Fantasmas en el laboratorio

Esa presencia extraña que ha percibido alguna vez por el rabillo del ojo cuando camina por una calle a oscuras está en su cerebro, y un grupo internacional de científicos, liderado por Olaf Blanke, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza), cree saber dónde. “Las historias de fantasmas, espectros y otras apariciones existen en prácticamente todas las culturas. La extraña sensación de que alguien está cerca y no se puede ver (sensación de una presencia) cuando nadie está realmente presente es una fascinante proeza de la mente humana que aparece a menudo en literatura religiosa, ocultista y de ficción”, escriben los investigadores en la revista Current Biology, donde explican cómo han conseguido recrear el fenómeno en el laboratorio.

Los autores destacan que, más que ver fantasmas y ángeles de la guarda, solemos sentir su presencia. “Descendiendo con su hermano de la cima del Nanga Parbat, una de las diez montañas más altas del mundo, Reinhold Messner sintió un tercer escalador «bajando con nosotros, manteniendo una distancia regular, un poco a mi derecha y a pocos pasos de distancia de mí, justo fuera de mi campo de visión». Messner «no pudo ver la figura», pero «estaba seguro de que había alguien allí», sentía «su presencia»”, recuerdan. Y añaden que esa sensación de una presencia (FoP, por sus siglas en inglés) se ha dado en incontables ocasiones en montañeros, exploradores y supervivientes de catástrofes, y es relativamente común en pacientes con ciertos desórdenes neurológicos, para quienes las entidades invisibles pueden permanecer ahí hasta minutos.

Blanke y sus colaboradores creen haber descubierto a qué se debe el fenómeno y han sido capaces de recrear en el laboratorio esa ilusión gracias a un brazo-robot. Hace siete años, al estimular eléctricamente el área del cerebro llamada unión temporoparietal izquierda de una joven de 22 años sin historial psiquiátrico a la que evaluaban para un tratamiento quirúrgico de la epilepsia, otro grupo dirigido por el nerurocientífico suizo descubrió que la mujer sentía la presencia de una persona sombra detrás de ella. La figura adoptaba las mismas posiciones que la joven y cuando los investigadores le pidieron que, sentada en una camilla, abrazara sus rodillas, ella sintió que el hombre también se sentaba y la abrazaba, lo que describió como desagradable.

Interferencias sensoriales

Ilustración: 'Current Biology'.En su nuevo estudio, Blanke y su equipo han interferido en las señales sensoriales de los sujetos para que sus cerebros no las identifiquen como propias de su cuerpo, sino como ajenas. Lo primero que hicieron fue examinar los cerebros de doce pacientes con diversos desórdenes neurológicos -epilepsia, migraña, tumores…- que experimentaban sensaciones fantasmales como las descritas. Descubrieron en imágenes de resonancia magnética (MRI) que sus cerebros presentaban daños en tres zonas -el córtex insular, el frontoparietal y el temporoparietal- involucradas en el movimiento propio y la percepción de nuestra posición en el espacio, y que están implicadas en el procesamiento de las señales sensoriales, clave para la percepción de nuestro propio cuerpo.

Los autores concluyeron que, posiblemente, la FoP se debía a la confusión respecto al origen de señales sensoriales y diseñaron un experimento para poner a prueba esa hipótesis con individuos sanos. Construyeron un robot que el sujeto, con los ojos vendados, movía con su dedo índice y tenía su reflejo en otro robot esclavo que reproducía los movimientos detrás del individuo, dándole toques en la espalda. La sensación aparente para el sujeto, cuando tocaba algo y recibía simultáneamente respuesta táctil en el dedo y en la espalda, era que él mismo alcanzaba su espalda. Sin embargo, cuando la respuesta táctil en el dedo y en la espalda era asíncrona -estaba separada por 500 milisegundos-, después de tres minutos, el individuo sentía que había otra persona detrás que le tocaba la espalda. Habían recreado la FoP.

En dos casos, la ilusión fantasmal fue tan fuerte que los sujetos pidieron a los investigadores que se detuviera el experimento, de cuyo objetivo no sabían nada. Los individuos dijeron cosas del estilo de: “Sentí que alguien está tocando mi espalda”; “Sentí que yo no estaba tocando nada y alguien me estaba estaba tocando”; “Me sentí como en un bucle: estaba tocando a alguien que me estaba tocando la espalda”; “Sentí que había otra persona tocándome la espalda”… “Observamos que la FoP sólo se daba en condiciones asincrónicas”, indican los autores.

Uno de los sujetos, durante el experimento. Foto: Alain Herzog-EPFL.“Nuestro experimento indujo en el laboratorio por primera vez la sensación de una presencia extraña. Esto demuestra que puede producirse en las condiciones normales simplemente por un conflicto en las señales sensoriales y motoras. Nuestro sistema robótico imita las sensaciones de algunos pacientes con trastornos mentales o de personas sanas en circunstancias extremas. Esto confirma que la FoP es causada por una percepción alterada del propio cuerpo en el cerebro”, sostiene Blanke. Los investigadores indican que, además de explicar un fenómeno que se da en todas las culturas, este estudio ayuda a entender mejor algunos síntomas de la esquizofrenia, como la sensación de entidades y voces extrañas.

En 2007, un equipo dirigido por Olaf Blanke y otro de Henrik Ehrsson, del Instituto de Neurología de la Universidad de Londres, consiguieron, independientemente, provocar en laboratorio viajes astrales en individuos sanos mediante videocámaras y equipos de realidad virtual. Sus trabajos, publicados en la revista Science, daban una posible explicación a la ilusión de sentirse fuera del cuerpo común a los viajes astralas y las experiencias cercanas a la muerte.