Enigmas de la Tierra

Los círculos en el hielo del lago Baikal se deben a emisiones de metano

Los círculos en el hielo del lago Baikal. Foto: NASA.

Los círculos negros en la superficie helada del lago Baikal fotografiados en abril por los astronautas desde la Estación Espacial Internacional se deben a emisiones de metano que provocan la ascensión de una masa de agua caliente en forma de remolino. “Una vez que la masa de agua alcanza la parte inferior de la superficie helada del lago, funde el hielo en forma de anillo”, ha explicado la ecóloga marina Marianne Moore, de la Universidad de Wellesley (EE UU) a Livescience.com. El fenómeno ni es nuevo -los astronautas los han visto varias veces desde 1985- ni desconocido para la ciencia. Moore indica, de hecho, que el Gobierno ruso alerta habitualmente a los ciudadanos de que estas emisiones pueden ser anormalmente violentas en verano y otoño, y resultar peligrosas para las embarcaciones que naveguen por el Baikal, la mayor reserva de agua dulce del mundo. El gran tamaño de las formaciones circulares del hielo -la última tenía 4,4 kilómetros de diámetro- hace que sólo se distingan desde el aire.

El origen del metano submarino está vinculado a la descomposición de animales y plantas. Hay depósitos en todos los océanos del planeta, incluida la región del triángulo de las Bermudas. Los escapes de gas a alta presión han provocado numerosos accidentes en barcos perforadores y plataformas petrolíferas. Las estructuras pierden gran parte de su capacidad de mantenerse a flote y pueden llegar hasta a volcar. “Las plataformas se hunden por dos razones: una es la reducción del peso específico del agua debido a la presencia de gas, y la otra es que el agua sube de nivel, llega hasta la cubierta y se introduce en los sistemas de conducción interna. El gas asciende hasta la superficie muy deprisa y, en algunos casos, las plataformas se hunden en cuestión de minutos”, advierte Larry Kuhlman, de Neal Adams Firefighter Inc.

La perforación del subsuelo es la manera más habitual de liberar este enorme poder destructivo de la naturaleza; pero no la única. Los corrimientos de tierra submarinos pueden sacar a la luz depósitos de gas, que, liberados en grandes cantidades, desencadenan catástrofes localizadas. Si no hay tráfico marítimo, todo quedará en una anécdota; si un barco navega por las inmediaciones, casi con toda seguridad acabará en el fondo del mar. Experimentos llevados a cabo en el Instituto de Ciencias Oceanográficas de Reino Unido han revelado qué ocurre a una embarcación que navega en una mezcla de gas y agua. La piscina permanece tranquila hasta que se produce el escape gaseoso del subsuelo. Entonces, el agua se convierte en un auténtico infierno blanco, la turbulencia atrapa el navío y éste se hunde. Es lo que, según el geoquímico Richard McIver, ocurre a veces en el triángulo de las Bermudas: los sedimentos se rompen, el gas queda libre y, en su camino hacia la superficie, se traga los barcos. Una posible explicación a sumar a otrascausas naturales de naufragios y a las desapariciones misteriosas que sólo han existido en la mente de los vendedores de misterios.

Los círculos en el hielo del lago Baikal. Foto: NASA.

Un kamikaze extraterrestre chocó contra el meteorito de Tunguska para salvarnos, según un ufólogo ruso

Bosque siberiano arrasado por el impacto de Tunguska.Un kamikaze alienígena estrelló su platillo volante contra el meteorito de Tunguska a 10 kilómetros de altura sobre Siberia el 30 de junio de 1908 para evitar un impacto catastrófico del objeto extraterrestre en nuestro planeta, sostiene Yuri Lavbin, presidente de la Fundación Fenómeno Espacial de Tunguska, con sede en Krasnoyarsk. Lavbin, un aficionado a los ovnis obsesionado con la explosión de Tunguska desde hace más de quince años, asegura que ha encontrado en el epicentro del fenómeno diez cristales de cuarzo perforados -algunos con inscripciones- que podrían originalmente haber estado unidos por una cadena.

Según un despacho de la Agencia Internacional de Noticias Macedonia, él y sus colaboradores creen que las piedras serían parte del sistema de navegación del platillo volante y que, unidas, formarían un mapa estelar. Lavbin, quien ha visitado varias veces la región del fenómeno desde 1994, ya anunció ya hace cinco años el descubrimiento de restos de la nave extraterrestre, dijo que los había enviado para su análisis a un laboratorio y nunca más se supo. La explosión de Tunguska arrasó unos 2.200 kilómetros cuadrados de la taiga siberiana y, además de ser objeto de estudios científicos, ha atraído a los seguidores de los platillos volantes tras la publicación en los años 40 de dos relatos del escritor de ciencia ficción Alexander Kazantsev, presentado en la literatura ufológica no como un novelista, sino como un prestigioso científico, como ahora hacen con Lavbin la mayoría de los medios.

Puede haber alienígenas entre nosotros

El cosmólogo Paul Davies.Paul Davies, cosmólogo de la Universidad de Arizona y reputado divulgador científico, cree que puede haber en la actualidad en la Tierra alienígenas, microorganismos completamente diferentes desde un punto de vista bioquímico a la vida que llena el planeta desde los fondos de los mares y las grutas más profundas hasta el cielo. Lo dijo el domingo en su intervención el encuentro anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), la más prestigiosa organización científica. La posibilidad de que no estemos solos en casa es algo sobre lo que ha alertado a Davies en los últimos años y que, a pesar de lo sorprendente que parezca, no puede descartarse. “Toda la vida tal como la conocemos parece haber tenido un ancestro común, pero ¿podría la vida haber surgido en la Tierra varias veces? ¿Podría existir todavía en la Tierra (alguna muestra de esas vidas anteriores) en ecosistemas extremos y no haber sido detectada porque nuestras técnicas están preparadas para la bioquímica de la vida conocida?”, se pregunta el científico.

Nadie puede negar esa posibilidad. La vida es extraordinariamente resistente. Hace tres años, por ejemplo, un grupo internacional de científicos descubrió, a 3 kilómetros de profundidad en una mina de oro sudafricana, una comunidad de bacterias que depende del uranio radiactivo para convertir moléculas de agua en energía. A los organismos que viven en condiciones extremas se los conoce como extremófilos, y son desde hace tiempo objeto de especial atención por parte de los astrobiólogos, los científicos que se dedican a la búsqueda vida en otros mundos. Parten de un razonamiento: lo más parecido a otro planeta en la Tierra son ecosistemas extremos como el de la mina de oro de Sudáfrica, el de Río Tinto y el de las fumarolas oceánicas. Davies plantea que todavía persistieran en uno de esos entornos terrestres muestras de una vida anterior que perdió la carrera evolutiva contra la conocida, que desciende toda de un mismo organismo. Es lo que él llama vida en la sombra.

“Es sólo una teoría. Pero, si alguien descubriera vida en la sombra o vida extraña, sería lo más impresionante en biología desde Darwin. Simplemente estamos diciendo: ¿por qué no echar una mirada? No cuesta mucho (comparado con buscar vida en Marte) y podría estar justo debajo de nuestras narices”, indica Davies, quien ha defendido su punto de vista en publicaciones como Scientific American y Astrobiology.

La cara oculta de 42 misterios

Se acabó. La sección veraniega La cara oculta del misterio ya es historia. Han sido casi tres meses de dedicación a ella, sin abandonar totalmente otras obligaciones, pero centrado en escribir las 42 entregas que se han publicado en El Correo a diario desde el 21 de julio. Ha habido mucha gente sin la cual esto no hubiera sido posible: mis jefes, que aceptaron la propuesta; mis compañeros de sección, quienes no sólo han revisado cuidadosamente los originales, sino que además han dado ideas de posibles temas a tratar; el equipo de diseño del periódico, que me ha aguantado y resuelto las páginas de un modo fantástico; Iker Ayestarán, cuyas ilustraciones me han encantado; la periodista Luisa Idoate, quien leyó todos los textos en bruto e hizo sugerencias y correcciones imprescindibles; el historiador José Luis Calvo, quien me ha aclarado muchas dudas y corregido numerosos errores; también han hecho interesantes sugerencias Fernando L. Frías, Julio Arrieta, Ricardo Campo y Luis R. González; y Mikel Iturralde, director de El Correo Digital, se leyó un par de textos que me preocupaban e hizo oportunas puntualizaciones.

Quedan muchos temas todavía ahí fuera. Al principio, temí que no iba a haber material para seleccionar con comodidad y variedad. Al final, surgían ideas según iba escribiendo. Muchas han quedado en el cajón. No exagero si digo que, a vuela pluma, se me ocurre otra cuarentena de misterios si me siento a pensar un poco. ¿Cuáles? Permítanme que me los reserve por si en un futuro vuelvo a la carga. De momento, les dejo con las miniaturas de las 42 páginas de la sección para que vean cómo quedaron en el periódico, cómo las vieron los más de 500.000 lectores diarios de El Correo en papel. Cada miniatura enlaza con el texto correspondiente publicado en esta bitácora. Todas juntas impresionan; por lo menos, a mí.

Un aeropuerto prehistórico.Aluniza como puedas.Si eres un espíritu da dos golpes.El tercer ojo.Las calaveras del poder.La aldea maldita.El pueblo más marciano.Conspiracion en el espacio.En busca de la Atlántida.Cerebros reducidos.Militares, secretos y platillos volantes.Mensajes en los sembrados.Espíritus en el plató.Pirámides en Canarias.Desaparecidos sin rastro.Catastrofe en Siberia.Raquel Welch contra los dinosaurios.Lincoln y JFK, presidentes clónicos.Los extraterrestres más españoles.Las huellas del Éxodo.Pasión marciana.El efecto Geller.La tumba del faraón.El hombre mono norteamericano.Los dogones y el enigma de Sirio.América vikingaRuinas lunares.El embajador de la galaxia.Los gigantes de Pascua.Víctimas del diván.Operando sin bisturí.Caras de cemento.Las hadas de Arthur Conan Doyle.El milagro de Guadalupe.Sexo interplanetario.El poder del Zodiaco.La gran inundación.La prueba de la Resurreción.El mapa de los dioses astronautas.El terror de las cabras.¿Hay alguien ahí?Y el mundo se acabó.

Las hadas de Arthur Conan Doyle

Las hadas abandonaron nuestros bosques hace décadas. Pero antes, entre 1917 y 1920, dos adolescentes se fotografiaron con varias de ellas en una zona boscosa del norte de Inglaterra. Las imágenes cautivaron a Arthur Conan Doyle, quien dedicó al fenómeno su obra El misterio de las hadas (1921). “Es posible que los hechos que vamos a contar en este libro saquen a la luz la estafa más fabulosa jamás hecha al público, pero tal vez el futuro, por el contrario, muestre que estos hechos constituyen un hito de la historia de la Humanidad”, indicaba al comienzo del ensayo el padre de Sherlock Holmes.

Doyle creía que las instantáneas correspondían a un fenómeno real, ya que, “antes incluso del descubrimiento de las fotografías de hadas, se habían recogido gran número de testimonios irrefutables sobre la vida de estas pequeñas criaturas”. Espiritista confeso, investigó el caso junto al teósofo Edward Gardner. Para el novelista, era cuestión de tiempo que la existencia de los seres del bosque, como la de los espíritus, fuera admitida por la ciencia. “Habrá cada vez más cámaras fotográficas. Aparecerán otros casos bien autentificados. Estos pequeños seres que parecen vivir a nuestro lado, que no se distinguen de nosotros más que por una ligera diferencia de vibración, nos resultarán familiares”, auguraba.

Jugando en el bosque

Frances, con las pequeñas hadas.Elsie Wright y Frances Griffiths tenían 16 y 10 años, respectivamente, cuando se encontraron con las hadas en el bosque de Cottingley, cerca de casa de los padres de la primera. Frances acababa de llegar a Reino Unido desde Sudáfrica, donde se había criado, y le estaba costando adaptarse a la vida en las islas. Por fortuna, tenía a su prima Elsie, con quien en julio de 1917 pasaba horas jugando en el arroyo próximo a la residencia familiar. Un día, después de decir a sus madres que les gustaba ir al bosque porque allí se encontraban con las hadas, ante la incredulidad de las mujeres, Elsie cogió prestada la cámara de fotos de su padre, Arthur Wright, para demostrar que era verdad. Cuando las niñas regresaron, en el cuarto oscuro apareció la imagen de Frances con cuatro pequeñas hadas aladas bailando en primer plano sobre la maleza.

Arthur Wright, ingeniero eléctrico y fotógrafo aficionado, no se dejó llevar por el entusiasmo de las pequeñas y achacó la presencia de las hadas a la habilidad artística de su hija. Creía que todo era una broma, que las hadas las había dibujado ella y luego habían puesto las siluetas recortadas delante de su prima. No le faltaban razones para sospechar. Elsie llevaba años dibujando hadas -le apasionaban-, iba desde los 13 a la Escuela de Bellas Artes de Bradford y trabajaba en un laboratorio fotográfico haciendo montajes para las familias de los soldados caídos en las trincheras europeas. Las madres de las niñas no lo tenían tan claro. Y lo tuvieron mucho menos cuando en septiembre las niñas consiguieron la segunda imagen de un ser del bosque.

Los protagonistas, en esta ocasión, eran la mayor de las primas, sentada en la hierba, y un duende. “Elsie jugaba con el gnomo y lo invitaba a que subiese sobre sus rodillas. El gnomo saltaba en el preciso momento en que Frances, que tenía la cámara fotográfica, apretó el disparador. Se describe al gnomo con leotardos, jersey marrón tirando a rojo y gorro rojo puntiagudo. Las alas, suaves y cubiertas de plumón, de color neutro, se parecen más a las de los coleópteros que a las de las hadas. Cuando no hay ruido, se oye de cuando en cuando la música de la flauta de Pan que tiene en su mano izquierda, poco más que un tintineo”, explica Doyle. A partir de ese momento, Wright no volvió a dejar la cámara a las chicas.

Seres de libro

Elsie, con el gnomo juguetón.La historia de las hadas de Cottingley habría acabado ahí de no ser porque Polly Wright, la madre de Elsie, era aficionada al ocultismo. En 1919, en una conferencia de la Sociedad Teosófica, organización esotérica fundada por Helena Blavatsky, Polly Wright comentó al conferenciante que había visto fotos de hadas reales. La noticia llegó al líder teósofo Edward Gardner y de éste a Doyle en mayo de 1920. El escritor estaba preparando entonces un artículo sobre las hadas para el número de Navidad de The Strand Magazine. Cuando la revista salió a la venta, las hadas del bosque de Cottingley se convirtieron en una atracción periodística.

Tras consultar a varios especialistas, Doyle y Gardner concluyeron que las fotos eran auténticas. Querían ver confirmadas sus creencias en seres extrarodinarios. Por eso, restaron importancia a los testimonios de quienes sospechaban que las imágenes eran trucajes. Así, en el prefacio de El misterio de las hadas, el novelista advertía: “A los escépticos les pido que no se dejen engañar por el sofisma consistente en decir que, puesto que un profesional del fraude que sea diestro en el arte de la falsificación puede reproducir un objeto semejante al original, también éste, por consiguiente, se ha conseguido de manera fraudulenta”.

Doyle prefería creer que dos adolescentes habían fotografiado hadas a seguir las pistas que apuntaban a una de las niñas como autora del engaño, que tuvo una segunda parte con tres fotos más obtenidas en 1920. Porque fue Elsie quien dio vida a los seres del bosque de Cottingely. La composición formada por las cuatro hadas que bailan frente a Frances es una copia de una ilustración de un libro infantil de 1915: dibujó las hadas, les puso unas alas, recortó las siluetas y las sujetó delante de su prima con alfileres de sombrero. A los 80 años, Elsie confesó a la revista The Unexplained que las cinco fotos eran montajes; Frances puntualizó que sólo lo eran las cuatro primeras. Como había adelantado el 5 de enero de 1921 el diario australiano The Truth, y antes Arthur Wright, “para explicar estas fotografías de hadas lo que se requiere no es un conocimiento de los fenómenos ocultos, sino de los niños”. Gardner y Doyle demostraron que carecían de ese conocimiento; aunque andaban sobrados de fe.


El libro

El misterio de las hadas (1922): Nada mejor que leer el original de Arthur Conan Doyle para comprobar hasta dónde llegaba la credulidad del escritor.