La cara oculta del misterio

El poder del Zodiaco

“Necesita que los demás le quieran y le admiren; pero es crítico consigo mismo. Aunque tiene ciertas debilidades de carácter, generalmente es capaz de compensarlas. Posee considerables capacidades que no ha utilizado aún en su propio beneficio. La cuadratura del Sol con Neptuno muestra que suele desestimar su propia capacidad para triunfar y, por ello, a veces no hace realidad sus ideas. Es disciplinado y demuestra autocontrol exteriormente, pero tiene tendencia a ser inquieto e inseguro interiormente. En ocasiones, tiene serias dudas sobre si ha tomado la decisión correcta. Prefiere un poco de cambio y variedad, y no está satisfecho cuando se encuentra bloqueado por restricciones o limitaciones”.

Esta descripción de la personalidad ha sido hecha por un astrólogo para un grupo determinado de lectores de este periódico, los de un signo del Zodiaco concreto que luego desvelaremos. Y continúa así: “Marte hace que sea independiente, entusiasta y a menudo autodidacta. Se siente orgulloso de sí mismo como pensador independiente y no acepta las declaraciones de los demás sin pruebas suficientes. Necesita tiempo para aceptar ideas nuevas, aunque una pequeña vertiente bohemia y literaria hace que a veces actúe sin pensar y lamente después las consecuencias. A pesar de que sabe que no debe ser siempre así, no le gusta enfrentarse a los hechos de una forma fría y objetiva, y su sensibilidad le ocasiona dificultades de relación. Saturno eclipsa parcialmente las posibles tendencias científicas que pueda tener, aunque a veces surgen inesperadamente. Considera imprudente ser demasiado sincero, mostrándose a los demás tal como es”.

Creencia extendida

¿Encaja con la visión que tiene usted de sí mismo? Lo comprobaremos más tarde. De momento, puntúe cómo se siente respecto a ella de 0 (nada identificado) a 10 (totalmente), y anótelo al margen. Todos hemos leído alguna vez el horóscopo. Suele publicarse en la sección de pasatiempos de los diarios y clasifica a los seres humanos en doce grupos según el momento del año en que han nacido: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer… Todo el mundo sabe cuál es su signo del Zodiaco y leer en el periódico lo que le depara el día es algo que hace mucha gente cada mañana.

El horóscopo es la manifestación más común de la idea de que el destino está escrito en las estrellas, el dogma de la astrología, una creencia muy extendida en nuestro país. Hace nueve años, un estudio dirigido por el sociólogo Javier Elzo estableció que el 41% de los jóvenes españoles cree en ella. Cuando en 2005 nació la infanta Leonor, una importante agencia de noticias destacó que era Escorpio y, el año pasado, que la recién llegada infanta Sofía había venido al mundo bajo el signo de Tauro, como Salvador Dalí, Juan Pablo II, William Shakespeare y Leonardo da Vinci. Hay que alabar el gusto a los astrólogos porque Tauro, como Sofía de Borbón, también fueron el pedófilo y caníbal Albert Hamilton Fish y Herman Webster Mudgett, autor de veintisiete asesinatos. Su hermana Leonor es del mismo signo que Charles Manson, el asesino de Sharon Tate, y Coral Eugene Watts, que mató a decenas de mujeres en Estados Unidos.

A pesar de los criminales con los que comparten signo, no hay que poner bajo vigilancia a las infantas Leonor y Sofía. Más o menos, una duodécima parte de los criminales es Tauro, otra Escorpio, otra Cáncer… Y pasa lo mismo con los futbolistas, los médicos, los cantantes, los informáticos… Por eso, es una tontería destacar a Dalí, Juan Pablo II, Shakespeare y Leonardo como ejemplos de lo que puede llegar a ser en la vida un bebé nacido bajo el mismo signo que esos personajes.

El efecto Forer

El horóscopo es un engaño. Da igual que lo redacte un astrólogo famoso -como en algunas revistas- o no; es igual de acertado. Veteranos periodistas reconocen en privado que, ante el extravío de la columna del horóscopo del día, ha habido tradicionalmente dos soluciones más efectivas y baratas que llamar a un astrólogo de guardia: recuperar una anterior cualquiera o inventarse el vaticinio de cada signo. Lo último está al alcance de cualquiera: sólo hay que hacer afirmaciones vagas, como comprobó el psicólogo Bertram Forer en 1948. Un día, dio a cada uno de sus alumnos universitarios una descripción supuestamente basada en un test de personalidad que habían hecho días antes, y les pidió que la puntuaran de 0 (totalmente incorrecta) a 5 (perfecta). La nota media fue un 4,26; a pesar de que todas las descripciones eran la misma, una sucesión de generalidades. El experimento se ha repetido desde entonces cientos de veces en todo el mundo y la nota media siempre ha superado el 4,2.

¿Qué nota ha dado usted a la descripción personal del principio? La verdad es que no ha sido hecha por un astrólogo para los lectores de un signo del Zodiaco concreto, sino por el autor de estas líneas con la idea de reunir una colección de vaguedades que se adapten a cualquiera. Si ha creído que encajaba bien con usted, no se avergüence. Es lo normal. Es lo que han hecho en los últimos años decenas de personas que se han sometido a esta prueba. Esa tendencia a asumir como dirigidas a uno descripciones tan generales que pueden casar con cualquiera es lo que se conoce en psicología como el efecto Forer, en honor del psicólogo que lo descubrió.

El efecto Forer es la clave del éxito del horóscopo; explica por qué la gente sigue cayendo en el engaño del Zodiaco. “Los astrólogos pueden presentar cualquier tontería y, con tal de que ésta sea lo suficientemente vaga y halagadora, la mayoría de la gente marcará el casillero altamente preciso“, sentencia el psicólogo Richard Wiseman en su libro Rarología (2007). Puede experimentarlo en casa en la próxima reunión familiar. Coja el periódico, ábralo por el horóscopo y pida a sus parientes, uno a uno, que le digan cuál es su signo. Luego, lea a cada uno una predicción que no corresponda a su signo: a Aries la de Tauro, a Capricornio la de Leo… Ya verá como nadie se queja. Que se sepa, tampoco nadie lo ha hecho cuando en un periódico o revista se ha repetido una columna astrológica o las predicciones las han inventado los redactores.


El libro

Rarología (2007): Richard Wiseman investiga científicamente extravagancias como la creencia en la astrología y los fantasmas, y la diferencia entre una sonrisa sincera y una falsa.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Sexo interplanetario

Antes de ponerse a secuestrar humanos para experimentar con ellos, los tripulantes de los platillos volantes ya se aprovechaban sexualmente de los terrícolas. Sabían -no pregunten cómo- que el mono desnudo del tercer planeta de un sistema solar situado en los arrabales de la Vía Láctea era apto para procrear con ellos y, en vez de fecundar en el laboratorio óvulos extraterrestres o terrestres con esperma terrestre o extraterrestre, respectivamente, optaron a finales de los años 50 por la directa, las relaciones sexuales a pelo. El primer elegido fue un joven macho humano, al que con el tiempo siguieron varias hembras. Una de ellas se quedó embarazada de un alienígena y dio a luz al hijo de ambos, el Adán o la Eva de una nueva Humanidad.

El granjero brasileño Antonio Villas Boas tenía 23 años en 1957 cuando gozó de su encuentro sexual interplanetario. Ocurrió el 15 de octubre, cuando araba de noche con su tractor un terreno familiar en São Francisco de Sales, en el estado de Minas Gerais, para evitar laborear bajo el Sol. Hacia la medianoche, llamó su atención una extraña luz que cruzaba el cielo. El ovni llegó hasta la vertical del campo de labranza y empezó a descender cerca de donde estaba él. Intentó huir, pero el motor del tractor se paró y presenció el aterrizaje de un aparato, “en forma de ave”, de 10,5 metros de largo y 7 de ancho, que desprendía una luz cegadora. Varios seres vestidos con monos grises y escafandras bajaron de la nave, capturaron al agricultor cuando escapaba a la carrera y lo metieron por la fuerza en la nave.

La mujer más hermosa

Los visitantes, de alrededor de metro y medio de altura, llevaron al hombre a una pequeña estancia circular de unos 2 metros de diámetro y algo menos de altura, desde la que luego lo condujeron a otra en la que sólo había un diván. Le desnudaron, le extrajeron sangre de la barbilla y le lavaron con una esponja húmeda antes de dejarle solo durante unos veinte minutos. Tras el preámbulo, y después de que la habitación fuera inundada con gas, entró en ella una mujer desnuda, de ojos azules rasgados. Era rubia, aunque pelirroja en el pubis y las axilas. Tenía, según el hombre, el cuerpo más hermoso que nunca había visto.

“La mujer se acercó a mí en silencio… y de pronto se apretó contra mí y empezó a frotar su cabeza contra la mía. Al mismo tiempo, noté su cuerpo pegado al mío como una ventosa… y me sentí incontrolablemente excitado, como nunca lo había estado en mi vida… Terminamos sobre el diván, donde nos acostamos por primera vez. Fue un acto sexual normal y ella reaccionaba como lo hubiera hecho cualquier mujer. Después nos acariciamos un poco mutuamente y volvimos a hacerlo, pero ahora había empezado a mostrarse más esquiva, deseosa de acabar pronto”, recordaría el joven.

Tras el doble coito, la mujer abandonó la habitación, no sin antes señalar su vientre y luego al cielo. Los ufólogos interpretaron después ese gesto como una alusión a que la visitante que tendría en su planeta al hijo producto de aquella noche de sexo. Villas Boas contó días más tarde lo ocurrido a un periodista de la revista O Cruzeiro que escribía sobre platillos volantes y se convirtió así en el primer ser humano en confesar sus relaciones sexuales con un extraterrestre, algo de lo que no se retractó ni siquiera cuando a finales de los años 70 era ya un respetable abogado y feliz padre de familia.

Sexo alienígena.

Violadas en platillos

Del hijo alienígena del agricultor de Minas Gerais nunca más se ha sabido, como tampoco del que gestó la australiana Marlene Travers. “Créame o no, ¡fui retenida cautiva en un platillo volante, violada y fecundada por un hombre del espacio exterior!”, declaró la mujer a The New York Chronicle el 21 de noviembre de 1966. La joven, de 24 años, decía haber sido llevada a bordo de un ovni y forzada por “un hombre alto y apuesto vestido con una especie de guerrera verde metálica, no rígida”. El embarazo fue confirmado después por un médico, aunque del niño se perdió el rastro. Es lógico porque hoy en día algunos expertos en platillos volantes sospechan que este caso fue una invención periodística, aunque otros nunca han descartado que puedan haberse producido casos similares.

Antonio Ribera, el padre de la ufología española, creía que la historia de Shane Kurz, joven de 26 años que decía haber sido violada por un extraterrestre el 2 de mayo de 1968 en Westmoreland (Nueva York), tenía “todos los visos de ser cierta”. Dudaba, sin embargo, de la autenticidad del vis-à-vis de Elizabeth Klarer, una sudafricana que aseguraba haber tenido en 1957 un hijo con Akon, vecino de un planeta del sistema de Alfa Centauri. En todos estos casos, incluido el de Villas Boas, los terrícolas nunca se hacen con una prueba de su excepcional encuentro, ni denuncian los hechos a las autoridades y se someten a un reconocimiento médico inmediato.

Los visitantes se arriesgan, por su parte, a contraer o propagar una enfermedad sexual por no recurrir a la fecundación in vitro para su programa de hibridación. Esa técnica y otras sólo las empiezan a usar en los años 80, y no todos. Quizá sea porque, como ironiza el estudioso escéptico Luis R. González, “algunas razas alienígenas parecen disfrutar con el procedimiento clásico y resultan ser amantes mejores que los humanos”. O eso o están tan atrasadas como nosotros hace unas décadas a pesar de sus portentosas naves. Los frutos de esas relaciones interespecies se van a veces con su progenitor alienígena al espacio; otras, se quedan aquí. Pero nunca vuelve a saberse de ellos. Como se pregunta Carl Sagan en El mundo y sus demonios (1995): “Se habla de números ingentes de casos de este tipo. ¿No es raro que no se haya visto nunca nada anómalo en las ecografías habituales de estos fetos, o en la amniocentesis, y que nunca haya habido un aborto que fuera un híbrido extraterrestre? ¿O es que los médicos son tan idiotas que echan una ojeada al feto, ven que es medio humano y medio extraterrestre y pasan al siguiente paciente?”. Tampoco se ha detectado un aumento significativo de niños con antenas o tres ojos en las guarderías durante el último medio siglo.


El libro

Las abducciones ¡vaya timo! (2008): Luis R. González recorre la historia de los secuestros por extraterrestres, que considera vinculados al folclore y a la psicología, y no a alienígenas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El milagro de Guadalupe

Niños del estado mexicano de Queretaro en las inmediaciones de la basílica de Guadalupe días antes de la canonización de Juan Diego, en julio de 2002. Foto: AP.

Veinte millones de personas entran cada año en la basílica de Santa María de Guadalupe, el santuario más visitado de la cristiandad. La imagen de la Virgen que se venera allí es uno de los ejes de la mexicanidad, y su culto, un ejemplo de fusión de religiosidad y nacionalismo. “No se puede entender México sin Guadalupe”, dice el rector del templo, monseñor Diego Monroy Ponce. La guadalupana es la devoción americana por excelencia. Su origen fue un milagro protagonizado en el primer tercio del siglo XVI por el indio Juan Diego, quien se convirtió en el primer santo indígena en julio de 2002, cuando Juan Pablo II lo elevó a los altares.

La historia de Juan Diego se recoge por primera vez en un libro en español y otro en náhuatl publicados casi simultáneamente: Imagen de la Virgen María (1648), del presbítero criollo Miguel Sánchez, y Huey tlamahuicoltica (1649), del sacerdote -también criollo- Luis Lasso de la Vega. Los hechos se remontan a 1531, diez años después de que Hernán Cortés conquista Tenochtitlán, la capital azteca que se levantaba donde ahora está México. Juan Diego, un indio convertido al cristianismo, pasea por el cerro del Tepeyac cuando se le aparece la Virgen y, en la mejor tradición mariana, le pide que le consagre un templo en el lugar. El vidente acude a fray Juan de Zumárraga, obispo de Nueva España, quien no le cree y le reclama pruebas. Después de varias apariciones, la Virgen pide a Juan Diego que recoja rosas en su manta y, cuando la despliega ante el obispo, caen las flores al suelo y aparece en la tela la imagen de la Madre de Dios.

Imagen prodigiosa

El lienzo de la guadalupana es una manta -o tilma, o ayate- de algodón y cáñamo. Tiene 1,7 metros de alto y 1 metro de ancho, y puede considerarse la sábana santa del Nuevo Mundo, ya que, de acuerdo con la tradición, la imagen se imprimió milagrosamente. La Virgen se ve rodeada de un halo, con las manos unidas frente al pecho por las palmas, cubierta por un manto azul de estrellas, con los pies sobre la Luna y un ángel sosteniendo ésta. Son motivos típicos de la iconografía mariana y, ante la incongruencia de que la Virgen se pliegue en sus apariciones a los cánones artísticos, quienes creen que hubo una imagen inicial inexplicable optan por considerar esos elementos añadidos posteriores. La realidad, sin embargo, es que la imagen actual se corresponde con la de las primeras copias -que datan de principios del XVII- y, como mucho, ha sido retocada en algunas zonas para frenar su deterioro.

Los partidarios de la explicación milagrosa añaden que, si se amplían lo suficiente, los ojos de la Virgen de Guadalupe proporcionan las pruebas de su sobrenaturalidad. En 1929, el fotógrafo mexicano Alfonso Marcué dijo ver un busto humano en uno de ellos; en 1962, el físico nuclear Charles Wahlig aseguraba que las figuras eran dos; y, desde 1979, el informático José Aste-Tonsmann ha identificado en el ojo derecho catorce personajes -incluidos el obispo Zumárraga y Juan Diego-, muchos de los cuales están también en el otro ojo. ¿Un milagro? No. Lo realmente milagroso sería que alguien a la busca de figuras no encontrara nada en una mancha de pintura ampliada miles de veces.

Ni el testigo principal creyó en su tiempo en el milagro de Guadalupe. “Ya no quiere el Redentor del mundo que se hagan milagros, porque no son menester”, escribió en 1547 fray Juan de Zumárraga, quien tampoco menciona en ninguno de sus escritos el episodio de las rosas. Por si eso fuera poco, en 1556, fray Francisco de Bustamante, provincial de los franciscanos, lamenta que algunos estén animando a los nativos a adorar “una imagen pintada ayer por un indio llamado Marcos” y que se diga que la tela hace milagros.

Un santo a medida

Los historiadores consideran en la actualidad que todo el episodio del Tepeyac y la tilma es una leyenda. “Es una ficción pía. De los más de cuarenta documentos que se dice que apoyan la existencia de Juan Diego, ninguno soporta una crítica histórica seria”, sentencia el sacerdote y paleógrafo Stafford Poole. Para el padre Manuel Olimón, profesor de la Universidad Pontificia de México y autor de La búsqueda de Juan Diego (2002), estamos ante “un cuento, como el de Cenicienta”. El objetivo sería sustituir entre los indígenas el culto a la diosa azteca Tonantzin, adorada en cerro del Tepeyac, por el de la Virgen María. De ahí que fray Bernardino de Sahagún se refiriera en 1570 a la devoción guadalupana como una “invención satánica para paliar la idolatría”.

Juan Diego sería el mediador ideal entre la nueva divinidad foránea y los indígenas. “Moisés baja del Sinaí con las Tablas de la Ley; Juan Diego, del Tepeyac con las flores”, apunta el historiador David Brading, ex director del Centro de Estudios Latinoamericanos de Cambridge. “En vías de canonización, se encuentra más un mito y un símbolo que un ser de carne y hueso”, advertía el padre Olimón antes de que Karol Wojtyla santificara al vidente hace cinco años. El abad emérito de la basílica mexicana, Guillermo Schulenburg, el arcipreste del templo, Carlos Warnholtz, y el bibliotecario, Esteban Martínez de la Serna, vieron recompensada su preocupación por la falta de rigor histórico que implicaba canonizar a un “legendario indio” con una dimisión forzada, una expulsión y una depresión, respectivamente.

Los conservadores que han examinado la imagen de la Virgen de Guadalupe tienen claro que es una obra humana. Y los historiadores, que se trató de un encargo de fray Alonso de Montúfar, sucesor de Zumárraga durante cuyo mandato se levantó el templo mariano del Tepeyac. El pintor habría sido el indio Marcos Cipac de Aquino, el Marcos que cita fray Francisco de Bustamante en su sermón ante el virrey Luis de Velasco del 8 de septiembre de 1556. En la ficción y en la realidad, un indígena habría estado en el origen del más venerado símbolo mexicano.


El libro

La búsqueda de Juan Diego (2002): El padre Manuel Olimón revisa desde la crítica histórica lo que hay de cierto y de falso en el personaje del vidente y las apariciones del Tepeyac.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Las hadas de Arthur Conan Doyle

Las hadas abandonaron nuestros bosques hace décadas. Pero antes, entre 1917 y 1920, dos adolescentes se fotografiaron con varias de ellas en una zona boscosa del norte de Inglaterra. Las imágenes cautivaron a Arthur Conan Doyle, quien dedicó al fenómeno su obra El misterio de las hadas (1921). “Es posible que los hechos que vamos a contar en este libro saquen a la luz la estafa más fabulosa jamás hecha al público, pero tal vez el futuro, por el contrario, muestre que estos hechos constituyen un hito de la historia de la Humanidad”, indicaba al comienzo del ensayo el padre de Sherlock Holmes.

Doyle creía que las instantáneas correspondían a un fenómeno real, ya que, “antes incluso del descubrimiento de las fotografías de hadas, se habían recogido gran número de testimonios irrefutables sobre la vida de estas pequeñas criaturas”. Espiritista confeso, investigó el caso junto al teósofo Edward Gardner. Para el novelista, era cuestión de tiempo que la existencia de los seres del bosque, como la de los espíritus, fuera admitida por la ciencia. “Habrá cada vez más cámaras fotográficas. Aparecerán otros casos bien autentificados. Estos pequeños seres que parecen vivir a nuestro lado, que no se distinguen de nosotros más que por una ligera diferencia de vibración, nos resultarán familiares”, auguraba.

Jugando en el bosque

Frances, con las pequeñas hadas.Elsie Wright y Frances Griffiths tenían 16 y 10 años, respectivamente, cuando se encontraron con las hadas en el bosque de Cottingley, cerca de casa de los padres de la primera. Frances acababa de llegar a Reino Unido desde Sudáfrica, donde se había criado, y le estaba costando adaptarse a la vida en las islas. Por fortuna, tenía a su prima Elsie, con quien en julio de 1917 pasaba horas jugando en el arroyo próximo a la residencia familiar. Un día, después de decir a sus madres que les gustaba ir al bosque porque allí se encontraban con las hadas, ante la incredulidad de las mujeres, Elsie cogió prestada la cámara de fotos de su padre, Arthur Wright, para demostrar que era verdad. Cuando las niñas regresaron, en el cuarto oscuro apareció la imagen de Frances con cuatro pequeñas hadas aladas bailando en primer plano sobre la maleza.

Arthur Wright, ingeniero eléctrico y fotógrafo aficionado, no se dejó llevar por el entusiasmo de las pequeñas y achacó la presencia de las hadas a la habilidad artística de su hija. Creía que todo era una broma, que las hadas las había dibujado ella y luego habían puesto las siluetas recortadas delante de su prima. No le faltaban razones para sospechar. Elsie llevaba años dibujando hadas -le apasionaban-, iba desde los 13 a la Escuela de Bellas Artes de Bradford y trabajaba en un laboratorio fotográfico haciendo montajes para las familias de los soldados caídos en las trincheras europeas. Las madres de las niñas no lo tenían tan claro. Y lo tuvieron mucho menos cuando en septiembre las niñas consiguieron la segunda imagen de un ser del bosque.

Los protagonistas, en esta ocasión, eran la mayor de las primas, sentada en la hierba, y un duende. “Elsie jugaba con el gnomo y lo invitaba a que subiese sobre sus rodillas. El gnomo saltaba en el preciso momento en que Frances, que tenía la cámara fotográfica, apretó el disparador. Se describe al gnomo con leotardos, jersey marrón tirando a rojo y gorro rojo puntiagudo. Las alas, suaves y cubiertas de plumón, de color neutro, se parecen más a las de los coleópteros que a las de las hadas. Cuando no hay ruido, se oye de cuando en cuando la música de la flauta de Pan que tiene en su mano izquierda, poco más que un tintineo”, explica Doyle. A partir de ese momento, Wright no volvió a dejar la cámara a las chicas.

Seres de libro

Elsie, con el gnomo juguetón.La historia de las hadas de Cottingley habría acabado ahí de no ser porque Polly Wright, la madre de Elsie, era aficionada al ocultismo. En 1919, en una conferencia de la Sociedad Teosófica, organización esotérica fundada por Helena Blavatsky, Polly Wright comentó al conferenciante que había visto fotos de hadas reales. La noticia llegó al líder teósofo Edward Gardner y de éste a Doyle en mayo de 1920. El escritor estaba preparando entonces un artículo sobre las hadas para el número de Navidad de The Strand Magazine. Cuando la revista salió a la venta, las hadas del bosque de Cottingley se convirtieron en una atracción periodística.

Tras consultar a varios especialistas, Doyle y Gardner concluyeron que las fotos eran auténticas. Querían ver confirmadas sus creencias en seres extrarodinarios. Por eso, restaron importancia a los testimonios de quienes sospechaban que las imágenes eran trucajes. Así, en el prefacio de El misterio de las hadas, el novelista advertía: “A los escépticos les pido que no se dejen engañar por el sofisma consistente en decir que, puesto que un profesional del fraude que sea diestro en el arte de la falsificación puede reproducir un objeto semejante al original, también éste, por consiguiente, se ha conseguido de manera fraudulenta”.

Doyle prefería creer que dos adolescentes habían fotografiado hadas a seguir las pistas que apuntaban a una de las niñas como autora del engaño, que tuvo una segunda parte con tres fotos más obtenidas en 1920. Porque fue Elsie quien dio vida a los seres del bosque de Cottingely. La composición formada por las cuatro hadas que bailan frente a Frances es una copia de una ilustración de un libro infantil de 1915: dibujó las hadas, les puso unas alas, recortó las siluetas y las sujetó delante de su prima con alfileres de sombrero. A los 80 años, Elsie confesó a la revista The Unexplained que las cinco fotos eran montajes; Frances puntualizó que sólo lo eran las cuatro primeras. Como había adelantado el 5 de enero de 1921 el diario australiano The Truth, y antes Arthur Wright, “para explicar estas fotografías de hadas lo que se requiere no es un conocimiento de los fenómenos ocultos, sino de los niños”. Gardner y Doyle demostraron que carecían de ese conocimiento; aunque andaban sobrados de fe.


El libro

El misterio de las hadas (1922): Nada mejor que leer el original de Arthur Conan Doyle para comprobar hasta dónde llegaba la credulidad del escritor.

Caras de cemento

El reportaje de ‘Ideal’ con el que empezó todo.El gran fenómeno de la parapsicología española se repite desde hace casi cuarenta años en una humilde vivienda del pueblo jienense de Bélmez de la Moraleda. Se manifestó por primera vez el 23 de agosto de 1971, cuando María Gómez Cámara descubrió una cara en el suelo de cemento de su cocina. La mujer se asustó y alertó del hecho a sus paisanos. Durante los días siguientes, los vecinos de Bélmez y de los pueblos próximos peregrinaron hasta la casa para ver la imagen. Al final, la familia se hartó de tanto curioso y uno de los hijos destrozó la cara a golpes de pico. Pero la tranquilidad duró poco. El 9 de septiembre, apareció otro rostro, bautizado como La Pava y que aún se conserva empotrado en la pared y protegido por un cristal en la casa de las caras.

El enigma llegó a la prensa siete días después del descubrimiento de La Pava, cuando el diario granadino Ideal reveló la existencia en Bélmez de “un rostro que aparece y desaparece en un fogón”. La familia de María Gómez Cámara y Juan Pereira ya había empezado a cobrar la voluntad por la entrada a su cocina y vendía fotos de la cara a 10 pesetas la unidad. El fenómeno alcanzó su clímax cuatro meses más tarde: el 31 de enero de 1972, el diario Pueblo sacaba las caras a su primera página. “Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo)”, explicaba recientemente Ramos Perera, presidente de la Sociedad Española de Parapsicología a comienzos de los años 70.

Voces del Más Allá

Portada de 'Enigmas' y primera página del reportaje firmado por Lorenzo Fernández e Iker Jiménez.Romero encomendó el seguimiento de la historia a un joven reportero, Antonio Casado. “Yo era entonces lo que llamamos un becario”, recuerda el periodista. Con 24 años, aterrizó en Bélmez al mismo tiempo que quien con el tiempo se convertiría en la estrella del caso: Germán de Argumosa. Este parapsicólogo creía que las caras tenían su origen en el Más Allá e inmediatamente intentó grabar voces de ultratumba en la casa. Lo consiguió. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau, defendía que el fenómeno se debía a una concentración de energía que canalizaba la dueña de la casa, idea que perduró hasta la muerte de la mujer en febrero de 2004. “Cualquier afirmación, por estrafalaria que fuera, merecía ser publicada”, indican Javier Cavanilles y Francisco Máñez en su libro Los caras de Bélmez (2007).

El enigma elevó la tirada de Pueblo en 50.000 ejemplares y eso atrajo a otros medios. Después de tres semanas en las que la localidad se mutó en una especie de Roswell a la española, el diario de Romero y El Alcázar dejaron caer que todo era un engaño. Las altas esferas del régimen franquista se habían empezado a poner nerviosas por el entusiasta tratamiento del caso en Pueblo. “Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: ‘Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo'”, recuerda Casado. El diario reveló entonces que las caras habían sido pintadas con nitrato de plata. A pesar de que no se presentaron pruebas concluyentes, el caso cayó en el olvido. Fue degradado de fenómeno extraordinario a anécdota folclórica de la España tardofranquista y ahí se habría quedado de no ser por Iker Jiménez.

“Transcurrido un cuarto de siglo, demostramos con documentos oficiales y en rigurosa exclusiva la autenticidad de esas caras sobrenaturales, un misterio que aún espera una explicación en el rincón más apartado de Andalucía”, escribía Jiménez con su colega Lorenzo Fernández en 1997 en la revista Enigmas. Sorprendentemente, siete años después de haber mostrado al mundo “la prueba definitiva de que los rostros de Bélmez de la Moraleda no son un fraude”, Iker Jiménez pedía a finales de 2004 en su web a sus colegas “pruebas físicas, científicas” del origen misterioso de las imágenes. ¿Qué había pasado con su “prueba definitiva” de la autenticidad de las caras? Lo mismo que con las de visitas extraterrestres, fantasmas, conspiraciones y otros misterios que cada semana presentan todas las revistas y programas esotéricos.

Caras a medida

En los últimos años, se han publicado varios libros sobre el fenómeno de Bélmez. El más vendido es Tumbas sin nombre (2003), en el cual el director de Cuarto Milenio y Luis Mariano Fernández defienden que algunos de los rostros corresponden a parientes de María Gómez Cámara muertos en 1936, en el ataque republicano al santuario de la Virgen de la Cabeza (Jaén). Para demostrarlo, manipulan las caras con un programa de tratamiento de imágenes hasta que encajan con lo deseado: así, para que La Pava se parezca al guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer, cogen el bigote con las puntas hacia arriba del militar y le vuelven las puntas hacia abajo.

“Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible”, dijo María Gómez Cámara cuando los dos periodistas esotéricos le presentaron la comparativa. La chapuza es equiparable a la de las grabaciones de voces del Más Allá de Germán de Argumosa, que se hicieron en habitaciones llenas de gente hablando. ¿En qué queda entonces el gran fenómeno parapsicológico de Bélmez? “Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre… Es todo muy loco. Son 37 años de tonterías”, dice Cavanilles. “Es una típica trola de colegio”, afirma Máñez.

En el origen hubo una mancha de grasa en el suelo en la que una mujer creyó ver una cara como podemos verla en una mesa de mármol o en las nubes. Después, surgieron otras a partir de manchas retocadas o directamente pintadas por diferentes personas a lo largo de la historia. Lo que seguramente nunca sospecharon quienes hicieron las primeras es que su broma iba a desembocar en el mayor misterio paranormal de España, un enigma que se reactivó tras la muerte de María Gómez Cámara en 2004. Oleadas de turistas llegaron entonces a Bélmez atraídos por programas esotéricos de radio y televisión. La alcaldesa, la socialista María Rodríguez, anunció que iba a convertir la casa de las caras en un centro de interpretación para atraer al turismo paranormal; pero el precio del inmueble se disparó. Oportunamente, empezaron a aparecer rostros en otra casa mucho más barata.


El libro

Los caras de Bélmez (2007): El periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez desmontan el mayor enigma de la parapsicología española.

Publicado originalmente en el diario El Correo.