La OMS, la telefonía móvil y la salud: las mentiras de un antiantenas

Plácido González Nogueira, socio de la clínica viguesa Medicalmagnetic, asegura hoy en La Voz de Galicia que la Organización Mundial de la salud (OMS), el MInisterio de Sanidad y los tribunales consideran probado que las ondas de radiofrecuencia producen «alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia». Lo dice al principio de una entrevista repleta, por su parte, de falsedades:

– ¿Cuáles son los principales problemas causados por las radiaciones electromagnéticas?

– Alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia, entre otros. Cada ser humano es un mundo. Cada vez gente más joven presenta pérdida de memoria, artritis y artrosis. Puede que las radiaciones sean la causa.

– ¿Está probado que todo eso es producto de una exposición continuada a las radiaciones?

– Sí. No lo decimos sólo nosotros, lo dice la OMS, el Ministerio y algunas sentencias firmes. Se le está dando muy poca importancia en España y están causando graves problemas.

¿Qué dice la OMS?

Plácido González Nogueira, en 'La Voz de Galicia'.La OMS reconocía, en una nota informativa en diciembre de 2005, que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, concluía que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”. Hipersensibilidad electromagnética es como llaman los colectivos antiantenas a un supuesto mal que hace que algunas personas padezcan una gran variedad de síntomas debidos, según ellas, a la exposición a las ondas de telefonía y de instalaciones inalámbricas, líneas de alta tensión…

En ese mismo documento, la OMS añadía que “la mayoría de los estudios indican que las personas con hipersensibilidad electromagnética no pueden detectar la exposición a los campos electromagnéticos con algo más de precisión que las personas que no muestran hipersensibilidad electromagnética. Estudios a doble ciego bien controlados y conducidos han mostrado que los síntomas no tienen correlación con la exposición a los campos electromagnéticos. Se ha sugerido que los síntomas experimentados por algunas personas con hipersensibilidad electromagnética podrían deberse a factores ambientales no relacionados con los campos electromagnéticos. Los ejemplos pueden incluir el parpadeo de luces fluorescentes, resplandores y otros problemas visuales con monitores de vídeo, y el pobre diseño ergonómico de los puestos de trabajo con ordenadores. Existen también algunas indicaciones de que estos síntomas podrían deberse a condiciones psiquiátricas preexistentes, así como a reacciones de estrés resultado de la preocupación acerca de los efectos para la salud de los campos electromagnéticos, más que a la exposición a los campos electromagnéticos en sí misma”.

En mayo de 2011, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos» en el grupo 2B, el mismo que el café. Nadie en la comunidad científica se explicaba en aquel momento, ni se explica ahora, las razones de esa decisión cuando los propios autores del estudio reconocían que se basaban en pruebas limitadas e inadecuadas. La decisión de la IARC fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el correspondiente informe en la revista The Lancet Oncology. En nuestro país, el entonces secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, no dieron crédito alguno a ese dictamen. Ni lo dan ahora. Y, más allá de nuestras fronteras, ha pasado tres cuartos de lo mismo.

John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología, una organización integrada por investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, decían en julio de 2011 que la decisión de la agencia de la OMS estaba basada en pruebas limitadas e inadecuadas, y destacaban que que varios miembros del grupo de trabajo de la IARC consideraban la evidencia insuficiente para la calificación de «posible cancerígeno». “Visto en este contexto, «posiblemente cancerígenos» no es una señal para abandonar los teléfonos móviles y volver a los fijos. Más bien, es una señal de que hay muy poca evidencia científica en cuanto a la carcinogenicidad del uso del celular», sentenciaban.

Tras el dictamen de la IARC, la OMS emitía otra nota informativa en junio de 2011 sobre los posibles efectos de la radiación de los móviles. Entre otras cosas, decía:

La principal consecuencia de la interacción entre la energía radioeléctrica y el cuerpo humano es el calentamiento de los tejidos. En el caso de las frecuencias utilizadas por los teléfonos móviles, la mayor parte de la energía es absorbida por la piel y otros tejidos superficiales, de modo que el aumento de temperatura en el cerebro o en otros órganos del cuerpo es insignificante.

En varios estudios se han investigado los efectos de los campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardíaco y la presión arterial en voluntarios. Hasta la fecha, esos estudios parecen indicar que no hay pruebas fehacientes de que la exposición a campos de radiofrecuencia de nivel inferior a los que provocan el calentamiento de los tejidos tenga efectos perjudiciales para la salud.

Además, tampoco se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por los propios pacientes, fenómeno conocido como hipersensibilidad electromagnética.

¿Qué dicen el Ministerio de Sanidad y otras Administraciones?

Un informe de 2001 del Ministerio de Sanidad español concluía, entre otras cosas, que «la percepción del riesgo de algunos sectores sociales, siendo legítima, no se corresponde con las evidencias científicas disponibles que no han observado ningún efecto adverso para la salud derivado de la exposición a campos electromagnéticos procedentes de estaciones base». Más recientemente, un folleto de la Federación Española de Municipios y Provincias, que cuenta con el visto bueno de Sanidad, reitera que «hasta la fecha no se ha encontrado ninguna evidencia científica de que la emisión radioeléctrica asociada a las antenas, y dentro de los límites establecidos por la legislación, provoque efectos perjudiciales para la salud»; destaca la unanimadad de la OMS, todos los comités científicos y las autoridades sanitarias en que «no hay ninguna evidencia de que los campos electromagnéticos empleados por las antenas (estaciones base) tanto de telefonía móvil como de radio o televisión produzcan cáncer»; y llama la atención sobre el hecho de que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia «no se pueden oler, probar, tocar o escuchar, y esta incapacidad del ser humano para percibirlos puede favorecer que algunas personas les atribuyan efectos que las investigaciones no han demostrado».

Formado por científicos y por iniciativa de la Universidad Complutense de Madrid, el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) pretende «aportar elementos de juicio, información y asesoramiento de carácter científico y técnico a las Administraciones públicas y al conjunto de la sociedad en los debates que pudieran generarse sobre cuestiones relativas a las radiofrecuencias y la salud». El CCARS ha redactado varios estudios desde 2006 y, en enero de 2011, publicó el Informe sobre radiofrecuencias y salud (2009-2010). Entre otras cosas, dice:

1. Los estudios experimentales in vivo e in vitro indican que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia utilizados en telefonía móvil, y cuyos niveles se mantengan por debajo de los fijados por la Comisión Internacional para la Protección frente a la Radiación No-Ionizante (ICNIRP) y las recomendaciones de la UE, no son genotóxicos ni mutagénicos ni inducen apoptosis o muerte celular.

2. La evidencia actual de los resultados clínicos y epidemiológicos establece que no hay relación causal entre exposición a los campos de radiofrecuencia utilizados en la telefonía móvil y efectos adversos sobre la salud.

3. Interpretados globalmente los resultados de los estudios epidemiológicos sobre tumores cerebrales y uso del teléfono móvil estudios publicados hasta la fecha no demuestran un incremento del riesgo padecer tumores cerebrales en un período de uso de 10 años. Sin embargo, en algún estudio se ha observado algún ligero aumento del riesgo en el grupo de usuarios con niveles más elevados de horas acumuladas, aunque los errores y sesgos detectados en estos estudios impiden obtener establecer relaciones causales.

4. Con respecto a períodos superiores de exposición en adultos o a la situación de la población infantil y juvenil, no se dispone de datos suficientes, y es preciso recomendar un uso racional de esta herramienta.

5. Los estudios controlados sobre personas que se declaran como hipersensibles a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de la telefonía movil (teléfonos y antenas) han demostrado que no existe relación causal entre la sintomatología que expresan estas personas y su exposición a este tipo de radiofrecuencia.

6. Cabe esperar que, si hubiera algún efecto derivado de la masiva exposición a la telefonía móvil, éste debería reflejarse en las tendencias de incidencia de tumores cerebrales. Estos cambios no se han observado en los estudios realizados en varios países.

7. Los niveles de exposición de la población española a los campos electromagnéticos de radiofrecuencias asociados a la telefonía móvil son muy inferiores a los límites marcados en las recomendaciones del ICNIRP, de la UE y de la normativa vigente. Sin embargo la población española se encuentra entre los europeos más preocupados con respecto a los efectos sobre la salud de la exposición a los campos electromagnéticos, por lo que se recomienda establecer medidas dirigidas a informar a los ciudadanos.

La falacia de la Justicia

N la OMS ni las autoridades sanitarias españolas -ni de ningún otro país de neustro entorno- han admitido nunca que las ondas de radiofrecuencia tengan efectos perjudiciales sobre la salud. Sin embargo, González Nogueira, quien se presenta como experto en biomagnética, dice lo contrario y habla, además, de «algunas sentencias firmes» que apoyarían esa afirmación, como si lo que decida un juez tuviera validez científica. No, no es así. Si mañana un juez chiflado, que también los hay, dictamina que la Tierra no gira alrededor del Sol, nada cambiará, no habrá sido derrumbada la teoría heliocéntrica. Por eso mismo, que un juez dé la incapacidad laboral a una mujer porque vive en infierno por su creencia en la maldad de las ondas de radiofrecuencia no significa que el magistrado avale la existencia de la hipersensibilidad electromagnética, sino que considera que esa persona no está en condiciones físicas y, sobre todo, mentales de trabajar.

El resto de la entrevista a González Nogueira es más de lo mismo. Presidente de la Asociación Informativa Independiente sobre la Radiación Electromagnética y autor de un libro titulado Los efectos de las radiaciones electromagnéticas y cómo prevenirlas, mantiene, por ejemplo, que la exposición a las ondas de radiofrecuencia puede «desembocar en patologías neurodegenerativas», aunque no haya ningún estudio que lo demuestre, y se saca de la manga un experimento que mete mucho miedo. «Colocamos dos grupos de cien ratones: uno expuesto las 24 horas a varios móviles cargándose y otro sin nada. A los dos meses, la mitad de los expuestos a los móviles murieron de manera violenta, a veces agrediéndose entre ellos. Otros presentaron altos niveles de hiperactividad», dice. Terrible. Sólo tiene un pequeño fallo: ¿quiénes hicieron el experimento?, ¿dónde?, ¿en qué revista científica lo han publicado? Me da que ese experimento es tan real como las afirmaciones de González Nogueira sobre la OMS, el Ministerio de Sanidad y el peligro de los móviles.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista. Ha sido el conductor de Escépticos (ETB), la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico, y llevado la sección El archivo del misterio en Órbita Laika (La 2). Ha colaborado con la Cadena SER, Radio Nacional de España, Radio 3, M80 Radio, Radio Vitoria y Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da ante todo tipo de público charlas sobre ciencia y pseudociencia, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde cubre la información de ciencia desde hace años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros El peligro de creer (2015), La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.

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8 comentarios

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  1. Pues yo me quedo con lo que dice Pablo (además de lo que afirma Plácido Nogueira). Es cierto que no se ha demostrado – o que no se ha querido demostrar- nada respecto a la nocividad de las radiaciones no ionizantes; lo cual no es totalmente cierto ya que las emitidas por el sol lo son y está demostrado lo que puede ocurrir si te pasas de bronceado. Pero tampoco esta demostrado lo contrario, es decir: que no pasa nada. Puestos en plan escéptico, prefiero pensar con Pablo que «por dinero baila el mono» ¿Que es lo que interesa que se piense donde bulle el dinero?

  2. “SEÑORES INTOLERANTES”
    Sé que este mensaje puede resultar un poco extenso; pero seguro que a algunos intolerantes les cambiará su forma de pensar sobre el tema.
    Para los que prefieran un mensaje parecido en formato de vídeo, les sugiero dirigirse a la página: CONTRACORRIENTE: Documental que fue censurado en el programa Documentos TV de la 2 por la presión de las multinacionales.
    (“sites.google.com/site/hogareslimpiosparasqm/contaminacion-electromagnetica/reportaje-censurado)
    Dicho esto, resulta curioso como en este bendito país, cada vez que se habla de la contaminación electromagnética, siempre aparecen unas cuantas personas, periodistas o pseudo periodistas –da igual, aunque casi siempre son los mismos- que con las uñas afiladas y los colmillos preparados atacan con desprecio, ironía y descalificaciones la opinión de quienes no piensan como ellos; o mejor: la opinión de los que no piensan lo que ellos quieren que se piense. Hay un rumor – “vox populi” – desde hace mucho tiempo de que algunos de estos personajes están en nómina de las grandes compañías eléctricas y de telefonía (ya sabemos que por dinero baila el mono).
    Para los que leímos el libro de Plácido González Nogueira resulta evidente que muchos de los críticos más feroces no lo han hecho; ya que en el mismo su autor se manifiesta neutral respecto a las dos posturas enfrentadas apelando simplemente al mismo “principio de precaución” propuesto por las máximas y más prestigiosas autoridades en el asunto: la O.M.S., el Parlamento Europeo y distintas universidades de prestigio internacional.
    El autor no trata en ningún momento de discutir verdades y mentiras, tan solo pretende que esas personas que manifiestan síntomas característicos (dolor de cabeza, depresión, irritabilidad, etc.) cambien de hábitos; como por ejemplo cargar el móvil al lado de la cabeza. Si después nota que duerme mejor, que se siente mejor, que tiene mejor ánimo, más capacidad de concentración pues ya sabrá el posible origen de su anterior malestar; y en caso contrario pues no pasa nada: ¿Tan mal les parece eso? Tan solo es cuestión de adoptar una postura inteligente con humildad.
    La desinformación es peligrosa. Yo les pediría a todos los blogueros que visitasen páginas como whttp://www.nodo50.org/ecologistasclm/ab/, http://www.ecologistasenaccion. o rhttp://www.vidanaturalia.com/g: hay muchas más.
    También me llama la atención la crítica que se hace sobre los experimentos con ratones, otra señal de quien la hace no ha leído el libro; ya que viene perfectamente referenciada:
    “En un laboratorio de Adelaida (Australia) durante año y medio se sometió a un grupo de ratones a una radiación similar (RF) a la que emiten las antenas base en 2 sesiones de 30 minutos cada día. Al cabo de estos 18 meses se comprobó que los ratones irradiados desarrollaron un 50% más de tumores que los del grupo testigo que habían vivido sin ser irradiados.
    No citaríamos este estudio si no fuese porque el director del laboratorio es Michael Rapacholi (Director del Proyecto Internacional de Campos Electromagnéticos de la O.M.S).”
    Y otro ejemplo reflejado en el libro:
    “En el Departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias Biológicas de Valencia, Núñez, Rolf y De la Rosa encontraron cambios importantes en los ciclos circadianos de ratones y un incremento significativo de estrés ante la exposición a microondas de telefonía móvil, comparativamente con los grupos de control no expuestos”.
    Incluso se pone en duda lo expuesto sobre la orientación de la cama:
    “Muchos expertos coinciden en que se mejora la calidad del sueño cuando la cabecera de la cama está orientada hacia el norte y los pies al sur, respetando la orientación de los ejes de la Tierra. Para comprobar esta teoría, en el Centro del Sueño de Berkeley (EE.UU.) se construyó una cama giratoria para determinar la orientación en la que se duerme mejor y se comprobó que cuando la cabeza estaba dirigida hacia el norte, la presión arterial estaba al mínimo y la profundidad del sueño mejoraba.”
    Sobre el famoso “principio de precaución” que tanto se les atraganta a los intolerantes y sobre “la falta de pruebas” tras la que se parapetan solo diré –volviendo al libro- que:
    “Esa explicación es como cuando en lo legal el asesino esgrime «comprueben que soy culpable». Muchos son los que exigen pruebas irrefutables inmediatas y tangibles, como en su tiempo ocurrió con la contaminación ambiental en Inglaterra, en donde Londres se encontraba situada como una de las ciudades más contaminadas del mundo. Los industriales decían que eran especulaciones y que no había pruebas suficientes como para adoptar algunas medidas que revirtieran esta contaminación, hasta que comenzaron a morir personas y aves que cohabitaban en esta ciudad. Lo mismo ocurrió con el cigarrillo, en su tiempo; cuando surgieron las primeras alarmas sobre el daño que podría producir el consumo de tabaco, la gran maquinaria tabacalera encendió duras críticas sobre los médicos y científicos que estudiaban el tema, siendo refutados con argumentos similares a los expresados más arriba:”… hasta que la burbuja no soportó más y reventó.”
    ¿A alguien le queda alguna duda de que el tabaco produce cáncer?
    ¿Pondrían Vds. a dormir a sus hijos al lado de un transformador o una antena?: no me contesten a mí, contéstense a Vds. mismos.
    Otra referencia: “Discovery Dsalud” es una publicación impresa que se distribuye en muchos países del mundo incluso en EEUU y cuyo consejo asesor está formado por numerosos profesionales de la salud que colaboran con la misma: médicos de distintas especialidades, biólogos, químicos, farmacéuticos, psicólogos y científicos e investigadores de todo el mundo incluidos; realizándola licenciados universitarios en Ciencias de la información especializados. Tampoco estaría de más echar un vistazo en este sitio: http://www.dsalud.com/index.php?pagina=radiaciones. Es importante que lo lean, aunque ciertamente ya se sabe que los intolerantes se referirán a la revista “Discovery Dsalud” como “un panfletillo”, al igual que hacen con todo lo referido a este tema.
    Así, Sres. Intolerantes, si Vds. creen que una información no es correcta o resulta fraudulenta, lo que deberían hacer es DENUNCIARLA
    (Lo pongo en mayúsculas y negrita para que lo vean bien).
    ¿Y saben porque no denuncian?: porque también saben que tienen todas las de perder.
    No tengo el gusto de conocer personalmente a D. Plácido González Nogueira; pero sí por referencias y porque ha tenido la amabilidad de contestar personalmente al teléfono para resolverme una consulta.
    ¿Porque no promover un debate en el auditorio de alguna ciudad con público, televisado y moderado por alguna autoridad científica o algún profesor universitario sobre esta especialidad, con, por ejemplo, 45 minutos de palabra cada uno? Seria sencillo y tengo la seguridad que resultaría del interés de muchos “antiantenas”.
    Así no serán solo los blogueros amiguetes los que levanten la voz y puedan hacerlo también todos aquellos que lo deseen y con criterio propio.
    Pero esto no sucederá porque no le interesa a los PSEUDOS ni a las compañías; a los planes de las compañías no les interesa el ruido… y además llevan todas las de perder y lo saben.
    De paso ese “magonio” o algo así que tanto lo critica con su hueste de “investigadores”, que se presenten también, así los conocemos que sería gracioso.
    Me despido con un cordial saludo a todos los bloguer@s dándoles las gracias por haber leído este artículo y finalmente, para quitar hierro al asunto, les dejo una cita de Séneca
    “No hay viento favorable para quien no sabe hacia dónde va”
    Y NO SE OLVIDEN LA PREGUNTA
    ¿USTED PONDRIA A DORMIR A SUS HIJOS AL LADO DE UN TRANSFORMADOR O ANTENA?
    ya sabe: contéstese a sí mismo

  3. Miente Nogueira al afirmar que la OMS atestigüe que causen esos diversos trastornos , lo mismo que el autor del artículo al obviar que hay un debate científico entorno a las ondas de los móviles como factor causante del cáncer .

  4. No acabo de entender si el artículo va contra lo que dice el hombre de la foto, contra lo que dice la OMS, contra lo que dicen los antiantenas o contra todo, así en general.
    Pero lo que me ha llamado la atención es que uno de los argumentos que usas para desprestigiar lo que dice la OMS es que ha incluído a las radaciones en el grupo 2B, «el mismo que el café».
    Del mismo modo, si yo quisiera defender la postura contraria, podría usar el mismo razonamiento «válido» y decir que en el grupo 2B también está el plomo. Luego si el plomo es malo, las radiaciones también (del mismo modo que si no he muerto por tomar café, tampoco moriré por hablar con el móvil).
    El razonamiento llega al absurdo cuando metes también a los humos de los coches en la ecuación. Te reto a que te tomes un café todos los días con unas gotitas de plomo, mientras hablas por el móvil más de 30 minutos, en una terracita a la vera de una buena autopista. Ya me contarás de aquí a 10 – 20 años…

    Por cierto, sobre los humos de los coches: http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2011/02/4601/index.html

    Conclusión: acepto que argumentes con estudios científicos. Pero con comparaciones chorras no.

    1. Iván, no critica a la OMS, el hecho de que la OMS clasifique en el grupo 2B significa que la probabilidad de producir cancer es baja, entre otras cosas, lo cual no quiere decir que su consumo sea saludable, si consumes plomo, proveniente de cañerias u otras fuentes, dependiendo de las dosis, es probable que enfermes de Saturnismo( http://es.wikipedia.org/wiki/Saturnismo ), pero no de Cancer, lo mismo pasaría con el Cianuro, si lo consumes en ciertas dosis, lo mas probable es que mueras, pero no de Cancer.
      Si es que cuando no hay comprensión lectora es lo que pasa…

  5. Me habeis convencido, quiero poner no 1 sino 2 antenas de telefonia movil en la azotea, y debajo una subestacion electrica que solo con un transformador me parece poco.
    Y por la fachada gas ciudad a pelo sin cortafuegos. Me sientooo seguurooooooooooo.

    Pd: un repetidor wifi me molesta, pero con 2 antenas de telefonia supongo que es cosa de acostumbrarse, que solo son microondas y quien no ha cocinado un gato en un horno de esos.

  6. Me quedo asombrado de la ignorancia de las personas en donde dicen que las ondas electromagneticas no son nocivas para la salud,Por favor ,lean y enterense mas de este tema,las multinacionales y el dinero lo pueden todo.Pd.no llamo ignorante al autor de este articulo Un saludo