Recetar productos homeopáticos no es un acto médico, según la Organización Médica Colegial

Recetar remedios homeopáticos no es un acto médico, según se desprende de la declaración aprobada el sábado en Granada por la asamblea general de la Organización Médica Colegial (OMC) «ante la publicación del borrador de la orden del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para regular los medicamentos homeopáticos«. Hace cuatro años, la entidad acordó el reconocimiento de la homeopatía “como acto médico, que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y ser realizada por personal cualificado y en centro sanitarios debidamente autorizados”. Ahora, dice que «no forman parte del acto médico aquellas acciones u omisiones que, al margen del ejercicio de la medicina, un ciudadano con la condición de licenciado o especialista en medicina pueda realizar en relación a sus convicciones, creencias, tendencias, ideología o cualquier otra circunstancia». Dado que el documento define el ejercicio de la medicina como «un servicio basado en el conocimiento científico aplicado, en la destreza técnica y en actitudes y comportamientos éticos», y la homeopatía carece de base científica y de pruebas que la avalen, ¿significa eso que dejan de considerar lo que hace un médico homeópata no es un acto médico? No y sí.

«Es un acto médico toda actividad lícita, desarrollada por un profesional médico, legítimamente capacitado, sea en su aspecto asistencial, docente, investigador, pericial u otros, orientado a la curación de una enfermedad, al alivio de un padecimiento o a la promoción integral de la salud. Se incluyen actos diagnósticos, terapéuticos o de alivio del sufrimiento, así como la preservación y promoción de la salud, por medios directos e indirectos», recuerda el texto de la OMC. Desde ese punto de vista, si un médico homeópata le examina a usted y concluye que tiene gripe, estamos ante un acto médico. Sin embargo, si después le receta Oscillococcinum, un remedio homeopático contra la gripe que carece de principio activo y cuya eficacia nunca se ha probado, está actuando según sus creencias y esa acción no se consideraría, por tanto, acto médico. «Si [lo que se receta] es un producto no basado en la evidencia científica, no es un acto médico», me ha confirmado un portavoz de la institución colegial. ¿Maquiavélico? Por supuesto, porque lo lógico sería desautorizar la práctica de la homeopatía por profesionales de la medicina, pero aún así estamos ante un avance en el arrinconamiento de esta forma curanderismo.

Los médicos «están obligados por la normas del Código de Deontología Médica a emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente», dice la declaración de la OMC. Y añade que «no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida». El texto no cita la homeopatía expresamente, pero, como ésta carece de base científica y su efectividad nunca ha sido demostrada, es lícito concluir que su práctica no es ética desde el punto de vista médico.

La ingenuidad de la OMC

La organización colegial advierte de que «cada una de las técnicas y terapias no convencionales deberá demostrar / avalar científicamente su eficacia, efectividad, eficiencia, calidad y seguridad para que puedan ser reconocidas por la comunidad médica», algo que ninguna ha hecho porque, si no, no serían «no convencionales». Esa falta de pruebas las sitúa entre las prácticas no éticas, por lo cual lo lógico sería que la institución profesional, que «agrupa, coordina y representa a los 52 colegios oficiales de médicos a nivel nacional e internacional», las erradicara de la profesión. No se anuncia nada parecido. Sin embargo, la declaración -como ya hemos visto- apunta a un esperanzador cambio de rumbo en la OMC en cuanto a la consideración de la práctica homeopática, aunque también adolece de ingenuidad.

«En tanto las denominadas técnicas y terapias no convencionales no hayan conseguido dotarse de una base científica suficiente, los médicos que las aplican están obligados a informar a los pacientes de forma clara e inteligible, con rigor y minuciosidad, tanto del posible beneficio y riesgo que las mismas conllevan como de las alternativas terapéuticas existentes y fundamentadas científicamente así como de la eventualidad de un mal resultado», reclama la OMC. ¿De verdad cree alguien que un homeópata o acupuntor va a informar con «rigor y minuciosidad» a sus pacientes sobre la ausencia de efectividad demostrada de su práctica? Basta escuchar a estos profesionales en la radio y la televisión para comprobar que hacen todo lo contrario, llegando incluso a recomendar homeopatía para sustituir a las vacunas.

Cabe destacar, por último, que la OMC hace una llamada a la responsabilidad de las Administraciones, que «debe estar fundamentada en la necesaria regulación de estas técnicas y terapias no convencionales, así como en las repercusiones sobre el uso y la aplicación de estas prácticas en el ámbito de la salud pública, los riesgos derivados de su mala utilización o utilización inadecuada, y la regulación y observancia de los centros donde debe aplicarse e identificar a quienes lo hacen, como lo hacen y la veracidad de la publicidad al respecto». también aquí hubiera sido de desear una mayor claridad por parte de la organización profesional y en aras de la protección de los pacientes.

La homeopatía es placebo

Recordemos que un comité de expertos, designado por Sanidad, dictaminó en diciembre de 2011 que la homeopatía «no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta» y que sus resultados en ensayos clínicos son indistinguibles del placebo. No es una opinión aislada. La Asociación Médica Británica ha dicho que la homeopatía «es brujería»; el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes considera que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”; y Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón considera que su capacidad terapéutica “ha sido científica y concluyentemente refutada”. Hasta quienes hacen negocio con ella saben que no sirve para nada. Así, en 2009, Paul Bennett, máximo responsable de la cadena británica de farmacias Boots, admitió que su compañía vende remedios homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, dijo ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes.

Por todo eso, y teniendo en cuenta la evidencia científica acumulada durante dos siglos en contra de la homeopatía, el Círculo Escéptico ha pedido al Gobierno de España que, entre otras cosas, “cumpla lo dispuesto en la Directiva 2001/83/CE para proteger al consumidor y prohíba que los productos homeopáticos que no demuestren su efectividad incluyan cualquier indicación terapéutica en el etiquetado, prospecto, publicidad e información relativa a los mismos, y exija a aquellos remedios que pretendan sanar alguna enfermedad o dolencia pruebas clínicas y científicas similares a las de cualquier medicamento”.

Además, el borrador de proyecto de orden ministerial rebaja las tasas que tendría que pagar la poderosa industria homeopática para regularizar la situación de sus productos de 350 millones de euros a poco más de un millón, un trato de favor indignante para una sociedad española que está sufriendo numerosos y drásticos recortes.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.