El traslado de un cementerio de animales en el hotel de ‘El resplandor’ inquieta a los médiums locales

El hotel Stanley, en febrero de 2011. Foto: Susan Gerbic.

Es una historia digna de Stephen King. Hay un cementerio de animales y un hotel; pero no a uno cualquiera, sino el Stanley, en el cual se inspiró el novelista para El resplandor (1977). 104 años después de la inauguración del establecimiento, sus dueños quieren trasladar un cementerio de mascotas ubicado en la propiedad para levantar en su lugar un pabellón para bodas y convenciones. Los videntes locales han augurado que, si se incomoda a los espíritus de los animales, puede pasar cualquier cosa.

El hotel Stanley se encuentra en Estes Park (Colorado), en el Parque Nacional de las Montañas Rocosas. Es un edificio de estilo neogeorgiano, construido en la primera década del siglo pasado por Freelan Oscar Stanley, uno de los fundadores de la Compañía de Carruajes a Motor Stanley. Los coches a vapor de la firma circularon por Estados Unidos entre 1902 y 1924, y llegaron a ser muy rápidos: uno recorrió en 1906 una milla (1,6 kilómetros) en 28,2 segundos, estableciendo un récord de velocidad para automóviles que retuvo durante tres años. Stanley visitó por primera vez Estes Park en 1903 por razones de salud. Sufría tuberculosis, y su médico le había recomendado mudarse al Oeste. El empresario se enamoró del lugar y en 1907 comenzó a construir el hotel, que abrió sus puertas  el 4 de junio de 1909.

Las historias espectrales en el inmueble son, según sus actuales dueños, anteriores a la entrada en escena de King. «En todas las habitaciones del hotel se han registrado experiencias fuera de lo común, incluyendo cosas que se mueven de un sitio a otro, así como el encendido y apagado de luces. Si usted se aloja en el cuarto piso, podría llegar a escuchar a niños de hace mucho tiempo corriendo arriba y abajo por los pasillos, riendo y riendo», aseguran en la web del hotel, que tiene su apartado dedicado a estas -para ellos, muy rentables- historias. «El hotel Stanley tiene más éxito como destino turístico que como hotel. El personal realiza tours fantasmales diarios que atraen a la asombrosa cifra de 500 visitantes cada día», explicaba hace tres años la escéptica Karen Stollznow. El precio de estas visitas paranormales guiadas oscila entre los 25 y los 60 dólares por persona, y duran entre noventa minutos y cinco horas.

Especial atención merece, según la leyenda, el fantasma de Elizabeth Wilson, gobernanta del establecimiento en sus inicios. En la noche del 25 de junio de 1911, cuando encendía las lámparas de acetileno que se usaban como respaldo de la electricidad, la mujer se vio involucrada en una explosión que se produjo en las inmediaciones de la actual habitación 217 y la lanzó al piso del salón MacGregor, una planta más abajo. Wilson no murió a consecuencia del accidente -se rompió las piernas-, sino años después y dicen que, desde la década de 1950, su espíritu cuida de los huéspedes de la habitación 217. Stephen King se alojó precisamente en esa habitación a finales de 1974, justo antes del cierre del hotel durante el invierno, ya que se había concebido originalmente como destino de descanso veraniego y todavía carecía de calefacción. Fue en ese cuarto, y con el hotel prácticamente vacío, donde el novelista tuvo la primera idea de lo que acabaría siendo El resplandor.

Una plaga de accidentes

Si se molesta a los espíritus de los animales, habrá una plaga de accidentes durante las obras, según Rosemary McArthur, quien dice comunicarse con mascotas muertas y se opone a que el traslado del cementerio al otro lado de un estanque se haga sin más ni más. «Van a tirar de sus dueños si sus dueños murieron y no están contentos», ha declarado a The Coloradoan, el medio que ha levantado la historia. Ella tiene la solución: que los propietarios del hotel contraten a un médium para que supervise la reubicación de las tumbas. Sobra decir que está la primera en la cola.

El Stanley ha sido escenario en los últimos años de varios programas televisivos de cazafantasmas y, en 1997, de la miniserie El replandor; pero ni una escena de la película homónima de Stanley Kubrick se rodó en el hotel, lo que, al parecer, disgustó inicialmente a King. El cineasta prefirió rodar en los Estudios Elstree (Reino Unido) y algunas vistas generales exteriores corrresponden al Timberline Lodge de Oregon, un hotel que no tiene ningún laberinto de setos. Así que, si alguna vez se aloja en el Stanley, puede estar tranquilo: ni por sus habitaciones anduvo, hacha en mano, el Jack Torrance  de Jack Nicholson ni corre el riesgo de encontrarse con unas inquietantes gemelas al final del pasillo.

¡Ah!, el cementerio de mascotas que se va a trasladar no tiene nada que ver con el que sirvió de inspiración a King para El cementerio de animales (1983). Marsha DeFilippo, la secretaria del escritor, ha indicado a The Coloradoan que el lugar en el que se basó el novelista está en Orrington, Maine.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.