El biólogo Francisco J. Ayala será investido doctor honoris causa por la Universidad del País Vasco

Francisco J. Ayala, durante una entrevista concedida al autor en 2002. Foto: Bernardo Corral.El biólogo de origen español Francisco J. Ayala considerado el más importante científico español en activo, será investido doctor honoris causa por la Universidad del País Vasco (UPV), cuya Junta de Gobierno aprobó el 2 de octubre otorgarle esa distinción. «El prestigio internacional del profesor Ayala es tan grande que honra a cuantas instituciones le abren sus puertas», destaca en la memoria correspondiente Félix Goñi, director de la Unidad de Biofísica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la UPV.
Francisco J. Ayala (Madrid, 1934) es catedrático de Biología, Filosofía, y Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de California. Reside desde 1961 en Estados Unidos, donde fue discípulo de Theodosius Dobzhansky, quien dijo en 1973 que «nada tiene sentido en la biología si no es a la luz de la evolución», sentencia que el científico español suele recordar cuando se le pregunta por la trascendencia de la teoría de la evolución. Ha firmado más de 400 artículos científicos sobre el origen de las especies, la diversidad genética, la evolución de la malaria, el reloj molecular y la evolución humana, temas sobre los que ha escrito una veintena de libros.
Es uno de los más firmes combatientes del creacionismo, ideología religiosa que mantiene que Dios creó al Hombre tal cual es. «No hay ningún agujero en la teoría de la evolución. Está más comprobada que la teoría heliocéntrica», sostiene. Durante su presidencia de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), Ayala empleó todos los recursos a su disposición en la defensa la enseñanza de la evolución en las escuelas. Doctor honoris causa por una decena de universidades, fue asesor científico de Bill Clinton y ha sido distinguido con los más importantes galardones científicos.
Francisco J. Ayala celebró el 200 aniversario del nacimiento de Charles, el pasado 12 de febrero, en Bilbao con una conferencia en la Biblioteca Municial de Bidebarrieta, que registró un lleno sin precedentes. Quienes tuvimos oportunidad de compartir nuestro tiempo con él, no olvidaremos nunca una velada que concluyó brindando con champán por el cumpleaños de Darwin. Entonces, le di en este blog las gracias a Francisco, en mi nombre y en el de todos los que participamos en Bilbao en la divulgación del pensamiento crítico. Hoy, dejo aquí mi felicitación pública por el nuevo y merecido reconocimiento a su valía que es el doctorado honoris causa por la UPV, que además va permitir que nos reencontremos pronto.
Les dejo con el vídeo de la conferencia de Francisco J. Ayala en Bilbao:

Darwin, en los cines de Reino Unido el 29 de septiembre

Creation, la película de John Amiel sobre Charles Darwin, se estrenará en Reino Unido el 29 de septiembre. La cinta está basada en el libro Annie’s Box: Charles Darwin, his daughter and human evolution (La caja de Annie: Charles Darwin, su hija y la evolución humana), de Randalll Keynes, tataranieto del científico inglés. Todavía no se sabe cuándo podremos ver en España a Paul Bettany, el naturalista aficionado cuya exploración de las islas Galápagos se frustra en Master and commander (2003), encarnando al autor de El origen de las especies. La película, en la que le acompañan Jennifer Connelly -como Emma Darwin- y Martha West -como la malograda Annie, el ojito derecho del genio-, promete ser un merecido colofón a las celebraciones del 200 aniversario del hombre que cambió nuestra modo de ver el mundo.

Paul Bettany como Charles Darwin, en 'Creation'. Foto: Liam Daniel - RPC NatureLtd.

Vídeo de la conferencia de José Manuel Sánchez Ron sobre Darwin y su obra

El físico e historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron habló el 25 de febrero de 2009 en Bilbao de Charles Darwin: su vida y su obra, dentro de los actos organizados por el Círculo Escéptico, el diario El Correo, la Universidad del País Vasco (UPV), el Ayuntamiento de Bilbao, el Centro para la Investigación, la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y el CIC bioGUNE, con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin. Aquí tienen el vídeo de la conferencia, por cortesía de la UPV.

Vídeo de la conferencia de Pilar Carbonero sobre evolución, plantas y transgénicos

La bioquímica Pilar Carbonero habló el 19 de febrero en Bilbao de Evolución bajo dominio humano en el reino vegetal, dentro de los actos organizados por el Círculo Escéptico, el diario El Correo, la Universidad del País Vasco (UPV), el Ayuntamiento de Bilbao, el Centro para la Investigación, la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y el CIC bioGUNE, con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin. Aquí tienen el vídeo de la conferencia, por cortesía de la UPV.

Nueva edición de ‘El origen de las especies’, prologada por Francisco J. Ayala

Edición de 'El origen de las especies', prologada por Francisco J. Ayala.«El origen evolutivo de los organismos es hoy una conclusión científica establecida con un grado de certeza comparable a otros conceptos científicos ciertos, tales como la redondez de la Tierra, la revolución de los planetas alrededor del Sol o la composición molecular de la materia. Este grado de certeza, que va más allá de toda duda razonable, es lo que señalan los biólogos cuando afirman que la evolución es un hecho«, dice Francisco J. Ayala en su prólogo a una nueva edición de El origen de las especies, de Charles Darwin, que acaba de llegar a las librerías. El biólogo de origen español, que celebró en Bilbao el bicentenario del nacimiento del naturalista inglés y el sesquicentenario de la publicación de esta obra, recuerda que «los evolucionistas actuales no se ocupan ya de demostrar el hecho de la evolución, pero sí de la historia y las causas de la evolución», de las que aún quedan detalles por aclarar.
Charles Darwin [1859]: El origen de las especies por medio de la selección natural [On the origin of species by means of natural selection]. Prologado por Francisco J. Ayala. Traducido por Antonio de Zulueta. Alianza Editorial. Madrid 2009. 539 páginas.

Vídeo de la conferencia de Francisco J. Ayala sobre Darwin y el ‘diseño inteligente’

El biólogo Francisco J. Ayala habló el 12 de febrero en Bilbao de Darwin y el ‘diseño inteligente’: creacionismo, cristianismo y evolución, dentro de los actos de las jornadas organizadas por el Círculo Escéptico, el diario El Correo, la Universidad del País Vasco, el Ayuntamiento de Bilbao, el Centro para la Investigación, la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y el CIC bioGUNE, con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin. Aquí tienen el vídeo de la conferencia, por cortesía de la UPV.

La gran idea de Darwin

Los dos sinsontes capturados por Darwin en las Galápagos en septiembre de 1835. Foto: Museo de Historia Natural de Londres.

Dos pajarillos disecados panza arriba dan la bienvenida al visitante de la muestra con que el Museo de Historia Natural de Londres conmemora el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882). Son sinsontes. Los recogió el naturalista inglés en las Galápagos en septiembre de 1835: uno, en la isla de San Cristóbal; otro, a unos 100 kilómetros, en la de Floreana. Sus diferencias de una isla a otra le hicieron cuestionarse la estabilidad de las especies y, años después, formular la teoría de la evolución mediante la selección natural en El origen de las especies(1859). «Lo fantástico de estos dos pájaros es que la gente puede ver por sí misma las diferencias cruciales que Darwin descubrió», dice Jo Cooper, especialista en aves de la institución.
La exhibición Darwin: Big Idea (Darwin: la gran idea), abierta hasta el 19 de abril en Londres y que después viajará a Cleveland (EE UU), es la más grande jamás montada sobre el científico que nos destronó como reyes de la Creación. Reúne artefactos y especímenes muchos de los cuales nunca se habían expuesto, como los sinsontes, comunes en las Galápagos cuando las exploró Darwin, pero ahora en peligro de extinción. Se exponen fotografías y cartas que muestran tanto al científico como al joven enamorado, fósiles y ejemplares disecados capturados por el naturalista, su pistola y su pico de geólogo, una recreación de su estudio de Down House, ejemplares de las palomas que crió, pequeños cuadernos de notas, una página manuscrita de El origen de las especies
Muestras de la fauna de las Galápagos. Foto: Museo de Historia Natural de Londres.No sólo uno ve a veces lo mismo que Darwin durante su viaje del Beagle –las diferencias entre los picos de los pinzones, por ejemplo–, sino que también se da cuenta de la gran capacidad de observación y meticulosidad del científico que revolucionó nuestro modo de ver el mundo. Cuando emprendió su travesía, la opinión dominante era que la Tierra tenía unos pocos miles de años y que todos los seres habían sido creados tal cual, que no habían cambiado con el tiempo. No en vano, a mediados del siglo XVII, el clérigo anglicano James Ussher, primado de Irlanda, había calculado, a partir de la Biblia, que Dios había creado el mundo a las 21 horas del domingo 23 de octubre de 4004 antes de Cristo (aC). Darwin destruyó esa piadosa visión de nuestros orígenes, algo que nunca le han perdonado los sectores religiosos más integristas.
De la certeza a la duda
El joven que embarcó en el Beagle en 1831 iba para clérigo. A su regreso cinco años después, era otro hombre. Durante su periplo, había arraigado en él la semilla de la duda, que le llevó a concluir que la del Antiguo Testamento es una «versión manifiestamente falsa de la historia del mundo» y que «todo cuanto existe en la naturaleza es resultado de leyes fijas», según dejó escrito en fragmentos de su Autobiografía (1887) censurados por su viuda y uno de sus hijos. La exposición londinense empieza con el viaje trascendental, sigue con su trabajo y vida familiar ya en casa, y concluye explicando cómo su gran idea, que todos los seres vivos hemos evolucionado a partir de ancestros comunes, es uno de los pilares de la ciencia y está en la base de la biología y la medicina.
Recreación del estudio del naturalista en Down House, dodne ecribió 'El origen de las especies'. Foto: Museo de Historia Natural de Londres.«Se trata de una extraordinaria colección de reliquias y especímenes que nos acerca al gran hombre y su familia. Podemos sentirnos como si exploráramos las Galápagos nosotros mismos», indica Alex Gaffikin, del Museo de Historia Natural londinense. Vivos están Charlie, una iguana verde sudamericana, y una rana cornuda argentina, a las cuales acompañan reproducciones de iguanas terrestres y marinas de las Galápagos, de ñandús o avestruces americanas, de perezosos y de armadillos gigantes, así como un trozo de madera fósil recogido por Darwin y el cráneo de un Toxodon plantensis, un gran mamífero extinguido hace cerca de 10.000 años, por el cual el naturalista pagó 18 peniques a un granjero uruguayo.
El científico desarrolló la teoría de la evolución mediante selección natural en su hogar de Down House, en Kent, rodeado de sus hijos -tuvo diez, dos de los cuales murieron en la infancia- y mientras continuaba experimentando con animales y plantas. Un montaje en vídeo a gran escala permite al visitante pasear junto a Darwin por los alrededores de la casa, recrear unas caminatas en las que maduró la idea que ya estaba presente, años antes, en el primer árbol de la vida conocido. El boceto, dibujado hacia 1837 en un cuadernillo, apunta a que unas especies proceden de otras al igual que los individuos en un árbol genealógico. El parentesco entre todos los seres vivos es patente en los esqueletos de mamíferos, reptiles y aves expuestos en una gran urna, cerca de donde las manos de una ballena y de un murciélago dejan claro que las apariencias engañan, que, aunque somos especiales, no somos nada más que otro producto de «leyes fijas». Y nada menos.
Publicado originalmente en Territorios.

‘El origen de las especies’ (no) se agotó el primer día que salió a la venta

Primera edición de 'El origen de las especies', de Charles Darwin.He oído varias veces en lo que va de año que la primera edición de El origen de las especies se agotó nada más ponerse a la venta el libro a un precio de 15 chelines el 24 de noviembre de 1859. Sí y no; de ahí el paréntesis del título. Es verdad que la editorial se quedó sin existencias de la obra de Charles Darwin, pero eso no implica que se vendieran los 1.250 ejemplares de la edición el primer día. Lo que ocurrió, según explicó José Manuel Sánchez Ron en Bilbao en la conferencia de cierre del ciclo Celebrando la evolución, es que el naturalista inglés era ya entonces “un autor famoso por sus libros de viajes” y, por eso, los libreros hicieron pedidos previos en tal cantidad que el editor se quedó sin ejemplares. Así que El origen de las especies se agotó el primer día en el almacén de John Murray, aunque podía encontrarse en las librerías.

José Manuel Sánchez Ron habla de Charles Darwin, en Punto Radio Bilbao

José Manuel Sánchez Ron, Almudena Cacho y yo hablamos el 25 de febrero en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de Charles Darwin, su obra y su mundo, en la vigésima entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Celebrando apiñados el cumpleaños de Darwin

Francisco J. Ayala, durante su conferencia en Bilbao el 12 de febrero de 2009. Foto: Luisa Idoate.La celebración en Bilbao de la segunda conferencia conmemorativa del 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin pulverizó todas las previsiones. Una semana antes, Juan Luis Arsuaga había llenado el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta. El pasado jueves, 12 de febrero, tuve que hacer equilibrios micrófono en mano para llegar hasta aquéllos que querían hacer preguntas al biólogo Francisco J. Ayala al final de su conferencia Darwin y el ‘diseño inteligente’: creacionismo, cristianismo y evolución, dado que en la sala no habia ni un hueco. Lamento que el local se quedara tan pequeño y que hubiera gente que tuviera que seguir la intervención del «científico español más importante de la Historia», en palabras de Arsuaga, sentada en el suelo o de pie y otra mucha que desistiera siquiera de entrar en el recinto. Todos los que quieran podrán ver pronto la conferencia aquí.
La foto tomada por la periodista Luisa Idoate lo dice todo: el maestro dio una lección a una alumnado de todas las edades deseoso de aprender. Allí estuvimos los organizadores del ciclo disfrutando de la conferencia y, después, de una magnífica cena de amigos que abrió el profesor Ayala con un brindis con champán. Fue la fiesta del 200 cumpleaños de Darwin una celebración del ingenio humano que algunos tuvimos oportunidad de compartir con un gran científico que, además, es un divertidísimo conversador y una bellísima persona, como he comprobado repetidamente en los últimos diez años. Todavía quedan dos interesantísimas conferencias en este febrero de Darwin bilbaíno, la de Pilar Carbonero sobre la evolución de las plantas guiada por el ser humano y la de José Manuel Sánchez Ron, acerca del naturalista inglés y su tiempo. Después, en la trastienda empezaremos a trabajar en otros actos, incluidos, ¡cómo no!, los del Día de Darwin de 2010.
Gracias, Francisco, en mi nombre y en el de todos los que participan en este proyecto de divulgación del pensamiento crítico y el conocimiento que comenzó en noviembre de 2006 con la organización de la jornada Misterios, a la luz de la ciencia -que fue el embrión de un interesante libro– y que, impulsado inicialmente desde el el Círculo Escéptico y el Centro para la Investigación, no hubiera sido posible sin la Universidad del País Vasco, la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, el CIC bioGUNE, el diario El Correo y el Ayuntamiento de Bilbao.

«La evolución hace a Dios innecesario para explicar el mundo», dice Francisco J. Ayala

«No hay ningún agujero en la teoría de la evolución. Está más comprobada que la teoría heliocéntrica», dice Francisco J. Ayala por teléfono desde su despacho de la Universidad de California horas antes de salir de viaje hacia Bilbao, donde hoy celebrará el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin y el 150 de la publicación de El origen de las especies. El biólogo de origen español hablará esta tarde en la Biblioteca de Bidebarrieta de Darwin y el ‘diseño inteligente’: creacionismo, cristianismo y evolución, en la segunda conferencia de un ciclo organizado por el Ayuntamiento de Bilbao, el Centro para la Investigación, la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, el CIC bioGUNE, el Círculo Escéptico, el diario El Correo y la Universidad del País Vasco. En esta entrevista, explica por qué combate el creacionismo desde hace más de treinta años y cuál es su visión del conflicto que enfrenta a evolución y religión.
– Usted está considerado uno de los más firmes opositores del creacionismo. ¿Qué le llevó a meterse en esa guerra?
– Cuando llegué a California desde Nueva York a mediados de los años 70, me di cuenta de que algunos colegios no enseñaban la evolución o la enseñaban camuflada con una especie de creacionismo, y eso no podía ser. Como dijo en 1973 mi maestro, el muy distinguido evolucionista T.G. Dobzhansky, «nada tiene sentido en la biología si no es a la luz de la evolución», desde la neurobiología y la bacteriología hasta la medicina, pasando por el comportamiento humano. En aquella época, había un pequeño movimiento en California que quería que se enseñara en las escuelas la llamada ciencia de la Creación. Aquí no hay planes de estudios nacionales, sino que en muchos Estados son los distritos escolares los que deciden, más o menos, el currículo.
Francisco J. Ayala, durante una entrevista concedida al autor en 2002. Foto: Bernardo Corral.– Estamos hablando de hace más de treinta años.
– Sí. Mi inmersión contra el creacionismo tuvo lugar en 1980, cuando ya era presidente de la Sociedad para el Estudio de la Evolución, la organización más grande del mundo dedicada a la evolución. Entonces, Arkansas aprobó una ley que requería que, si se enseñaba la teoría de la evolución, se diera el mismo tiempo en clase a la ciencia de la Creación. En el mundo científico, nadie había oído hablar de esa ciencia de la Creación, La ley del Estado la presentaba con seis afirmaciones tomadas del Génesis y, cuando se aprobó, organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos individuales, grupos religiosos, educadores y padres de alumnos la denunciaron ante los tribunales, y yo fui uno de los testigos expertos. Al final, el juez William Overton sentenció en 1982 que el creacionismo no es ciencia, sino religión, y, por consiguiente, no se puede enseñar en la escuela.
– Pero eso sólo fue el principio, ¿no?
– Sí. La Academia Nacional de Ciencias (NAS) encargó a un comité de expertos la redacción de un documento que pudiera usarse en los tribunales en caso de que volviera a ocurrir algo parecido a lo de Arkansas. Lo escribí yo en su mayor parte, con aportaciones del físico Steven Weinberg y de un paleontólogo. Tras el fallo del juez Overton, trece Estados más -todos del Sur- preparaban leyes semejantes y se aprobó una en Luisiana. El juez encargado del caso dijo lo mismo que el de Arkansas, pero Luisiana apeló ante el Tribunal Supremo. Cuando llegó el juicio en 1986, la NAS presentó el documento preparado por mí como su posición oficial, y el Supremo dictaminó que la enseñanza de la ciencia de la Creación en la escuela va contra la Constitución porque no es ciencia, sino religión. Por eso, ya en los años 90, los creacionistas inventaron el diseño inteligente.
Evolución y religión
– ¿Cómo están las cosas ahora?
– La situación es curiosa. Hay un grupo muy activista, con dinero por detrás, que trata de hacer propaganda del diseño inteligente. En las escuelas no tienen éxito porque, cuando algún distrito decide introducirlo en el currículo, se recurre a la Justicia y terminan perdiendo. Ante eso, recurren a la propaganda para hacer creer a la gente de buena voluntad que la evolución es contraria a la religión y hay que desterrar aquélla. La mayoría de los creacionistas no están sólo en contra de la evolución, sino de la ciencia en general.
– La ven como algo materialista, antirreligioso…
– Como algo materialista que quiere desterrar a Dios de la visión del mundo. Es un problema de educación. A alguien que estudia biología no hay que convencerle. Aquí, los estudiantes universitarios de primer año, aunque estudian la evolución en el colegio, vienen con algunos prejuicios. En California, hay unas iglesias enormes, con capacidad para 20.000 personas, con pastores muy populares que tienen programas de televisión, son muy buenos oradores y convencen a la gente de que la evolución es contraria a su religión. Normalmente, esos chiquitos de 17 años que vienen a la Universidad pensando que deben recelar de la evolución porque es contraria a la religión, al segundo o tercer año, abandonan la religión porque las pruebas les han convencido de la realidad de la evolución y, como les han metido en la cabeza de que es contraria a la religión, acaban rechazando ésta. Yo creo que eso no es bueno, y así se lo digo a los pastores, porque a mucha gente la religión le da apoyo psicológico.
– Los creacionistas repiten una y otra vez que no hay pruebas de la evolución.
– El antievolucionismo está en la calle, pero no tiene ningún impacto en el mundo científico. No hay ningún agujero en la teoría de la evolución. Está más comprobada que la teoría heliocéntrica, que dice que la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés, o que la teoría atómica, según la cual la materia está hecha de átomos. Sólo hay dos científicos que escriben a favor del diseño inteligente, Michael Behe, un bioquímico de la Universidad Lehigh que escribe falacias, y William Dembski, quien tiene formación matemática y dice que el cálculo de probabilidades hace que la evolución sea imposible sin un diseñador. Yo he escrito en algún sitio que no discuto con Dembski porque no existe.
Francisco J. Ayala y Luis Alfonso Gámez, durante la emisión de una entrevista en Punto Radio Bilbao. Foto: Luisa Idoate– ¡Cómo!
– La probabilidad de que William Dembski exista es más pequeña todavía que la probabilidad de que exista una de las proteínas que él dice que son imposibles sin un diseñador. A lo largo de su vida, un hombre produce billones de espermatozoides, todos genéticamente distintos. Una mujer produce, por su parte, unos quinientos huevos durante su vida. La probabilidad de que el espermatozoide que diera lugar a Dembski fecundara el huevo que diera lugar a Dembski es un número muy pequeño, el equivalente uno entre varios billones -el espermatozoide Dembski- multiplicado por uno entre quinientos -el óvulo de Dembski-. Si retrocedes hasta sus abuelos, la probabilidad de que exista Dembski se convierte en uno dividido por un uno seguido de sesenta o setenta ceros, y va reduciéndose con cada generación. Así que Dembski no existe y, por tanto, no hay que perder tiempo discutiendo con él.
– ¿Cómo casa con la evolución la creencia en un dios que actúa históricamente, como el del Antiguo Testamento?
– El dios del Antiguo Testamento tiene muchos problemas. El Antiguo Testamento predica atributos del Creador que no son muy favorables. Se le presenta como un dios vengativo. Los valores espirituales de la Biblia y del Nuevo Testamento no son contrarios a la ciencia. La Biblia es contraria a la ciencia si uno la interpreta literalmente. Entonces, la Biblia se destruye a sí misma porque, por ejemplo, los capítulos primero y segundo del Génesis dan dos versiones contradictorias de la creación del hombre y la mujer. Pero, si uno la lee como un texto religioso, puede ver en ella la idea de que somos criaturas creadas por Dios y todos los seres humanos somos hermanos, hay que dejar a los obreros que descansen el séptimo día… ¿Cómo se mantiene entonces el dios presente en el mundo del que tú hablas? Ahí hay que recurrir a una explicación que hacen muchos teólogos y que se puede aplicar también al individuo. Los teólogos y los cristianos creen que Dios también está presente en el individuo. Eso no requiere negar que hemos sido concebidos en el vientre de nuestra madre a partir de una célula que se dividió en dos, en cuatro, en ocho… y acabó naciendo el bebé Luis Alfonso. Es posible hacer una afirmación religiosa a un nivel y otra científica a un nivel diferente. Hay algunos científicos, pocos de los que se ocupan de estas cosas, que niegan esa compatibilidad. Por ejemplo, mis buenos amigos el biólogo Richard Dawkins y el filósofo Daniel Dennett.
La hipótesis de Dios
– «Después de Darwin, la hipótesis de un ser superior que ha diseñado el mundo deja de sostenerse. Si uno cree en Dios debe hacerlo por otros motivos, pero no porque lo necesite para explicar el mundo», sostiene Richard Dawkins.
– En eso estoy de acuerdo con él. No se necesita la hipótesis de Dios para explicar el mundo. Hay personas que necesitan la hipótesis de Dios para tener una visión religiosa, dar sentido a su vida, tener esperanza y hacer la vida un poco más tolerable. Hace un año, Richard Dawkins y yo discutimos sobre esto en el Instituto Salk. Yo le dije: «¿Para qué quieres quitarle la esperanza al 80% ó 90% de los humanos que llevan una vida miserable y ven en la religión su único apoyo?». Él me contestó que hay que empezar a educar a la Humanidad para que la gente gradualmente encuentre la justificación de su existencia y sus valores en la ciencia, y que espera que dentro de 50 años el género humano pueda vivir gobernado por los principios racionales de la ciencia. Le respondí: “Si crees que los 8.000 millones o 10.000 millones de personas que haya entonces van a aceptar los principios racionales de la ciencia para explicar su existencia, seguramente también crees en el Hada Madrina y en los Reyes Magos”. No sé por qué hay que esforzarse para que la gente que tiene necesidad de creer deje de creer. Hay muchos teólogos cristianos, judíos y musulmanes que aceptan la evolución y, además, creen que su teología se explica mejor con ella. Es una escuela que se llama teología del proceso.
– La idea de que somos consecuencia de mutaciones azarosas y la selección natural actuando durante miles de millones de años -de que estamos aquí, pero podríamos no estar- no encaja con la presunción de las religiones de que el ser humano es el fin de la Creación. Meter a Dios en el escenario evolutivo parece sólo posible si se hace poniéndolo al principio de todo, echándolo todo a rodar…
– Eso es lo que se llama deísmo, la idea de que Dios crea el mundo y ya no vuelve a actuar. Los partidarios de la teología del proceso son teístas. Para ellos, Dios está presente en todo el mundo y siempre, que, en cierto sentido, da cuenta de todos los fenómenos naturales. A veces lo explican diciendo que Dios es la fundamentación del ser. Uno de los problemas a los que se enfrentan es la crueldad del mundo biológico, con el parásito de la malaria, por ejemplo; del geológico, con los terremotos y tsunamis como el que mató a cientos de miles de personas en 2004… Si estas cosas fueran resultado de la acción directa de Dios, entonces sería muy cruel, porque hay muchas más crueldades en el mundo biológico que las que la gente conoce. Mi respuesta a eso, sin ser teólogo ni pretender pasar por tal, es que, aunque parezca muy cruel que un león viva matando cebras, las acciones del león por sí mismas no son crueles, porque la crueldad es un valor moral y sólo los seres humanos -y Dios si uno quiere creer en Dios- tenemos valores morales. Si el mundo lo ha diseñado Dios, Dios es cruel porque tiene valores morales; pero, si todo es el resultado de un proceso natural, la evolución, ahí no hay crueldad. Por eso digo yo que la teoría de la evolución no sólo fue un gran regalo de Charles Darwin a la ciencia, sino también a la religión.
– Porque libera a la divinidad de haber hecho el mundo como es ahora y presenta la crueldad como consecuencia de un proceso natural ajeno a la acción directa de Dios.
– La objeción es: ¿no podía haber creado Dios un mundo en el que esas cosas crueles no pasaran? La respuesta es que sí, pero que sería un mundo bastante menos interesante. Los humanos cometemos crímenes. Dios podría habernos creado sin libre albedrío, sin libertad, y entonces no habría crímenes; pero seríamos robots. Los seres humanos hacemos cosas malas, pero también buenas. También podía haber creado un mundo biológico en el que nada cambiara y las especies no se dañaran unas a otras; pero no habría sido el mundo interesante y bello de la evolución. Y lo mismo se puede decir del mundo físico: ¿por qué hay terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis…?, ¿por qué Dios no creó un mundo en el que esas cosas no pasaban? Porque un mundo en el que los procesos físicos crean planetas, estrellas y galaxias es mucho más interesante y bello que un mundo estático.
– Ésa es una explicación ad hoc.
– Claro que es una explicación ad hoc, pero es una explicación que no es irracional, que, para los que creen en Dios, justifica por qué ha creado un mundo en el que pasan ciertas cosas.
El rey destronado
Francisco J. Ayala. Foto: Bernardo Corral.– ¿Cree que el rechazo de la teoría de la evolución 150 años después de su formulación es consecuencia de que acabó de destronarnos como Reyes de la Creación, de que Darwin concluyó el trabajo de Copérnico, que nos había echado del centro del Universo?
– Exactamente. Ésa es una de las razones centrales: la revolución darwiniana nos quitó del centro del mundo de la vida como la copernicana, que había quitado la Tierra del centro del Universo. Pero hay un paso más: la evolución hace a Dios innecesario. Explicaciones teológicas como las que yo daba antes suelen ser ad hoc. Y hay muchos creyentes de buena voluntad que temen que no sean válidas porque, si el mundo evoluciona por mecanismos naturales, Dios es innecesario. Yo creo que es una buena idea tratar de convencer a esa gente de buena voluntad que hay explicaciones religiosas válidas que, aunque no nos convenzan ni a ti ni a mí, hacen compatible la existencia de un mundo en evolución y de Dios.
– Pero todavía hay sectores fundamentalistas de la Iglesia católica que consideran a Charles Darwin un enemigo y su teoría, un producto del ateísmo.
– La Iglesia católica, al menos aquí, en Estados Unidos, es la que tal vez está más abierta de manera pública a la evolución. Durante muchos años, yo daba en la Universidad de California la introducción a la biología a los estudiantes que venían del colegio y empezaba por la evolución, porque la biología sólo se puede explicar a partir de ella. Muchos de los quinientos muchachos de clase venían después a decirme que iban a responder en los exámenes lo que yo quería, pero que ellos no creían en la evolución porque eran cristianos, luteranos, metodistas o lo que fueran. De vez en cuando, venía alguno que decía que era católico y yo le animaba a que el domingo siguiente hablara con el cura después de misa y le preguntara si es posible ser católico y admitir la evolución. Me miraba con escepticismo y, a la semana siguiente, venía contento diciéndome que el cura le había dicho que sí, que es posible. Aquí, los sacerdotes católicos están relativamente bien educados. Saben, por ejemplo, que Juan Pablo II dijo, en repetidas ocasiones, que la evolución era compatible con el cristianismo. En otras iglesias lo saben menos, porque carecen de la formación en filosofía y teología propia de los sacerdotes católicos. Los televangelistas, por ejemplo, no tienen ninguna formación teológica. Son grandes oradores, muy convincentes, pero nada más.
– El diseño inteligente presupone que estamos demasiado bien hechos como para ser fruto de mutaciones azarosas y de la selección natural. Sin embargo, como suele decirse irónicamente, hasta un urbanista humano consideraría un disparate colocar un vertedero (la cloaca) junto a un parque de atracciones (los genitales).
– Si estudias al detalle el organismo humano, no hay nada que esté bien diseñado. Un ejemplo menos dramático: nuestra mandíbula no es suficientemente grande para todos los dientes y, por eso, nos tienen que sacar la muela del juicio y, frecuentemente, enderezar las otras piezas. Un ingeniero que hubiera diseñado la mandíbula humana habría sido despedido al día siguiente. Y lo mismo pasa con el resto. Nuestro ojo tiene un punto ciego porque el nervio se forma dentro de él, y no por fuera. Los calamares y los pulpos tienen un ojo complejo, muy parecido al nuestro, pero sin el punto ciego, porque el nervio se forma por fuera de la retina, lo cual demuestra, evidentemente, que Dios quiere a los pulpos y los calamares mucho más que a nosotros.
– El diseño inteligente fue formulado a principios del siglo XIX por el teólogo inglés William Paley. Según él, la complejidad de la vida sólo puede explicarse como la obra de un diseñador.
– Ya existía antes, pero Paley, que era muy buen biólogo, lo formuló con más detalle y conocimientos biológicos que ninguno de sus actuales defensores. Paley era un hombre inteligente. Si hubiera sabido de las teorías de Darwin, estoy seguro de que las hubiera aceptado. Los creacionistas de ahora son gente de mente pequeña.
– El creacionismo es en Estados Unidos un problema de tal calibre que es combatido abiertamente por la Academia Nacional de Ciencias. ¿Percibe el riesgo de que el diseño inteligente se extienda con la misma virulencia a países como España?
– Si empiezan a hacer publicidad… Es algo muy fácil de aceptar por la gente religiosa porque parece, a primera vista, muy razonable para ellos. Para el creyente, la idea del diseño inteligente es muy atrayente, como otras muchas ideas erróneas que son muy atrayentes.
– ¿Cómo explicaría a un lego lo que significó el hallazgo de Darwin y que hoy su aniversario sea motivo de celebración?
– Darwin completó la Revolución Científica. La ciencia, en el sentido moderno, nace en los siglos XVI y XVII con Copérnico, Galileo y Newton, que explicaron los fenómenos naturales por medio de leyes naturales que tienen validez en todas partes y que descartan las explicaciones sobrenaturales. Pero dejaron fuera la diversidad de los organismos y su pretendido diseño. Darwin completa esa revolución y, a partir de él, todos los fenómenos naturales quedan dentro de la ciencia, de las explicaciones científicas.

EL PERSONAJE

Francisco J. Ayala nació en Madrid en 1934. Se trasladó a EE UU en 1961.
Formación: Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Columbia (EE UU) en 1964.
Ocupación: Titular de la Cátedra Donald Bren de Ciencias Biológicas y profesor de Filosofía de la Universidad de California.
Campos de investigación: La genética de poblaciones y la evolución, incluyendo el origen de las especies, la diversidad genética de los organismos, el origen de la malaria, la genética de los parásitos protozoarios, el reloj molecular de la evolución y la evolución humana.
Cargos públicos: Integrante del Comité de Asesores de Ciencia y Tecnología del presidente Clinton, ha sido presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y es miembro de las principales organizaciones científicas.
Publicaciones: Es autor más de 650 artículos en las principales revistas científicas y de una docena de libros. Como divulgador, ha escrito en español La naturaleza inacabada (1994), Teoría de la evolución (1994), Origen y evolución del hombre (1995), Senderos de la evolución humana (2001), junto a Camilo José Cela Conde, y Darwin y el diseño inteligente. Creacionismo, cristianismo y evolución (2007). En unas semanas llegará a las librerías una edición especial de El origen de las especies prologada por él y, poco después, el libro El siglo de los genes. Patrones de explicación en genética, que ha escrito con Ana Barahona.
Galardones: Doctor honoris causa por varias universidades, ha recibido, entre otros galardones, la Medalla Nacional para la Ciencia, la más importante de las distinciones científicas en Estados Unidos.