Enigmas del espacio

Un torbellino de polvo marciano se convierte en YouTube en un gigantesco gusano de Arrakis

“¿Es un gusano alienígena yendo bajo tierra hacia casa?”, se preguntan a estas horas varias webs respecto a una foto de Amazonis Planitia tomada por la cámara del Experimento Científico de Imágenes de Alta Resolución (HiRISE) del Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA. Tras ver la alerta -sí, tengo programadas alertas muy raras- y leer el titular –“Giant alien worm found on Mars?” (“¿Encontrado un gusano extraterrestre gigante en Marte?)-, me esperaba algo sorprendente, algo que prácticamente me llevara al Arrakis de la serie Dune de Frank Herbert. Lo que me he encontrado es el siguiente vídeo:

Lo primero que he pensado es, obviamente, que estamos ante un torbellino de polvo y su sombra. La posterior búsqueda de información ha confirmado la sospecha. Resulta que el miércoles colgaron en el sitio del HiRISE esta imagen tomada el 16 de febrero por la Mars Reconnaissance Orbiter:

Remolino de polvo y su sombra fotografiados en Amazonis Planitia por el 'Mars Reconnaissance Orbiter'. Foto: NASA.

La explica Paul Geissler, del Servicio Geológico de Estados Unidos y miembro del equipo de la misión: se trata de “un imponente torbellino de polvo que deja una sombra sinuosa sobre la superficie de Marte”. Basándose en el tamaño de la sombra, este geólogo planetario calcula que la columna alcanza unos 800 metros de altura. “La cola de la pluma no indica la ruta del torbellino, que ha estado siguiendo un curso estable hacia el Sureste y dejando una traza brillante tras él. El delicado arco de la pluma lo produjo una brisa del Oeste a unos 250 metros de altura, que empujó la parte superior de la pluma hacia el Este”.

La intención de engañar de quien ha colgado el vídeo de YouTube que habla de una criatura en Marte es evidente, ya que el autor lo ha compuesto cortando el original por donde le ha venido bien y eliminando la voz del narrador que explica el fenómeno. Así se fabrica un misterio.

El primer ‘mensaje en una botella’ para extraterrestres lo lanzamos al Cosmos hace 40 años en la ‘Pioneer 10’

El mensaje de la 'Pioneer 10', tal como lo presentaron Sagan, Drake y Salzman en la revista 'Science' en 1972.

El primer mensaje deliberado a extraterrestres partió de la Tierra hace 40 años a bordo de la Pioneer 10, que en 1983 se convirtió en el primer ingenio humano en abandonar el Sistema Solar. La nave, que despegó de Cabo Cañaveral (Florida) en lo alto de un cohete Atlas-Centaur el 2 de marzo de 1972, lleva una placa de oro anodizado con las figuras de un hombre y una mujer, y símbolos que permitirían, si un ser inteligente la encuentre, deducir el origen geográfico y temporal de la sonda. Su gemela, la Pioneer 11, inició su viaje el 6 de abril de 1973 y lleva otra placa idéntica.

La Pioneer 10 y su hermana son botellas lanzadas por el ser humano a la inmensidad de Cosmos con sendos mensajes. La probabilidad de que algún día un alienígena tope con ellas es prácticamente nula, como pasa con los discos de oro con imágenes, sonidos y saludos de la Tierra de las dos Voyager. Pero son todo un símbolo del progreso humano y de la búsqueda de otras inteligencias en el Universo, aventura que empezó de forma pasiva en abril de 1960, cuando Frank Drake usó la antena del observatorio de Green Bank durante 200 horas para captar posibles señales de Epsilon Eridani y Tau Ceti. Dos años después del despegue de la primera de las Pioneer, llamamos por primera vez a otros mundos desde el radiotelescopio de Arecibo con un mensaje de radio dirigido a M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz.

La idea de que las Pioneer llevaran un saludo interestelar fue de los escritores Eric Burgess  y Richard C. Hoagland, según explicaron el astrofísico Carl Sagan y sus colaboradores en la revista Science en 1972, en un artículo titulado “A message from Earth” (Un mensaje de la Tierra). Con los años, Hoagland se convirtió en un conspiranoico, un defensor de la idea de que la NASA oculta las pruebas de la existencia extraterrestres, y ganó un Ig Nobel en 1997 “por identificar estructuras arficiales en la Luna y Marte, incluyendo un rostro humano en Marte y edificios 10 millas de altura en la cara oculta de la Luna”. El autor de Cosmos abrazó con entusiasmo la idea del mensaje en la botella  de Burgess y Hoagland, y se la propuso a la NASA, que le dio tres semanas para diseñar la placa, tarea en la que le ayudaron Drake y Linda Salzman, artista y segunda esposa de Sagan.

Polémica

La 'Pioneer 10', poco antes del lanzamiento. Foto: NASA.La placa -de 22,9 centímetros de anchura y 15,2 de altura- incluía, entre otras información, nuestra dirección cósmica y las siluetas de un hombre, de una mujer y de la nave a la misma escala para que los alienígenas se hicieran una idea de nuestras proporciones. “Carl sugirió la posibilidad de presentar un mapa con la Osa Mayor y unas cuantas constelaciones más. Esto determinaría la época del lanzamiento con una precisión de unos 10.000 años y el lugar del lanzamiento con una precisión de unos 20 o 30 años”, explica Drake en el libro Murmullos de la Tierra (1978). Al final, dibujaron un mapa de catorce púlsares que, unido al esquema del Sistema Solar, hace que el mensaje especifique “una estrella en aproximadamente 250.000 millones y un año (1970) en aproximadamente 10.000 millones de años”, indica Sagan en La conexión cósmica (1973).

En un principio, el astrofísico pensó en poner a los dos seres humanos de la mano, pero al final optó por separarlos para que quedara claro que eran dos individuos y no uno. El mensaje de la Pioneer 10 molestó a las mentes bienpensantes. Así, aunque el diseño original incluía una pequeña línea para simbolizar la vulva femenina, al final la rayita fue eliminada porque, si no, la NASA no daría el visto bueno a la placa. Además, los grupos conservadores vieron con malos ojos a los dos humanos desnudos; las feministas, que la mujer pareciera estar un paso por detrás del hombre, que, además, era el que saludaba; y la pareja les parecía a unos blanca, a otros negra…

“Algunos expresaron sorpresa y alarma porque intuían que la figuras humanas se parecían demasiado a su propia raza, sea cual fuere. Aunque parezca mentira, esta objeción la formularon miembros de todas las razas; debajo de esto debe haber oculta alguna profunda verdad psicológica”, escribía Drake hace 35 años. La realidad es que los autores habían intentado componer las dos figuras a partir de rasgos de varias razas para que simbolizaran mejor a nuestra especie. Lo que preocupaba a los humanos era, paradójicamente, lo que probablemente fuera a resultar más enigmático para una civilización alienígena: las figuras humanas. El mensaje de las Pioneer se convirtió, como dice Sagan, en “una especie de prueba cósmica de Rorschach”, en la que cada uno proyectaba sus miedos, anhelos, esperanzas…

La Pioneer 10 fue la primera nave humana en atravesar el Cinturón de Asteroides, sobrevolar Júpiter y salir del Sistema Solar. Se aleja de nosotros a 12,24 kilómetros por segundo y, dentro de 2 millones de años, pasará cerca de Aldebarán, la estrella más próxima a su trayectoria. Sujeto a los puntales de su antena y gracias al vacío del espacio interestelar, nuestro mensaje lanzado al Cosmos hace 40 años “puede permanecer intacto durante centenares de millones de años y, probablemente, por un periodo de tiempo mucho mayor. De ahí que éste sea el artefacto construido por la Humanidad con una más larga esperanza de vida”, según Sagan. La Pioneer 10 envió su último mensaje el 23 de enero de 2003, antes de quedarse sin energía para seguir comunicándose con la Tierra. Estaba a 12.000 millones de kilómetros de casa.

Descubren en la luz que refleja la Luna pruebas de que en la Tierra hay vida

La Luna refleja la luz solar reflejada por la Tierra. Ilustración: ESO-L. Calçada.

No es una perogrullada. Un equipo dirigido por el astrónomo Michael Sterzik, del Observatorio Europeo Austral (ESO), ha detectado en la luz que refleja la Luna pruebas de la existencia de vida en la Tierra, usando el Telescopio Muy Grande (VLT). El avance, del que los autores dan cuenta hoy en la revista Nature, abre la puerta a que en un futuro esa técnica pueda emplearse para la búsqueda de vida en otros mundos que giran alrededor de otras estrellas.

“Utilizamos un truco llamado observación del brillo de la Tierra para mirar nuestro mundo como si fuera un exoplaneta. El Sol ilumina la Tierra y esa luz se refleja de nuevo sobre la superficie de la Luna. La superficie lunar actúa como un enorme espejo y refleja la luz de la Tierra de vuelta hacia nosotros, y eso es lo que hemos observado con el VLT”, explica Sterzik. En el análisis de esa luz terrestre reflejada en el satélite, él y sus colegas han encontrado biomarcadores, combinaciones de gases que se deben a la existencia de vida. Lo que constituye un biomarcador es la presencia simultánea de gases como el oxígeno, el ozono, el metano y el dióxido de carbono en cantidades que sólo son compatibles con la vida. Si súbitamente desapareciera la vida y no se siguiesen creando esos gases, éstos reaccionarían y se recombinarían. Algunos desaparecerían rápidamente, y los biomarcadores característicos con ellos, indican los investigadores.

Las huellas de la vida son difíciles de encontrar por métodos convencionales, y estos astrónomos han recurrido para conseguirlo a una técnica llamada espectropolarimetría, que ve lo brillante que es la luz y observa también su polarización. “La luz de un exoplaneta distante es difícil de ver debido al brillo de la estrella anfitriona, con lo cual es muy difícil analizarla: casi tan complicado como intentar estudiar un grano de polvo junto una potente bombilla. Pero la luz reflejada por un planeta se polariza, mientras que la de la estrella no. Por lo tanto, las técnicas polarimétricas nos ayudan a capturar la débil luz reflejada de un exoplaneta procedente de su deslumbrante estrella”, dice Stefano Bagnulo, del observatorio irlandés de Armagh y otro de los autores del trabajo.

Reto tecnológico

A partir del color y la polarización de la luz de la Tierra que devuelve la Luna, los astrónomos dedujeron, entre otras cosas, que parte de la superficie de nuestro planeta está cubierta por vegetación y parte por océanos. “Encontrar vida fuera del Sistema Solar depende de dos cosas: en primer lugar, de que esa vida exista y, en segundo, de que contemos con el capacidad técnica para detectarla. Este trabajo es un paso adelante en el camino para alcanzar esas capacidades”, dice Enric Palle, del Instituto de Astrofísica de Canarias y otro de los investigadores.

El futuro Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT), que será realidad en unos diez años, captará 23 veces más luz que el VLT y será capaz de ver planetas rocosos que tengan agua líquida y atmósferas aptas para la vida, recuerda Cristoph U. Keller, del observatorio Leiden, en un comentario en Nature. Ni aún así, indica este astrónomo, podrá obtener datos de otros mundos como los obtenidos por Sterzik y su equipo, “no porque el telescopio sea pequeño, sino porque la atmósfera terrestre dificulta que puede verse un pequeño planeta muy cercano a una estrella muy brillante. Para obtener esas medidas, se necesita un telescopio espacial sofisticado como el observatorio New Worlds“. “La espectropolarimetría puede, en última instancia, decirnos si la vida vegetal más simple -basada en procesos de fotosíntesis- ha emergido en algún otro lugar al Universo. Pero, por supuesto, no estamos buscando pequeños seres verdes ni evidencias de vida inteligente”, advierte Sterzik.

“Medir la polarización de la luz en el espectro proveniente de un planeta extrasolar es, hoy en día, imposible, ya que, con los telescopios disponibles, ni siquiera es posible separar la luz que viene del planeta y de su estrella. Es más factible pensar que en un futuro, si se desarrollan baterias de telescopios en el espacio volando en formación, sea posible mediante técnicas interferométricas -combinando la luz de cada telescopio adecuadamente- cancelar la luz de la estrella y, entonces, ver los planetas y obtener sus espectros. Si ahí se detectan, por ejemplo, oxígeno molecular y metano, compuestos que pueden estar asociados a los seres vivos, tendremos una buena pista para la búsqueda de vida en esos mundos. Medir la polarización de la luz reflejada por el planeta sería el siguiente paso en ese caso”, explica Agustín Sánchez Lavega, director del Grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad del País Vasco y del Aula EspaZio Gela de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao.

La Luna, sobre el complejo europeo de telescopios de cerro Paranal, en Chile. Foto: ESO-B. Tafreshi-TWAN.

Las ruinas mayas de EE UU, la bola que cayó del cielo en Namibia y un ‘burdel alienígena’, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el 10 de enero en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de las ruinas mayas de Estados Unidos, la bola metálica que cayó del cielo en Namibia, la sábana santa en la Universidad de Valencia y el burdel alienígena del Área 51, en la decimoquinta entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

El telescopio Allen vuelve a buscar señales de radio de extraterrestres

Hibernación. Es la palabra que eligió en abril Tom Pierson, director del Instituto SETI, para describir el estado en el que entraba el telescopio Allen (ATA), el más importante del mundo dedicado a la búsqueda de inteligencias extraterrestres. El mantenimiento de la instalación, un conjunto de 42 antenas parabólicas situado a 450 kilómetros al norte de San Francisco, cuesta 2,5 millones de dólares anuales y no había dinero para que siguiera funcionando después de los últimos recortes de fondos federales y estatales. Pierson confiaba en que la medida fuera temporal y en 2013 las antenas de este radiotelescopio volvieran a intentar escuchar a ET. Por fortuna, no ha habido que esperar tanto.

“¡Gracias a todos los que nos han ayudado a alcanzar el objetivo de volver a conectar el ATA! Estén atentos a las actualizaciones. Estamos descubriendo más planetas como la Tierra cada día, por lo que ahora es más importante que nunca buscar vida extraterrestre. Una contribución suya, hoy, financiará los rastreos del telescopio en busca de signos de inteligencia más allá de nuestro Sistema Solar”, puede leerse en la página abierta para donaciones por el Instituto SETI.

La reconexión del ATA ha sido posible gracias a los 200.000 dólares donados en las últimas semanas por más de 2.200 personas, incluidos Jodie Foster, protagonista de la película Contact, y el autor de ciencia ficción Larry Niven. “Soy una SETIStar porque, al igual que Ellie Arroway (el personaje que interpretaba en el filme), creo que el ATA debe seguir funcionando y tenemos que volver a rastrear los nuevos mundos descubiertos en busca de  signos de inteligencia extraterrestre.  En Contact, el libro y la película de Carl Sagan, uns señal de radio procedente de un lejano sistema estelar termina con aislamiento cósmico de la Humanidad y cambia nuestro mundo. El telescopio Allen podría convertir la ciencia ficción en realidad científica, pero sólo si busca en los cielos. Apoyo el esfuerzo de sacarlo de la hibernación”, afirma la actriz.

50 años de búsqueda

El telescopio Allen. Foto: Colby Gutierrez-Kraybill.El telescopio Allen se llama así en honor a Paul Allen, cofundador de Microsoft, quien ha donado más de 25 millones de dólares al proyecto. Entró en funcionamiento en 2005 y está gestionado por el Instituto SETI y la Universidad de California. Se dedica a la exploración astronómica clásica, pero también a la búsqueda de emisiones de radio inteligentes. Y es esta segunda área la que más afectada por su letargo, ya que es la principal -aunque no la única- fuente de datos para SETI. El rastreo del cielo a la caza de emisiones de radio de otras civilizaciones empezó en 1960 y nunca ha sido una empresa popular entre la clase política, aunque sí entre la ciudadanía. No sólo la estadounidense. Más de 3 millones de internautas de todo el mundo participan en la actualidad en el proyecto SETI@home, cediendo gratuitamente tiempo muerto de sus ordenadores personales para el análisis de datos procedentes del radiotelescopio de Arecibo a la búsqueda de señales alienígenas.

El observatorio espacial Kepler ha identificado recientemente 1.235 candidatos a mundos extrasolares -que giran alrededor de otra estrella-, algunos de los cuales podrían ser similares a la Tierra. “Aquí estamos, justo en el momento en el que los planetas habitables pueden ser algo tan común como los moteles baratos, y suspendemos la actividad del instrumento que puede investigar si hay vida. Es como si te dijeran dónde está la isla del tesoro y luego no te dieran una pala”, lamentaba en abril  Seth Shostak, astrónomo del Instituto SETI, en la prensa estadounidense. Para él, desenchufar el telescopio Allen era como si “la Niña, la Pinta y Santa María se hubieran puesto en el dique seco”.