‘Mundo Obrero’ censura un artículo en defensa de los transgénicos: el dogma ‘ecólatra’ contra la razón

Mundo Obrero, la publicación oficial del PCE, ha borrado de su web un artículo de Juan Segovia, estudiante de psicología y afiliado al partido, porque defiende el uso los organismos genéticamente modificados en la agricultura y eso es contrario al dogma imperante en la formación. Al igual que la Iglesia católica no admitía, en el siglo XVII,  la teoría heliocéntrica y condenó por ello a Galileo, el PCE rechaza, en el siglo XXI, décadas de investigación científica por su apego al dogma ecólatra. Por fortuna, el silenciamiento no puede ir más allá -ya no hay ni Inquisición ni  checas- y, además, el artículo “Ecologismo y transgénicos: una propuesta desde la izquierda” lleva días clonándose por la Red.

La censura del texto de Segovia fue una iniciativa de Raúl Ariza, coordinador de IU en Zaragoza, que contó con el respaldo expreso de José Luis Centella, secretario general del PCE. El pretexto es que el artículo “no expresa la opinión aprobada en los órganos del PCE” y, por tanto, no ha de tener lugar en el órgano informativo del partido. Normalmente, en todo medio de comunicación, la opinión de sus dueños se expresa a través de los editoriales, mientras que los artículos firmados son responsabilidad de sus autores y sirven para exponer al lector y a debate diferentes modos de enfrentarse a la realidad. Siguiendo esa política, Mundo Obrero ha publicado un artículo de José Miguel Mulet en el cual el biotecnólogo apuesta por los transgénicos, sostiene que “la mayoría de la información que circula sobre el tema es inexacta o directamente falsa”, explica que la transgénesis forma desde hace mucho tiempo parte de nuestras vidas y advierte de que “una negativa total al uso de esta tecnología sólo redunda en un perjuicio a los agricultores y en última instancia a toda la sociedad”. ¿Por qué, entonces, se censura el texto de Segovia? La única explicación que le encuentro a ese diferente criterio es que es alguien de dentro y que , en el PCE, el que se mueve no tiene que salir en la foto. ¿Y qué es lo que dice el silenciado autor? Cosas como:

“Los defensores de los organismos genéticamente modificados (entre los que me encuentro) sostenemos que no hay estudios que demuestren la supuesta peligrosidad de estos organismos (lo que no quita que pueda haber algún estudio concreto de algún organismo concreto, en situaciones experimentales muy concretas). A esta falta de pruebas sobre la peligrosidad, se suman las numerosas pruebas en sentido contrario, como la que apuntan que estos organismos pueden contribuir a mejorar el medio ambiente, ya sea gracias a la capacidad de algunos para resistir a las plagas (lo que conlleva un menor uso de pesticidas), la menor necesidad de agua para su producción en otros casos y un largo etcétera de mejoras que hacen que los cultivos sean más resistentes y productivos. A estas ventajas medioambientales, se suman también otras para la salud humana. Un buen ejemplo de ello es el arroz dorado, que de ser producido en grandes cantidades podría evitar más de un millón de casos de ceguera al año por déficit de beta-carotenos en Asia, o el trigo sin gluten que recientemente se ha desarrollado en la Universidad de Córdoba.”

Segovia resume así los argumentos científicos a favor del uso de los transgénicos. En la otra esquina del cuadrilátero, Ariza y Centella se apoyan en el dogma del partido, un no a los transgénicos basado en prejuicios tecnófobos. Si los afiliados del PCE acordaran mañana que la ley de la gravedad es contraria a su modo de ver el mundo, ¿saltarían sus dirigentes desde un quinto piso? El psicólogo Eparquio Delgado consiguió, en diciembre pasado, que la X Asamblea Federal de IU aprobara una resolución de rechazo a la homeopatía y las otras terapias pseudocientíficas. Una pequeña, pero importante, victoria en una lucha política que no ha hecho nada más que empezar y que no afecta sólo a la formación de izquierdas. No se  crean que otros partidos son menos dados a la superchería. Los antiantenas, los antitransgénicos, los impositores de sus creencias religiosas, los adoradores de lo natural, los antivacunas, los conspiranoicos, los tergiversadores de la historia y demás campan a sus anchas en el arco parlamentario español.