedan lejos aquellos toscos círculos, a los que con el tiempo sustituyeron los interconectados y, después, figuras geométricamente cada vez más intrincadas.

El 'círculo de pi'.Las formaciones han ganado en complejidad con los años: una de las últimas aparecidas en Reino Unido tiene 45 metros y codificado el número pi. Ya saben, el cociente entre el perímetro de la circunferencia y su diámetro, un número que tiene infinitos decimales (hasta ahora, se conocen 1,2 billones). El círculo de pi contiene en clave sus primeros nueve decimales -3,141592654-, seguidos de tres puntos suspensivos. Su descubrimiento conmocionó en junio a los cereálogos, como les gusta llamarse a los estudiosos del fenómeno. “Es una formación extraordinaria, un suceso seminal”, concluyó Lucy Pringle, autora de cuatro libros sobre los círculos. Según The Times, los matemáticos británicos no podían ocultar su perplejidad ante un pictograma que incluye la representación de un concepto matemático complejo.

Entre pintas

Los dibujos de los sembrados brotaron a finales de los años 70 y alcanzaron su auge en los 80, casi siempre circunscritos a las Islas Británicas. El fenómeno atrajo desde el principio a excéntricos personajes, entre los cuales pronto destacaron tres que se convirtieron en los expertos por antonomasia: los ingenieros Colin Andrews y Pat Delgado, y el meteorólogo Terence Meaden. En treinta años, éstos y otros cereálogos han ofrecido explicaciones para todos los gustos. Algunas apuntan al cielo -a los extraterrestres y a fenómenos meteorológicos extraños-; otras al suelo: hay quien dice que Gaia, la Tierra, quiere transmitirnos un mensaje mediante los pictogramas.

La cerealogía vivía su época dorada cuando en 1991 dos pensionistas ingleses acabaron con la fiesta. O, al menos, eso parecía entonces. Dave Chorley y Doug Bower eran pintores aficionados y se habían conocido en 1968, poco después de que el segundo se hubiera mudado desde Australia. A finales de los años 70, tras una tarde entre pintas, paseaban hablando de ovnis cuando Bower recordó que, en Australia, se había achacado en 1966 un círculo de hierba aplastada al aterrizaje de un platillo volante. “¿Qué crees que ocurriría si hiciéramos un círculo por aquí?”, preguntó a su compadre. “Que la gente pensaría que un platillo volante ha aterrizado”, respondió su amigo. Dicho y hecho. Se pusieron manos a la obra; pero, después de dos veranos de actividad y más de una docena de creaciones, estuvieron a punto de abandonar.

A pesar de que ponían todo su empeño, no conseguían que nadie se fijara en su trabajo. Todo cambió en agosto de 1980 cuando el diario The Wiltshire Times publicó la noticia del hallazgo de un círculo del cultivo –así lo llamó– en un campo de avena cerca de Westbury. Había nacido un fenómeno. Al principio, les bastaba con ponerse uno en el centro del futuro círculo a modo de poste, unido a su cómplice por una cuerda: la parte móvil del compás humano aplastaba el cereal pisando un tablón que colgaba de dos cuerdas que sujetaba con las manos. Al año siguiente, acaparaban ya titulares e iban aprendiendo a hacer formaciones cada vez más complicadas.

Mareando a los expertos

Las aventuras de la extraña pareja se prolongaban en los pubs donde se reunían los cereálogos y en las salidas al campo de los expertos. Así se enteraban de cuál podía ser, en opinión de los especialistas, el siguiente paso lógico en la evolución del fenómeno. Si éstos especulaban con la posibilidad de encontrar dos círculos conectados, Chorley y Bower satisfacían sus deseos: los creaban en cuanto podían. Como los nuevos dibujos respondían a lo que esperaba, Delgado acabó por convencerse de que detrás del fenómeno había una gran inteligencia (no humana, claro).

Después de torear a los expertos durante años, los jubilados confesaron sus fechorías en 1991. “La gran broma ha terminado. Dos espabilados nos han engañado”, dijo Delgado. Pero no había acabado. Los sesentones habían hecho escuela. Lo habían gritado al mundo escribiendo en un cultivo en 1986 su famoso ‘No estamos solos’, que no era un mensaje marciano, sino de Bower y Chorley hacia sus imitadores. A partir de ese momento, recuerda Carl Sagan en El mundo y sus demonios (1995), firmaron sus creaciones con dos D a las cuales algunos también atribuyeron significado alienígena.

Círculo publicitario de una marca de ron a las afueras de Madrid.Los dibujos siguen apareciendo todavía. En junio, lo hicieron en España en forma de extraño pictograma que era, en realidad, el logotipo de una marca de ron. Sus creadores fueron Rob Irving y John Lundberg, los Circlemakers (hacedores de círculos). Estos artistas británicos son los autores de un manual para fabricar círculos, se ganan la vida con la publicidad y se divierten haciendo dibujos a los que los cereálogos siguen buscando significados ocultos. El círculo de pi es una creación suya o de otros artistas. A no ser que, como ironiza el biólogo Ángel M. Felicísimo, de la Universidad de Extremadura, los extraterrestres usen el sistema decimal de numeración, el punto decimal como separador y nuestros puntos suspensivos, además de no estar muy avanzados: “Que conozcan el número pi con nueve decimales sitúa a nuestra misteriosa fuerza al nivel de conocimientos del siglo XV, cuando el matemático Al-Kashi lo calculó con dieciséis decimales”.


El libro

Round in circles (1993): El periodista Jim Schnabel -que antes que nada fue creador de círculos- cuenta la historia del fenómeno en un libro riguroso e hilarante.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

‘Magonia’ obliga a Bacardi a revelar el secreto de la campaña del ron Seven Tiki

Botella de la nueva marca de ron con el dibujo aparecido en los campos españoles.

“Tu blog ha sido el que nos ha obligado a reconocer que todo es una campaña de publicidad del ron Seven Tiki”, acaba de reconocer por teléfono un portavoz de Bacardi, respecto a los círculos del cereal que han aparecido en las últimas semanas en prados y campos de cultivo de Bilbao, Madrid, Málaga y Barcelona. Bacardi me acaba de enviar una nota de prensa en la que asume la autoría de los pictogramas, tal como adelanté ayer. Los responsables de la compañía no han querido revelar aún quién los ha confeccionado; pero estoy en condiciones de adelantar que los autores son británicos y que seguramente se trata de Rob Irving y John Lundberg, conocidos como los Circlemakers y que desde hace años se dedican a la realización de pictogramas en los campos de medio mundo con fines publicitarios.

Círculo publicitario de ron Seven Tiki a las afueras de Madrid.Bacardi se enteró ayer por mí de que Eduardo Martínez, un lector de Magonia, había resuelto el enigma que se ocultaba tras los círculos hechos en los alrededores de varias ciudades españolas. “Nos quedamos de piedra cuando vimos el cuenco en Magonia“. Es falso que, como han dicho algunos presuntos expertos en lo paranormal tras enterarse por este blog de la historia, Bacardi enviara hace días una nota a varios medios de comunicación explicando todo el asunto. “No, no lo hemos hecho. Era un secreto”, sentencia un portavoz de la compañía.